Las fotografías de Sally Mann pertenecen a esa clase de imágenes que derriban la distancia entre obra y espectador, y no le permiten mirarlas desde el cómodo lugar de quien observa sin implicarse. En Sally Mann. Macula et materia, la exposición que Kutxa Fundazioa Artegunea presenta en Tabakalera en Donosti hasta el 18 de octubre, esa incomodidad aparece como una forma de atención. La muestra, comisariada por Anne Morin, recorre más de cuarenta años de trabajo y deja claro que, para Mann, fotografiar nunca ha sido simplemente registrar lo que tiene delante.
Su universo nace en Virginia, pero no se agota en la postal del sur estadounidense. Allí están sus hijos, los ríos, los árboles heridos, las casas que parecen guardar humedad y secretos; también la historia de un territorio atravesado por la violencia, la raza y la religión. Mann usa lo personal como una puerta de entrada a algo más turbio y colectivo. Sus paisajes cargan con el pasado. Sus retratos tampoco buscan fijar una identidad, sino mostrar cómo el tiempo la altera, la vuelve frágil o directamente la desarma.
Las series At Twelve e Immediate Family siguen siendo el núcleo más delicado de esa conversación. En ellas, la infancia está muy alejada de ese paraíso limpio y nostálgico que muchas veces se idealiza. En cambio, sí aparecen el desafío, el accidente y, por supuesto, también el juego y la vulnerabilidad. La polémica que rodeó a Immediate Family en los noventa no ha desaparecido del todo, y quizá por eso las imágenes conservan su filo. La artista no se preocupa por resolver ese malestar (al fin y al cabo, cómo se reciben las obras escapa a su control), sino que reconoce que la mirada adulta llega, siempre, cargada de ideas sobre la inocencia, la intimidad y el cuerpo.
También hay un placer material, casi físico, en su manera de trabajar. Las cámaras de gran formato y el colodión húmedo introducen accidentes, veladuras y cicatrices químicas que alejan sus fotos de la nitidez contemporánea. La imperfección forma parte de lo que la imagen dice. En Proud Flesh, por ejemplo, dedicada al deterioro de Larry Mann por una distrofia muscular, esa materia inestable se vuelve especialmente contundente. Los trabajos más recientes, de Delta a Goshen y Platinum Stones, amplían ese gesto hacia interiores abandonados, colores casi extinguidos y piedras que parecen tener memoria propia.
La exposición Sally Mann. Macula et materia se puede visitar hasta el 18 de octubre en Tabakalera, plaza de las Cigarreras, 1, Donostia/San Sebastián.
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Night Blooming Cereus, 1984–1991. © Sally Mann
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Deep South, Untitled (Scarred Tree), 1998. © Sally Mann
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Cold Harbor (Battle), 2003. © Sally Mann. Cortesía Gagosian
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Untitled (Swamp Bones), 1998. © Sally Mann. Cortesía Gagosian
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Jessie Bites, 1985. © Sally Mann. Cortesía Gagosian
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Untitled (Ben Salem), 1993. © Sally Mann. Cortesía Gagosian