Martin Parr encontraba el exceso donde no sobraba nada. Con una lente gigante, un flash abrumador y una paleta de colores tan saturados que recuerdan al envoltorio de una chuche, lograba crear una frescura que cada día resulta más codiciada frente a las curadas redes sociales. Por ello, la galería madrileña Marc Bibiloni, junto con la Martin Parr Foundation, le dedica una retrospectiva, titulada A Matter of Taste y que se puede visitar hasta el 31 de octubre, a poco menos de un año de su fallecimiento.
La muestra recorre los greatest hits del fotógrafo con el objetivo de funcionar como un tributo al legado del artista. Así, A Matter of Taste ofrece un recorrido por las temáticas más recurrentes de su obra: el consumismo, el turismo de masas, el entretenimiento de las clases populares, o la comunicación. A su vez, se asocia también a varias retrospectivas que se le han dedicado al artista a lo largo y ancho de Europa, especialmente una de las últimas en las que participó en vida y no logró ver acabada, la del Jeu de Paume de París.
Esta retrospectiva tiene unas intenciones claras: lograr que nos preguntemos dónde encaja la fotografía de Parr en la actualidad y por qué volvemos a ella. La respuesta, muy probablemente, está en nuestros bolsillos, donde cargamos con una cámara lista para tomar las fotos perfectas para el cuidado dump de la semana. En un espacio diáfano con unas impolutas paredes blancas, la obra del fotógrafo destaca como nunca. No hay distracciones, solo las fotografías y su diálogo con la audiencia.
La primera sala sirve como una introducción al mundo de Parr a través de varias obras de diferentes estadios de su producción artística, especialmente The Last Resort (1983-1985) y Common Sense (1995-1999). En la primera podemos apreciar uno de los intereses principales de Parr, la masificación turística y los hábitos de consumo, siendo esta una de sus colecciones más polémicas por su compleja relación entre la ternura y la crudeza de algunas situaciones. La segunda demuestra la atracción del autor por los objetos cotidianos. Las personas pasan a segundo plano, pero los objetos nos hablan del consumo y cómo nos relacionamos con ellos.
La segunda sala nos traslada a las colaboraciones más chic de Parr con instituciones como Vogue o Gucci. El fotógrafo logró darle al lujo y a la industria de la moda en general la frescura y la autenticidad que en aquel momento tanto buscaban, y por la que siguen apostando muchas marcas hoy en día.
En un mundo hiperconectado donde todo se ha vuelto un ejercicio de curaduría, Martin Parr recuerda que lo cotidiano puede también ser interesante, moderno y hasta bello.
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