Hay noches que parecen tenerlo todo: una luna que brilla en el cielo, un caballo que cruza la oscuridad, un deseo, un miedo. En el universo de Federico García Lorca, la belleza y la tragedia conviven como viejas amigas, tan cerca que a veces parece que una puede aparecer de pronto dentro de la otra. Quizá por eso volver a Lorca sea volver a un lugar conocido. El Romancero gitano es un lugar cuya puerta solo se abre cuando uno se deja llevar por sus palabras, sus silencios y, ahora, también por los dibujos de Ilu Ros.
En los poemas de Lorca hay algo familiar. Tal vez sea la aparente sencillez de sus versos, la fuerza visual de sus imágenes o el poder de sus símbolos. El universo lorquiano que reimagina Ilu Ros tiene, sin embargo, algo propio: la capacidad de acercarse a su oscuridad sin quedarse a vivir en ella. Es capaz de encontrar, entre la pena y la muerte, el deseo y la tragedia, algo de humor y hasta un poco de amarillo.
Después de recorrer la vida de Lorca en Federico y de dar forma a su universo teatral en Una trilogía rural, la ilustradora se adentra ahora en su poesía de la mano de Lumen, dispuesta a aportar su granito de arena, o más bien, su cubo entero. Aunque su intención era “traer a la tierra” la simbología de Lorca, lo que realmente parece haber hecho es subirlo a una nueva dimensión, más bella y más especial, si es que cabe esa posibilidad.
En una sala blanca, sin verdes barandas ni verdes ramas, ni siquiera una luna de pergamino, nos sentamos a hablar, guiadas por la curiosidad y la experiencia de una ilustradora con un máster en el imaginario del poeta granadino. Aunque el tema se trató con la importancia y seriedad digna de un grande de la literatura universal, entre verso y verso se cuela alguna risa. Pero entre risa y risa, se puede ver la magia de su imaginario y de su Romancero gitano.

Ilu, acabas de volver a Lorca, pero esta vez a través de una de sus obras más conocidas, Romancero gitano. ¿Cómo ha sido volver a acercarte a él ahora, pero desde su poesía?
El primer libro que saqué tratando la obra de Federico García Lorca fue Federico, que salió en 2021 y era una biografía ilustrada. Posteriormente, en 2022 publiqué Una trilogía rural, que son las tres obras de Lorca con las que yo lo conocí cuando era niña (Bodas de sangre, Yerma y La casa de Bernarda Alba).
Hay una manera diferente de afrontar cada uno de los libros. El primero era una biografía ilustrada, por lo tanto, había una parte de documentación e investigación sobre su vida, su obra y todas esas conexiones, y el libro lo escribía yo. Luego, en Una trilogía rural, era ilustrar su obra, era texto íntegro de Federico García Lorca, por lo tanto estaba su voz y yo ilustraba. Hacía el papel como si fuera una directora de escena: elegía los personajes, los decorados y cogía todo el universo lorquiano y lo dibujaba. Esto es más parecido a como he abordado el Romancero gitano, pero esta vez era poesía.
Hay una manera diferente de afrontar cada uno de los libros. El primero era una biografía ilustrada, por lo tanto, había una parte de documentación e investigación sobre su vida, su obra y todas esas conexiones, y el libro lo escribía yo. Luego, en Una trilogía rural, era ilustrar su obra, era texto íntegro de Federico García Lorca, por lo tanto estaba su voz y yo ilustraba. Hacía el papel como si fuera una directora de escena: elegía los personajes, los decorados y cogía todo el universo lorquiano y lo dibujaba. Esto es más parecido a como he abordado el Romancero gitano, pero esta vez era poesía.
¿Qué diferencias has encontrado respecto a las obras de teatro?
El teatro es algo muy concreto porque está escrito para ser representado, para que haya unos personajes y una iluminación en el escenario. Cuando ilustré el teatro pensé que se podía también abstraer y utilizar simbología que quizá no se pudiera poner tan fácilmente sobre escena, pero que en el dibujo sí lo podía hacer. Llegar a cierta abstracción, como hacer que dos personajes, en lugar de ser personas, sean orejas, por ejemplo. Pero la poesía ya contiene esa abstracción. Al principio creía que tenía que ir hacia ilustraciones todavía más abstractas, pero luego me di cuenta de que quizá era mejor traerlo a la tierra. No ser literal pero sí hacerlo más contundente en mensaje.
Creo que hay un miedo en los lectores, yo la primera, a la poesía, a esa abstracción. La poesía conlleva dejarte llevar, pero queremos entenderlo todo, más aún hoy en día. Queremos tenerlo todo bajo control y la poesía es lo contrario a eso, es dejarte llevar por el ritmo, por la atmósfera, y eso cuesta. He querido hacer esa lectura del Romancero y traer más a la tierra las historias que hay detrás de cada uno de los romances. Realmente hay una narrativa y unos temas principales que se dan en toda la obra de Lorca, pero aquí están más desarrollados.
Creo que hay un miedo en los lectores, yo la primera, a la poesía, a esa abstracción. La poesía conlleva dejarte llevar, pero queremos entenderlo todo, más aún hoy en día. Queremos tenerlo todo bajo control y la poesía es lo contrario a eso, es dejarte llevar por el ritmo, por la atmósfera, y eso cuesta. He querido hacer esa lectura del Romancero y traer más a la tierra las historias que hay detrás de cada uno de los romances. Realmente hay una narrativa y unos temas principales que se dan en toda la obra de Lorca, pero aquí están más desarrollados.
¿Cómo los has traído a tierra? La poesía, como has dicho, deja mucho espacio a la subjetividad. ¿Cómo encuentras el equilibrio entre lo que el poema dice y lo que tú interpretas al leerlo? ¿Qué margen te das para desviarte de la literalidad?
La verdad es que Federico García Lorca lo pone bastante fácil. Es un poeta y dramaturgo muy lírico. Por ejemplo, Bodas de sangre es muy lírica, hay mucha poesía y mucha belleza. Y en el Romancero gitano, que es un poemario, hay una serie de elementos y símbolos que, simplemente leyéndolos, ya se forman en tu cabeza. Esa es la facilidad. Luego, evidentemente, está abierto a la interpretación, como cualquier lectura, que se puede leer en diferentes momentos de tu vida y seguramente tendrá una interpretación diferente. Todos los artefactos culturales abren un diálogo a través del espacio y del tiempo y se pueden volver a leer y volver a interpretar o dar nuevas visiones.
Aparte de todo esto, el Romancero tiene una historia concreta detrás. A mí me puede tocar más o menos, pero Preciosa y el aire habla de Preciosa y del aire, que va bajando por esa montaña y empieza a sentir miedo. Va tocando un pandero, que es la Luna, y siente ese miedo, que al principio parece que es el viento y luego es San Cristobalón, porque mete mucha mitología y motivos de la Biblia. Luego, al final, parece que es un sátiro y, entonces, de lo que realmente tiene miedo es de que abusen de ella. En esa historia podemos hacer una interpretación actual, que es la misma que había entonces: la de los abusos sexuales hacia las mujeres. Federico García Lorca ya estaba hablando de eso. La interpretación es diferente después del feminismo pero la historia sigue siendo la misma.
Aparte de todo esto, el Romancero tiene una historia concreta detrás. A mí me puede tocar más o menos, pero Preciosa y el aire habla de Preciosa y del aire, que va bajando por esa montaña y empieza a sentir miedo. Va tocando un pandero, que es la Luna, y siente ese miedo, que al principio parece que es el viento y luego es San Cristobalón, porque mete mucha mitología y motivos de la Biblia. Luego, al final, parece que es un sátiro y, entonces, de lo que realmente tiene miedo es de que abusen de ella. En esa historia podemos hacer una interpretación actual, que es la misma que había entonces: la de los abusos sexuales hacia las mujeres. Federico García Lorca ya estaba hablando de eso. La interpretación es diferente después del feminismo pero la historia sigue siendo la misma.
“Creo que hay un miedo en los lectores a la poesía, a la abstracción. Queremos tenerlo todo bajo control y la poesía es lo contrario a eso; es dejarte llevar por el ritmo, por la atmósfera, y eso cuesta.”
¿Crees que todo ese conocimiento sobre Lorca ha cambiado tu manera de leer sus poemas? ¿Hasta qué punto conocer al autor condiciona o enriquece la interpretación de su obra?
Sí que creo que lo condiciona. Me da una información que ha enriquecido la lectura. Saber quién era Lorca, cómo era su vida y sus obras anteriores me ha hecho mucho más fácil la lectura e interpretación del Romancero. Además, es un escritor cuya obra está muy ligada a su vida. Cuando escribe el Romancero gitano hay una serie de problemas sociales que se están dando en Andalucía, en una España analfabeta sin acceso a la educación y con mucha pobreza. Hay muchos niños muriendo, enfermedades, un problema en la Alpujarra con los gitanos y sus reyertas con los guardias civiles. Lorca habla de problemas reales, como la mujer en el medio rural, como hace en Bodas de sangre, Yerma o La casa de Bernarda Alba. En toda su obra siempre está muy presente su momento vital.
Poeta en Nueva York, que es una obra muy vanguardista, muy avanzada para su tiempo, está llena de surrealismo y de crítica al Nueva York de ese momento. Federico García Lorca estaba muy influido por Buñuel y por Dalí. Es una mirada también muy oscura, no con la oscuridad del Romancero, que es más mitológica, sino con la de Poeta en Nueva York, que es más crítica y está escrita por un Lorca muy deprimido. Saber todo eso sobre su vida te ayuda a tener una lectura distinta de su obra.
Poeta en Nueva York, que es una obra muy vanguardista, muy avanzada para su tiempo, está llena de surrealismo y de crítica al Nueva York de ese momento. Federico García Lorca estaba muy influido por Buñuel y por Dalí. Es una mirada también muy oscura, no con la oscuridad del Romancero, que es más mitológica, sino con la de Poeta en Nueva York, que es más crítica y está escrita por un Lorca muy deprimido. Saber todo eso sobre su vida te ayuda a tener una lectura distinta de su obra.
Supongo que ilustrar una obra narrativa no tiene nada que ver con ilustrar un poemario. ¿Cómo cambia tu proceso creativo cuando trabajas con cada género? ¿Trabajas por poema o necesitas leer y entender primero el conjunto entero?
Hago una lectura conjunta antes de ponerme a dibujar. Cuando ilustro obras de otros autores, hago una lectura de toda la obra que sé que tengo que ilustrar y voy analizando los temas principales y los personajes. También, intuitivamente, veo hacia dónde me va llevando. Es como la primera percepción que tienes de algo independientemente de lo que está diciendo, esa atmósfera. Intento captar todo eso, tomo notas y empiezo a pensar en paletas de colores y en cómo voy a enfocar el libro: si va a estar ilustrado en cada página o si va a ser como este, con las ilustraciones encorsetadas en un recuadro. Una vez que he hecho eso, voy analizando poema por poema, sacando, dentro del universo del Romancero, los temas principales, emociones y metáforas que utiliza.
A nivel de estilo se ve el universo lorquiano, pero también el tuyo. Has hablado de la paleta de colores y de la estética. ¿Cómo has hecho para transmitir la “pena negra” de Lorca sin que las ilustraciones se volvieran sombrías?
El Romancero gitano es un libro que contiene mucha oscuridad porque contiene la noche y, en los poemas, aunque no en todos, hay bastante tragedia y muerte. Pero también habla de deseo, del deseo trágico pero también del deseo erótico, como en La casada infiel. He intentado entender que es un poemario contenido en la noche pero eso no quiere decir que sea todo negro. Tiene mucha belleza y eso ayuda a sacar esos dorados, por ejemplo, que también tienen mucho que ver con el mundo gitano o con ese erotismo de una monja encerrada en un convento, que dice que las campanas gruñen mientras borda en su imaginación flores preciosas. Según la herencia grecolatina y griega, están relacionadas con la fertilidad y con lo erótico, entonces se puede interpretar que la imaginación no te la pueden encerrar. Lorca vivía muy así. Era homosexual y vivió su vida amorosa en condiciones más cerradas que ahora. Las cosas de la cabeza no te las pueden encerrar. Quería mostrar esa parte más contenida dentro de la noche pero que es una constante en el Romancero. Esa belleza y esa alegría de vivir.
Me llamó la atención la ausencia de un verde más evidente, un color tan asociado al autor. Especialmente teniendo en cuenta que “verde que te quiero verde” es probablemente uno de los versos más reconocibles de Lorca. ¿Hay una intención concreta detrás de esa elección?
Sí, no aparece mucho verde. Esto ya me pasó cuando hice Federico. A Lorca se lo relaciona con el verde pero, no sé por qué, yo lo relacionaba con el amarillo. Cada vez que aparece Federico niño va con una camisa amarilla. Era la sensación que me daba al leer sobre él y sobre la gente que lo había conocido. Sus hermanos, sus amigos y sus compañeros poetas hablaban de él como alguien que atraía a los demás, que tenía mucho duende, mucho carisma. El color más brillante es el amarillo. Lorca, además, era una persona que contenía muchísima tristeza y pena, pero también mucha alegría. Lo vivía todo intensamente.
Vivan los intensos.
Claro que sí. Entonces, no puse casi verde. Ahora, al hacer el Romancero, evidentemente aquí sí que está el “verde que te quiero verde”, pero me lo he saltado un poco. En la cubierta sí que hay un verde, pero no es un verde albahaca, ni aceituna, ni cosas así. En el interior también hay algunos tonos verdosos. Hay momentos en los que tiene que estar. Por ejemplo, el verde en el Romance sonámbulo es una premonición de la muerte. Ella tiene el pelo y la piel verdes y al final termina muriendo. Él ya lo nombra y si ya está en el poema, a lo mejor no hace falta que también esté en el dibujo.
Se suele decir que una imagen dice más que mil palabras, pero la poesía tiene mucho que ver con la interpretación y con todo aquello que no se dice literalmente. ¿Qué crees que pueden aportar tus imágenes a los poemas?
Cuando decidí hacerlo de esta manera, la decisión era esa: ante ese miedo que tenemos a veces a leer poesía, traerlo más a la tierra y mirar el tema principal de cada poema y los elementos, y concretar esos personajes. Por ejemplo, el personaje principal en El emplazado es el Amargo, que tiene la premonición de que va a morir en dos meses y tiene su Luna. Luego, en el Romance de la Guardia Civil española, el protagonista no es tanto la Guardia Civil en sí sino el pueblo masacrado. El dolor que se da en la gente que sufre ese tipo de masacres, como sucede en cualquier guerra, o el momento en el que llega alguien a destrozar algo que no es suyo.
He ido sacando la idea de cada uno e intentado traer la esencia de cada poema y expresarla a través del dibujo, con la intención de hacérselo más amable a alguien a quien le parezca difícil y de que le acabe gustando leer poesía. Es bonito que prestemos atención a la lectura pausada de la poesía y que miremos los dibujos también pausadamente. En los libros ilustrados, o en los cómics, podemos leer muy rápido o ir parando en los dibujos. Ojalá, por favor, porque nos lleva mucho tiempo hacerlos (risas).
He ido sacando la idea de cada uno e intentado traer la esencia de cada poema y expresarla a través del dibujo, con la intención de hacérselo más amable a alguien a quien le parezca difícil y de que le acabe gustando leer poesía. Es bonito que prestemos atención a la lectura pausada de la poesía y que miremos los dibujos también pausadamente. En los libros ilustrados, o en los cómics, podemos leer muy rápido o ir parando en los dibujos. Ojalá, por favor, porque nos lleva mucho tiempo hacerlos (risas).
“Romancero gitano es un poemario contenido en la noche pero eso no quiere decir que sea todo negro. Tiene mucha belleza.”
Yo a veces decía: ¿qué hago, leo o no? Qué bonito todo (risas). Lorca justo era conocido por intentar llevar la cultura al público y hacerla más accesible. Y tú, en cierta manera, también has participado en esa tarea de democratizar la obra de Lorca con tus dibujos. ¿Te has visto con esa función mientras trabajabas en el libro?
Quizá más bien concretar, sí. Concretar estos poemas que nos están contando algo. Cada uno de ellos podría ser un cuento. Me gusta entrar en esos personajes y darles vida, que parezca que estaban viviendo antes de aparecer en esa ilustración y continúan viviendo posteriormente en ella. Crear un universo con todos los poemas y los personajes y los símbolos que contienen.
¿Has sentido alguna especie de responsabilidad como ilustradora al trabajar con una obra que forma parte del imaginario colectivo y que millones de personas ya han imaginado a su manera?
Sí, por supuesto, siempre hay ese vértigo. Quizás esta vez menos porque ya había trabajado en Federico y en Una trilogía rural. Ya no pensaba hacer nada de Lorca, pero mi editora me propuso hacer el Romancero y me dijo que era el noventa aniversario de su muerte, y que es su obra que trata sobre la muerte y sobre Granada. Al final decidí que sí.
Al principio pensé: qué responsabilidad. Lorca para mí es uno de los autores más grandes. Pero cuando me puse a hacerlo me sentí más en casa que cuando hice Federico, que estaba muerta de miedo. Ahora ha sido como volver a un sitio conocido y a un universo en el que, aunque no había ilustrado el Romancero, todo se repite mucho: la luna, el caballo, las navajas. Es un universo tan bonito en el que entrar que ha resultado mucho más gustoso que ese miedo que alguna vez me ha acompañado al afrontar un trabajo como este.
Al principio pensé: qué responsabilidad. Lorca para mí es uno de los autores más grandes. Pero cuando me puse a hacerlo me sentí más en casa que cuando hice Federico, que estaba muerta de miedo. Ahora ha sido como volver a un sitio conocido y a un universo en el que, aunque no había ilustrado el Romancero, todo se repite mucho: la luna, el caballo, las navajas. Es un universo tan bonito en el que entrar que ha resultado mucho más gustoso que ese miedo que alguna vez me ha acompañado al afrontar un trabajo como este.
¿Te gusta, no? ¿Ilustrar a Lorca?
Sí, claro.
Se nota. Además de Lorca, has ilustrado obras de Emilia Pardo Bazán o El lazarillo de Tormes. ¿Qué encuentras en los clásicos que te hace querer ilustrarlos? ¿Hay algo que te atraiga especialmente de ellos frente a la literatura contemporánea?
No lo he elegido tanto yo, aunque es verdad que cuando empecé sí que pensaba que quería ser ilustradora que supiera ilustrar clásicos. Me gusta mucho leer y me encantan los clásicos pero empecé a escribir mis propios libros, a meterme más con libros ilustrados híbridos y, realmente, tratar a Lorca fue un encargo de mi editora, de Lumen. Emilia Pardo Bazán o El lazarillo son encargos de la editorial. Yo propuse Una trilogía rural porque ya había hecho Federico, pero no porque diga que solo quiero ilustrar clásicos. Es cierto que ya tienen un bagaje y todo el mundo se ha creado su imagen mental. Es como ver otra visión que no es la que te has imaginado, la de un ilustrador.
Tengo un libro, por ejemplo, que se llama La menuda, con Lara Moreno, que es poeta y novelista, y ella está viva (risas). Fue con Páginas de Espuma y trabajamos las dos juntas: ella ponía el texto y yo la ilustración. No solo trabajo con muertos (risas). Lo bonito de ser ilustradora es poder ir haciendo cosas muy diversas, muy diferentes. Es un aprendizaje siempre.
Tengo un libro, por ejemplo, que se llama La menuda, con Lara Moreno, que es poeta y novelista, y ella está viva (risas). Fue con Páginas de Espuma y trabajamos las dos juntas: ella ponía el texto y yo la ilustración. No solo trabajo con muertos (risas). Lo bonito de ser ilustradora es poder ir haciendo cosas muy diversas, muy diferentes. Es un aprendizaje siempre.
¿Cuánto tiempo te llevó hacer el Romancero gitano?
No tanto porque no he hecho yo el texto y ya lo tenía leído y trabajado de cuando hice Federico. Desde que me puse a mirarlo, que me fuera acompañando, leyendo poemas y sacando notas, estuvo en la cabeza como un año. Pero hasta que ya me pongo…
No cuenta hasta que te pones.
Digo, no te levantas de la mesa hasta que hagas una ilustración por lo menos. Hacer las ilustraciones me llevó unos cuatro o cinco meses. Lo he combinado con otros trabajos pero ha sido bastante rápido. Ya lo llevaba trabajado previamente y el universo lorquiano ya lo tenía muy asimilado y asentado, y fueron saliendo las ilustraciones fácilmente. Pero le dediqué muchísimas horas. Hay una parte de ejecución que requiere mucho tiempo, pero fue volver a un lugar conocido.
La última pregunta, lo prometo. Después de este trabajo, ¿qué obra te gustaría ilustrar? ¿Hay algún libro que tengas ya rondándote la cabeza?
De ilustrar algún autor o clásico no tengo nada previsto. Ahora mismo estoy trabajando en la documentación y el guion de un futuro libro, pero aún hay que darle un par de años. Llevo todo el verano trabajando en él y documentándome. Esto siempre pasa: desde que entrego el Romancero, por ejemplo, hasta que sale, pasan unos meses hasta que se empieza a hacer la promoción y ya estoy trabajando en otras cosas. Voy como a destiempo. Siempre llevo varios trabajos a la vez.
Pues mucha suerte.
(Risas.)



