A Evripidis Sabatis se le conoce, sobre todo, por sus canciones: pop de apariencia ligera, melodías precisas y una manera muy suya de dejar que el humor y la vulnerabilidad compartan habitación. Pero en Terranova, la librería y espacio expositivo de Poble-sec, en Barcelona, donde hoy se despide Teratarium, sus criaturas no suenan, sino que miran. O parecen hacerlo. Entre manos que asoman, texturas escamosas, formas marinas y teléfonos móviles mutados, la exposición propone un pequeño bestiario de cerámica que resulta tan acogedor como inquietante.

El título da una pista bastante exacta de lo que hay dentro. ‘Teras’, en griego antiguo, puede ser monstruo, maravilla, señal o presagio; un terrarium es un ecosistema contenido, fabricado para que algo vivo pueda habitarlo. En el cruce de ambas palabras, Sabatis construye un mundo artificial para sus terata: figuras que parecen llegadas de un futuro extraño, aunque sus materiales y sus gestos nos resulten demasiado cercanos. Hay belleza, sí, pero una belleza con algo de tentáculo enroscado alrededor.
La cerámica entró en la vida del artista como un refugio bastante terrenal. “Empezó como un hobby, una actividad relajante, entretenida, placentera, que me alejaba de las pantallas”, explica. Con el tiempo, ese pasatiempo fue ocupando el piso y el pensamiento: “Nuestro piso se llenó de obras de varios tamaños que parecen observarnos desde cada rincón”. No es difícil imaginarlo. Las piezas de Teratarium tienen precisamente esa cualidad doméstica y ligeramente invasiva: podrían vivir en una estantería, pero también apoderarse de ella.
En realidad, la semilla venía de mucho antes. De niño modeló con arcilla polimérica un clan entero de vampiros, con pelucas barrocas y colmillos ensangrentados, antes de poblar su habitación de ballenas, focas y tiburones. Tras años de abandono, volvió a mancharse las manos durante la pandemia, cuando su pareja le regaló clases en 137 Ceramic Art Studio. Después llegarían el taller de Julieta Dentone, una primera individual en Madrid y su actual plaza en Brasswheel Ceramics, en La Pau. Su recorrido responde a la insistencia de una imagen que pedía salir del papel.
Sabatis se define “a medio camino entre un amateur (el que ama) y un profesional”. Esa precisión importa: su trabajo se presenta con curiosidad y con un oficio en construcción. Aun así, Teratarium no tiene nada de capricho lateral. Sus objetos decorativos hablan de un paisaje postpandémico, de crisis climática, salud mental frágil y guerras convertidas en material de consumo. “Ya vivimos en una época en que cada vez es más difícil distinguir la realidad de la ficción”, dice. La frase explica el tono de la muestra mejor que cualquier cartel de sala. Sus híbridos nacen de un scroll interminable de noticias terroríficas, animales, plantas, hongos y artefactos, y avanzan por la frontera entre “lo simpático y lo bizarro”. Ahí está también la conexión más clara con su música: la capacidad de convertir la incomodidad contemporánea en algo juguetón e incluso tierno.
Esta tensión habita la vida y obra de Evripidis más allá de la cerámica. “Otras contradicciones que me interesan son la relación entre lo grotesco y lo bello, lo funcional y lo decorativo”, explica. Además de las figuras, la exposición se acompaña de una publicación-catálogo diseñada por el estudio Phantasia, con prólogo de Joaquín García Martín, y textos e ilustraciones de Evripidis.
Esa conversación se desborda hacia Nuestra casa, su nuevo single como Evripidis & His Tragedies, cuyo videoclip llena la pantalla de estas figuritas. La canción, una oda a convivir en plena crisis de vivienda, juega con sintetizadores y promesas para entrar “por la puerta grande”; el vídeo, de Oro y Plata junto a Jordi Marín Pérez y Ana Caballero de Yzaguirre, deja que las cerámicas multipliquen las identidades del artista. “Sin un guion cerrado, la pieza se construye como un puzle ensamblado en la edición, guiado por la intuición y el ritmo de la música”.
Antes de que Teratarium cierre hoy, con una fiesta de clausura de siete a nueve de la tarde, vale la pena pasar por Terranova y dejarse observar un rato. Quizá esos monstruos no vienen a anunciar el fin del mundo: quizá llevan tiempo aprendiendo a decorarlo.
La exposición Teratarium de Evripidis Sabatis clausura hoy con un evento de 19:00 h a 21:00 h en Terranova, carrer del Comte Borrell 99, Barcelona.









