Madrid, septiembre, un jardín y Palomo. La escena resulta familiar, pero han pasado diez años. Ayer, mientras cientos de invitados recorrían la Rosaleda del Parque del Oeste para celebrar el aniversario de la firma, era inevitable pensar en aquel desfile de 2016 en los jardines del Museo Lázaro Galdiano. La expectación continúa intacta, aunque casi todo ha cambiado desde entonces. Aquel proyecto que empezaba a construir una comunidad es ahora una marca global que vuelve a casa rodeada por ella.
En septiembre de 2016, Boy Walks in an Exotic Forest convertía el Lázaro Galdiano en una jungla imaginada a partir de Henri Rousseau. Todo parecía más salvaje, casi sin límites, como correspondía a una firma que estaba descubriendo hasta dónde podía llegar. Diez años después, Alejandro Gómez Palomo vuelve a elegir un jardín, pero la sensación es distinta. La Rosaleda no necesitaba convertirse en otra cosa, y el larguísimo recorrido entre flores bastaba para entrar, durante unos minutos, en su particular Arcadia.
La primera vez que hablamos con Alejandro en METAL fue en abril de 2016. Había presentado Orlando y Je T’aime Moi Non Plus y nos dijo una frase que ayer volvía inevitablemente a la cabeza: “My clothes project dreams.” También nos hablaba entonces de la enorme influencia de Orlando, de Virginia Woolf. Diez años después, uno de los modelos recorría la Rosaleda con el libro entre las manos. Los guiños al pasado estaban ahí, pero siempre mirando hacia el futuro.
Porque celebrar diez años no significa romper con lo anterior. En el caso de Palomo parece suceder justo lo contrario. Eighteen, presentada en el Hotel Palace, exploraba ese momento extraño entre juventud y madurez. Después llegó Limbo, coincidiendo con el traslado de la firma a Madrid, y descubrimos un Palomo más conectado con la calle. Ahora Et in Arcadia Ego vuelve a subir el volumen de la fantasía. ¿Cierre de ciclo o comienzo de otro? Probablemente haya algo de ambos.
También se siente como una mirada a todos los Palomo que hemos conocido durante esta década. Ha habido capítulos mucho más explosivos y otros más contenidos, momentos en los que la mirada viajaba lejos y otros en los que regresaba al sur, a la tradición o a los recuerdos. Et in Arcadia Ego consigue que todos ellos convivan sin convertirse en una retrospectiva literal. El resultado sigue siendo reconocible, contemporáneo y profundamente personal, como si diez años hubieran servido para ampliar un universo sin borrar ninguna de sus capas.
En ese universo sigue habiendo mucho hedonismo. Palomo nunca ha entendido la moda únicamente desde la necesidad de vestirse, y aquí vuelve a defender el placer de hacerlo, de arreglarse porque sí y de disfrutar de todo lo que durante años parecía excesivo. Después de tanto minimalismo y de una cierta homogeneización que ha terminado acercando peligrosamente unas marcas a otras, resulta refrescante encontrarse con alguien que todavía quiere que la ropa tenga personalidad.
Lo que sí ha cambiado es la manera de controlar toda esa fantasía. Diez años en el negocio, desfiles fuera de España y el crecimiento de la empresa han dejado huella. Palomo sigue siendo capaz de transportarnos a otro universo durante veinte minutos, pero cuando el espectáculo termina y observamos cada prenda por separado, muchas pueden vivir perfectamente fuera de él. El sueño permanece, aunque ahora existe una comprensión mucho mayor del producto y de cómo encontrar su sitio dentro de una industria en la que sobrevivir nunca ha sido fácil.
También parece definitivamente superada aquella eterna conversación sobre lo masculino y lo femenino. Hace diez años preguntábamos a Alejandro por el hombre Palomo y por qué podía llevar bordadas capas de seda. En Et in Arcadia Ego, esos códigos simplemente conviven. Ya no necesitan una explicación. Quien lo haya querido entender durante esta década probablemente ya lo ha entendido y quien no, ha tenido tiempo suficiente. A estas alturas, cada uno debería ponerse lo que le dé la gana.
La Rosaleda ayudaba a que todo esto se entendiese sin grandes artificios. Con dirección creativa de Francesco Sourigues y diseño del espacio de Pol Roig, el jardín permaneció prácticamente intacto, con una batería en el centro. Una puesta en escena cuidada, pero sin excesos, que dejaba respirar tanto la colección como el lugar.
Hace apenas un año, Alejandro decía en una entrevista que Madrid era donde más cariño recibía del público y, si quedaba alguna duda, ayer terminó de despejarse. Pedro Almodóvar, Ana Mena, Belén Aguilera o Ana Rujas compartían espacio con muchos amigos que llevan años alrededor de la firma. Lo bonito era comprobar cuánta gente se ha sumado por el camino, pero también reconocer a quienes ya estaban cuando todo aquello era mucho más pequeño.
Durante esta edición de la Semana de la Moda de Madrid se está sintiendo una energía distinta en la pasarela madrileña. El otro día hablábamos de una mayor presencia internacional y ayer, entre los invitados de Palomo, veíamos a StyleNotCom junto a prensa y profesionales llegados de fuera. La firma siempre ha apostado por hacer las cosas a su manera, muchas veces fuera del calendario oficial, pero esta vez la sensación era distinta: la de estar formando parte de un punto de inflexión para Madrid.
Parte de ese crecimiento también se entiende a través de las colaboraciones. Levi’s reinterpreta junto a Palomo el 501, Nothing entra en varios looks y firmas como Magrit o Vivascarrion se incorporan al conjunto. Alejandro ha demostrado durante estos años que sabe invitar a otros universos al suyo y llevarlos a su terreno. Conseguir que una colaboración tenga presencia sin interrumpir el relato no es tan sencillo, y quizá por eso tantas marcas quieren entrar en su mundo.
Pero si hay algo que quedó claro ayer es que Madrid siempre será casa para Palomo. Podrá mirar fuera, seguir creciendo y explorar nuevos caminos, pero cuando necesite reconectar, sabe que aquí tiene a su gente. Nosotros ya estamos deseando ver qué trae la próxima década. Larga vida a Palomo.
metal-palomo-ss27-02.webp
metal-palomo-ss27-03.webp
metal-palomo-ss27-06.webp
metal-palomo-ss27-05.webp
metal-palomo-ss27-07.webp
metal-palomo-ss27-08.webp
metal-palomo-ss27-04.webp
metal-palomo-ss27-09.webp
metal-palomo-ss27-11.webp
metal-palomo-ss27-22.webp
metal-palomo-ss27-18.webp
metal-palomo-ss27-12.webp
metal-palomo-ss27-21.webp
metal-palomo-ss27-19.webp
metal-palomo-ss27-20.webp
metal-palomo-ss27-17.webp
metal-palomo-ss27-14.webp
metal-palomo-ss27-15.webp
metal-palomo-ss27-16.webp
metal-palomo-ss27-13.webp
metal-palomo-ss27-23.webp
metal-palomo-ss27-24.webp
metal-palomo-ss27-25.webp
metal-palomo-ss27-26.webp
metal-palomo-ss27-27.webp
metal-palomo-ss27-28.webp
metal-palomo-ss27-29.webp
metal-palomo-ss27-30.webp
metal-palomo-ss27-31.webp
metal-palomo-ss27-32.webp
metal-palomo-ss27-33.webp
metal-palomo-ss27-34.webp
metal-palomo-ss27-37.webp
metal-palomo-ss27-35.webp
metal-palomo-ss27-38.webp
metal-palomo-ss27-36.webp
metal-palomo-ss27-40.webp
metal-palomo-ss27-41.webp
metal-palomo-ss27-39.webp