A diferencia de Lolita, las primeras CGI han nacido exclusivamente con fines comerciales. La primera, Hastune Miku, desarrollada por la compañía de medios japonesa Crypto Future Media, es una de las cantantes e influencers más famosas de Japón. Hatsune es un holograma que puedes hasta comprar para que te acompañe en casa. El fenómeno de Hatsune Miku es tan brutal que el año pasado un hombre hasta decidió casarse con ella.
La chica detrás de Lolita ha decidido crearla a su imagen y semejanza. Como si fuese Dios, pero con un ordenador con cinema 4D y mucho tiempo libre. La biografía de su Instagram dice “I never age”, siendo en sí la epítome de lo que ha obsesionado a la raza humana desde su origen. Lolita es capaz de cambiar de cara, color de pelo, sexo, piernas, etc. todo con un solo click.

La idea de poder crear mundos y paisajes dentro de una realidad única es fascinante. El cine, la música, las tareas del hogar, las relaciones interpersonales, y todo lo que compete a nuestra actualidad puede ser modificado con la tecnología. Lolita llega a esta cumbre cuando es capaz de crearse a sí misma dentro de lo que la rodea y adaptarse a él. Es como si hubiese revolucionado digitalmente las máscaras de Jung y no solo se adaptara a quien la ve sino en donde, como y cuando lo hacen.
La globalización ha creado nexos y lugares en común para personas de todas partes del planeta, obviamente. Y lo que resalta de los avances de las modelos CGI en este contexto es precisamente crear ‘personas’ que no se identifiquen por donde han nacido. Supongamos que en este caso debemos cuestionar sobre cómo tratar a esta nueva especie, por así decirlo. De hecho, la línea entre lo real y lo digital está en camino a hacerse menos clara. Podrá existir un momento en el que no podamos diferenciar en qué plano vivimos.
El último trabajo que ha realizado Lolita ha sido junto a Euphemio Fernández, el diseñador andaluz que trabaja con la misma inspiración de Lolita: internet. Ambos se basan en esas comunidades nacidas en la web, donde cada quien mira al otro y está en la constante debacle entre admiración, inspiración y rechazo.









