Recuperada la democracia en España, la mayoría de las grandes ciudades eligieron a alcaldes con un sentido cívico y colectivo que hoy echamos en falta. Todos ellos afrontaron grandes retos urbanísticos y heredaron del régimen franquista problemas estructurales y deudas ingentes en las arcas municipales. En Barcelona fue Pasqual Maragall, quien tuvo la habilidad de rodearse de
El Congreso Mundial de Arquitectos UIA 2026 se celebra en la ciudad del 28 de junio al 2 de julio, en el marco de las actividades de la Capital Mundial de la Arquitectura en 2026. Las recientes crisis inmobiliarias, sociales, sanitarias y climáticas han renovado el paradigma de la arquitectura, y el congreso se plantea cómo los arquitectos pueden transformar la realidad al servicio de la sociedad. De todo ello he querido hablar con una mujer que ha sido testigo directo de la transformación de la ciudad desde la etapa Maragall hasta el mandato del actual consistorio, siempre desde una posición crítica pero constructiva y con el único objetivo de contribuir generosamente a que Barcelona progresara. La arquitecta y urbanista Beth Galí me recibe en su estudio BB + GG Arquitectes con una sonrisa franca y dispuesta a debatir sobre cualquier tema. Argumentos y datos no le faltan.
Conoce los problemas reales y reflexiona sobre ellos con la voluntad de avanzar en positivo. Hija de republicanos catalanes, ha desarrollado innumerables proyectos urbanos relevantes como el Parc Joan Miró y las zonas de baño en la fachada marítima del Fòrum, o la remodelación de las calles centrales de Cork en Irlanda. Beth se expresa con la contundencia y la seguridad que dan los años y su mirada limpia y perspicaz dice más que sus propias palabras.
metal-beth-gali-05.webp
Barcelona es la Capital Mundial de la Arquitectura en 2026. Una gran cita pero no sé si el ciudadano ha entendido lo que significa para la ciudad.
Barcelona siempre va a golpe de eventos, este es uno más para hacer transformaciones en la ciudad y para que vaya avanzando, en este caso en cultura. El reto de la gobernanza de un ayuntamiento es que todo aquello que hace, el ciudadano lo perciba con euforia. Se hizo mucho ruido con la capitalidad cuando nadie sabía qué era, y ahora que ya lo pueden saber porque ya se ha anunciado, hay tantas cosas en el programa que no sé si el ciudadano está preparado para absorber tanta información. Hay algo que está bien. Han sectorizado las actividades de la capitalidad por barrios y, por lo tanto, será más accesible para los ciudadanos. Esto ya es un buen principio. Hay algo importante que veo que nadie se anima a poner sobre la mesa, y es que estamos en un momento en el que la profesión está en horas bajas. Sobre todo, la gente que empieza está en una situación muy precaria.
Eso parece incongruente con ostentar la capitalidad.
Se le da poco valor cultural a la arquitectura, cuando tiene que tener mucho. Las administraciones públicas están proponiendo una forma de trabajar a los arquitectos que es a través de concursos mal planteados. ¿Cómo puede ser que se esté hablando un año de arquitectura y todo el mundo tan contento, cuando la profesión está en horas muy bajas? Estamos en precario en muchos sentidos. Con un grupo de gente, estamos promoviendo que haya la voz crítica. Oiga, sí, en Barcelona se han hecho cosas fantásticas, pero ahora no se hacen tantas. La ciudad ha ido mutando hacia varios sitios y sus varias transformaciones han mejorado la ciudad, pero la profesión ha ido decayendo. Pienso que las instituciones públicas tienen mucho que ver. Es importantísimo que la institución pública se ponga las pilas con un tema tan crucial, porque la transformación de la ciudad tiene que contar con los arquitectos y los urbanistas. Por lo tanto, los tienen que cuidar y ahora no los cuidan. Ahora no cuidan a la arquitectura ni a los arquitectos.
¿Por incomprensión de la complejidad de la profesión, o porque el capital ha decidido que el arquitecto tiene que estar sometido al dictado del promotor, que es quien paga la obra? La obra pública en Barcelona suele representar entre el quince y el treinta por ciento del total de inversión, dependiendo del ciclo económico y de grandes infraestructuras puntuales.
Cuando pasa algo siempre hay muchos factores. El bombardeo viene por muchos lados. Uno es la capitalización de todo. Otro, importantísimo, es el enemigo número uno, la burocratización de los procesos. La burocracia es algo que se ha aposentado en todas las instituciones públicas y afecta a la agricultura, la medicina, la educación y la cultura.
Todos los colectivos comparten la misma queja. Los maestros tienen que hacer informes en casa, los médicos no pueden visitar al enfermo el tiempo necesario…
Los payeses tienen que rellenar papeles para plantar cuatro tomates. A ver, señores, aquí está pasando algo. El enemigo número uno es la burocracia. Y en arquitectura esto se ha multiplicado por mil. ¿Mejora la arquitectura toda esta burocracia? No, la empeora, esto ya se ha visto. Si para concursar tienes que estar rellenando miles de papeles y te obligan a tener en cuenta muchos factores que no favorecen al proyecto, después vas a trabajar mal. Además hay una cosa que se llama baja económica, que es fatal. El que hace la baja económica más importante es el que va a hacer la obra. Pero oiga, ¿sabe que la baja económica quiere decir bajar la calidad? ¿Lo saben, o no? El que manda tiene que contagiar entusiasmo a todo su equipo para que las cosas funcionen, para que haya buena arquitectura, para que los arquitectos se sientan cómodos, que se los valore y que se valoren sus autorías.
Esto habla de nuestro tiempo.
Lamentablemente, es nuestro tiempo.
El Congreso Mundial de Arquitectos es una excelente oportunidad para que la profesión denuncie la precariedad de la que hablas.
El congreso estará bien si dejamos aparte el problema de la bajada de calidad y ambición por parte de las instituciones públicas locales e internacionales. Ya se verá si nos dan voz o no en el congreso, pero va a estar bien a la fuerza. Los que lo están llevando son gente que conozco mucho y saben quién tiene que venir para cada tema. Lo que pasa es que yo les digo, tenéis que dar voz a algo tan generalizado como es la precariedad de la profesión, porque si no, los arquitectos de todo el mundo pensarán que esto es jauja (risas).
En esto somos especialistas. Nos gusta dar una buena impresión. Tenemos esta cosa mediterránea de que cuando recibimos, pasamos la escoba y ponemos el mantel de hilo de la abuela. ¿Existe ese riesgo?
Sí, está pasando, totalmente.
Nos gusta gustar.
A todo el mundo le gusta gustar, pero tienes que ser consciente de que quizá ayudarías mucho si en el congreso hablaran de las carencias que está teniendo la profesión. Estaría bien porque la gente que va a venir se va a encontrar con muchos colegas a quienes les está pasando lo mismo en sus países.
El congreso se plantea qué significa diseñar para un mundo en transición. No debe ser lo mismo trabajar como arquitecto en Oslo, en Seúl, en Bogotá o en Lisboa. ¿Cómo se pueden aunar las problemáticas de la profesión?
Hay una cosa que creo que han hecho bien, que es que se están tratando estos grandes temas, la sostenibilidad, el cambio climático, la vivienda, todos estos temas universales, pero desde puntos de vista distintos. Esto me ha interesado porque para ir a un sitio, tratar un tema y oír lo mismo que hace cinco o veinte años, pues no vas. En el caso de la vivienda, se fijan mucho en temas como las rutinas de los habitantes de un piso, porque esto es lo que te hará diseñar vivienda social con más conocimiento. Esta es una forma nueva de entrar en el tema.
“El enemigo número uno es la burocracia. Y en arquitectura esto se ha multiplicado por mil.”
Escuchándote pensaba que durante el desarrollismo se construían edificios para familias medias que solían tener entre uno y cuatro hijos. Actualmente la población tiene pocos hijos, o tiene mascotas. Alguien decía que no habrá cocinas en las casas porque compramos comida preparada. El cambio de usos también obliga al arquitecto a pensar en un espacio en el que vamos a convivir de otra manera. Quizá habrá una cocina para todo el edificio que la comunidad pueda compartir y unas habitaciones tipo hotel. Supongo que estos aspectos también se debatirán.
El congreso analizará cómo ha evolucionado la vivienda y la sociedad. Hace muchos años hice un edificio en Holanda en el que propuse hacer cocinas colectivas y está funcionando muy bien. Además, me dicen, en la cocina pasa todo. La cocina es el centro de una vivienda, es el punto de reunión. Cuando vienen amigos a casa, lo primero que hacen es reunirse en la cocina, porque mientras cocinas, allí es donde se toman las copas. La cocina es un centro colectivo. Pero si esta colectividad la llevas a todo el edificio, todavía mejor, porque todos los vecinos se relacionan. Primero me decían que estaba loca, pero bueno, sí, es que hay que estar un poco loco para hacer arquitectura. (risas)
Actualmente no existe un modelo de familia único. ¿Cómo incorporas estos cambios sociales a la hora de plantear un nuevo proyecto?
Primero hay que estar siempre con las antenas puestas para entender cómo va evolucionando la sociedad. Siempre digo una cosa: los arquitectos, aparte de vivir la arquitectura, tienen que leer mucho, estar muy informados de lo que pasa en el mundo y leer a sociólogos que saben mucho. Los políticos y los sociólogos son los que nos explican cómo va evolucionando la sociedad.
Lo que aplicaste en Holanda hace tantos años, ahora podría ser el modelo a seguir.
Son intuiciones que tienes, porque la sociedad holandesa no la conocía bien. Lo único que sabía de los holandeses es que eran muy permisivos y pensé que lo iban a aceptar porque lo entenderían enseguida. Y así fue. Para que pase eso, creo que tienes que estar con las antenas muy puestas y leer, leer muchísimo. Y leer aquello que te puede dar caminos para interpretar qué está pasando en el mundo y los cambios sociales.
Tu padre era un republicano convencido. La lectura, el conocimiento, el estar en el mundo no desde la intuición, sino desde el conocimiento, es la esencia del republicanismo.
Y escribir. Hice un curso en la universidad que era arquitectura y escritura. La arquitectura es pensar. Tienes que pensar mucho antes de utilizar el lápiz. Pensar en todo lo que tienes en la cabeza. Escribir es pensar. Todo lo que tienes en la cabeza, escríbelo. Cuando daba clase en la escuela los invitaba a escribir todo lo que iban pensando, y si está bien escrito, mejor. El otro día se lo decía a un estudiante que me vino con un papelote muy bien escrito. Yo me lo iba leyendo y al final le dije, oye, podrías hacer lo mismo un poco peor, un poco mal escrito. Me di cuenta de que lo había escrito ChatGPT. Le dije: me gusta mucho, pero preferiría que no estuviese tan bien escrito.
Lo dejaste pensando.
Esto lo puedo hacer porque nos hemos alimentado de muchas cosas en nuestra vida. Cuando teníamos dieciocho años leíamos a Marcuse y a todo quisqui.
¿Por curiosidad?
Por curiosidad, pura curiosidad.
¿La sigues teniendo?
Yo sí. Soy una kamikaze. He empezado a estudiar cello. Siempre había estudiado piano. Soy pianista y además todo el mundo se extrañó de que lo dejara. De joven decían que iba a ser pianista. Empecé arquitectura, me encantó y además vi muchas relaciones con la música y hace cinco años empecé cello y lo estoy tocando en un grupo de cámara. Esta curiosidad no se tiene que perder. Me alimento de esto y de lo que voy haciendo cada día, además de lo que leo.
Recientemente han derruido la histórica estación de mercancías de La Sagrera. Seguramente no era muy interesante arquitectónicamente, pero se siguen demoliendo edificios que pueden estar mejor, o peor, pero nos hablan de su pasado industrial. En Barcelona no se ha renovado el mapa de edificios catalogados desde hace más de treinta años. ¿Por qué ese afán de derruir edificios simbólicos?
Esto está en el ADN de las ciudades del sur. No sabemos qué se puede hacer para evitar esta especie de voracidad y de tabula rasa. Las ciudades son la acumulación de muchísimos años y de muchas cosas. Da igual que estén bien o mal. Aquello es la ciudad. Además, ahora todavía con más obligación hay que conservar los edificios de la ciudad por temas sostenibles. Se ha añadido algo que antes no existía. El proyecto del Liceu Mar en el IMAX del Maremagnum, que es un edificio que te gustará o no, pero ya está hecho y tiene una sala impresionante. Ahora dicen que hay que demolerlo. ¡Por favor! Nosotros íbamos al concurso con un equipo finlandés y no nos cogieron precisamente porque dijimos que no se tiene que tirar el suelo. Se puede ampliar, o incluso dejar que emerja el edificio antiguo con el nuevo. Se pueden hacer cosas preciosas. Y los finlandeses son especialistas en esto. Dije que demolerlo es un error y no lo voy a hacer. Prefiero conservar el edificio.
metal-beth-gali-06.webp
Y no lo han entendido.
No, no nos cogieron, así que quedamos los últimos (risas). Es lo que no había que hacer. Es un tema preocupante. A mí me sigue preocupando.
No avanzamos.
No, nada. No avanzamos nada. Y yo creo que todavía hay más. La jefa de Urbanismo del Ayuntamiento diciendo: vamos a tirar el Maremagnum para hacer el Liceu Mar. ¿Pero os habéis planteado qué pasaría si no lo tiraseis?
Siempre estamos reinventándolo todo. Esto pasa también a nivel de interiorismo. ¿Cuántos lugares emblemáticos en Barcelona ya no existen? No se promueve en absoluto mantener los espacios que dan personalidad a la ciudad.
No hay forma. Esto es un tema cultural del sur de Europa, porque en Italia ha pasado lo mismo. Allí tienen el tema de la conservación del patrimonio, pero los arquitectos son muy críticos. Tienen una conservación de patrimonio muy estricta. De estar continuamente rehabilitando y restaurando, pero por otro lado, los arquitectos ponen en duda si eso es bueno para la ciudad. El tema es muy interesante.
La especulación va muy ligada a la arquitectura. En Sarrià hay un movimiento vecinal en defensa de la masía Can Raventós. Con el gobierno de los Comuns, el distrito aprobó que se podían hacer pisos de lujo. Los vecinos contratamos a un abogado y hemos ganado el juicio a la constructora CORP. Lo último es que el Ayuntamiento vuelve a decir que habrá una permuta pero compensando a la constructora. Que sea el vecino el que tiene que poner su dinero para ir en contra de la promotora y no al revés, es decir, que el Ayuntamiento preserve un espacio que todavía puede ser de uso público cuando hay déficits en este sentido. ¿Cómo valoras que gobiernos supuestamente progresistas sigan favoreciendo operaciones en favor del capital y no de las reivindicaciones vecinales?
Este es otro tema importante. Lo que está bien de Barcelona es que sigue siendo una ciudad luchadora. Es una ciudad luchadora desde los anarquistas, y esto que no se pierda porque tiene gran valor. Creo que no lo perderá nunca porque esto viene de fábrica. Pero hay otro tema y es que las ciudades necesitan economía privada. Algunos se piensan que la ciudad va sola. Jane Jacobs lo explica muy bien. La economía de la ciudad es el pilar para que una ciudad exista. ¿Entonces qué pasa? Que las instituciones públicas hacen ‘mans i mànigues’ para generar esta economía y ver de dónde procede. Hay una parte que son los impuestos, pero después hay una parte que es privada, que es la difícil.
Aquí es el punto, porque o te pasas y hay una especulación descarada sin control, o si intentas parar la dinámica económica de una ciudad, te quedas sin ciudad. Todo esto ocurre por esta tensión permanente entre lo privado y lo público. Los ayuntamientos tienen que contar con esta inversión privada, pero también con la sociedad. Y aquí empieza la lucha entre estos dos grandes oponentes, que para según qué alcalde es una gran tensión.
Pero la gestión de las tensiones urbanas va en el sueldo.
Es una decisión dificilísima, sobre todo para una persona como Colau, que tenía como objetivo que las élites no contasen nada en la ciudad, cosa equivocada. Y claro, estas tensiones son las que hacen que la ciudad vaya chirriando y también pasa porque cuando una ciudad tiene un objetivo muy claro, como Barcelona, tiene que inventar siempre objetivos radicales. Los Juegos Olímpicos, la Exposición del 29. Son objetivos que facilitan que estas tensiones queden un poco diluidas para tirar hacia adelante. El alcalde tiene que maniobrar e inventar objetivos.
¿No será que el problema es que los políticos actuales son menos políticos? Pasqual Maragall es el paradigma del buen alcalde. Alguien que entiende la ciudad como un todo y sabe lo que necesita. El problema puede ser que en este momento estamos frente a unos líderes que sí saben lo que hay a su alrededor, pero no saben exactamente qué quieren hacer con ello. No tienen un proyecto. Recuperando el caso de Can Raventós. Maragall tuvo muy claro que cada barrio tenía que tener un centro cívico. ¿Y dónde tenías que hacerlo? En las torres que había que salvar de la especulación. En la actualidad no hay una política decidida en este sentido.
Ahora, y esto es general, se gobierna con mucho miedo. ¿Y el miedo por qué viene? Bueno, pues por una cosa, una bestialidad, que es que tienen demasiada confianza en la democracia electoral. Es fuerte decir esto, pero no me estoy cargando la democracia. No me cargo la democracia, pero lo que sí me cargo es que confían demasiado en la democracia electoral, que son los votos. Y entonces gobiernan contando votos. Craso error. Ya está todo explicado.
Volviendo al espacio público, ahora sufrimos la transformación de la Rambla. Formas parte de la comisión que estáis dando ideas al gobernante. El gobernante está bien que escuche, pero tiene que saber lo que quiere hacer. Esto es aplicable a tantas cosas. A la que surge un problema se crea un grupo de expertos para que le digan al gobernante cómo resolverían el tema. Eso podría explicar lo que decías del miedo. ¿Podemos avanzar si no tenemos un objetivo claro con respecto a lo que queremos como sociedad? ¿Podemos permanecer en esta amalgama de tensiones permanentes hasta que ocurra algo grave? Históricamente siempre ha ocurrido algo esperado o inesperado.
Estamos en un momento de una cierta debilidad en tener las cosas claras de la gente que debería tenerlas. Son olas cíclicas y en este momento está ocurriendo esto. ¿La Rambla? A ver, es que la Rambla ya tiene un antecedente, que es que cuando un problema se le va de las manos a los que gobiernan, cada vez es más difícil de solucionar. Y la Rambla se les fue de las manos, pero a base de bien. Todas las mafias posibles coexisten. Mafias de cualquier sitio del mundo, menos las de aquí. Si son locales se combaten mejor. Uno de los principales problemas que tiene la Rambla es que todas las plantas bajas están dedicadas al souvenir, las terrazas van avanzando y no dejan espacio en el paseo central. Todo es un problema, menos el pavimento. El pavimento es lo que tenía menos problema. Iban aumentando las tiendas de souvenirs, las terrazas, y esto no se paró a tiempo porque los políticos en aquel momento estaban en otros temas.
Ahora tenemos el pastel. Entonces va y hacen ‘un merder’ impresionante gastándose dinero con el pavimento. Lo último que hay que hacer. Primero hay que empezar por dignificar la Rambla. Quiere decir que la gente pueda volver a ‘ramblejar’ y a pasear por el centro de la Rambla. Esto es lo primero. Es igual el pavimento. Se andaba bien. Nosotros con Jordi Garcés, que es mi aliado en la Comisión, decimos menos terrazas y como en París, en las aceras. Y las camionetas, que se pongan de acuerdo sobre los horarios de carga y descarga y que entre ellos se ayuden y organicen la ocupación de las aceras, cosa que sociológicamente está muy bien. Que la gente hable, se comunique y se ponga de acuerdo. Hay que dejar la Rambla diáfana para volver a pasear.
“La arquitectura es pensar. Tienes que pensar mucho antes de utilizar el lápiz. Pensar en todo lo que tienes en la cabeza. Escribir es pensar. Todo lo que tienes en la cabeza, escríbelo.”
¿Hay resistencias en ese sentido?
No lo ven. El alcalde el otro día estuvo muy bien porque reconoció que sí que era una idea radical de cambio. En este caso Jaume Collboni estuvo muy bien, pero dijo que nos enfrentamos con unas dificultades para hacer estos cambios con el gremio de restauración, con las mafias, con el blanqueo de dinero que son las tiendas de souvenirs y que no encuentran la solución. Es lo de siempre, hay que ser muy valiente. Yo he visto gobernar y ver cómo Josep Antoni Acebillo o el propio Oriol Bohigas se enfrentaban con el poder económico.
La arquitectura ha sido tu vida en todos los aspectos.
Al final lo ha acabado siendo, sí. Siempre digo una cosa: en mi vida no he planificado nada, ni la cosa más doméstica. Mi padre tocaba muy bien el piano, lo escuchábamos siempre de pequeñitos. Nacimos con el piano, con Bach, siempre Bach. En Catalunya, somos bachianos. Y un día aquella niña se pone a jugar con el piano, a darle golpes y dice: me gustaría tocar el piano. Y mis padres me matricularon en la mejor escuela. Todo esto me ayudó mucho en todo. La música nos organiza el pensamiento. Ha sido toda una suerte.
Como había ido al Liceo Francés, no me convalidaban los estudios y me tenía que ir a París. Y dije: ¿Qué voy a hacer allí? ¿Qué puedo hacer? Las escuelas de diseño no pedían el bachillerato y tuve la suerte de vivir la fundación de la escuela de diseño Eina. Y allí tuve de profesor a Eduard Bonet, que nos hablaba de la estética de las matemáticas. Y me entusiasmé tanto con aquello que cuando terminé Eina, me matriculé en Ciencias Exactas, en Matemáticas. Duré un año, porque de estética nada, aquello era matemática pura. Ese año me sirvió para estudiar arquitectura. Un cúmulo de casualidades.
Coincidió con un momento de cambios políticos.
El primer año de carrera nos lo pasamos corriendo por la Diagonal con los grises detrás. Recibimos muchos palos, pero en aquella época éramos jóvenes y nos divertía. La lucha antifranquista tenía una doble componente de que realmente aquello no podía durar porque era un desastre, pero tenía su morbo. Nos divertía porque no éramos conscientes del riesgo real. Veíamos a un gris, ‘mira aquell fill de puta’ (risas) y nos bifurcábamos por cualquier sitio. Como iba mucho a Francia, me había comprado un impermeable amarillo, lo menos apropiado para una manifestación. Iba siempre con el mismo. Era la del impermeable amarillo.
Pero valió la pena.
Valió la pena muchísimo, muchísimo. Porque esto después lo vas trasladando a todo lo que haces. Por ejemplo, en Arquitectura fuimos todo un grupo al rectorado a pedir que tenían que cambiar los profesores y el director de la facultad.
Cuando uno ha luchado contra una dictadura no le da miedo nada.
Sí, claro. ¡Es que yo lo he vivido!
¿No tienes miedo?
Yo soy del 50 y he vivido la dictadura, me la tragué toda, no tengo miedo. Qué va, qué va. Habíamos hecho cosas brutales, hasta hacer llamadas a la comisaría de Via Laietana diciendo que había una bomba en una escuela para que salieran de allí. Solo podíamos llamar desde una cabina telefónica, porque si llamabas desde casa, te pillaban. Inventábamos miles de cosas para molestar.
¿Cuándo se normaliza la democracia, lo vives con satisfacción? ¿Recuerdas algún momento especial que digas: ¡lo hemos logrado!?
No, más que logrado, me pongo a hacer cosas que me interesan y las puedo hacer. Por ejemplo, en la escuela Eina entraron todos los profesores que estaban expedientados, los que no podían entrar a la Universidad, empezando por Oriol Bohigas y Federico Correa. Cuando la democracia se empezaba a vislumbrar, después de la transición, Oriol fue director de la Escuela de Arquitectura. Era normal que la gente que se consideraba importante para ocupar puestos de mando pudiera finalmente acceder a puestos directivos.
¿No hay crítica alguna? ¿No se hizo nada mal?
Piensa que pasamos por una transición, y sí hubo mucha crítica. Cuando salió el Rey, aquí se armó. ¿En qué consistía el cambio para los que estaban en aquel momento esperando que se muriera el dictador? El gran cambio fue que aparecía una monarquía, ¿pero qué es esto? O sea, que pasamos unos años todavía que no era una dictadura, pero no fue lo que se esperaba en absoluto. Las luchas y las movilizaciones siguieron. ‘Déu nidó’ las protestas que se montaron en Eina.
metal-beth-gali-07.webp
Pero había un objetivo común. El movimiento social más reciente ha sido el Procés catalán, pero parece que se ha diluido el sentimiento de lucha.
Es que te frustran mucho. España es una fábrica de frustraciones. Desde siempre. Además, frustra a todo lo que no encaja con ellos. Tienen todo el poder para frustrarlo. Si te van frustrando a todo lo que vas haciendo, tiene que desanimar a la fuerza. Además, no sé si se hizo tan bien.
¿Por miedo?
Por miedo, como siempre.
¿En ese sentido también podríamos ser críticos?
Sí. Hay mucho que hablar.
Sigues en activo en el estudio BB+GG Arquitectes. No puedes dejar la profesión y además no la vas a dejar nunca seguramente. ¿Qué proyectos te ocupan? ¿Qué puedes contarme?
Bueno, como perdemos todos los concursos, ahora estamos haciendo reformas en cuatro pisos. Hemos vuelto. Yo creo que la profesión es circular porque tampoco lo he forzado, pero me están encargando pisos. Empecé arreglando pisos y además todos en la Plaza Real, al lado de casa. ¡No tengo que coger un avión! Como me he pasado toda la vida cogiendo aviones, estoy encantada. He cambiado totalmente la organización del despacho. Había tenido despachos bastante grandes, de veinte o treinta personas. Hubo un momento en que propuse a los compañeros que trabajaban aquí que se quedasen haciendo sus cosas, sus concursos y cada uno tiene su espacio. Ha sido un cambio y estoy encantada.
¿Sigues disfrutando?
¡Muchísimo! A mí lo que más me gusta es ponerme delante de un problema, porque todo empieza por el problema, e intentar resolverlo dibujando. No dibujo en el ordenador, no pienso perder ni un minuto aprendiendo toda esta maquinaria; además, tengo gente fantástica. Sigo dibujando a mano, que me divierte mucho.
Todo es un reto. Puede ser un proyecto a gran escala o un piso. ¿Qué supone desde el punto de vista íntimo, cuando afrontas un encargo? ¿Cómo te aproximas a ese reto?
Para mí, tanto la gran escala como la pequeña siempre empiezan por una cosa común: ver dónde están los problemas en esto que nos están pidiendo. ¿Qué es lo que hay que solucionar? Y esto da igual que sea una gran escala, que sea todo un puerto, como en Cork, o un pisito. Da igual. ¿Dónde está el problema? De aquí van saliendo varias formas de entender el problema para poder dar soluciones distintas. Muchas veces va muy bien hacer un esfuerzo de entender el problema, no tal como nos viene, sino cómo lo vemos. Es muy distinto.
¿Qué te queda por hacer que no hayas hecho?
Lo dije cuando tenía dieciocho años y lo sigo diciendo: me gustaría hacer un rascacielos en Nueva York. Lo he dicho toda la vida y lo sigo diciendo, pero no hay manera. Lo dije desde el principio de la carrera. En un rascacielos pasa de todo. Ahí está todo. Toda la arquitectura.
¿Cómo ves la evolución desde el punto de vista urbanístico, no tanto de Barcelona, sino en general? La humanidad tiende a concentrarse en grandes urbes. La pequeña ciudad pierde habitantes. Barcelona ya no es solo el área metropolitana, sino una ciudad región. No es el modelo del cual partíais en los 80-90. Esto cambia un poco el paradigma a la hora de afrontar otros problemas como es el crecimiento demográfico. El president Illa defiende que hay que construir hacia arriba, que la gente tiene que encontrar espacios para vivir y que vamos a construir en vertical. ¡A lo mejor te encargan un rascacielos (risas)!
¡Finalmente (risas)!
“Lo que más me gusta es ponerme delante de un problema, porque todo empieza por el problema, e intentar resolverlo dibujando. No dibujo en el ordenador, no pienso perder ni un minuto aprendiendo toda esta maquinaria.”
Espero que esto lo hagan bien. ¿Te preocupa el futuro de la ciudad?
Tenemos una ventaja en Barcelona y es que siempre ha sido una ciudad policéntrica. ¿Por qué? Por un lado porque con el Ensanche de Cerdà, todos los pueblos de alrededor se juntaron a la ciudad y esto ha sido la Barcelona, digamos, municipio, con este carácter policéntrico que tenemos muy asumido además.
La gente de Sants o Horta todavía dice ‘baixo a Barcelona’ para decir que bajan al centro.
Exacto. ‘Baixo’ todavía se dice, o ‘pujo cap a Sarrià’, o ‘pujo a Gràcia’. Además todas estas pequeñas ciudades todavía tienen su carácter porque son muy distintas. Te paseas por Gràcia o por Sarrià y han conservado todo su carácter y tienen cada uno su ayuntamiento de barrio, sus asociaciones vecinales, tienen su vida como pequeñas ciudades. Esta cosa policéntrica nos ayuda a entender que esto se va a extender a la fuerza.
Ahora ya hay la segunda corona de Barcelona, que son veintisiete municipios que prácticamente están anexionados a la ciudad. Si no lo están es porque los alcaldes de estas ciudades no quieren. Esto lo recuerdo en la etapa de Oriol en el Ayuntamiento, que se quedó por hacer. Porque claro, él dijo, lo primero que hay que hacer es cambiar el límite de la municipalidad de Barcelona, porque de facto ya lo es. El metro ya va a L’Hospitalet y a Badalona. Y ya entonces se encontró con una rebelión de alcaldes que no querían la anexión. Ellos tenían su ciudad. Oiga, señor, es que usted ya pertenece a la capital. Los servicios públicos ya están ligados a ella, las instalaciones ya pasan de un lado al otro, no hay fronteras. Pues no lo logró.
Te preocupa la idea de la megalópolis, la idea de que las ciudades mediterráneas para sobrevivir tendrán que ser más grandes.
Y no hablemos de las asiáticas con millones y millones de ciudadanos.
Pero malviviendo. El chabolismo ha vuelto a Barcelona.
Malviviendo. Entonces, bueno, algunas no, porque hay países que son muy ricos y entonces tienen megalópolis que funcionan muy bien y otras que no. Barcelona tiene un privilegio que también es una casualidad, que es que tiene una montaña y un mar. Lo que pasa detrás es otra cosa. Detrás de la montaña es detrás de la montaña y delante no puedo construir. Por eso vas notando que Barcelona está como si quisiera irse por los lados del Besòs y el Llobregat. Badalona ya casi es un barrio más. La geografía de la ciudad le da una cierta regulación, cosa que no pasa en otras ciudades y entonces explotan mal muchas veces.
De todos modos, actualmente el total de personas sin hogar, incluyendo albergues y asentamientos, supera las ocho mil personas en Barcelona. Volvemos a ver campamentos infrahumanos.
Esta es la realidad. No entiendo cómo no se ha encontrado la solución todavía. Se hizo una prueba piloto, que era muy inteligente, pero aun viendo que funcionaba no la han expandido. Eran plantas bajas que se adaptaban con varias habitaciones con camillas. Hicieron uno y estaba funcionando muy bien. No era ni albergue ni nada por el estilo, era un sitio que entrabas, había un portero, que muchas veces eran ellos mismos, se autogestionaban para que no hubiese robos o para que no hubiese una agresión.
Si volvemos a la Barcelona de los 80, uno de los objetivos de Maragall era que no hubiera chabolismo, y lo consiguió. Eso fue una decisión política. Nos remite a lo que has dicho antes, pero sí qué problemas tan acuciantes y que tienen que ver con una falta de sentido humanitario. Los discursos van solo en una dirección y no se centran en lo que realmente vemos en lo cotidiano.
Se crean nubes para esconder lo que nos pasa aquí.
¿Es difícil convivir con esa dicotomía? Aquí los problemas siguen siendo los que eran.
En esto soy muy radical. Antes de cambiar toda la Rambla, ¿no era más importante seguir esta prueba piloto que funcionó tan bien, en un momento en el que todo se les va de las manos y cada vez hay más gente en la calle? Las prioridades de una ciudad son básicas. La palabra prioridad es algo que todos los políticos tendrían que tener en la cabeza. Porque la prioridad en este momento no es hacer la Rambla. La prioridad es que la gente no duerma en la calle. Porque una persona que vive en la calle los primeros días, una persona que está bien, al cabo de un mes ya no tiene capacidad de nada.
He tenido gente de la calle que los traía aquí para que se sintieran útiles. Sabemos lo que pasa porque lo vemos a diario. Hablo con mucha gente que vive en la calle y todos dicen lo mismo. Oiga, es que lo que nos ofrecen es peor que vivir en la calle, porque estamos muy controlados, no nos dejan traer nuestras mascotas, a nuestro perro. Mire, señora, nosotros aquí hacemos lo que nos da la gana con mucho riesgo, pero nos sentimos mejor. Un día les pregunté: ¿y aquello que había aquí en Nou de la Rambla, que era un local que estaba bien y al que vosotros ibais? A nosotros si nos dan algún sitio para ir como si fuera nuestra casa, iremos. ¿A que usted va a su casa cuando quiere? Pues en el albergue, no. A las ocho de la tarde tengo que estar allí y a las seis de la mañana me tengo que ir. ¿A que esto no pasa en su casa? Es complicado.
Barcelona y sus ciudadanos le deben muchísimo a Oriol Bohigas. ¿Cómo planteáis su centenario desde el punto de vista colectivo?
Si es que podemos hacerlo, porque las instituciones no se ponen las pilas por ahora. Llevamos dos años batallando en un momento en que hay tres instituciones y todas son del mismo signo político. La Generalitat es la que se está moviendo más. Claro, si no hay apoyo de las instituciones, estos centenarios no se pueden celebrar. No queremos ni que se llame centenario, ni Año Bohigas, sino Ciudad Bohigas. Esto es una primicia. Los tres que lo estamos apañando un poco somos su hijo, Josep Bohigas, que es arquitecto, Juli Capella y la comunicadora Pati Núñez. Hay un objetivo que es que nos gustaría que la gente que por generación no ha conocido Oriol sepa quién es, porque si no la memoria se va perdiendo. Cuando voy a la Escuela de Arquitectura pregunto a los alumnos: ¿sabéis quién es Bohigas?
metal-beth-gali-08.webp
¿Qué responden?
Un arquitecto que hizo muchas cosas por Barcelona, pero de aquí no pasan. Es normal porque todo va muy rápido y la memoria pasa. Parece que sea estática, pero no lo es. Tiene un recorrido y pasa. Entonces, claro, un objetivo es dar a conocer a este personaje desde sus múltiples facetas, porque era todo: escritor, arquitecto, polemista, activista, ‘torracollons’. Un día hice una lista y me salieron veinticinco características. Estamos intentando que todo esto quede reflejado en este año de ir haciendo cosas, exposiciones, congresos, que siempre va bien reunir a gente que ha conocido a alguien y hablar de él, pero no hablar de lo bueno, hablar de lo malo también. Hay una exposición que se va a llamar Malgrat Bohigas (A pesar de Bohigas).
Bohigas fue reconocido en un momento en que la figura del arquitecto mediático no existía. Luego llegó esa etapa, pero a él nunca le interesó quedar como alguien que estaba de moda.
No le interesaba en absoluto.
¿Tenía que ver con sus principios republicanos?
El republicanismo tiene esto (risas). No, a ver, Oriol era muy generoso y no tenía nada de ego. No cultivaba el ego. Él decía lo que pensaba, punto. Y al mismo tiempo era muy generoso. Le encantaba hacer participar a todo el mundo de lo que se estaba debatiendo. No era una persona egocéntrica aunque lo pudiera parecer. Lo digo siempre, no era nada egocéntrico. Ni en su forma de trabajar. Sus proyectos eran singulares, realistas, entendiendo los problemas reales. Hizo mucha vivienda, escuelas. Su arquitectura era muy doméstica, sin ‘estirabots’, sin que sea muy visible. Cosa que vino después. Él era muy crítico con toda esta parafernalia de los arquitectos.
Pero tiene que ver con un cierto sistema moral. Todos nos regimos por un sistema moral.
Venía de los padres. Aunque él no lo quisiera reconocer, era una persona que hasta los años 60 era de la misa diaria. Había sido muy creyente, o por cultura o por familia, por lo que sea. Pero él siempre lo decía: la explosión de los años 60 para mí fue una liberación. Dejé de ir a misa, tenía novias por un tubo, tenía criaturas por un tubo también. Tuvo cinco. ¿Sabes? Aquella moral que había vivido, creo que quedaba algo de esta moral, de esta moral de persona muy competente, muy rígida, sin necesidad de figurar. Cuando él explotaba en un sitio, no era para figurar. La gente decía las ‘boutades de l’Oriol’. Pues mira, las ‘boutades de l’Oriol’ eran grandísimas verdades, pero dichas con clarividencia y contundencia.
Es bonito porque yo tenía aquí apuntada una frase que Oriol decía, que creo que resume muy bien la conversación que estamos teniendo. Él planteaba que un ochenta o un noventa por ciento incluso de lo que se construye actualmente en el mundo no es arquitectura y que la arquitectura corriente está en manos de la incultura de los promotores, de la negligencia de la mayoría de los arquitectos y de la pereza de los funcionarios.
Sí, la síntesis. Esto es Oriol. En una frase ha resumido dos horas de conversación. Era un privilegiado que tenía una capacidad de síntesis.
¿Cómo se vive al lado de alguien que te hace de espejo?
¿En qué sentido?
Alguien con quien te puedes identificar, no solamente a nivel ideológico. Antes decías que en la vida no has decidido demasiadas cosas, pero todos tomamos decisiones indirectamente. Es fascinante pensar que uno su vida la ha vivido al lado de alguien que no solamente le interpela, sino que le da el sitio donde quiere estar. Eso debe ser algo extraordinario. No sé si eres suficientemente consciente.
No soy muy consciente. Una noche loca de Cadaqués se transformó en cincuenta años de convivencia. Soy consciente de que vivir con Oriol era muy fácil. Todo el mundo dice que no, pero yo siempre he dicho que era una persona muy fácil para convivir, porque cuando veía que se podía crear un roce, tenía la habilidad para cambiar de tercio. Era muy dúctil. Cuando había acabado de debatir una idea hasta el fondo, decía: bueno, pero si quieres podemos empezar otra vez y digo exactamente lo contrario. La vida es relativa y la convivencia de eso se nutre. Esto supone una convivencia fácil, dentro de los choques y de todo lo que pueda pasar, porque siempre pasan cosas.
Sobre todo entre dos personalidades muy fuertes.
Ha sido una convivencia de cincuenta años fantástica. Siempre digo que he tenido tres pasiones en la vida. Una es la música, la otra la arquitectura y la otra es Bohigas. Una pasión correspondida y eso es cojonudo, porque si no, no funciona. Cuando entiendes a la otra persona, todo es más fácil.
¿Qué significa el Año Gaudí? Aquí sí que hay recursos y ha habido una apuesta ingente. Ha venido el Papa incluso.
Ahora ha venido el Papa y como viene el Papa, pues…
“Siempre he reivindicado la grandeza de la obra inacabada. Lo encuentras en literatura, en música es un fenómeno cultural importantísimo. El tema de la obra inacabada es un valor en sí mismo.”
Hay que barrer la casa y poner el mantel de hilo.
Hay que poner la casa limpia y hay que poner mucho dinero (risas). Yo creo que ha sido un desbarajuste lo de Gaudí. Ha sido un desvarío. Ha ido creciendo con el tiempo, hasta el punto de que creo que la gente de Barcelona ya lee las obras de Gaudí a través de la mirada del turista, que es la cosa más banal del mundo. Se ha banalizado, pero se ha banalizado porque el turista lo ha banalizado. Comisarié la exposición Gaudí diseñador y descubrí que dentro de toda esta fantasía e imaginación desbordada por la forma, era un racionalista, su arquitectura era muy racional, muy pensada. Y descubres que los proyectos los pensaba con una racionalidad muy moderna. Se han hecho lecturas tremendas de su obra y la gran barbaridad, y aquí hay que volver a citar a Oriol, quien fue el primero que puso en entredicho que se terminara la Sagrada Familia.
Lo tengo aquí apuntado. Oriol decía que la Sagrada Familia es una vergüenza mundial.
Sí, mundial. Y él organizó una recogida de firmas en contra de que continuaran las obras con los mejores arquitectos del mundo en los años 50. Cuando se decidió la continuación, dijo que era un error porque es una arquitectura muy personal que Gaudí la hacía en la obra, y cambiaba cosas mientras la obra iba creciendo. Contactó con muchos arquitectos mundiales como Alvar Aalto y Nikolaus Pevsner, que evidentemente estaban en contra. Recuerdo la Sagrada Familia aún sin tocar, que era fantástico porque entrabas dentro del mundo de la obra inacabada, que en sí ya es un valor cultural. La obra inacabada en música, por ejemplo, es fabulosa.
Lo deja todo abierto a la interpretación.
Era preciosa. Tengo fotos de cómo era cuando murió Gaudí. Ahora se ha transformado además en un negocio brutal que no hay quien lo pare. Y después hay otra cosa que a mí me sorprende y es que muchos arquitectos que teóricamente tendrían que estar en contra de la continuidad, ahora no sé si es por esnobismo o lo que sea, pero están encantados. Gaudí era muy crítico con su obra, y creo sinceramente que no le gustaba.
Está bien reivindicar la obra inacabada.
Siempre he reivindicado la grandeza de la obra inacabada. Lo encuentras en literatura, en música es un fenómeno cultural importantísimo. El tema de la obra inacabada es un valor en sí mismo. Esto no lo entendieron Bonet y los demás. Aquella cripta abierta al cielo daba pie a hacer todo lo que se hace en una iglesia pero al aire libre.
La obra inacabada es el país inacabado. ¿Podríamos establecer ese paralelismo?
El país sí que está inacabado.
Es un poco la realidad que compartimos todos. El país inacabado. Y esto hay que aceptarlo, aunque sea doloroso a veces, después de tantas luchas.
Pero son realidades que hay que aceptar o contra las que luchar. Pero lo del país inacabado es una maravilla, sobre todo viviendo donde vivimos.
¿Cuál sería para ti la lucha personal a la que no vas a renunciar nunca?
No me lo ha preguntado nadie esto. Ni me lo he preguntado yo misma.
Una lucha íntima, personal, lucha en el sentido de lo que para uno no es discutible por ser tan intrínseco en tu personalidad que no solamente no renuncias, sino que es innegociable porque forma parte de ti.
El problema que tengo es que tengo muchas y todas irrenunciables, pero muchas, muchas. Porque empiezo y es que todo lo que estoy haciendo es irrenunciable. No renunciaré nunca a poder decir las barbaridades que se hacen en Barcelona, y lo prioritario que es que la gente viva decentemente. Y esto va desde la gente que vive en la calle hasta la gente que tiene que vivir en una vivienda social y no la encuentra. A esto no voy a renunciar y no voy a luchar solo por esto. Voy a luchar para que no se hagan cosas equivocadas que hacen que no se pueda hacer esto. Esto que hablamos de las prioridades. Yo sé luchar en este lado del cisco. La Rambla, déjela. Va a costar muchos millones. Yo sé luchar contra todo lo que no hace falta hacer y para hacer lo que se debería hacer.
metal-beth-gali-04.webp