Todos conocemos a Carmen Laforet, ¿verdad? O, al menos, su nombre y su obra más célebre, Nada. Pero ¿qué sabemos realmente de ella? ¿Quién era la mujer detrás de una de las novelas más importantes de la literatura española? ¿Y por qué su figura ha quedado, en cierta medida, relegada al olvido? Estas son algunas de las preguntas que Isabel Fernández, directora y fundadora de la productora Al Pati, aborda en Por qué no escribo nada, que llega a los cines este 6 de noviembre.
El documental busca redescubrir a una de las voces más importantes de la literatura española desde una mirada íntima y alejada de los relatos que tradicionalmente han rodeado la figura de Laforet. A través de sus textos, sus reflexiones y un cuidado trabajo de archivo, Fernández reconstruye la trayectoria de una mujer que, pese a la dimensión de su talento, fue quedando relegada a un segundo plano.
Con una propuesta cinematográfica que combina sensibilidad, memoria y una mirada profundamente contemporánea, la película invita a repensar el lugar de las mujeres en la literatura y en la historia cultural. En esta conversación, hablamos con Isabel Fernández sobre el descubrimiento de Laforet, el proceso creativo detrás del documental y la importancia de recuperar historias como la suya.
También hablamos de la dificultad de que estas películas encuentren su espacio en las salas de cine.
Buenos días, Isabel. ¿Cómo estás?
Muy bien, en una terraza estupenda, al sol.
¿Qué significó para ti descubrir la literatura de Carmen Laforet? ¿Qué huella dejó en ti, tanto en lo personal como en lo creativo?
A mí lo que me ha marcado ha sido descubrir a la mujer que escribe, más que su obra, aunque Nada me parece la bomba, claro. Lo que realmente me marcó fue descubrirla a ella, a la autora. A partir de ahí, y al ver que había mucho más allá de Nada, pensé que quería dedicar un tiempo a investigar e intentar hacer una película para contar quién era esa Carmen que tanto me había sorprendido y que era tan diferente de la que me habían contado. Es muy distinta de la autora que nos presentan cuando estudias bachillerato.
¿En qué momento sentiste que Carmen Laforet necesitaba ser mirada de otra manera y que su historia merecía una mayor visibilidad? ¿Cómo surgió la necesidad de convertir ese interés en un documental?
Me dedico a hacer películas documentales, así que siempre tengo el radar encendido. Muchas veces estás trabajando en un proyecto y te encuentras con algo que puede dar lugar a otro. En el caso de Carmen, me topé con una biografía suya y pensé, pero ¿qué es esto? No sabía que teníamos en España a una mujer tan potente, tanto por su obra como por lo que representa como mujer en la literatura. Y eso que soy una persona que está al día, bastante leída, de letras, y que sigue la vida cultural con intensidad y pasión.
Y claro, esto era una demanda. Un problema que se tenía que resolver. Enseguida conectamos y hablamos con la familia. Ya en las primeras conversaciones con sus hijos se manifestó una cuestión: por el hecho de que ella no quiso jugar a ser un personaje público ni seguir las pautas que el mundo editorial marcaba para gestionar la figura de una escritora de éxito y convertirla en un fenómeno, ha sido arrinconada. Se ha tergiversado por completo su historia: quién era y qué hizo. A partir de ahí, era algo que la propia historia estaba pidiendo.
“La exhibición cinematográfica sigue siendo un tema complicado para los documentales, y creo que es importante que estas películas también tengan su espacio en las salas de cine.”
¿Marcó un antes y un después descubrir todo aquello?
No, porque yo la conocí como tú. Pensé: esta novela tan grande, esta mujer que escribe este libro… Pero, como tampoco te cuentan mucho más sobre ella, te quedas con el libro, que es estupendo, y con la pregunta de cómo desapareció. En aquel momento no me llamó especialmente la atención descubrir por qué había desaparecido. Sin embargo, después empiezas a leer y te encuentras con todo lo que se ha escrito sobre el misterio Laforet. Hay una especie de mítica del fracaso: tiene éxito pero luego no puede gestionarlo. Es entonces cuando me pongo a leer una biografía y pienso, ¡pero si aquí hay un montón de cosas! Te das cuenta de que no tiene nada que ver con ese relato que nos han contado. Y dije, vamos a desmontarlo.
En el documental hay una sensación de búsqueda constante, de vagabundeo, como si seguir el rastro de Carmen Laforet implicara perderse en su universo. ¿Qué te llevó a emprender este viaje y qué encontraste en él?
Como soy una mujer y una mujer creativa, o creadora, me interesan enormemente los mecanismos que hacen que la ejecución de nuestras carreras sea más dificultosa y que estas queden en un segundo plano respecto a las de los hombres. Al encontrarme con la historia de Carmen, de pronto tenía delante a una autora que es un icono, que además ha creado una obra incontestable como Nada, que ha dado la vuelta al mundo, y a la que le sucede lo mismo.
Eso también nos pasa a las que somos mucho más terrenales. Sin duda, ese es el motor que me acerca a ella. Creo que, aparte de contarla a ella y contarla bien, porque se lo merece, también nos lo merecemos todos y, sobre todo, todas. Con eso estamos proyectando luz sobre una cuestión que afecta a todas las mujeres.
¿Qué ha significado para ti hacer un documental tan íntimo y emocional? ¿Has sentido que, durante el proceso, Carmen Laforet se convertía en una presencia cercana? ¿Ha cambiado tu relación con ella a medida que avanzaba el documental?
Claro, cada vez reflexiono más sobre ella e inevitablemente la conozco mejor. Pero, para mí, el momento decisivo llega cuando nos ponemos a escribir el guion. Primero se hace toda la investigación y aparece esa hipótesis que despierta mi interés y me hace pensar: aquí hay algo muy fuerte que, además, conecta mucho con mis propios campos de interés. Y nos metemos en ello. Cuando ya has digerido buena parte de la investigación y te pones a construir el guion, es ahí donde me enfrento a las cuestiones de descubrir, de perderme y de dejar que ella me lleve de la mano.
Primero, para articular ese paseo por toda su existencia desde un lugar en el que sea ella quien pueda contarla. Porque sí, eso no lo sabíamos al principio, pero existe documentación suficiente escrita de su puño y letra como para recorrer toda su biografía desde su propio punto de vista. Así que, a partir de ahí, su presencia se va manifestando. Una vez cerrado el guion, lo que hicimos fue montar antes de rodar para construir esa segunda capa. Ha sido un ejercicio creativo y un trabajo muy complejo, pero muy chulo, tanto para mí como para la montadora y para todo el equipo. Es ahí donde ves cómo se amplifica todo lo que habíamos apuntado en el guion. Para mí, Carmen ya es una íntima (risas).
Hay algo especialmente bello en la manera en que has construido la película: no parece únicamente un documental, sino también una obra cinematográfica y artística. La imagen, el ritmo y la sensibilidad tienen un peso propio. ¿Cómo encontraste ese lenguaje visual?
Siempre digo lo mismo: un documental es una película cinematográfica. Otra cosa es que, a día de hoy, con las plataformas y con lo que emiten las televisiones bajo la etiqueta de documental, se haya generado un concepto reduccionista de lo que es este género: básicamente, entrevistas e imágenes de por medio.
El documental es el primer género cinematográfico que existe. Por ejemplo, La Sortie de l’usine Lumière es un documental, y muchísimas películas que se consideran ficción están utilizando recursos documentales. O sea que por ahí no estoy inventando nada. Lo que sí planteamos es una exploración sobre cómo construir un relato documental en el que elaboramos la voz de una persona que no ha desarrollado ese discurso directamente, sino que, a través de sus textos y fragmentos, y siguiendo un arco biográfico, recogemos su visión personal de los distintos momentos de su existencia.
A nivel audiovisual, no tenemos tanta imagen de ella. No contamos con cintas de su vida privada a través de las que podamos adentrarnos en ese universo. Entonces, mi idea fue jugar con la posibilidad de que ella estuviera hablando a través de la voz de todas. Por eso hacemos una búsqueda de material de archivo de mujeres de todo el siglo XX en situaciones de la vida privada y cotidiana.
Esa recreación de su pensamiento, de su monólogo interior, de su estado emocional y de su visión del mundo se refleja sobre los cuerpos de muchísimas mujeres del siglo XX. Es una idea que nos parece interesante, tanto en el guion como en el montaje, y empezamos a jugar con todos esos elementos. Creo que así la película es mucho más poderosa y universal. Y también creo que a Carmen le gustaría más de esta manera que si hubiéramos tenido un montón de imágenes de ella y hubiéramos trabajado a partir de ahí.
Sí, totalmente. Y así se refleja en la película, que resulta tan orgánica y bella.
No quería contarle a la gente qué pasa. Quería que ella hablara, que tú pudieras identificarte y entenderla, ponerte en su piel o no, porque habrá de todo. Tomé las decisiones para ir por ese camino.
¿Qué te gustaría que ocurriera con la película y qué importancia tiene para ti su exhibición en salas?
Ojalá la película pueda proyectarse en salas. La exhibición cinematográfica sigue siendo un tema complicado para los documentales, y creo que es importante que estas películas también tengan su espacio en las salas de cine.
“Hay que reflexionar sobre cómo nos acercamos al talento y a la creatividad de las mujeres y hacer un ejercicio de autocrítica, tanto los hombres como las mujeres.”
Resulta impactante pensar hasta qué punto las mujeres han tenido que luchar para que su talento intelectual y creativo fuera reconocido. En el caso de Nada, ¿cómo interpretas esa tendencia a buscar elementos autobiográficos en la obra de Laforet?
Es que, en realidad, todo eso se hace para hacerla pequeña. Hacia la mujer creadora existe una mirada y una conversación que parten de la condescendencia. Y eso viene de los hombres, pero también de las mujeres, porque así es como está establecido el sistema. Yo siempre digo que las palabras son las armas más potentes que existen. Cuando hablas de algo de una determinada manera, estás marcando cómo vemos todos el mundo. Si eso se automatiza, ahí está el problema. Hay que reflexionar sobre cómo nos acercamos al talento y a la creatividad de las mujeres y hacer un ejercicio de autocrítica, tanto los hombres como las mujeres. La mayoría de nosotras seguimos encontrándonos con los obstáculos que vivió Carmen. Ahora son más sutiles, pero siguen ahí.
¿Qué te gustaría que sintiera el espectador al acabar de ver Por qué no escribo nada?
Me gustaría que las mujeres pudieran poner nombre a cosas que vivimos, que nos hacen sentir incómodas o molestas y que no sabemos nombrar. Ella tiene una capacidad de observación y de análisis increíble para eso. Y, para los hombres, creo que la película está guay para ayudar a que nos comprendan, para aportar un granito de arena en ese trabajo de mejorar la comunicación. Como dice Carmen muy al principio: “Yo quisiera revelar un secreto para encontrar el lenguaje de las mujeres y que todo esto sirva para entendernos mejor”. Porque, al final, en la mayoría de las situaciones tenemos tantas batallas, tanto desde el feminismo como fuera de él, para conseguir la igualdad entre los sexos, que tienen más que ver con estructuras de pensamiento que tenemos establecidas, pero que no identificamos.