Las ciudades se construyen a través de muchas capas: la histórica, la geográfica, la social, o la cultural. Y, por supuesto, también la arquitectónica. Hay ciudades cuyos edificios las convierten en sitios pintorescos, instantáneamente reconocibles y deseables para miles o incluso millones de turistas: Barcelona, Ámsterdam, Roma o, también, París. Esta última, famosa por sus anchas avenidas y bulevares y los homogéneos edificios Haussmann, también tiene edificios que se salen de la norma y que dejan huella de los tiempos que vivimos. Uno de ellos es La Grande Arche de la Défense, un cubo hueco diseñado por el desconocido Jon Otto von Spreckelsen, que es la pièce de résistance de la nueva película del director francés Stéphane Demoustier, El arquitecto, que se estrena en cines españoles el 13 de marzo.
Interpretado por Claes Bang, Spreckelsen es un arquitecto danés que gana un concurso para diseñar un monumento detrás del Arc de Triomphe en París, y su idea parte de una figura geométrica bastante básica: el cubo. A lo largo de la película, Spreckelsen se ve obligado a sacrificar su visión artística por razones financieras, políticas y de viabilidad. El actor, quien aprendió francés para el papel, tal como Spreckelsen aprendió francés para la obra, demuestra la frustración de ser un outsider y no poder comunicar sus ideas y sentimientos con certeza, pero también de encontrar a alguien que te entiende a pesar de eso y de perder a otras personas que dabas por sentado.
Para los escenarios, el equipo detrás de El arquitecto ha usado fotos del proceso de construcción de La Grande Arche a partir de las cuales han montado los paisajes con efectos visuales. Todo esto sirve, a su vez, de metáfora para entender cómo Demoustier construye la narrativa en la película: nos guía por una historia meticulosa basada en hechos reales pero que necesita de la ficción y la imaginación para completar el relato. Y hoy nos sentamos con él para discutir esto y mucho más.
¿Cómo conociste esta historia?
Leí un libro al respecto. Es una historia completamente desconocida en Francia de un arquitecto que nadie conoce. Tal vez los arquitectos conozcan a Spreckelsen, pero para la población general es totalmente anónimo. Lo más alucinante es que en Dinamarca tampoco es conocido, muy poca gente sabe quién es. Así que es una historia bastante desconocida pero al leer el libro, la encontré fascinante.
Cuando creas una película basada en hechos reales, pero ficcionada o ampliada por razones narrativas, ¿cómo equilibras la fidelidad a los hechos históricos con tu propia libertad creativa?
Es una buena pregunta. La obra en sí, la construcción, todo eso es absolutamente fiel, la respetamos hasta el más mínimo detalle. Ahora, en cuanto a la intimidad dentro de la ficción, ahí sí que había muy pocos elementos en la novela. Entonces, eso sí es ficción. Pero también creo que la intimidad de un personaje permite, aunque sea ficción, crear un vínculo universal con el público, algo que nos permite ir más allá.
Cuando estoy escribiendo un guion, muchas veces me meto dentro del personaje y pienso qué habría hecho yo siendo Spreckelsen. Así es como procedo en la escritura, como construyo las escenas. Es el principio de la alteridad por identificación: acceder al otro identificándome con él. Me dije a mí mismo, si lo hago con toda sinceridad, no ofenderé a nadie.
Spreckelsen era una persona extremadamente meticulosa, muy atenta al detalle, hasta el punto de sacrificarlo todo por su visión. ¿Hay algo que hayas aprendido de él que hoy incorpores, o evites, en tu propio trabajo?
No sé si he aprendido algo de Spreckelsen, pero sí puedo decirte que lo interesante de esta película es que muestra cómo se pasa de la idea a la realización. Cómo una idea se convierte en una realidad. La arquitectura no se limita a ser un diseño, un dibujo, tiene que convertirse en algo real y tangible. Lo importante es no ser rehén de la idea, y eso es lo que siempre he intentado. Obviamente, no es comparable lo que yo hago con lo que hizo Spreckelsen, ni mucho menos. Pero intento que, desde la idea que tengo de una historia para hacer una película, todo lo que surja, todo lo que podría parecer un obstáculo, no lo sea. Que esos obstáculos me ayuden a renovar la idea, a alimentarla, incluso a ser más creativo. Nunca tomarlos como un obstáculo, como hizo Spreckelsen.
El papel de la esposa es fundamental en la evolución de Spreckelsen y, además, sitúa la historia en una época en la que las mujeres eran figuras silenciosas. En la película, su lugar es a veces cuestionado abiertamente o socavado de manera sutil. Sin embargo, es una fuente esencial de inspiración y colaboración. ¿Cómo planteaste la construcción de este personaje?
En el libro prácticamente no había nada sobre ella. Todas las personas con las que hablé, que habían conocido a Otto en París, siempre decían lo mismo: él nunca hacía nada sin ella. Reuniones, visitas a la obra, todo. Siempre estaba con él. Está claro que no tenía un papel oficial pero era muy importante en la vida y en la obra de Otto. Debemos creer que era indispensable porque siempre estaba ahí. Entonces decidí darle un papel importante yo también en la película.
Cuando trabajé un poco en arquitectura, cuando era joven, me di cuenta de que muchísimos arquitectos siempre iban acompañados por una colaboradora. Y muchas veces era su mujer o su compañera. Entonces pensé que quizá, aunque no tuvieran un papel oficial, sin ellas el gran hombre quizá se caería, no se mantendrían de pie. Efectivamente, como has dicho, me pareció una figura bastante común: esta mujer que está en la sombra pero cuya presencia es vital. Eso contaba muy bien esa época en la que solo los hombres tenían el foco, aunque obviamente las mujeres jugaban un papel decisivo. Así construí el personaje de la esposa.
Eso es lo que vemos en la película: el momento en que él se pierde no es solo cuando se absorbe completamente por su obra, sino cuando rompe con su esposa. Quería que esta mujer fuera tan temperamental como él. No quería que hubiera una relación subalterna, quería que se entendiera que ella tenía tanto carácter como él. Por eso elegí a esa actriz: era la ideal para el papel porque tiene una enorme fuerza.
¿Cuál crees que es la responsabilidad de los artistas a la hora de mantenerse fieles a su propia visión?
Se trata siempre de mantener una distancia, de no aproximarse demasiado, y de conservar, muy importante, el respeto. Si haces eso, te permite usar una licencia poética dentro de la ficción. Más o menos esa es mi forma de comportarme: mantener distancia y, sobre todo, ser respetuoso con el personaje. Y no dejar que los obstáculos quiebren tu espíritu, siempre hay que adaptar un poco sin perder la visión.
El-arquitecto_3.jpg
El-arquitecto_5.jpg
El-arquitecto_4.jpg