Hay lugares que invitan a perderse, otros que invitan a quedarse. Los hay íntimos, abiertos, bulliciosos o discretos. Y después están aquellos capaces de reunir distintas formas de vivir y sentir una ciudad. En pleno corazón de Barcelona, Pulitzer es uno de ellos: un espacio donde el ritmo de la ciudad encuentra su contrapunto entre diseño, gastronomía y ocio.
No importa si vienes de lejos o si Barcelona es tu casa, Pulitzer es uno de esos lugares que merece la pena descubrir y, sobre todo, disfrutar. A pocos pasos de Plaza Catalunya, ocupa un imponente edificio del siglo XIX que hoy reúne mucho más que noventa y una habitaciones. Aquí puedes empezar el día sin prisas en su renovado lobby, alargar una comida en The Greenhouse o dejarte llevar por el ambiente de La Terraza cuando cae la tarde. Diferentes maneras de disfrutar de Barcelona sin necesidad de ir muy lejos.
El carácter del hotel se percibe desde el primer momento. Con el sello del interiorista Lázaro Rosa-Violán, sus espacios combinan una estética ecléctica y cosmopolita con guiños a la arquitectura barcelonesa. La luz natural, los materiales y los detalles conviven con elementos tan reconocibles como los balcones tradicionales del Eixample. Mención especial merece el lobby, que invita a quedarse un rato más: un espacio cálido y desenfadado que funciona tanto para tomar un café como para encontrarse o improvisar un plan.
Y si hay un sitio donde el Pulitzer despliega toda su energía, ese es La Terraza. En la sexta planta, esta azotea fue una de las pioneras en abrir las alturas de Barcelona al público local y, con el tiempo, se ha convertido en uno de esos sitios a los que siempre apetece volver. Su coctelería de autor, la propuesta de street food y el ciclo musical #BuenasTardesPulitzer, con sesiones de DJs y conciertos en directo, ponen la banda sonora a las tardes y los atardeceres de la ciudad.
Así, Pulitzer Barcelona construye una experiencia que conecta hospitalidad, cultura y gastronomía en un mismo lugar. Un hotel con identidad propia que invita a vivir Barcelona desde dentro y nos recuerda que, a veces, descubrir una ciudad también puede empezar cruzando las puertas del hotel.
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