Este viaje inmersivo y experiencial para todos los públicos promete un divertido y ligero paseo cultural. Al percibirse como puro entretenimiento o simplemente como una evolución ingeniosa y variada del clásico castillo hinchable, el evento tal vez corre el riesgo de que se conciba más como un parque infantil que como una exposición de arte seria.
El recorrido comienza en el Cupid’s Koi Garden, compuesto por fuentes de seis metros de altura de estilo kawaii creadas por el estudio australiano Eness que en realidad parecen salidas de la mente ingeniosa del director de cine de animación japonés Hayao Miyazaki. En la instalación contigua –Never Ending Story– del colectivo italiano Motorefisico, nos metemos de lleno en un cubículo psicodélico donde la percepción del espacio se confunde: las paredes están plagadas de espejos que reflejan cientos de esferas de colores suspendidas en el aire.
En otra sala –a la que previamente han aspirado el aire–, los catalanes de Penique Productions han cubierto toda la superficie con una película monocromática fucsia hasta conseguir que los visitantes ‘floten’ en una atmósfera vaporosa. En la obra Battle of Cannes, ubicada en la parte superior del recinto, el escultor canadiense Max Streicher ha convertido a un toro, caballos y otros personajes en globos colosales con sospechosas reminiscencias de El Guernica de Pablo Picasso.
Y como colofón, en Balloon Allee –la avenida de los selfies– hallamos algunas reproducciones en globos y otros soportes hinchables de obras maestras de la historia del arte (El hijo del hombre de René Magritte) junto a otros escenarios ad hoc dispuestos en diferentes cubículos a fin de que el público pueda tomarse fotografías.
A medio camino entre las esculturas flotantes del célebre artista argentino Tomás Saraceno y un parque de atracciones temático, Pop Air ha conseguido transformar más de 5000 m² de la Grande Halle de La Villette para que el visitante se funda con las gigantes obras hinchables. Para ello, echa mano de un formato creativo, recreacional e imaginativo. Más que una exposición, Pop Air se asemeja a un evento pensado para niños, adolescentes y viejóvenes, curiosos y ávidos de estímulos con los que espolear al niño interior. La experiencia es, además, inmersiva, estética, táctil y divertida. Por eso mismo garantiza un buen rato, quizá tan superficial como el contenido.




























