También puedes reservar en el restaurante. Cada día de once de la mañana a cuatro de la tarde,
Tess Prince y su Love Food Ibiza Brunch ofrece un menú con productos mediterráneos de temporada y algunos platos con toques orientales. Por la noche, el restaurante
Pamelas abre sus puertas bajo la batuta del chef Tim Payne para ofrecer algunos platos ciertamente deliciosos como la lubina salvaje con puré de alcachofas, wakame y salsa de azafrán o la pierna de cordero asado con espárragos y ajo cocido a fuego lento, por nombrar los dos que pude probar junto a sendos cócteles de tequila. Nombro el tequila ahora y si pienso en el lugar y me olvido de que estoy en Ibiza, bien podría estar en cualquier sitio de México con esos colores tan reconocibles, el rosa Barragán y el azul Frida Kahlo. Desde luego la decoración del Pikes es del todo menos anodina, dejémoslo en peculiar, con esas bolas de espejo encima de nuestras cabezas mientras cenamos, ese cocodrilo rojo que preside la piscina o esa barquita con una bandera pirata al lado de la cabina del DJ que ameniza los chapuzones con música a partir de las doce del mediodía. Música tranquila, no se me confundan, esto no es el Ushuaïa, pop de otros tiempos, algo de bossa nova, tintes flamencos, algo de rock, electropop. Hay un ambiente relajado aquí, tranquilo, sin pretensiones. Imagino que por eso a pesar de que los clientes son internacionales en su gran mayoría, Pikes es un lugar muy querido por los locales. Y aunque Toni Pike acabó vendiendo el hotel hace ya quince años a Ibiza Rocks Group, su espíritu sigue intacto. “Queríamos Pikes para mantenerlo mágico”, dijo su CEO Andy Mckay en su día. Que no se acabe la magia.