El arte que se emancipa de lo establecido irrita, incomoda; parte de la incomprensión y la ignorancia para ser finalmente aceptado, abrazado y enaltecido. Fue el caso de la Torre Eiffel, de las esculturas de Rodin, de la pirámide de Pei o de las vanguardias y movimientos artísticos de todos los tiempos, edades y eras. Es su sino. La obra póstuma del artista Christo, fallecido en 2020, ha suscitado reacciones polarizadas en redes sociales y medios franceses.
Por su originalidad y su voluntad de ‘ocultar’ un monumento histórico primordial, esta obra es objeto de debate, polémica y controversia en soportes digitales e impresos. En un artículo publicado en Le Monde el 11 de septiembre, el arquitecto y amigo del artista Carlo Ratti solicitaba que el Arco de Triunfo fuera ‘desembalado’ por razones ecológicas: “Desde el punto de vista medioambiental, ¿podemos permitirnos desperdiciar 25.000 metros cuadrados de tela para envolver un monumento?”. Desde luego; un retal de tela reciclable insignificante comparado con el despilfarro perseverante de la fast fashion.

“El sueño de #AnneHidalgo: meter #Francia en una bolsa de basura. Así lo hace con el #ArcDeTriomphe. El provechoso negocio de la nada”, critica André Bercoff, escritor y periodista franco-libanés. “¡Pero qué monstruosidad! Una bolsa de basura sobre uno de nuestros monumentos más gloriosos. Realmente quieren mancillarlo”, tuiteó Florian Philippot, presidente del partido político Les Patriotes (LP). Otros se han mostrado más entusiastas al valorar el proyecto, subrayando que la intención de Christo era precisamente embalar los monumentos históricos para que su importancia pudiera ser de nuevo redescubierta, reconocida y comprendida tras el desembalaje.
Christo y Jeanne-Claude nacieron el mismo día, el 13 de junio de 1935. Christo huyó del comunismo búlgaro a través de Viena y llegó a París en 1958. Tras conocer a Jeanne Claude, trabajaron juntos y llevaron a cabo un proceso de investigación absolutamente singular. Ambos se acercaron al nuevo realismo, pero se alejaron rápidamente de él. Su práctica era inclasificable y peculiar, y su firma era esta forma de embalaje colosal.

Christo se embarcó en esta reflexión en 1957. Empezó envasando un bote de pintura, para continuar con todo tipo de embalajes de objetos pequeños. Cubrió muebles, cochecitos de niños, un carrito de supermercado... para pasar seguidamente a los embalajes a pie de calle, como el muro de barriles de petróleo (el telón de acero de la rue Visconti, 1968). Después, su obra se trasladó al ámbito del paisaje y los monumentos.
Cuando llegó a París, Christo alquiló una pequeña habitación cerca del Arco de Triunfo y desde entonces se sintió violentamente atraído por el monumento. En 1962 realizó un fotomontaje del Arco de Triunfo envuelto, visto desde la avenida Foch. Casi sesenta años después, el proyecto ya es toda una realidad. Efímera, eso sí; antes de que se desvanezca para siempre, casi al mismo tiempo que su creador.







