Entrar en el mar es presentarse a lo desconocido. Sabemos que, bajo la superficie, miles de seres conviven entre sí, pero no podemos verlos. Hasta que nos ponemos las gafas de buceo y, de repente, todo cambia, empieza a llenarse de formas, colores y movimientos. Cuando nos sumergimos en H&M&YOU&I, el desfile F/W 2026 del gigante sueco, ocurre algo parecido. Bajo una misma superficie conviven multitud de formas, siluetas y estéticas, cada una con su propia manera de entender la moda. Hay romanticismo, minimalismo y eclecticismo; propuestas que parecen pertenecer a mundos distintos y que, sin embargo, encuentran su lugar dentro de uno solo.
Para descubrir todo lo que ocurre bajo la superficie de H&M&YOU&I hace falta saber dónde mirar. Y ahí aparece Nick Knight, director creativo del desfile y una de las figuras que más ha explorado las fronteras entre fotografía, tecnología, arte y moda. Su trayectoria se ha construido precisamente a partir de esa mezcla: diferentes disciplinas que se encuentran, se contaminan y terminan creando algo que no pertenece del todo a ninguna de ellas.
El desfile se sentía como un fashion film rodado en tiempo real. No estábamos simplemente frente a una pasarela viendo pasar modelos, sino dentro de una escena en constante movimiento donde música, imagen, moda y tecnología sucedían al mismo tiempo. La distancia entre el público y el espectáculo prácticamente desaparecía: quienes observaban también formaban parte de la imagen. Desarrollada por SHOWstudio para H&M, la experiencia interactiva llevaba esa idea todavía más lejos. La tecnología no aparecía como un elemento añadido, sino como otra forma de construir y comunicar la moda. Knight hilaba cada elemento para convertir el desfile en algo más que una sucesión de looks.
Todo comenzó con Ingrid Silva. La bailarina brasileña abrió el desfile con una coreografía que hacía que cada movimiento diese vida al escenario. Y empezó la fiesta. El primer look llegó de la mano de Alex Consani con una chaqueta corta de jacquard marfil sobre una blusa de encaje transparente, pantalones blancos de corte slim y zapatos de jacquard en crema. Con ella comenzaba a desplegarse la colección femenina H&M Autumn, que a lo largo del desfile iría revelando sus distintas formas, colores, técnicas y movimientos.
La propuesta se articula en tres drops. El primero se mueve entre una elegancia romántica de inspiración histórica con una sensibilidad casi nostálgica. El segundo reduce las formas y encuentra su fuerza en una línea más minimalista, esencial y escultórica. El tercero se acerca al espíritu del coleccionista: piezas que parecen reunirse libremente, sin necesidad de pertenecer a una única historia o de responder a una misma estética. La variedad no busca borrar las diferencias, sino hacerlas convivir. H&M Studio pone el foco en la sastrería, mientras H&M Atelier lleva esa atención al armario masculino y trabaja sobre los esenciales para darles una nueva dimensión.
Y mientras las prendas iban apareciendo, el propio espacio parecía transformarse con ellas. La pasarela, de cuarenta metros de largo y apenas dos metros y medio de ancho, estaba rodeada de espejos curvos que multiplicaban aquello que sucedía sobre ella. Una instalación de vídeo de la artista e ingeniera Karyn Nakamura añadía otra capa a la escena, mientras la música de Labrinth envolvía todo el espacio. La sensación era casi cinematográfica. Como si, en lugar de estar viendo una película, hubiéramos atravesado la pantalla para entrar en ella. Como en aquel momento de Mary Poppins en el que los personajes cruzan el límite de los cuadros y dejan de observar las historias para formar parte de ellas. Aquí ocurría algo parecido: la pasarela dejaba de ser una superficie que mirar para convertirse en un lugar en el que estar.
Sobre ella desfilaron modelos como Angelina Kendall, Paloma Elsesser, Calum Harper, Karen Elson y Lila Moss, aunque Alex Consani tuvo un papel especialmente destacado durante la noche. Junto a Archie Renaux protagonizó uno de los momentos más emotivos del desfile: una pieza de spoken word que reinterpretaba la letra de la canción para poner el foco en el tema que atravesaba toda la experiencia, la conexión humana. Consani apareció con un vestido crema de volantes, mientras Renaux lució un total look de H&M Atelier. Y entonces, después de tantos espejos, pantallas, cámaras, luces y tecnología, la atención volvía a algo mucho más sencillo: dos personas compartiendo una historia.
El desfile culminó con una actuación sorpresa de Labrinth, que reinterpretó en directo I Want to Know What Love Is, el clásico de Foreigner. La canción cerraba una experiencia construida precisamente alrededor de esa idea: diferentes mundos, diferentes lenguajes y diferentes formas de expresarse que, al encontrarse, dejan de ser piezas aisladas para formar parte de algo mayor. Como cuando nos sumergimos en el mar. Al principio solo vemos una superficie azul. Después nos ponemos las gafas, miramos un poco más de cerca y descubrimos en el desfile la variedad de piezas que estaban ahí desde el principio.
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