Las primeras fotografías de la sala son de 1956 y las firman Carlos Pérez Siquier y Ricard Terré, fotógrafos ambulantes que recorrían las zonas rurales ofreciendo sus servicios a gente que, muchas veces, no tenía ni una fotografía de sí misma. Setenta años después, vivimos rodeados de cámaras que graban sin parar. Entre esos dos extremos se mueve
Emancipaciones, la exposición con la que
Foto Colectania inicia la celebración de sus veinticinco años y que ocupará toda la programación del resto del año y hasta el 7 de febrero de 2027.
Lo hace sin un desfile de obras maestras. Florian Ebner, responsable del Departamento de Fotografía del Centre Pompidou y primer comisario internacional invitado por la fundación, propone volver a mirar lo que la colección ya tiene pero desde fuera, para reinterpretar un mismo archivo. Lo primero que encuentra el visitante es una cámara de vigilancia, una instalación del Col·lectiu Estampa. Marca el contraste entre una época de imágenes escasas y otra en la que abundan hasta el punto de que muchas, las llamadas imágenes operativas, están pensadas para que las vean las máquinas.
Esta emancipación nos narra dos historias a la vez. La de una sociedad que se fue alejando de las estructuras tradicionales hasta llegar a la modernidad, y la de un medio que pasó de las revistas y los círculos de aficionados a la fotografía de autor y al arte contemporáneo. Detrás había una aspiración histórica de los fotógrafos: elegir sus propios temas y trabajar con sus propios criterios, como ya hacían otros artistas. Pero hay una paradoja. La fotografía ha ganado presencia en las salas y ha perdido peso en la prensa impresa y, con él, capacidad de influir en la opinión pública.
Más de treinta autores y casi ciento sesenta imágenes y materiales sostienen esa tesis. La exposición no pretende narrar la fotografía ibérica de los últimos setenta y cinco años, sino leerla desde lo que su colección tiene de singular. Y lo hace con una decisión de montaje que define el conjunto. Junto a las copias colgadas en vertical, la muestra despliega mesas donde conviven fotografías, copias de prensa, álbumes, pruebas de tiraje y fanzines, con la misma importancia en el relato. Ebner recalca la importancia de estas mesas: el gesto obliga a replantearse qué es una copia de exposición y cómo cambia el significado de una imagen según su formato, su escala y su contexto. En la mesa de Paco Gómez se ven las distintas maneras en que imprimió y publicó una misma imagen, hasta el punto de que el negativo parece una partitura que cada impresión interpreta a su manera.
Sobre esa base se levantan tres capítulos. Davant la vida dels altres, que parafrasea a Susan Sontag, se ocupa de la fotografía humanista en un país atrapado entre la tradición y la modernidad, con Ramón Masats, Francisco Gómez o Joan Colom. Es la tensión de quien pertenece a una sociedad y, aun así, toma distancia para fotografiarla. Sobre la societat i les diferents comunitats arranca con la Revolución de los Claveles en 1974 y el fin del franquismo en 1975. La cámara deja de ser solo un instrumento de registro y se convierte, según los textos de sala, en un motor de cambio. Domina el retrato: Colita, Ouka Leele, Humberto Rivas, Alberto García-Alix y los cibachromes de Miguel Trillo, un descubrimiento para el propio comisario. Con Trillo, Ebner defiende lo que llama “las formas pobres de la fotografía”: redescubrirlas, dice, en lugar de pensar solo en los grandes tableaux de la Escuela de Düsseldorf. Los retratos de Rivas, tomados en un lavabo convertido en estudio, abren además una pregunta: cómo se muestra una intimidad así en una pared.
Qüestionar i ampliar la noció del que és documental recorre dos caminos desde los años ochenta. Uno juega con la promesa de autenticidad de la fotografía, el que Joan Fontcuberta convirtió en paradigma y que sigue vivo en obras como la de Cristina de Middel. El otro atiende a la metamorfosis de la ciudad, como hace Manolo Laguillo con una Barcelona remodelada por los Juegos Olímpicos.
El proyecto responde a una voluntad institucional que la directora, Elisa Medde, formula con claridad. Se trata de que una colección no se limite a conservar lo reunido, sino que siga produciendo lecturas nuevas. Tras la mirada desde dentro que propuso Carles Guerra en 2024, tocaba mirar desde fuera. Medde recuerda que nunca se habían producido tantas imágenes y que nunca había sido tan frágil la confianza que depositamos en ellas. Frente a eso, una colección ofrece profundidad histórica para leer el presente y recuerda que muchas preguntas que hoy parecen nuevas ya las habían planteado los fotógrafos. El fundador, Mario Rotllant, lo resume en otros términos: una colección está viva cuando sigue generando preguntas.

© Ouka Leele / VEGAP 2026. Cortesía galería RocioSantaCruz

© António Júlio Duarte / VEGAP

© Carlos Pérez Siquier / VEGAP