El Empordà es uno de esos lugares a los que siempre quieres volver. Por su luz, por sus pueblos medievales, por las carreteras que atraviesan campos y terminan junto al mar, por esa manera tan suya de hacer que el tiempo avance un poco más despacio. En Corçà, lejos del barullo de los destinos más concurridos, Casa Merceditas ocupa una casa centenaria convertida en un pequeño hotel de siete habitaciones donde la arquitectura, el diseño y el cuidado por los detalles lo son todo.
Corçà está en el corazón del Baix Empordà, en ese territorio conocido como l’Empordanet. Su casco antiguo conserva la estructura medieval, calles estrechas, fachadas de piedra y muchos elementos arquitectónicos de los siglos XVII y XVIII. Tiene cerca las playas de la Costa Brava, el macizo de Les Gavarres y algunos de los pueblos más bonitos de la zona, pero todavía se mantiene a salvo de la masificación que ha transformado otros lugares. Y quizá por eso Casa Merceditas no podría estar en ningún otro sitio.
El hotel abrió en septiembre de 2025 de la mano de dos amigas, Cecilia y Marta. La primera, arquitecta y cofundadora del estudio OBBA Arquitectura, se ha ocupado del interiorismo y de la identidad física de la casa; la segunda la dirige, recibe a los huéspedes y prepara un desayuno de proximidad y temporada que forma parte esencial de la estancia. Cada una de las siete habitaciones rinde homenaje a una arquitecta del siglo XX, de Lina Bo Bardi a Denise Scott Brown, Charlotte Perriand o Anna Bofill. Fuera, a apenas cincuenta metros, está el Tros de l’Agustí, un huerto-jardín reservado a los huéspedes. Aquí el lujo se entiende como “pausa, presencia y conciencia”. Hablamos con ellas sobre la historia sentimental del proyecto, las mujeres que lo inspiran y esa idea tan sencilla, y tan difícil de cumplir, de que una casa debe cuidar a quienes la habitan.

Sois dos mujeres tras el proyecto de Casa Merceditas. ¿Os podéis presentar brevemente para que os conozcamos un poco?
Casa Merceditas es el proyecto de dos amigas enamoradas del Empordà, Cecilia (propietaria) y Marta (directora). Cecilia es arquitecta, cofundadora del estudio OBBA Arquitectura. Marta es una emprendedora polifacética interdisciplinar, apasionada de nuevos proyectos.
¿Cómo nació la idea y qué aporta cada una de vosotras a la identidad del hotel?
La idea surgió, como tantas veces, de forma bastante azarosa. Cecilia buscaba una casa para poder rehabilitarla como arquitecta y convertirla en un lugar donde ofrecer un alojamiento diferente. Marta estaba cerrando una etapa profesional en otro establecimiento hotelero. Y de pronto las cosas se alinearon: apareció el anuncio de la casa de Corçà sin buscarlo, y vieron claro que ese era el lugar.
Cecilia, como arquitecta, es la responsable de la identidad física y tangible de Casa Merceditas, el interiorismo y todo lo que tiene que ver con el diseño en general, a excepción de nuestro logo, obra del gran amigo Íñigo Martínez, arquitecto actualmente reconvertido en chef de un restaurante en París. Marta es el alma de Casa Merceditas, la que recibe a los huéspedes, les proporciona recomendaciones impagables por la zona y les prepara el fantástico desayuno, que ningún huésped querría que acabara nunca.
Cecilia, como arquitecta, es la responsable de la identidad física y tangible de Casa Merceditas, el interiorismo y todo lo que tiene que ver con el diseño en general, a excepción de nuestro logo, obra del gran amigo Íñigo Martínez, arquitecto actualmente reconvertido en chef de un restaurante en París. Marta es el alma de Casa Merceditas, la que recibe a los huéspedes, les proporciona recomendaciones impagables por la zona y les prepara el fantástico desayuno, que ningún huésped querría que acabara nunca.
¿Quién es o era Merceditas y qué historia queríais preservar al darle su nombre a la casa?
Merceditas era la madre de Cecilia, que falleció recientemente, dos años y medio después de su marido y gran amor, Agustí. Cuando falleció Agustí, Cecilia y Marta decidieron emprender este proyecto en homenaje a él, y le pusieron el nombre de lo que más le gustaba en el mundo, su mujer, utilizando el nombre con el que él la llamaba. El proyecto nace de una pulsión esencialmente personal y sentimental.
Antes de convertirse en Casa Merceditas en septiembre de 2025, el edificio había sido otras cosas, ¿cómo disteis con él y qué os hizo pensar que ese era el momento adecuado para transformar vuestra pasión por la arquitectura, el diseño y el arte contemporáneo en un proyecto de hospitalidad?
El edificio había albergado diferentes usos: vivienda, restaurante, hotel… Cuando nosotras lo encontramos había dejado de funcionar como alojamiento turístico, pero seguía preparado para ello, gracias al gran trabajo que hicieron los anteriores propietarios, Marta y Xavi. Nosotras buscamos nuestro propio estilo, basado en una narrativa eminentemente femenina y de celebración arquitectónica.

Habéis elegido Corçà, un pueblo medieval alejado de los destinos más saturados de la Costa Brava. ¿Qué tiene de especial este lugar del Empordà?
Corçà reúne todas las cosas que más nos gustan del Baix Empordà: su luz, su gente, y la proximidad tanto a magníficas playas como a maravillosos pueblos medievales. Pero sin la masificación que sufren otros pueblos vecinos, de la que queríamos huir en la medida de la posible para ofrecer una experiencia más pausada e introspectiva.
En la casa se habla de la “perfecta imperfección de las cosas hechas a mano”. ¿Cómo se traduce esa idea en los materiales, los muebles y los pequeños detalles que encuentra el huésped?
Esa idea se refiere más a la propia edificación que al interiorismo que la viste. La piedra, las bóvedas, el yeso sobre paredes abombadas… Con el mobiliario y los detalles quisimos precisamente contrastar con la solidez de la casa y aportarle una frescura contemporánea.
Cada una de las siete habitaciones está inspirada en una arquitecta del siglo XX, entre ellas Lina Bo Bardi, Denise Scott Brown y Anna Bofill. ¿Cómo seleccionasteis a estas mujeres y cómo se refleja la personalidad o el legado de cada una en su habitación?
La elección fue puramente por afinidad. Como arquitecta, Cecilia tenía unas referentes claras, que eligió, una vez más, a modo de homenaje. El legado de cada una se refleja de forma más o menos evidente; en algunas habitaciones como en la Ray, con el uso de mobiliario de la propia arquitecta; en otras como la Denise, buscando un lenguaje afín a la arquitecta. O en la Lina (Bo Bardi, arquitecta preferida) intentando emular una atmósfera libre y desenfadada como la propia Lina.
Imagino que había cierta intención de reivindicar a creadoras cuyo trabajo ha quedado con frecuencia eclipsado por el de sus compañeros masculinos…
Unas más que otras, pero en general sí. Solo hay que recordar la frase con la que Le Corbusier y Pierre Jeanneret recibieron a Charlotte Perriand cuando se presentó en su estudio en París para ofrecer sus servicios: “Desgraciadamente, en este taller no bordamos cojines”. Poco después, Le Corbusier visitó su Bar bajo el techo de acero cromado y aluminio anodizado en el Salón de Otoño de París, y quedó fascinado. A partir de ahí se inicia una colaboración de 10 años entre Perriand y los dos arquitectos, siendo ella la responsable de mobiliario e interiores. Desde el momento en que ella empieza a vestir los espacios de Le Corbusier, las diferentes piezas de mobiliario, concebidas no como objetos sino como partes de un sistema integral, comienzan a tomar su sitio y a atender cuestiones de funcionalidad, ergonomía y evidentemente también formales. Aunque Perriand siguió en activo durante muchos años después de esta colaboración, no fue hasta después de su muerte que el Centre Pompidou le dedicó una extensa exposición monográfica que la puso en el sitio que la historia no había querido darle.

El lujo parece estar cambiando: menos ostentación, más silencio, tiempo, intimidad y conexión con el lugar. ¿Qué significa para vosotras el lujo hoy?
El lujo para nosotras significa pausa, presencia y conciencia… No solo escapar de la vorágine de la vida cotidiana y desconectar, sino tener los ojos suficientemente abiertos para conectar con todas esas cosas que a menudo la prisa no nos permite observar. Creemos que desde un lugar amable y seguro, que nos cuide, es más fácil abrir los cinco sentidos.
El desayuno de proximidad y temporada ocupa un lugar importante dentro de la experiencia. ¿Qué puede contar la comida sobre el paisaje y la cultura del Empordà?
Creemos que el desayuno es uno de los pilares fundamentales para disfrutar de una experiencia completa. Por eso, cuidamos con esmero cada uno de los productos que servimos en la mesa, priorizando siempre la calidad por encima de todo. Elaboramos desayunos caseros y sencillos, con opciones para todos los gustos. Nuestra intención es que cada huésped pueda dedicar tiempo a este momento, disfrutarlo sin prisas y saborear aquello que más le apetezca con total tranquilidad.
A cincuenta metros de la casa se encuentra el Tros de l’Agustí, un huerto-jardín con una bañera conectada al pozo para bañarse en verano. ¿Cómo surgió este espacio y qué relación queréis que establezcan los huéspedes con él?
Nos gusta pensar en el Tros de l'Agustí como un rincón de absoluta desconexión para nuestros huéspedes. Un lugar donde relajarse tras un día de exploración por el Empordà, o donde tomar un último refresco antes de cenar. Siendo aún el único espacio que permanece intacto desde el inicio de la actividad de Casa Merceditas, tenemos grandes planes e ideas para el Tros de l'Agustí.
¿Qué tipo de viajero imaginabais cuando creasteis Casa Merceditas y qué os ha sorprendido de las personas que finalmente han llegado hasta aquí?
Imaginábamos, o queríamos imaginar, viajeros con los ojos muy abiertos, y en general es exactamente lo que nos hemos encontrado. La mayoría de nuestros huéspedes vienen con ganas de sumergirse en el entorno y, cuando se encuentran con la casa, descubren que ahí también hay un espacio de inmersión en la arquitectura, el diseño y el cuidado. También tienen muchas preguntas sobre la historia de la casa y del proyecto, lo cual nos hace pensar que es una propuesta que los viajeros perciben y aprecian.
Si dentro de unos años Casa Merceditas pudiera ser recordada por una única sensación, ¿cuál os gustaría que permaneciera en la memoria de quienes la han habitado?
Creemos firmemente, como dice Anna Puigjaner (otra arquitecta admirada), que las casas deben cuidar a las personas. Aunque Merceditas no es una casa particular sino un alojamiento (o alejamiento, término que preferimos) turístico, nos gustaría que nuestros huéspedes la recordaran, sobre todo, como un lugar que les ha cuidado.






