Existen muchas formas de concebir el arte y de explorarlo: pintura, literatura, fotografía, música. Pero no todo se reduce al plano físico. También hay lugar para lo introspectivo, la reflexión, el alma, la conexión y el descubrimiento personal. Y es en este plano, el astral, donde las vertientes convergen y donde una humilde librería se gana a pulso un lugar destacado en el recuerdo de quien la visita. Porque no hay mejor forma de rendir homenaje a la cultura que honrando su memoria, navegando sus disciplinas y mostrando sus rincones más ocultos como lo hace Restory Books.
Algunos momentos vitales son puntos de inflexión que cambian, renuevan o reinventan a las personas. Una vez se pasa por ellos, la visión del mundo tendrá poco que ver con la que se tenía previamente. Restory Books es una pequeña tienda de libros y revistas muy especial, y representa uno de esos puntos de inflexión que invitan a ver más allá de la portada. Antes afincada en Barcelona, ahora ha hecho de A Coruña su nuevo hogar. Es diferente, sin etiquetas, y esto la hace tan única como difícil de catalogar. Adentrarse en ella es ahondar en nuevos mundos, universos y experiencias sensoriales. Con la contracultura y el descubrimiento como sellos distintivos, hablamos con Patricia y Pavel, sus fundadores, sobre este arrebatador proyecto.

Patricia, Pavel, encantado de teneros con nosotrxs. Nos fascinan los proyectos con alma y el vuestro es de lo más especial que hay. ¿Qué tal estáis vosotrxs y qué tal está Restory?
Estamos muy bien, en ese punto extraño entre haber aterrizado y seguir en tránsito. Llegamos a A Coruña hace algo más de un año y la verdad, hemos encontrado una comunidad curiosa, abierta y con muchas ganas de descubrir. Así que Restory está bien y nosotras, en consecuencia, también.
‘Rare Books for Rare People’, un lema que rinde homenaje a lo peculiar o a quien siente que no termina de encajar. ¿Qué perfiles de obras y autorxs se pueden encontrar en vuestro local?
En Restory conviven publicaciones de arte, cultura visual, pensamiento crítico y contracultura. Pero mañana puede haber mecánica o astrología. En eso se basa, en la sorpresa y el descubrimiento. A simple vista pueden parecer mundos distintos, pero muchas de estas publicaciones comparten una misma dificultad: o bien no se dejan clasificar fácilmente en una única categoría o son tan específicas que casi forman una categoría propia. Esto nos fascina.
Nos interesan menos las disciplinas que las relaciones posibles entre los libros o la peculiaridad concreta de cada uno. Es una colección en movimiento y conectada por una forma concreta de mirar, como siempre decimos, y por eso cuando entras en la librería las categorías no están especialmente visibles. Categorizar es necesario en algunos contextos, claro, pero también puede ser una forma de encorsetar: te dice dónde empieza y dónde termina una cosa, qué puede relacionarse con qué y qué lugar se supone que debe ocupar cada libro. A nosotras nos interesa más el recorrido de un libro a otro, los libros que habitan en los márgenes y que te llevan a territorios inesperados. Como siempre decimos, entras buscando un fotolibro de los 70 y terminas llevándote un fanzine coreano de 2019. O los dos. Esa magia, y esa posibilidad de descubrimiento, son una parte fundamental de lo que hacemos.
Por otro lado, ‘Rare Books for Rare People’ surgió de una sensación muy familiar para nosotras, lejos del elitismo y la exclusividad. Tiene que ver con sentirse un poco fuera de contexto y con moverse entre comunidades sin terminar de pertenecer del todo a un único lugar. Y hay muchas personas que se reconocen en ese espacio. No creemos que la rareza convierta a nadie en mejor ni más interesante. Es simplemente una invitación y un guiño a todas esas personas con curiosidades particulares y con la sensación de no encajar del todo en un lugar concreto.
Nos interesan menos las disciplinas que las relaciones posibles entre los libros o la peculiaridad concreta de cada uno. Es una colección en movimiento y conectada por una forma concreta de mirar, como siempre decimos, y por eso cuando entras en la librería las categorías no están especialmente visibles. Categorizar es necesario en algunos contextos, claro, pero también puede ser una forma de encorsetar: te dice dónde empieza y dónde termina una cosa, qué puede relacionarse con qué y qué lugar se supone que debe ocupar cada libro. A nosotras nos interesa más el recorrido de un libro a otro, los libros que habitan en los márgenes y que te llevan a territorios inesperados. Como siempre decimos, entras buscando un fotolibro de los 70 y terminas llevándote un fanzine coreano de 2019. O los dos. Esa magia, y esa posibilidad de descubrimiento, son una parte fundamental de lo que hacemos.
Por otro lado, ‘Rare Books for Rare People’ surgió de una sensación muy familiar para nosotras, lejos del elitismo y la exclusividad. Tiene que ver con sentirse un poco fuera de contexto y con moverse entre comunidades sin terminar de pertenecer del todo a un único lugar. Y hay muchas personas que se reconocen en ese espacio. No creemos que la rareza convierta a nadie en mejor ni más interesante. Es simplemente una invitación y un guiño a todas esas personas con curiosidades particulares y con la sensación de no encajar del todo en un lugar concreto.
El proyecto nace en Barcelona en 2020, allá por los tiempos de pandemia. ¿Cómo surgió la idea y cómo empezó esta ‘peculiar’ andadura?
Restory nació de una relación muy personal con lo olvidado. Siempre nos interesaron especialmente las publicaciones y los objetos que, por distintos motivos, resultan peculiares, difíciles de encontrar y de clasificar. Antes de abrir la librería trabajamos durante años en moda y música, en entornos creativos donde la investigación visual y cultural formaba parte del día a día. Cuando salimos de la industria seguimos colaborando con proyectos culturales, y en un mundo cada vez más dominado por lo digital, los libros siguieron siendo nuestra herramienta principal para encontrar referencias, conexiones e ideas que no aparecen en una búsqueda rápida.
Fue entonces cuando nos dimos cuenta de que lo que más nos interesaba no era únicamente el resultado final, sino todo el trabajo invisible que había detrás: investigar, buscar referencias, rastrear, encontrar conexiones inesperadas entre ideas. Seguir pistas. Y así fue como abrimos Restory en 2020, en plena pandemia. Tenemos cierta habilidad para llegar cuando no toca :) Tuvimos que replantear parte de la idea inicial y de la selección para adaptarnos a un contexto completamente desconocido o desaparecer antes siquiera de empezar. Pero aquello también nos ayudó a definir mejor qué queríamos que fuese Restory. Pasados los primeros meses, el proyecto ya estaba en el camino que imaginábamos desde el principio.
Fue entonces cuando nos dimos cuenta de que lo que más nos interesaba no era únicamente el resultado final, sino todo el trabajo invisible que había detrás: investigar, buscar referencias, rastrear, encontrar conexiones inesperadas entre ideas. Seguir pistas. Y así fue como abrimos Restory en 2020, en plena pandemia. Tenemos cierta habilidad para llegar cuando no toca :) Tuvimos que replantear parte de la idea inicial y de la selección para adaptarnos a un contexto completamente desconocido o desaparecer antes siquiera de empezar. Pero aquello también nos ayudó a definir mejor qué queríamos que fuese Restory. Pasados los primeros meses, el proyecto ya estaba en el camino que imaginábamos desde el principio.
Con una propuesta tan diferente a todo y en el momento en el que se dio, ¿cómo ha sido de complicado crecer o mantener el negocio vivo?
La profesión de librera es muy romántica hasta que llega fin de mes. Trabajamos con publicaciones que requieren mucha investigación, mucho tiempo y muchísima paciencia, además de pago inmediato y márgenes muy ajustados. Es como estar apostando constantemente, así que no es precisamente el modelo de negocio que te recomendaría un asesor financiero en plena pandemia. Pero siempre supimos que Restory no podía sostenerse únicamente vendiendo libros y tampoco la imaginábamos así. Nunca pensamos en Restory como simplemente una librería.
“Entras buscando un fotolibro de los 70 y terminas llevándote un fanzine coreano de 2019. O los dos. Esa magia, y esa posibilidad de descubrimiento, son una parte fundamental de lo que hacemos.”
Entonces, ¿cómo la imaginabais?
Desde el principio ideamos otras formas de hacer que el proyecto respirase: eventos, colaboraciones, exposiciones, ventas solidarias, búsqueda de libros, research para proyectos, archivos particulares, etc. Algunas de ellas poco o nada rentables sobre el papel, pero que tenían mucho sentido para nosotras. No somos una gran estructura ni tenemos grandes recursos detrás, pero siempre hemos intentado que el proyecto no existiese únicamente para sí mismo.
Restory se ha sostenido también gracias a esa red de personas que han estado cerca de muchas maneras: abriendo puertas, dando consejos, compartiendo trabajo, acompañando decisiones, diseñando, fotografiando, pinchando, pensando con nosotras o simplemente apareciendo cuando hacía falta. Hemos tenido muchísima suerte y tenemos una comunidad increíble. En un proyecto así, muchas de las cosas importantes no se ven desde fuera. Hay apoyos que tampoco se ven, pero sin los que nada habría sido igual. Mantener vivo Restory ha tenido mucho que ver con aprender a moverse con poco, insistir mucho y tener la suerte de encontrarnos con personas que entienden el proyecto y deciden quedarse cerca.
Crecer, en nuestro caso, nunca ha significado necesariamente hacerse más grande sino encontrar formas de seguir, de adaptarnos, de no perder las ganas ni el sentido de lo que hacemos. Pero sí, ha sido duro y es duro muchas veces, no vamos a engañar a nadie.
Restory se ha sostenido también gracias a esa red de personas que han estado cerca de muchas maneras: abriendo puertas, dando consejos, compartiendo trabajo, acompañando decisiones, diseñando, fotografiando, pinchando, pensando con nosotras o simplemente apareciendo cuando hacía falta. Hemos tenido muchísima suerte y tenemos una comunidad increíble. En un proyecto así, muchas de las cosas importantes no se ven desde fuera. Hay apoyos que tampoco se ven, pero sin los que nada habría sido igual. Mantener vivo Restory ha tenido mucho que ver con aprender a moverse con poco, insistir mucho y tener la suerte de encontrarnos con personas que entienden el proyecto y deciden quedarse cerca.
Crecer, en nuestro caso, nunca ha significado necesariamente hacerse más grande sino encontrar formas de seguir, de adaptarnos, de no perder las ganas ni el sentido de lo que hacemos. Pero sí, ha sido duro y es duro muchas veces, no vamos a engañar a nadie.
Desde hace un año os encontráis en una nueva etapa. ¿Por qué abandonar Barna y por qué A Coruña como destino?
Barcelona forma parte inseparable de la historia de Restory y siempre será así. Le tenemos muchísimo cariño y estamos muy agradecidas a todas las personas que hicieron posible el proyecto allí. La ciudad y, en concreto, el barrio de Sant Antoni, nos apoyaron desde el minuto uno. Hicimos familia, sigue siéndolo y jamás vamos a olvidarlo. Está en nuestro ADN.
Pero sentimos que había llegado el momento de empezar una nueva etapa. Patricia es gallega y era la hora de volver a casa. También influyeron cosas como nuestro espíritu nómada o la sensación de que Barcelona estaba cambiando muy deprisa. Seguimos queriendo muchísimo a la ciudad, pero cada vez nos costaba más reconocernos en algunas de sus dinámicas. Muchos de los espacios, proyectos y formas de vida que hicieron de Barcelona un lugar tan estimulante estaban desapareciendo o viéndose desplazados. Pero no fue una huida ni una ruptura. Más bien sentimos que era el momento de movernos y ver qué podía pasar en otro lugar.
Nos atraía la idea de desarrollar Restory en un contexto diferente, con otro ritmo y otra escala. A Coruña nos permitía seguir trabajando con algunas de las cosas que más nos interesan: archivos particulares, research para proyectos, colecciones personales, etc., con otra relación con el entorno y otra calidad de vida. No se trataba tanto de empezar de cero como de comprobar qué podía hacer Restory fuera del contexto en el que había nacido.
Pero sentimos que había llegado el momento de empezar una nueva etapa. Patricia es gallega y era la hora de volver a casa. También influyeron cosas como nuestro espíritu nómada o la sensación de que Barcelona estaba cambiando muy deprisa. Seguimos queriendo muchísimo a la ciudad, pero cada vez nos costaba más reconocernos en algunas de sus dinámicas. Muchos de los espacios, proyectos y formas de vida que hicieron de Barcelona un lugar tan estimulante estaban desapareciendo o viéndose desplazados. Pero no fue una huida ni una ruptura. Más bien sentimos que era el momento de movernos y ver qué podía pasar en otro lugar.
Nos atraía la idea de desarrollar Restory en un contexto diferente, con otro ritmo y otra escala. A Coruña nos permitía seguir trabajando con algunas de las cosas que más nos interesan: archivos particulares, research para proyectos, colecciones personales, etc., con otra relación con el entorno y otra calidad de vida. No se trataba tanto de empezar de cero como de comprobar qué podía hacer Restory fuera del contexto en el que había nacido.
Vuestro catálogo se aleja de lo que se podría encontrar en cualquier librería de a pie y navegáis por aguas descatalogadas. El proceso debe ser fascinante, ¿qué nos podéis contar al respecto?
Nos gusta pensar que trabajamos con publicaciones, pero la realidad es que trabajamos con obsesiones y lo que realmente hacemos es seguir pistas. No es un proceso precisamente lineal. Tiene mucho de investigación, intuición, paciencia y trabajo invisible. Es una manera de estar; hablamos y pensamos en libros 24/7.
Trabajamos con fuentes muy diversas. Hay libros que aparecen porque los estábamos buscando y otros porque una conversación nos lleva a una fotografía, la fotografía a una persona, la persona a una colección y la colección a una historia que no sabíamos que existía. Gran parte de nuestro trabajo consiste en seguir ese tipo de conexiones, aunque no siempre sepamos adónde conducen. Pero no nos interesa la rareza como fetiche ni los libros raros de ‘culto’ por el simple hecho de serlo. Un libro puede ser raro y no decirnos nada, nos pasa mil veces. Lo que buscamos es que tenga algún tipo de resonancia: por su contenido, por su contexto, por cómo dialoga con otras cosas, por lo que puede activar en quien lo encuentra o por lo que representó o pudo representar en su momento.
Trabajamos con fuentes muy diversas. Hay libros que aparecen porque los estábamos buscando y otros porque una conversación nos lleva a una fotografía, la fotografía a una persona, la persona a una colección y la colección a una historia que no sabíamos que existía. Gran parte de nuestro trabajo consiste en seguir ese tipo de conexiones, aunque no siempre sepamos adónde conducen. Pero no nos interesa la rareza como fetiche ni los libros raros de ‘culto’ por el simple hecho de serlo. Un libro puede ser raro y no decirnos nada, nos pasa mil veces. Lo que buscamos es que tenga algún tipo de resonancia: por su contenido, por su contexto, por cómo dialoga con otras cosas, por lo que puede activar en quien lo encuentra o por lo que representó o pudo representar en su momento.
Esa identidad tan única le va como anillo al dedo a la atmósfera que desprende el local y lo que se siente en él. Siguiendo vuestro lema, ¿hay alguna pieza con la que se identifique o que simbolice lo que representa Restory?
Más que un libro en concreto, quizá nos representa la mezcla aparentemente imposible y lo que no se puede clasificar en una única categoría. Pero si tenemos que mencionar uno, probablemente sería el Catalogue d’Objets Introuvables de Jacques Carelman, editado por Balland. Una de las razones es que Carelman era una de esas personas difíciles de clasificar. Fue ilustrador, diseñador, escenógrafo, artista y seguramente alguna cosa más. Ninguna de esas facetas termina de describirlo del todo, como Restory tampoco es únicamente una librería.
A finales de los años sesenta decidió parodiar los catálogos de venta por correspondencia de Manufrance, que en aquella época estaban presentes en millones de hogares franceses. Conservó su estética, su lenguaje comercial y su aparente seriedad, pero sustituyó los productos por cientos de objetos absurdos, imposibles o completamente inútiles. Hay una cafetera para masoquistas, gafas para mirar hacia atrás, una bicicleta con ruedas cuadradas y todo tipo de inventos delirantes presentados con el mismo rigor que si estuviesen realmente a la venta y acompañados de unas ilustraciones preciosas.
Lo mejor es que algunos de aquellos objetos llegaron a fabricarse y varias piezas se produjeron de verdad para una exposición en el Louvre, demostrando que la frontera entre lo absurdo y lo real es mucho más difusa de lo que parece. También funcionaba como una crítica feroz a la sociedad de consumo: comprar, desechar, comprar, desechar. Siempre nos ha fascinado esa mezcla de crítica, humor, imaginación y obsesión. La idea de dedicar atención, talento y tiempo a algo aparentemente inútil, pero lleno de sentido.
Restory también tiene mucho que ver con mirar dos veces aquello que parece raro, absurdo, menor o fuera de lugar y descubrir que ahí puede haber una idea, una crítica, una historia o una forma completamente distinta de entender el mundo.
A finales de los años sesenta decidió parodiar los catálogos de venta por correspondencia de Manufrance, que en aquella época estaban presentes en millones de hogares franceses. Conservó su estética, su lenguaje comercial y su aparente seriedad, pero sustituyó los productos por cientos de objetos absurdos, imposibles o completamente inútiles. Hay una cafetera para masoquistas, gafas para mirar hacia atrás, una bicicleta con ruedas cuadradas y todo tipo de inventos delirantes presentados con el mismo rigor que si estuviesen realmente a la venta y acompañados de unas ilustraciones preciosas.
Lo mejor es que algunos de aquellos objetos llegaron a fabricarse y varias piezas se produjeron de verdad para una exposición en el Louvre, demostrando que la frontera entre lo absurdo y lo real es mucho más difusa de lo que parece. También funcionaba como una crítica feroz a la sociedad de consumo: comprar, desechar, comprar, desechar. Siempre nos ha fascinado esa mezcla de crítica, humor, imaginación y obsesión. La idea de dedicar atención, talento y tiempo a algo aparentemente inútil, pero lleno de sentido.
Restory también tiene mucho que ver con mirar dos veces aquello que parece raro, absurdo, menor o fuera de lugar y descubrir que ahí puede haber una idea, una crítica, una historia o una forma completamente distinta de entender el mundo.

Para mucha gente que conozca vuestra tienda, o que simplemente pase un día por ella, puede suponer todo un viaje, un descubrimiento de un mundo nuevo y que tanto tiene que contar. ¿Qué os ha aportado ese proceso de descubrir lo desconocido o de recuperar lo olvidado?
Nos ha confirmado que hay que cuestionar las jerarquías culturales y abandonar del todo esa idea de que la relevancia siempre coincide con la visibilidad. Vivimos en un momento en el que una parte enorme de la atención se concentra sobre muy pocos títulos y autoras, mientras miles de libros quedan fuera de la conversación casi desde el momento en que llegan a las estanterías de las librerías. Por eso, recuperar materiales olvidados no nos parece un ejercicio de nostalgia, al contrario, muchas veces son esos libros los que permiten escapar de las conversaciones prefabricadas.
Cuando trabajas con publicaciones que han quedado fuera de circulación, entiendes que las ideas no desaparecen; a veces simplemente esperan otro contexto. Un catálogo antiguo, un fanzine o una revista minoritaria pueden decir más sobre el presente que muchas novedades recién publicadas.
Te obliga a convivir con la duda y, en consecuencia, a vivir con más humildad. Siempre aparece un libro que contradice una certeza, una historia que no conocías o una conexión inesperada. Descubrir lo desconocido no consiste tanto en encontrar respuestas como en resistirse a que otros decidan por ti cuáles son las preguntas importantes.
Cuando trabajas con publicaciones que han quedado fuera de circulación, entiendes que las ideas no desaparecen; a veces simplemente esperan otro contexto. Un catálogo antiguo, un fanzine o una revista minoritaria pueden decir más sobre el presente que muchas novedades recién publicadas.
Te obliga a convivir con la duda y, en consecuencia, a vivir con más humildad. Siempre aparece un libro que contradice una certeza, una historia que no conocías o una conexión inesperada. Descubrir lo desconocido no consiste tanto en encontrar respuestas como en resistirse a que otros decidan por ti cuáles son las preguntas importantes.
Reliquias, piezas exóticas, obras de culto. ¿Qué le diríais a las personas que, en cuanto a cultura, quizás les tire para atrás lo desconocido?
Que la curiosidad es mucho más importante que el conocimiento previo y que nosotras tampoco lo conocemos todo. Lo más difícil es romper ciertas ideas preconcebidas. Por ejemplo, hay algo curioso con la palabra ‘raro’: cuando hablamos de una película rara o de un disco raro suele sonar atractivo. Cuando hablamos de libros raros, mucha gente piensa automáticamente en algo reservado para especialistas: difícil, elitista, carísimo o inaccesible. Nosotras intentamos combatir precisamente esa idea.
En realidad, muchas de estas publicaciones simplemente ofrecen otras formas de acercarse a la cultura y lo que las hace raras no son necesariamente esos atributos. Simplemente son peculiares por alguna razón, libros que siguieron un camino distinto, que tuvieron una tirada pequeña o aparecieron en el momento equivocado. Nuestro trabajo consiste en investigar, aprender cosas nuevas y equivocarnos antes de encontrar algo que tenga ‘sentido’. Seguimos descubriendo publicaciones, autoras e historias que no conocíamos casi cada semana. De otra forma, Restory sería aburridísimo.
Restory trata de que nadie sienta que tiene que demostrar nada para entrar, preguntar o llevarse un libro. Creemos que hay que acercarse a ellos desde la curiosidad, no desde la erudición. Nosotras hacemos una parte del trabajo: buscar mucho, seleccionar y ponerlo al alcance de la mano, pero el descubrimiento de verdad ocurre después, cuando alguien abre el libro y empieza a encontrar sus propias conexiones.
En realidad, muchas de estas publicaciones simplemente ofrecen otras formas de acercarse a la cultura y lo que las hace raras no son necesariamente esos atributos. Simplemente son peculiares por alguna razón, libros que siguieron un camino distinto, que tuvieron una tirada pequeña o aparecieron en el momento equivocado. Nuestro trabajo consiste en investigar, aprender cosas nuevas y equivocarnos antes de encontrar algo que tenga ‘sentido’. Seguimos descubriendo publicaciones, autoras e historias que no conocíamos casi cada semana. De otra forma, Restory sería aburridísimo.
Restory trata de que nadie sienta que tiene que demostrar nada para entrar, preguntar o llevarse un libro. Creemos que hay que acercarse a ellos desde la curiosidad, no desde la erudición. Nosotras hacemos una parte del trabajo: buscar mucho, seleccionar y ponerlo al alcance de la mano, pero el descubrimiento de verdad ocurre después, cuando alguien abre el libro y empieza a encontrar sus propias conexiones.
De todos estos hallazgos, ¿hay algún ‘secreto’ que os guardéis para vosotras o algún tesoro que tengáis por casa y que no pondríais a la venta?
Sí, hay uno muy especial. Es un libro japonés sobre la historia de una activista medioambiental vietnamita. Fue un regalo que nos hicimos por Sant Jordi para Restory y durante mucho tiempo lo tuvimos en la librería, junto a nuestra pequeña colección ‘privada’, sin estar a la venta. Durante más de un año, un cliente coleccionista, Javier, cada vez que venía quería comprarlo. Y siempre le decíamos que no. Hasta que un día, por puro agotamiento, acabamos vendiéndoselo. Tiempo después, cuando nos estábamos despidiendo de Barcelona antes de trasladar Restory a A Coruña, Javier volvió con un regalo. Era el mismo libro, acompañado de una nota y de un décimo de lotería —era Navidad— que terminaba en 133, el número de Restory en la calle Comte Borrell, y que sigue dentro. En la nota, Javier decía que el libro tenía un lugar y que ese lugar era Restory. Ese libro ya no se vende, claro. Ni por insistencia, ni por coleccionismo, ni por nada de nada.
Y claro, hay otros: el primer libro que compramos para Restory, Women of Japan, de Christine Arnothy, con fotografías de Marc Riboud; Berliner Mauer 1990, de Pavel Síma; un Le Dernier Cri XL muy raro con portada de Charles Burns; Mando a distancia, de Barbara Kruger; Writing, de Jenny Holzer; y Catalogue d’objets introuvables, de Carelman, claro. Para nosotras, los libros tienen que circular. No somos de acumular ni de convertirlo todo en una reliquia intocable. Los que nos quedamos son los que traen una historia especial o los que han creado una historia con nosotras, como Sónar Book Photo Album 1994–2003. Tampoco venderemos nunca los libros que nos han regalado familia, amigas o artistas.
Y claro, hay otros: el primer libro que compramos para Restory, Women of Japan, de Christine Arnothy, con fotografías de Marc Riboud; Berliner Mauer 1990, de Pavel Síma; un Le Dernier Cri XL muy raro con portada de Charles Burns; Mando a distancia, de Barbara Kruger; Writing, de Jenny Holzer; y Catalogue d’objets introuvables, de Carelman, claro. Para nosotras, los libros tienen que circular. No somos de acumular ni de convertirlo todo en una reliquia intocable. Los que nos quedamos son los que traen una historia especial o los que han creado una historia con nosotras, como Sónar Book Photo Album 1994–2003. Tampoco venderemos nunca los libros que nos han regalado familia, amigas o artistas.
Debe ser complicado destacar algo, pero ¿actualmente hay alguna ‘joya de la corona’ en la tienda? ¿Cuál es la época más antigua a la que puede transportarnos?
Las joyas cambian constantemente porque el catálogo está vivo. Trabajamos principalmente con publicaciones del siglo XX, aunque tenemos piezas anteriores. En cualquier caso, más que la antigüedad, nos interesa la singularidad de cada ejemplar y la historia que cuenta. Pero ahora mismo, si tenemos que elegir una pieza que reúna un poco todo eso, probablemente sea el número 10 de L’Esprit Nouveau, publicado en París en 1921.
L’Esprit Nouveau fue una de las revistas más influyentes de la modernidad, fundada por Le Corbusier y Amédée Ozenfant. Lo que más nos interesa es que no entendía la arquitectura, el arte, el diseño o la literatura como disciplinas separadas, sino como partes de una misma conversación, algo que en su momento resultó muy novedoso. La revista se convirtió en el principal manifiesto del movimiento purista y en un espacio donde convivían ideas, imágenes y debates que ayudaron a definir buena parte de la cultura visual y arquitectónica de la época.
L’Esprit Nouveau fue una de las revistas más influyentes de la modernidad, fundada por Le Corbusier y Amédée Ozenfant. Lo que más nos interesa es que no entendía la arquitectura, el arte, el diseño o la literatura como disciplinas separadas, sino como partes de una misma conversación, algo que en su momento resultó muy novedoso. La revista se convirtió en el principal manifiesto del movimiento purista y en un espacio donde convivían ideas, imágenes y debates que ayudaron a definir buena parte de la cultura visual y arquitectónica de la época.
“No creemos que la rareza convierta a nadie en mejor ni más interesante. Es simplemente una invitación y un guiño a todas esas personas con curiosidades particulares y con la sensación de no encajar del todo en un lugar concreto.”
No todo son tesoros antiguos, también hay maravillas contemporáneas. ¿Qué nos podéis decir sobre ese contraste entre pasado y presente en lo cultural? ¿Qué ha cambiado en la percepción del mundo y de la cultura?
Nos interesa precisamente porque rompe con esa idea de que ‘antes era todo mejor’. Nosotras no creemos que sea así, no por ser antiguo algo es automáticamente más interesante que lo contemporáneo, aunque quizá desprenda más magia, eso sí puede ser. Muchas de las preguntas que consideramos muy actuales ya estaban presentes hace décadas, pero los lenguajes, los formatos y las herramientas con las que intentamos responderlas cambian.
Las publicaciones contemporáneas permiten observar cómo evoluciona nuestra manera de representar el mundo. Hay discursos y formas de mirar que sencillamente no existían hace cincuenta años y por eso nos gusta que ambas convivan en las estanterías. Un fotolibro publicado el mes pasado puede dialogar perfectamente con una revista de hace un siglo. Y muchas veces esas conversaciones inesperadas son bastante más interesantes que las categorías con las que solemos ordenar la cultura y el entorno.
Las publicaciones contemporáneas permiten observar cómo evoluciona nuestra manera de representar el mundo. Hay discursos y formas de mirar que sencillamente no existían hace cincuenta años y por eso nos gusta que ambas convivan en las estanterías. Un fotolibro publicado el mes pasado puede dialogar perfectamente con una revista de hace un siglo. Y muchas veces esas conversaciones inesperadas son bastante más interesantes que las categorías con las que solemos ordenar la cultura y el entorno.
La tienda destaca por su estrecha relación con la cultura visual y el pensamiento crítico. También tenéis material de cine, revistas, artes gráficas, fotografía, literatura, etc. ¿Estáis abiertos a explorar o llevar esa esencia a otras disciplinas para acercarlas también al público?
Para nosotras las disciplinas nunca han estado tan separadas. Un fotolibro puede tener más que ver con una pieza musical que con otro libro. Una revista puede ser diseño, política, moda y archivo al mismo tiempo. Una exposición puede empezar en una estantería y una conversación durante un vermú y terminar meses después en una colaboración. Esa parte nos interesa muchísimo.
Desde el principio, y en cuanto se levantaron las restricciones de la pandemia, Restory empezó a mezclar los libros con cosas que quizá no son tan habituales en una librería: exposiciones, obras de teatro, conciertos, presentaciones, pinchadas, vermús y, últimamente, nuestro nuevo hit son las subastas de ‘cosas que jamás te comprarías salvo en Restory’. Desde un Madelman de los 80 hasta un póster de Heidi, un libro de Sylvester Stallone o un caniche de cerámica japonés.
Por Restory han pasado artistas y proyectos muy distintos entre sí. Algunas figuras ya consolidadas, como Franka o Jaume Pujagut en Barcelona y Vari Caramés en A Coruña, y otras con un talento enorme que llegaron a través de Next Gen Talent, una iniciativa autofinanciada que creamos en Barcelona para apoyar a artistas emergentes. Les ofrecíamos espacio, acompañamiento y visibilidad, y el cien por cien de las ventas iba destinado a las propias artistas. No importaba el currículum sino el momento en el que se encontraban y las ganas de enseñar algo que todavía estaba tomando forma o despegando. Por ahí pasaron Adrianna Jornet, Cía Pecado Tarambana, José A. Morales, Lorea, Rat Salad o Pau Vigilant, entre otras. Hasta nos han comparado alguna vez con el Chelsea Hotel, lo cual obviamente es una exageración, sobre todo porque no tenemos ni el tamaño, ni la historia, ni las drogas. Pero sí tenemos a las invitadas talentosas.
Desde el principio, y en cuanto se levantaron las restricciones de la pandemia, Restory empezó a mezclar los libros con cosas que quizá no son tan habituales en una librería: exposiciones, obras de teatro, conciertos, presentaciones, pinchadas, vermús y, últimamente, nuestro nuevo hit son las subastas de ‘cosas que jamás te comprarías salvo en Restory’. Desde un Madelman de los 80 hasta un póster de Heidi, un libro de Sylvester Stallone o un caniche de cerámica japonés.
Por Restory han pasado artistas y proyectos muy distintos entre sí. Algunas figuras ya consolidadas, como Franka o Jaume Pujagut en Barcelona y Vari Caramés en A Coruña, y otras con un talento enorme que llegaron a través de Next Gen Talent, una iniciativa autofinanciada que creamos en Barcelona para apoyar a artistas emergentes. Les ofrecíamos espacio, acompañamiento y visibilidad, y el cien por cien de las ventas iba destinado a las propias artistas. No importaba el currículum sino el momento en el que se encontraban y las ganas de enseñar algo que todavía estaba tomando forma o despegando. Por ahí pasaron Adrianna Jornet, Cía Pecado Tarambana, José A. Morales, Lorea, Rat Salad o Pau Vigilant, entre otras. Hasta nos han comparado alguna vez con el Chelsea Hotel, lo cual obviamente es una exageración, sobre todo porque no tenemos ni el tamaño, ni la historia, ni las drogas. Pero sí tenemos a las invitadas talentosas.
Entrar en vuestro rincón puede ser como viajar al pasado. Pero ¿qué depara el futuro a Restory? ¿Hacia dónde se dirige el proyecto?
Nos encanta lo de viajar al pasado, aunque nunca hemos entendido Restory como un proyecto nostálgico. Trabajamos con libros descatalogados, sí, pero no para quedarnos allí; nos interesan porque siguen activando cosas ahora. El futuro tiene bastante que ver con desarrollar todo lo que ocurre alrededor de la librería y que no siempre se ve. Somos bastante tímidas con esa parte y la web siempre ha sido nuestra asignatura pendiente, pero poco a poco todo esto empieza a hacerse más visible.
Toda esta parte está reunida bajo el nombre de The Resourcery —la recursería de Restory—, que se encarga de la búsqueda de libros difíciles de encontrar, diseño de bibliotecas, investigación para proyectos creativos, trabajo con archivos particulares, hallazgos especiales para eventos y conexiones culturales un poco improbables, entre otras cosas. Aunque no es exactamente algo nuevo, porque ya lo hacíamos antes de abrir Restory, ahora se está haciendo más visible. Este año, por ejemplo, tuvimos la oportunidad de participar en la programación de Galicia Design Week 2026 con ponentes, workshops y sesiones. Fue una experiencia brutal y nos permitió llevar esa forma de hacer a otros contextos, además de pensar la librería también como una herramienta para agitar nuestro entorno alrededor de la cultura visual, el diseño, los archivos y las publicaciones. Así que el futuro no va tanto de crecer en tamaño como de crecer en contexto.
Toda esta parte está reunida bajo el nombre de The Resourcery —la recursería de Restory—, que se encarga de la búsqueda de libros difíciles de encontrar, diseño de bibliotecas, investigación para proyectos creativos, trabajo con archivos particulares, hallazgos especiales para eventos y conexiones culturales un poco improbables, entre otras cosas. Aunque no es exactamente algo nuevo, porque ya lo hacíamos antes de abrir Restory, ahora se está haciendo más visible. Este año, por ejemplo, tuvimos la oportunidad de participar en la programación de Galicia Design Week 2026 con ponentes, workshops y sesiones. Fue una experiencia brutal y nos permitió llevar esa forma de hacer a otros contextos, además de pensar la librería también como una herramienta para agitar nuestro entorno alrededor de la cultura visual, el diseño, los archivos y las publicaciones. Así que el futuro no va tanto de crecer en tamaño como de crecer en contexto.




