La exposición serpentea entre la luz y la oscuridad a través del vientre desnudo del museo, creando un flujo de energía muda que guía al público a través de un conjunto de experiencias sensoriales no del todo plenas. Aunque algunas piezas permiten la interacción, la sensación que prevalece es la de una confrontación con seres iluminados, amputados y aburridos, a los que un socorrido apareamiento con animaciones sonoras sin duda les habría aportado una vibrante dosis de realismo y vivacidad, que sí hubieran podido conducir a una experiencia interactiva y multisensorial completa.

En la obra performativa Two Roaming Beds algunos visitantes tendrán la oportunidad de pasar una noche en el interior del Maat, donde podrán convivir con todo lo expuesto en la intimidad. Estas camas robóticas recorren la exhibición como un par de gemelos inquietos e insomnes. Vacías durante el día, por la noche son ocupadas por huéspedes que son transportados por el espacio de la galería mientras sueñan. Un bolígrafo rojo o azul va trazando los movimientos de las camas en el suelo.
Light Corridor, por su parte, se compone de dos paredes luminosas que se encienden y apagan a la misma frecuencia que la figura Light Wall. Tubos de vidrio de neón, aluminio y controladores de software dan vida a Decimal Clock, un reloj funcional gigante basado en la idea de contar el tiempo en unidades decimales propuesta durante la Revolución francesa. Los ciento diez anillos de neón representan el tiempo de un día completo dividido en 10 horas.

Tras doctorarse en fitopatología y ecología química en la Universidad de Kiel (Alemania), Carsten Höller se ha dedicado exclusivamente al arte desde 1993. Höller aplica su formación como científico a su trabajo como artista, centrándose especialmente en la naturaleza del razonamiento y las interrelaciones humanas. Para Höller, el museo puede percibirse como un espacio para la experimentación y para probar ideas y conceptos que pueden llegar a representarse a mayor escala a posteriori.
















