Cachorro posee una fuerza innegable. Su trazo es muy vital, enérgico, al igual que los colores: negro, amarillo, rojo, azul, verde. Y rosa, claro, el color de las mujeres y de los maricas. Como el título indica, la exposición es una reivindicación a la homosexualidad, a lo queer. Chulazos fornidos, bubble butts envidiables, pelo por todos lados, iconos homoeróticos como San Sebastián, y frases como “Sabe a ti” al lado de un pene son solo algunos de los elementos que nos transportan a universos de una masculinidad tan idealizada como política. Las fotos de Bob Mizer o James Bidgood, las ilustraciones de Tom of Finland, o el Querelle de R. W. Fassbinder son claras influencias en una lucha que parece no acabar: la de la ‘normalización’.
Las poco más de cincuenta ilustraciones de Cachorro están en una sala pequeña dentro del espacio polivalente. Antes de llegar a ellas, uno pasa por la entrada/recepción y por una sala más grande, donde hay pintura, escultura, joyas, y ropa. Tras una vuelta de reconocimiento en la que encuentras anillos de muelas, chaquetas de segunda mano, y piezas de otros artistas, llegas a las paredes donde los dibujos se exponen en dos hileras. La sensación al entrar se asemeja al horror vacui –tantas líneas, colores y mensajes–, pero consigue enfatizar y maximizar su potencia. Podríamos definirlo como ‘pequeño pero matón’. Al igual que el propio Cachorro. Así que si todavía no la has visto, te invito a descubrir esta expo y pasar la depresión post-vacacional de la mejor manera que se me ocurre. Y ya de paso, avisarte que el jueves 6 se inaugura una expo de Borja Casterad, que compartirá espacio con las obras de Cachorro durante unos días.














