Con sus dos anteriores trabajos, La pèrdua de l’estat o Sud ego, Ubaldo se ha posicionado como uno de los artistas más interesantes dentro de la escena experimental aclamado tanto por la crítica como por compañeros de profesión de la talla de Suso Saiz o Negro. Hoy hablamos con el artista sobre su nuevo trabajo, Casa, editado por el sello barcelonés Upa i Musell, que verá la luz el próximo 15 de julio –puedes encargar aquí– y que presentará el 16 de julio en Amposta (en el Centre d’Art Lo Pati) y el 17 en Benicarló (en La Granja de Vicente).
Un sitio al que podría llamar mi casa es desde donde te estoy respondiendo a esto, un pueblecito de menos de cien habitantes cerca de Castellón (Valencia), donde nació mi abuela y en el que me siento muy a gusto rodeado de montañas y riachuelos. La verdad es que he tenido la suerte de moverme mucho desde que me mudé a Bélgica; entre 2018 y 2020 he tocado en Ginebra, Manchester, Colonia, Lisboa, Bristol, Toulouse, Madrid, Ámsterdam, Ciudad de México, Los Angeles, Bilbao, Porto, Glasgow, Berlín, Amberes, Rotterdam, Londres, París y Oakland entre otras ciudades, ¡y es algo que me encanta!
Aunque respondiéndote, no creo que esté mucho por componer o crear cuando estoy de tour, la verdad es que girar ya es suficiente intensidad, estoy por otras cosas –disfrutar del paisaje cuando viajas de un punto a otro, buscar un bar auténtico con comida típica de cada sitio (¡importantísimo!), aprender de los amigos con los que giras o de los músicos con los que compartes noche, y también las charlas post concierto con esas personas que quieren saber algo más sobre lo que acaban de oír o sobre la vida en general.
En el disco hay tres temas dedicados a gente que quiero mucho y que viven allí: mis dos hermanas pequeñas, mi abuela (que pasó a mejor vida durante el proceso), y Xuanill, un buen amigo de Benicarló que tiene un corazón que no le cabe en el pecho.
Lo mismo en Estados Unidos, este año mi primer concierto (y casi el último) fue en Long Beach (LA), era un house show y tuve bastantes problemas técnicos por falta de no tener todo mi arsenal conmigo, pero la gente fue super receptiva y me animaron en todo momento. Y luego, por citar algunos de mis sitios favoritos para tocar, el Plug in the Gear (Benicarló), Frappant E.V. (Hamburgo), Rumsteek (Bruselas) y el Liceo Mutante (Pontevedra), donde solo he tocado una vez pero guardo un muy buen recuerdo.
Hablando de lo que tenemos más cerca, ahora mismo en España hay una red de salas/colectivos/espacios DIY bastante interesante y bien conectados, casi todos se conocen entre ellos y hay buen ambiente, aunque muchas veces me pregunto qué pasará cuando toda esa gente que ya van de cara a los 40 dejen de hacerlo. Nuestra generación o la gente más joven no se implican demasiado en este tipo de cosas, a mi parecer, más reales y más próximas.
Creo que lo que más importante para mí fueron esos trabajos repetitivos –y muy pesados a veces– que encaré como si fueran una meditación. Muchas de estas tareas se dilataban en el tiempo por razones varias o porque las prioridades cambiaban, y eso creo que suele pasar a la hora de crear algo así. Volviendo al tema del sitio y sus efectos, Bruselas es una ciudad bastante caótica y gris, pero a la que sales de allí todo se ve inundado por un verde muy potente que crece sin parar gracias a las lluvias constantes. Sin buscarlo (o tal vez sí), ese trabajo me ofreció una tranquilidad muy necesaria, que es la que se ve reflejada en gran parte del disco. Muchos días volvía a casa reventado pero con una felicidad que solo se encuentra en las cosas mundanas.
El proceso de composición fue bastante orgánico, empecé a grabarlo a principios de 2018 en mi casa de Bruselas con mucha calma, y a finales de ese año sin darme cuenta ya tenía material para hacer un disco (con sus descartes incluidos). Luego viene todo el trabajo de darle forma con el concepto y el orden de los temas. Aunque suene raro, el primero que compuse fue el que cierra el disco. Como el título indica, Des d’aquí, gràcies per l’intercanvi es un momento o un estado en el que piensas, ok, estamos aquí, aceptemos lo que ha pasado y demos gracias por ello, ¡seguimos hacia adelante!
El sello lo llevan Arnau i Gerard de Discos Paradiso, que como bien dices es una tienda con cierta fama dentro de ese sector, junto a Ignasi, un arquitecto con un ojo y una sensibilidad milimétricas que pone todo su ser en lo que hace. A los dos primeros ya los conocía porque con más o menos frecuencia iba a comprar vinilos a su tienda y a traerles ediciones de mi sello, Boira Discos. Aunque hubo un punto de inflexión cuando les traje mi anterior trabajo en vinilo, La pèrdua de l’estat, que les gustó mucho y vendieron casi una sexta parte de la edición en la tienda. Cada vez que iba me pedían más, y allí empezamos a conocernos más.
Recuerdo un día que Arnau, como quien no quiere la cosa, me preguntó si tenía material nuevo y si algún sello estaba interesado en mí. Obviamente le respondí que nadie estaba interesado (risas) –nunca he sido mucho de moverme en este sentido–, y a lo otro le dije que sí, que me encontraba grabando mi tercer disco. A partir de ahí fue cuando empecé a pasarles material y, posteriormente, conocí a Ignasi via Skype, donde ya empezamos a hablar de cosas más serias y a darle forma a lo que podría ser la edición. El pasado noviembre coincidimos los cuatro en Barcelona para la presentación de la tercera edición del sello, Les músiques per a Albert Serra, de Molforts, un boxset con cuatro vinilos seleccionados con muy buen gusto.
Para contrastar con lo minimalista de su dibujo me cuadraba una instantánea del fotógrafo portugués Tomé Duarte, donde captó a una paloma que se había colado en su cuarto de baño. Tiene tanta potencia y al mismo tiempo es algo tan cotidiano que me enamoró a primera vista.
Para los singles tuve el placer de contar con el esfuerzo de algunas amigas de la universidad con las que ya habíamos hablado de hacer algo de vídeo con mi anterior trabajo. El primer combo fue con la fotógrafa Anna Izquierdo y el artista multidisciplinar Max Villa (La Folie8), ambos residentes en Barcelona. Con Max habíamos hablado de hacer algo con velas y de allí salió el clip de Espills a la nit, con toda la delicadeza y la fragilidad que destila la canción plasmada de la mejor manera posible. Luego, con De Forest a la Trinité quisimos jugar con las letras, ya que la canción nos lo permitía. Las diseñadoras Sidney Latil y Helena Bosch, después de hacer mil Skypes via Barcelona/Ginebra, pudieron ensamblar ese trayecto nocturno que fue filmado en Tailandia con esos textos casi irreconocibles.
Por otro lado estamos cocinando a fuego muy lento lo que será el segundo disco de Or Sobre Blau, dúo que comparto con el inglés Kiran Leoanard, y también una primera referencia con el trío que tenemos el neoyorquino Mark Cunningham (Mars, Don King, Bestia Ferida, Blood Quartet) y el argentino Pablo Volt (STA, Barba Corsini, Bradien), dos de los trompetistas más interesantes que conozco radicados en Barcelona.
En cuanto a Ubaldo, los pasados meses de agosto y octubre tuve la suerte de poder hacer un mes de residencia en Les Ateliers Claus de Bruselas, una de las mejores salas de música experimental del panorama europeo, junto al mítico Café Oto en Londres, Ze Dos Bois en Lisboa o Cave 12 en Ginebra. Durante este mes partido en dos pude invitar a músicos de la escena belga a divagar algunas ideas que no puedo llevar a cabo solo o en casa; vinieron el batería americano NAH aka Michul Kuun, el clarinetista belga Ben Bertrand, la violinista Elisabeth Klinck, el percusionista murciano Andrés Navarro o el multi instrumentista belgo-catalán Jordi Grognard, entre otros. De todo esto y algunas ideas más espero poder sacar lo que será mi cuarto disco, una continuación conceptual y sonora de lo que presento hoy aquí.







