Hay algo en las esculturas de Thomas Houseago que escapa a la idea tradicional de perfección. Sus figuras humanas, monumentales y aparentemente inacabadas muestran la materia tal y como es: con sus irregularidades, sus marcas y sus contradicciones. Una forma de entender la escultura que conecta lo ancestral con lo contemporáneo y que todavía puede descubrirse en Thomas Houseago. Esculturas, la primera exposición en España del artista británico, abierta hasta el próximo 31 de octubre en el jardín de Banca March.
Comisariada por Anne Pontégnie y organizada en colaboración con Vande, la muestra reúne siete esculturas de grandes dimensiones realizadas entre 2008 y 2025. Distribuidas entre la vegetación del jardín madrileño, las piezas permiten recorrer algunas de las principales líneas de investigación de un artista que lleva más de treinta años explorando las posibilidades de la forma humana. La exposición, enmarcada en el programa de actos del centenario de Banca March, propone un encuentro entre arte y naturaleza en un espacio que habitualmente no está abierto al público. Y lo hace con entrada gratuita previa inscripción.
Nacido en Leeds, Inglaterra, en 1972, Houseago ha desarrollado una trayectoria internacional que lo ha llevado a exponer en instituciones como la Royal Academy de Londres, la Galleria Borghese de Roma o el Centre Pompidou-Metz. Desde 2004 vive y trabaja en Los Ángeles, donde ha consolidado un lenguaje escultórico propio, alejado de la búsqueda de un acabado impecable. En su obra el proceso de creación no queda oculto, sino que se convierte en parte esencial de la pieza.
El yeso, la madera y el bronce son algunos de los materiales que utiliza habitualmente, combinándolos con elementos industriales como varillas de hierro y cáñamo. Trabaja directamente con las manos o con herramientas sencillas, dejando visibles las uniones, las tensiones y las huellas de cada gesto. El resultado son figuras que parecen estar en constante transformación, como si la materia todavía estuviera buscando su forma definitiva. Esa crudeza convive con una dimensión profundamente humana: sus esculturas hablan tanto de fuerza como de fragilidad, de presencia física y de vulnerabilidad.
La figura humana ocupa un lugar central en la práctica de Houseago, que mantiene un diálogo constante con la tradición clásica. Sin embargo, sus referencias no se limitan a la escultura griega ni a la historia del arte. La mezcla de referencias permite entender su obra como un territorio híbrido en el que lo clásico y lo contemporáneo dejan de funcionar como categorías opuestas. Las formas pueden remitir a figuras ancestrales y, al mismo tiempo, evocar personajes reconocibles de la cultura visual contemporánea. La escultura se convierte así en un punto de encuentro entre distintas épocas, lenguajes y maneras de representar el cuerpo.
Entre las obras que forman parte de la exposición destaca Large Walking Figure I (Leeds) (2013), una figura de casi cinco metros de altura que lleva la escala monumental del artista a uno de sus extremos. Su presencia transforma la percepción del espacio y obliga a mirar el cuerpo desde otra perspectiva, entre lo reconocible y lo extraño. Por su parte, Janus - Mirror - Figure (2025) refleja la evolución de su lenguaje escultórico y su capacidad para reinterpretar referencias primitivas desde una sensibilidad contemporánea.
Las siete piezas, realizadas a lo largo de casi dos décadas, ofrecen una visión de la evolución de Houseago sin perder de vista las constantes que atraviesan su trayectoria: el interés por el cuerpo, la experimentación con los materiales y la voluntad de mostrar la escultura como un proceso vivo. Situadas entre los árboles y los estanques del jardín, las obras adquieren además una dimensión diferente, en diálogo directo con el entorno y con la luz natural.
Thomas Houseago. Esculturas puede visitarse hasta el 31 de octubre en el jardín de Banca March, Madrid.