Pero, ¿qué nos lleva a odiar? ¿Es el odio un sentimiento intrínseco a la condición humana o es un comportamiento adquirido? ¿Cómo nos protegemos frente al odio? Y es más, ¿cómo gestionamos nuestro propio odio, qué hacemos con él? Estas y otras preguntas planean durante todo el número. Os contaré una cosa, mientras empezábamos a trabajar en él, llegamos a cuestionarnos si era el mejor momento para hablar acerca del odio, en medio de una pandemia, donde palabras como solidaridad, altruismo o esperanza se alternaban con estadísticas escalofriantes. Hasta que George Floyd murió asesinado a manos de un policía, y el movimiento Black Lives Matter por unos días lo llenó absolutamente todo, evidenciando una vez más lo que tantas veces preferimos no ver o maquillamos con pequeños gestos para calmar nuestra conciencia: que vivimos en una sociedad que está muy lejos de ser igualitaria, que está muy lejos de ser respetuosa, que el racismo está enquistado y es sistémico. Y que el odio está ahí, convivimos con él, y seguiremos haciéndolo si no hacemos algo al respecto; de nada sirve esquivarlo.
Odiamos, y muchas veces ese odio no es más que la proyección de nuestras propias frustraciones. Es interesante lo que dice en estas páginas el poeta, modelo y activista trans Kai-Isaiah Jamal: muchas veces son aquellos que viven odiando sus propias limitaciones los que más odian a quienes han tenido el coraje y la valentía de trascender las suyas. Por eso es tan importante la representación y visibilización de colectivos y comunidades minoritarios, no solo para acabar con esas actitudes de odio, prejuicios y estigmas, sino para ayudar a reconocerse y empoderar a quienes se sienten identificados. Los referentes son necesarios si queremos construir una sociedad más libre y plural donde nadie se sienta marginado y desprotegido por el color de la piel, sus capacidades, su cuerpo, su género o su orientación sexual. “La representación es la herramienta más importante que tenemos en la lucha contra el odio”, nos dice el diseñador de moda Harris Reed. Y así lo entienden movimientos como Black Lives Matter, Stop Asian Hate, o Trans Lives Matter entre tantos otros, que hoy más que nunca alzan la voz para pedir igualdad y respeto.
Y mientras unos hablan, todos deberíamos escuchar, entender al otro, reparar los errores que hayamos podido cometer en el pasado. Porque solo así aprenderemos a proyectar, desde la humildad, una sociedad que celebre la diversidad, en la que todos tengamos cabida. Cedo la palabra pues a quienes a lo largo de estas páginas han sido tan generosos como para dedicarnos un tiempo precioso de sus vidas compartiendo con nosotros luchas y experiencias. Gracias a Aaron Rose Philip, Ahmed Best, Kai-Isaiah Jamal, Anohni, André Leon Talley, Christian Picciolini, Harris Reed, Rina Sawayama, Eduardo Casanova, Jacob Holdt, Samantha Hudson, Jordan Kristine Seamón, Lava La Rue, Conan Osíris, ISAbella, Megane Mercury y Lola Rodríguez, vuestras historias son ciertamente inspiradoras. Y gracias también a todos los colaboradores que han hecho posible uno de los números más interesantes y necesarios que hemos tenido la suerte de hacer.




























