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Rápido, conciso y con las ideas muy claras; Marc Crehuet, director y guionista, vuelve a la gran pantalla con la excusa del 75 aniversario de la Sala Apolo en Barcelona. Ironizando sobre cómo sienta la cabeza una generación que bailaba al ritmo del techno de Mr. Almax en Nitsa Club, nos introduce en la historia de una pareja que todavía lo vive a viva voz en Apolo. La juventud baila, un docu-ficción que se estrena este sábado 27 de octubre como parte del festival In-Edit.  

Cuando hablo con Marc, me cuenta que el tiempo pasa rápido, que no sabes cómo pero dejas de salir y, cuando vuelves a la carga, te sientes completamente perdido. Pero todo tiene su lado positivo, claro. Así que para todos aquellos que, como Marc, sentís que el tiempo se os escapa de las manos y no hay retorno, Apolo. La juventud baila os dará algunas claves de cómo sobrellevar el paso a una nueva etapa (o no).
Marc, si no me equivoco, el gran público empezó a conocerte gracias a la obra de teatro El rey tuerto, que después adaptaste al cine y por la cual estuviste nominado a un premio Goya. Después te has centrado más en tu faceta como guionista, sobre todo en series de televisión. Y ahora vuelves a la gran pantalla con Apolo. La juventud baila. ¿Cómo han sido estos años entre peli y peli, y por qué has decidido volver ahora?
Fue por un encargo de Alberto Guijarro, el director de la Sala Apolo, coincidiendo con el 75 aniversario del lugar. Decidieron publicar un libro, hacer una exposición y su idea era hacer un documental. Me apetecía muchísimo volver a rodar y enseguida dije que sí.
¿O sea que el punto de partida para el documental fue tu charla con Alberto?
Sí, una llamada. El punto de partida fue el encargo. La idea de hacer el documental evolucionó y se convirtió en docu-ficción porque no querían hacer un documental al uso. Les presenté varias ideas de ficción y la que nos encajó a ambos fue esta. Fue la manera de recuperar toda mi búsqueda en encontrar algo de ficción pero que pudiese incluir elementos de documental.

Como me cuentas, la obra no es un documental al uso, sino más bien un docu-ficción. ¿Qué crees que aporta este formato?
Es un formato que siempre me ha atraído, desde las películas de Woody Allen a La verdadera historia del cine, de Peter Jackson. Sirve para poder jugar con las partes de realidad y de documental, además de con el humor –es fácil meter gags.
Nos tienes acostumbrados a trabajar siempre bajo el enfoque humorístico, y con esta obra no ibas a ser menos. ¿Cómo se trata con humor un tema tan peliagudo como es la rapidez del paso del tiempo y el sentirte desubicado cuando vuelves a las discotecas que en su día te vieron bailar?
A partir de, sobre todo, mi propia experiencia. Tengo cuarenta años, y llega una edad (como le ocurre al protagonista) en la que, de repente, te sientes desubicado –y sin darte mucha cuenta. No sé qué pasa con el tiempo, pero a partir de cierta edad, parece que no ha pasado. En mí caso, desde los 2000, desde que dejé de salir, y mi realidad actual. Te das cuenta que estás un poco desconectado, que no sales tanto, que tienes otra vida y que las cosas han pasado sin darte cuenta. Y este desconcierto también es uno de los temas que quería tratar en la película.
Apolo. La juventud baila es una historia que refleja con ironía aquellas personas que no saben hacerse adultas, la evolución de la sala barcelonesa y su público. ¿Dirías que evolución es sinónimo de mejora?
No necesariamente, depende de hacia donde vaya –aunque por evolución supongo que sí se entiende una mejora respecto a un punto anterior.

“Se deben hacer las cosas cuando se sientan que se tienen que hacer. La edad y la caducidad son palabras y sentimientos, al fin y al cabo.”
Tu protagonista tiene complejo de Peter Pan –no quiere hacerse mayor ni darse cuenta de que las noches alocadas y de fiesta ya fueron, aunque quiera estirarlo al máximo. Dime, ¿hay algo de autobiográfico o de ti mismo en él? Este año has cumplido los cuarenta. ¿Tiene algo que ver? ¿Es real la famosa crisis?
Sí, este año he cumplido cuarenta y hay pequeñas partes del personaje que, queriendo o no, son un reflejo de mí. Y sí, por supuesto que tiene algo de autobiográfico. La famosa crisis es real dependiendo de cómo quieras tomártela y cómo quieras afrontar lo que está por venir. Te das cuenta que las resacas duran más, que el fuelle no es el mismo y que tardas muchísimo más en recuperarte de cualquier esfuerzo. Pero todo varía según desde donde lo mires.
Indagando más sobre el tema, ¿crees que todo tiene una edad y una caducidad?
No, para nada. Se deben hacer las cosas cuando se sientan que se tienen que hacer. La edad y la caducidad son palabras y sentimientos, al fin y al cabo.
¿Estableces un paralelismo entre el antiguo parque de atracciones de Apolo con las sensaciones que pasan tus personajes al ver que son algo mayores para el desfase, como si fuera una montaña rusa? Si sí, la metáfora me parece muy bonita, pero también preocupante. ¿Hay que preocuparse de la bajada en caída libre, o la cosa remonta?
Me flipó la idea de que Apolo fuese un antiguo parque de atracciones. Al final, el mundo de la noche y el parque de atracciones tienen mucho que ver en ese sentido: el perderse, el dejarse llevar, el vivir emociones fuertes. Quiero pensar que la cosa siempre remonta, de una manera o de otra –evidentemente, hay cosas que no; si hablamos de un tema físico, la pendiente va para abajo (siempre, para todos). Pero sí que, a nivel anímico, uno puede remontar las veces que quiera y situarse en el plano en el que uno está en cada momento y ser consciente de ello. Creo que también es importante aprender a disfrutar lo que se pueda de las bajadas y de la emoción de las caídas.

Puedo reconocer las canciones de la banda sonora por mis padres. Pero hay una de ellas más actual, titulada Un sentimiento importante, de Mujeres. Suena en la escena donde Fede le enseña música de su época a la pandilla, que se queda un poco igual, desinteresada. ¿Crees que es por el choque entre estilos musicales o es, simplemente, por la evolución en cuanto a gustos? ¿Por qué esta canción en particular y no un clásico de los 90?
Fueron los últimos escenarios en los que estuve muy activo de noche, en la antigua sala 2 de Apolo. Era un poco para recuperar un referente que seguramente los de mi generación sentimos cercanos –no porque hayan pasado de moda, porque siguen en activo. Pero sí, buscaba un contraste con todo el ensalzamiento de los géneros musicales del street; la evolución del hip hop hacia el trap, la música latina, etc.
Los de mi generación, en general, nos sentimos más desconectados, nos cuestan más esos géneros musicales y, a través de este choque, quería unir dos generaciones a través de la música. La escogí por eso, porque me gusta y también porque era un estilo de música que iba más hacia los años 60 –y hay toda una mirada nostálgica en el documental hacia esa época, por este tema de que el protagonista quiere hacer algo relacionado con la Nouvelle Vague. Quería que chocase mucho y que contrastase con el rollo trapero que llevan los swaggers con los que él intenta integrarse.
Tratas a pinceladas el fenómeno musical que más suena ahora: el trap. ¿Qué le dirías a los que lo escuchan o son fans?
No les diría nada, les pediría elementos para tratar de engancharme yo. He sido muy abierto musicalmente, pero con la cuarentena ves que no conectas con un estilo musical y que el problema es tuyo y no de los demás.
¿Crees que bailar lentos y brincar al son de Sideral molaba más? ¿O es cuestión de romanticismo? Comprendo que decir que te has enamorado bailando La gasolina no es lo mismo, pero puede tener su qué.
Es cuestión de romanticismo, no porque molase más. Creo que todo el mundo encuentra la manera de expresar sus emociones a través de las formas y de su movimiento. Nosotros veníamos del indie y, de repente, descubrimos la electrónica y nos emocionábamos mucho con esos temas. En realidad no bailábamos lentos, lo que más se bailaba era techno. No creo haya cosas que molen más que otras, simplemente cada uno se adapta o le llaman más las formas de un género musical en concreto.

Lo que queda claro, en todo caso, es que todo el mundo tiene su propia historia que contar sobre el Apolo. Así que, ¿cuál es la tuya?
Me cuesta encontrar una anécdota en concreto, pero sí diría que para mí hay dos fases importantes en las noches de Apolo a nivel personal. Por un lado, las sesiones de Nitsa Club en la sala principal. A nivel musical era bestial, era la mezcla de todo y había una complicidad musical y estética. Me quedo con el recuerdo de establecer complicidades efímeras, de una noche. Y por el otro, la sala 2. La viví ya más a nivel social, de conocer a los grupos que tocaban, de ir a conciertos, etc. Pero tengo muchas más que no puedo contar y que no recuerdo (risas).
Y por último, ¿algún consejo para todos aquellos que no quieran hacerse mayores, tener un estilo de vida desenfrenado y hedonista, y salir a reventar la pista de baile hasta que peten?
Para que uno sea feliz en lo que haga, ayuda ser consciente de ello. Si uno es consciente del estilo de vida que quiere llevar, me parece perfecto. Si lo quieren hacer y es una decisión consciente, que lo hagan. Hasta que peten.
Apolo. La juventud baila se estrenará el sábado 27 de octubre a las 19h en Barcelona como parte del festival In-Edit.

Texto
Tabatha Rivière
Retrato
Viridiana Morandini

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