Hemos tenido la oportunidad de colarnos en la segunda planta del
MACBA antes de que
Aurèlia Muñoz. Ens abriera sus puertas al público. Y lo que encontramos allí es mucho más que una retrospectiva: es una invitación a entrar en el universo de una artista que, cien años después de su nacimiento, sigue desafiando cualquier etiqueta.
Aurèlia Muñoz fue una creadora adelantada a su tiempo, pionera en la exploración del arte textil y capaz de llevarlo mucho más allá de sus límites tradicionales. Una mujer y artista independiente cuyo arte se impuso a una época marcada por la dictadura y una sociedad profundamente machista. Su centenario, celebrado bajo el paraguas del Any Aurèlia Muñoz, supone una oportunidad para devolverle el lugar que merece en la historia del arte contemporáneo. La exposición puede visitarse en el MACBA del 5 de noviembre de 2026 al 29 de marzo de 2027.
El proyecto es, además, fruto de una colaboración entre dos grandes instituciones: el MACBA y el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, que organizan la muestra, comisariada por einaidea (Fundació EINA). El recorrido atraviesa las distintas etapas de sus casi cinco décadas de trayectoria y va mucho más allá de sus conocidos tapices y esculturas de macramé. Uno de los grandes atractivos es precisamente el acceso a materiales inéditos de su archivo personal: dibujos, fotografías, bocetos, maquetas, prototipos, libros y objetos que ayudan a reconstruir no solo su obra, sino también su universo cultural y espiritual.
En el centro de este universo aparecen los Ens, las entidades que dan nombre y sentido a la exposición. Son figuras textiles suspendidas en el espacio realizadas mediante técnicas como el anudado y el macramé, con fibras de sisal y yute. Presencias ambiguas, sin género ni identidad definida, que parecen flotar entre lo real y lo imaginario. Sus formas orgánicas, casi fantasmales, dialogan con el espectador y parecen cobrar vida con el movimiento del aire. Muñoz parte de algo tan elemental como un nudo, un gesto cotidiano que todos reconocemos, para construir estructuras de una complejidad y una delicadeza extraordinarias.
Pero si hay algo que hace especialmente interesante esta visita es la posibilidad de descubrir qué sucede antes de que una obra exista. La exposición pone en diálogo las maquetas y los primeros dibujos con las piezas que finalmente llegaron a materializarse. Y es precisamente ahí donde ocurre algo especial: por momentos, uno tiene la sensación de haberse colado en el estudio de Aurèlia Muñoz, de haber entrado en un rincón privilegiado de su mente y de asistir al nacimiento de sus ideas. Gracias al trabajo de recuperación del archivo y a la colaboración de su hija, Sílvia Ventosa Muñoz, podemos acercarnos no solo a lo que hizo, sino a cómo imaginaba.
Salir de la exposición es hacerlo con la sensación de haber conocido a la artista desde una perspectiva mucho más íntima. Esta retrospectiva no solo recupera una figura fundamental, sino que nos permite acercarnos a su pensamiento y descubrir la extraordinaria libertad con la que creó. Cien años después, Aurèlia Muñoz sigue siendo, como sus Ens, una presencia difícil de encerrar en el tiempo.