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¿Cuántas veces nos hemos imaginado, aunque sea tan solo por un momento, ese sueño de vivir como nuestro mayor ídolo? Pero, ¿realmente nos hemos parado a pensar qué precio tiene la fama? ¿Somos acaso capaces de renunciar a incluso nuestra propia identidad para conseguirlo? ¿Si tuvieras la oportunidad de ser famoso, qué decidirías? La fama, la sed de ambición y una industria que aprieta y ahoga marcan Fanático, la nueva serie de Netflix dirigida por Roger Gual que llega a nuestras pantallas este 29 de julio.
Son muchas las estrellas de la música que después de entrar en una fuerte espiral de autodestrucción han acabado perdiendo la vida, pero, ¿qué pasaría si de un día para otro estas resucitasen? ¿Como espectadores lo creeríamos? Después de la muerte de Quimera –el mayor ídolo musical de España–, Lázaro, un joven repartidor de comida, adopta su imagen, su música y su vida. Es una oportunidad de escapar de la monotonía para transformarse de la noche a la mañana en todo aquello que ha admirado siempre y así acabar convirtiéndose en su propio fanático, pero pagando un precio: el precio de la fama.

La serie creada por Dani de Águila, Federico Maniá Sibona y Yago de Torres está protagonizada por el actor, cantante y compositor Lorenzo Ferro que interpreta a Salva y Lázaro, las dos versiones de Quimera, y que junto al músico Dollar Selmouni como Pompa, la actriz y cantante Carlota Urdiales como Mia, Eva Almeida como Clara y Fernando Valdivielso  interpretando a Héctor.
Salva y Lázaro son dos personajes diferentes, con vidas diferentes que acaban mimetizándose en una sola y a los que da vida Lorenzo Ferro. Y es que él nos asegura que “Lázaro se va perdiendo y va perdiendo su esencia, el quien realmente es, obviamente porque se está transformando en otra persona. Se le nubla la cabeza y cada vez le crece más la ambición, poco a poco va perdiendo de vista el camino en el que se está moviendo”.

Con cinco episodios de 20 minutos de duración Fanático va adoptando un ritmo frenético con cada minuto que pasa, el mismo ritmo de vida al que se somete su protagonista y que se traduce precisamente a la pantalla, tal como asegura su director Roger Gual: “Lo que queríamos es básicamente que el chaval viviera todo eso y que el espectador lo viviera con él, es decir que casi casi lo sintiera en primera persona, como si fuera un videojuego y que tu como espectador tuvieras esta espiral y ese vértigo que cada vez va más rápido”.
“La idea era hacer una historia muy de verdad, que reflejara el cómo viven los chavales de hoy en día, de los barrios, la gente normal que normalmente no aparece en la serie y como se diferenciaba eso precisamente de la industria musical y del entretenimiento en general”, nos sigue contando Gual. Una historia real en la que podemos ver caras conocidas como Bad Gyal o Recycled J, entre otros muchos rostros que dan forma a la industria musical española actual.

Es una reflexión acerca del funcionamiento de una industria en la que tienes que saber jugar, donde no todo es real, pero sí creíble. “Coges a alguien que no sepa cantar, le pones un auto-tune, le tintas el pelo, un estilismo guapo y le haces fotos chulas y tienes una nueva estrella. Que te dura 5 meses, pero bueno la guita que te sacas en eso ya está”, responde Fernando Valdivielso quien interpreta a Héctor, mánager de Quimera, y posteriormente de Lázaro, a quien el dinero muchas veces deja ciego. Aunque a palabras del actor: “Quimera es la única salida que tiene para seguir adelante y no arruinarse. Por eso le invita a ese callejón sin salida en el que se encuentra finalmente Lázaro”.

De hecho, durante estos últimos meses mucha gente se ha preguntado quién es Quimera y por qué nunca llegó a actuar en el Primavera Sound. El poder de las redes sociales hizo creer que Quimera era real, un paralelismo que se comparte con la serie y que la acerca aún más de la pantalla al mundo real. Una historia de duelo y de ambición en la que a ritmo de trap deconstruye poco a poco la nube desde la que percibimos la fama.

Texto
Maria Rodríguez

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