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“Si tuviese que escoger dos palabras para explicar de qué habla en esencia el corto diría amor y culpabilidad”, afirma Noel Alejandro sobre Serodiscordantes, su nuevo trabajo. Protagonizado por Alejandría Cinque en el papel de Miguel y Cachorro Lozano en el de Evaristo, la historia nos transporta hasta Berlín, donde la pareja se ha mudado buscando una vida mejor. Sin embargo, no todo va bien. 

Pesadillas, una presencia del más allá, y un secreto entre ellos que hace que haya desconfianza, duda, e inseguridad. La historia de Serodiscordantes tiene tanto de misteriosa como de bella. Y, aunque suene a película de Hollywood, está en parte basada en hechos reales. “A raíz de una conversación entre Alejandría y Noel surgió la idea de llevar nuestra historia de serodiscordancia a la ficción para que, de vuelta, se convirtiera en una realidad. Y cuatro meses después, aquí está”, explican los protagonistas.

“Cuando Alejandría y yo entramos en contacto me explicó su historia y de forma inmediata le dije que me gustaría trabajar con él. Creo que fue más bien Alejandría quien me eligió a mí para contarla, y creo que es muy importante dar visibilidad a este tema”, dice Noel. “Al fin y al cabo, hay muchas personas hoy en día portadoras del VIH que no se atreven a revelar su estado por el desconocimiento total del resto de la sociedad sobre el virus y el estigma que esto genera”, continúa.


El acercamiento alternativo a la erótica, al sexo, y al porno han convertido a Noel en un referente para muchos. Y para Cachorro y Alejandría, el ideal. “Hace tiempo que conocemos el trabajo de Noel como consumidores. Siempre nos han interesado los distintos enfoques que se le pueden dar al sexo explícito, y la sutileza pero la contundencia con la que Noel trata sus imágenes nos sedujo desde el principio”, confiesan. “Queríamos que nuestra primera experiencia de este tipo fuera hecha a medida, algo que haga que echemos la vista atrás y lo recordemos como un momento cumbre en nuestra relación”, afirman.

La verdad es que cuando miren al pasado y se vean en Serodiscordantes, tendrán mucho de lo que enorgullecerse: su debut en el mundo de la interpretación es bueno, la valentía que demuestran al hacerlo (no por el sexo en sí, sino por la franqueza que destila) es admirable, y el vídeo que ha resultado de todo este proceso es sensible, romántico, y profundo. Para Cachorro y Alejandría, además de una experiencia nueva que les ha empujado fuera de su zona de confort (aunque, como afirman, ambos tienen “un background bastante exhibicionista” y “utilizar nuestra sexualidad como canal para mandar nuestro mensaje siempre ha sido fundamental” en su obra artística), les ha servido para “reenamorarse” y, sobre todo, “sentirnos orgullosos de cómo hemos avanzado y crecido juntos”.

Porque no siempre ha sido así. El secretismo es algo que impera alrededor del virus –tanto en la ficción como en el mundo fuera de la pantalla. Y viene causado, en gran parte, por la ignorancia, que empuja a las personas con VIH a ocultarse en las sombras, donde nadie pueda verlos ni juzgarlos, pero tampoco entenderlos ni protegerlos. Es un armario que Alejandría describe como “más oscuro y húmedo si cabe” que el de la homosexualidad. Pero como de todos los armarios, hay que salir en algún momento. “Ahora sí siento que el VIH forma parte de mi identidad y creo necesario reivindicarme como seropositivo. Creo que es importante que personas con visibilidad proclamemos nuevos lugares comunes en los que otras personas se puedan identificar y sentirse apoyadas”, dice.


“Si he decidido dar este paso es precisamente para poder enfrentarme públicamente a ello y desde mi experiencia poder ayudar a diluir el estigma y la falta de información. Porque lo que falta en general son conversaciones sobre este y muchos otros temas que conviven con la sexualidad”, afirma Alejandría. Una muestra de empoderamiento –esa palabra tan utilizada hoy día que ya casi carece de sentido– pocas veces visto. Es real, honesto, y directo. Lo cual abre la caja de Pandora de los tabús, lo prohibido, lo impúdico, lo considerado políticamente incorrecto por una sociedad demasiado arraigada a la tradición y al conservadurismo.

“El sexo es algo maravillosamente complejo que ha quedado relegado a algo censurable, cuando en verdad debería ser todo lo contrario. Vivimos en la era de las redes sociales y compartimos cada segundo de nuestra vida, pero estas plataformas censuran nuestros cuerpos y todo lo que tenga algo que ver con el sexo. No tiene ningún sentido”, afirma Alejandría con agudeza. “El sexo es algo público. Desde el arte, sin embargo, sí que están surgiendo muchas líneas de trabajo y discusión, como el trabajo de Aimar Pérez Gali, la película Introducing The Star, o el Anachivo Sida, que a mí me han ayudado mucho a aliviar mi peso.”

O como las propias películas de Noel, una brecha de esperanza entre tanta censura a pezones femeninos, artistas y miembros de la comunidad queer, o personas vocales por los derechos humanos. Aunque él rechaza clasificar su obra como ‘divulgativa’, con Serodiscordantes sí que cree que “inevitablemente se pone de manifiesto lo importante que es que nos informemos de temas que nos conciernen tanto como el de los avances médicos al respecto y sobre cómo ha cambiado en los últimos diez años la vida de las personas portadoras del VIH.”


Pero los intereses de Noel son los de cualquier otro ser humano: la curiosidad por explorar terrenos desconocidos, el desasosiego, el amor y el desamor, los celos, el abuso, la confianza, la amistad, y las relaciones humanas. “Quiero dar voz a todas esas cosas que me parecen injustas de la vida o que no entiendo”, dice. Y eso es lo que seguirá haciendo, tal como hemos visto en sus films anteriores, como The End, Sweat, o The Seed, cada una con un tema distinto.

“De momento soy feliz porque estoy contando historias que me llegan y la manera en la que las cuento es absurdamente personal. Cuando la gente ve mis trabajos ahora y si Dios quiere en el futuro no estará más que viendo el mundo a través de mis ojos”, afirma. Y concluye diciendo: “Me gustaría hablar de todas aquellas cosas de las que no me atrevo a hablar en la vida diaria y creo que el cine es la disciplina ideal para ello. Nadie va a juzgarme, ¿no?”

Texto
Arnau Salvadó
Fotos
Santiago Pérez

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