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Que levante la mano quien no haya visto nunca una peli –o una escena– porno. Me lo imaginaba: ni un brazo alzado. Y es que hasta la persona más mojigata no se escapa de haber visto, ni que sea por curiosidad, una de esas escenas en las que una chica con unos tacones incomodísimos no para de gemir de forma exagerada. Y sin embargo, el porno sigue siendo tabú. Noel Alejandro se define como “director de cine adulto de autor” y a través de su trabajo intenta cambiar esto, además de ofrecer una alternativa al cine porno homosexual. Trabajando el formato del cortometraje, sus historias exploran la psicología de sus personajes, tienen un argumento, una trama, y sexo explícito.

Acaba de presentar The End, su trabajo más reciente que habla sobre el final de las relaciones y del día del juicio final. Pero antes ya había abordado otros temas con la misma belleza, poesía y sensibilidad. Y es que Noel, quien de momento escapa de la censura de Instagram, ofrece su mirada singular a un público que busca algo más que un artificioso mete-saca. Hay amor, amistad, desamor, celos, naturalidad; y eso le convierte, de momento, en el único.

Aunque al empezar estaba convencido que a los pocos años se encontraría con otros directores o productoras siguiendo sus pasos, el camino por el que avanza sigue siendo solitario. Y qué pena da comprobarlo. Sin embargo, estamos encantados de que él siga adelante y reafirmando con cada film que lo que hace es relevante y tiene un público que espera ansioso su próxima obra. Hoy hablamos con él sobre tabús, educación sexual y cómo ve la industria del porno en general.

Antes que nada, ¿cómo te definirías?
Como un director de cine, pero uno que hace cine adulto de autor, ya que ante todo pienso en mí mismo cuando hago las películas y en mi manera de relacionarme con el mundo, de conectar conmigo mismo y con los demás, las cosas que me emocionan o las que me dan miedo. Sigo mi corazón antes que poner por delante intereses de otro tipo; tiene mucho más sentido.
Estudiaste Cine y Televisión en Barcelona. ¿En qué rama(s) de la producción audiovisual te veías antes que en el porno?
Siempre me vi como montador de cine. De hecho, ese era mi gran propósito. Estudié cine y tele en la concertada y me quedé con ganas de más, ya que no tenía los medios para entrar en las escuelas de élite, así que hice todo lo que pude durante ese periodo. Al final Erika Lust me ofreció un puesto de trabajo en su laboratorio visual del sexo. Hasta entonces me flipaba hacer traileres ficticios de películas famosas aunque también hice algunas animaciones y vídeos para amigos y grupos de música. Aunque mi gran sueño siempre fue el cine en mayúsculas.
En Erika Lust nunca me sentí como en una productora de porno. Nuestras reuniones de guión iban sobre cómo dar con la historia perfecta, cómo convertir el sexo en poesía, cómo romper todos los moldes y clichés que atrapan el porno en una situación precaria de principios y lo convierten en objeto de mofas. Aún recuerdo emocionarme al montar las primeras escenas junto a Erika y notar como estábamos cambiando, de alguna manera, el modo en que la gente entendería el género. A veces mis amigos me han preguntado si hacer porno ha sido algo que me esperaba hacer cuando empecé a estudiar y siempre les dejo claro que yo estoy orgulloso de lo que hago. Juego con un género y lo desnudo hasta convertirlo en una esencia y lo visto con sentimientos –a veces tristes.
Lo llamo porno porque hay sexo explícito, pero la verdad es que lo que tú haces no está del todo relacionado con las imágenes que me vienen a la cabeza al pensar en pornografía. Tus cortometrajes son piezas audiovisuales con una historia, un guión, un concepto, y unos actores que en realidad son intérpretes. Tus obras podrían ir a festivales y podrían colgarse tranquilamente en distintas plataformas si no fuera porque contienen escenas sexuales. ¿Cómo defines tu estilo o lo que haces? ¿En qué categoría(s) englobas tu práctica audiovisual?
Digamos que hago un cine muy alternativo orientado al público adulto y que podría –y debería– programarse en festivales de cine independiente sin ningún impedimento; bastaría con avisar en la entrada de que aquí se muestra lo que hacemos todos en casa. No hago más que cine pero sin someterme a las reglas del formato convencional. Ofrezco una experiencia rara, si así puede decirse. Algunos afirman que cuando llega la escena de sexo en la película, la conexión con los personajes, el entendimiento de sus motivaciones, y la empatía hacia ellos es tal que la sorpresa al verles realizar sexo de forma natural impacta el doble. Y lo entiendo perfectamente; es lo que me pasó a mí la primera vez que vi una película de Erika Lust o cuando vi la de Travis Mathews.

Actualmente vives a caballo entre Barcelona y Berlín. En esta última el sexo se vive con mucha libertad y se practica sin tapujos en los clubs y fiestas. ¿Llegar a Berlín fue como vivir una revelación, o te fuiste allí precisamente porque tu trabajo debe ser más fácil y aceptado?
Bueno, siempre que venía a Berlín quería quedarme; tengo a mis amigos aquí, así que venir era escapar de la monotonía y del aburrimiento. Viniendo de una ciudad pequeña como es Bruselas, donde todo el mundo parece juzgarte (llevaba casi dos años en pareja), el cambio es enorme. Llevo sólo cinco meses y aquí todo el mundo parece tener un concepto muy diferente de cómo debe cada uno disfrutar su vida. A veces la gente se pasa y acaba en laberintos peligrosos, pero nunca había estado en una ciudad antes donde la libertad sexual y no sexual fuera la norma. Desde luego para mi trabajo es mucho más fácil desenvolverme aquí que en Bruselas porque aquí hay una comunidad artística muy grande.
Trabajaste para Erika Lust, reconocida por ser una de las pioneras en hacer porno de una forma más artística, más sensible y poniendo la figura de la mujer como sujeto en vez de objeto. ¿Qué es lo más importante que aprendiste trabajando con ella?
Ella me enseñó el negocio, me dio los conocimientos para empezar a ganar dinero y poder pagar mis facturas con mis propias manos (y una cámara). Recuerdo cuando decidí grabar mi primer corto adulto, Eloi & Biel, en el año 2012, al año de haber comenzado a trabajar con Erika. En ese momento pensaba, recuerda este momento en el que estás prácticamente solo rehaciendo este género porque en cinco años habrá decenas de empresas haciendo lo mismo que tú. Pues ya han pasado seis y aún no hay nadie explotando el género pornográfico desde un ángulo artístico (con un par de excepciones).
Esto hace que me pregunte por qué los directores de cine noveles con ganas de hacer cosas no se lanzan a explorar el género. ¿Es porque es indigno? ¿Es que no se atreven? Si no hubiese trabajado con Erika no habría dirigido Eloi & Biel, que se viralizó en Tumblr. No habría tenido manera de romper el hielo. No sé qué estaría haciendo ahora pero dudo que me fuese mejor o que tuviese tanta libertad como tengo ahora. Erika me dio eso: libertad, independencia.
Se podría decir que, en cierta manera, puedes convertirte en la Erika Lust del porno gay. ¿Te halaga? ¿O prefieres evitar comparaciones? ¿En qué quieres convertirte para la industria audiovisual, y cómo quieres que te vean/definan?
Me gustaría que me llamasen el Jaime Rosales del porno o la Sofía Coppola, pero claro, eso hay que ganárselo. Desde que imaginé mi primer corto vi claramente que podría ser una versión para el público gay de Erika Lust, sí. Tengo lo necesario para ello, lo visualizo claramente, lo veo al final del túnel, ya casi puedo tocarlo. Desde luego –y como cualquier artista– las comparaciones son injustas ya que todos ofrecemos nuestra visión y punto de vista del mundo, lo que nos hace diferenciarnos y crecer poco a poco en direcciones diferentes.
Por ejemplo, Erika adora el sex positive, y yo también, pero los elementos que suelen conformar mis tramas suelen ser mucho más melodramáticos. Cada uno debe seguir su propio corazón –aunque suene cursi–, hacer lo que le apetezca. Por ahora me divierto trabajando en este género que es el pornográfico y aprendo a sacar rendimiento de este formato, que es el corto. Lo que me depare el futuro se verá. En cualquier caso, claro que me halaga si me llaman la Erika Lust gay.

“Me alegro de hacer este tipo de cine y que se vea que el sexo es algo bello, algo donde estalla la complicidad entre las personas y donde nos convertimos en algo así como dioses.”
Acabas de presentar The End, un cortometraje que habla de relaciones tóxicas, desengaños amorosos, el vacío existencial y cómo llenarlo. Cuéntanos un poco más sobre qué va y con qué objetivo(s) lo has creado.
Con The End pretendía hablar sobre un tema al que recurro bastante: la conexión que tenemos las personas con nosotras mismas. Digamos que trataba de buscar un escenario donde nosotros seamos lo único y más importante, donde nadie más importe, y me vino a la mente nuestro último día en la Tierra, nuestro final. La muerte me inspira, me horroriza y me entristece, pero también es fructífera, me somete en un estado catártico y de repente conecto conmigo mismo. Entonces empiezo a escribir historias. Luego está la apariencia divina de la película, que es otro tema al que deseaba llegar.
Como persona ultra-racional hasta lo enfermizo que soy no creo en nada que no pueda tener una base científica. Es por eso que en mis historias necesito hablar de seres que vienen del más allá. Supongo que trato de escapar de esta cárcel de la razón en la que vivo y fantasear en qué pasaría si al final de tu vida alguien viniera a buscarte y encima te tratase así de bien. Podría decirse que The End encierra una metáfora sobre los finales de las relaciones y lo que significan los demás para nosotros durante y después de cerrar el ciclo del amor.
Rodar a alguien mientras practica sexo es algo muy íntimo, pero no sé si precisamente por eso se crea un vínculo muy fuerte y mucha confianza o si, por el contrario, se intenta que todo sea frío, objetivo, impersonal. ¿Cuál es tu caso y por qué? Veo que en The End, uno de los protagonistas también lo era tu anterior vídeo, Call me a Ghost.
Cuando grabamos una escena de sexo se establece una relación y un ambiente de respeto máximo hacia los artistas/profesionales. En mi caso me enfrío bastante y jamás dejo que nada me afecte. Muchas personas me hacen la típica pregunta de si me excito cuando estoy grabando una escena, y la respuesta es no. Estoy en otra dimensión, en la misma habitación pero en otro plano, soy la cámara y lo único que ocupa mi mente es tomar los mejores encuadres y no perderme nada. El trato a los actores y al equipo siempre debe ser el mejor, uno va aprendiendo a cada rodaje.
En el caso de Pierre, conectamos enseguida desde la primera vez que quedamos en Bruselas para conocernos. Al día siguiente grabamos y nos fue muy fácil conectar y confiar el uno en el otro. Siempre he visto en él un amigo en quien confiar y tenemos muchas ganas de seguir trabajando juntos. Le admiro por su inteligencia, su sensibilidad y su valentía. A ambos nos encanta el cine de Haneke e inmediatamente después de grabar podemos ponernos a hablar sobre Scream 3. Lo que te decía, conexión.

Aunque cada vez lo es menos, el porno sigue siendo tabú en muchos círculos. ¿A qué crees que se debe, y qué papel quieres jugar tú en la desmitificación de este tema?
Lo sé, a veces muestro mi trabajo a medios relacionados con el arte y buscan excusas para no hablar de él. En ese momento me dan ganas de contestarles que ni siquiera han visto mi trabajo. Aunque el tema del sexo tiene una gran ventaja nadie quiere hablar explícitamente de él, pero vende muchísimo. Yo ofrezco una cara amable y una riqueza distinta a la del perno convencional.
Por otro lado está la normalización del sexo, y aún mejor, la normalización del sexo gay. Algunas personas me han escrito agradeciendo que haga un retrato natural del sexo entre hombres, que les ha ayudado a desmitificar el propio sexo que ellos mismos realizan, ¿te lo puedes creer? Hay gente que vive avergonzada de ser quien es en sus países. Me alegro de hacer este tipo de cine y que se vea que el sexo es algo bello, algo donde estalla la complicidad entre las personas y donde nos convertimos en algo así como dioses.
¿Saben tus padres a lo que te dedicas?
Sí, pero me preguntan bien poco. El sexo es un poquitín tabú en mi familia, yo lo he vivido así siempre. Nunca hemos hablado abiertamente de él y comenzar en esto fue una manera de romper el hielo. Tardé muchos años en hablar sobre mi propia sexualidad con mis padres, me daba vergüenza, me paralizaba; no me dejaba ser feliz. Fueron ellos quienes tuvieron que sacármelo. Para mí ese momento de sentarse en la mesa a contarles a tus padres que eres gay era un infierno degradante (en el sentido de por qué tenía yo que dar explicaciones). ¡Imagínate entonces hablar de sexo!
Pero cuando les conté lo que iba a hacer me felicitaron y me dijeron que me lo pasara bien. Mi padre nunca me pregunta por nada en realidad y mi madre sí, pero obviamente pasa por encima de cualquier detalle. Yo solo espero que no se avergüencen de mí. El otro día le mostré a mi hermana pequeña el tráiler de The End; era la primera vez que le muestro a un familiar algo de mi trabajo y le gustó.
A pesar de ser algo que se esconda, la industria pornográfica es una de las más poderosas: en algún sitio leí que en Los Ángeles se gasta y genera más dinero por el porno que por Hollywood, y no sé si es leyenda urbana o realidad, pero también me llegó que el VHS ganó a su competidor Betamax porque las pelis XXX se grababan en ese formato. ¿Sientes ese poder cuando grabas o editas tus obras?
Supongo que uno de los motivos por los que empecé haciendo esto fue para poder ganar dinero desde el comienzo y aprender trabajando. De toda formas, la industria del adulto está saturada. Hoy en día los únicos que ganan son los que se matan a producir cortos como en una cadena de churros o los que hacen algo diferente. En mi caso produzco, edito y auto distribuyo mi trabajo, no hay intermediarios, y por supuesto, me centro en el formato digital. No quiero gastar energías en incurrir en un formato que cada vez está más obsoleto cuando puedo usar ese tiempo para producir más historias.
¿Qué esperas hacer con él, con esa voz y con esa forma de expresión que va a llegar a tanta gente (aunque tu producto sea más nicho y alternativo)?
De entrada, cada vez entiendo mejor cómo se hace un corto. Cada vez entiendo mejor las posibilidades y complejidades de la narración y también poco a poco me entiendo mejor a mí mismo y puedo acceder a historias, sentimientos e ideas dentro de mi cabeza, generar atmósferas, hablar de temas que me rondan, etc. Cuando pienso en una historia que voy a grabar no le tengo miedo a nada, ni siquiera al qué dirá la gente –algo que siempre me ha paralizado– y esto es, a su manera, muy fructífero. Tengo la sensación de que algún día me van a meter en la cárcel por lo que soy capaz de contar.
Supongo que haré uso de este poder, romper reglas, exponer tabús, emocionar al espectador. Creo que voy a seguir un tono más y más oscuro. Quiero que cuando la gente vea mi trabajo le embriague el misterio. Quiero que la gente sienta lo mismo que yo sentía de pequeño cuando leí The Willowdale Handcar or The Imprudent Excursion, de Edward Gorey, entre otras. Y supongo que si cada vez llego a más gente será porque quiere saber qué ronda en mi cabeza, así que eso haré.

Hay un problema con el porno hoy en día, y es que muchos adolescentes lo toman como un referente educativo. Leí que Amarna Miller, en una charla sobre educación sexual, dijo algo como “querer aprender a mantener relaciones sexuales viendo porno es como querer aprender a conducir viendo The Fast and The Furious”. ¿Cómo crees que se debe abordar la educación sexual para evitar que los adolescentes ‘aprendan’ del porno, o cómo crees que debería cambiar el porno para intentar ser más ‘pedagógico’?
Ahí tengo algo muy claro: si vemos el porno como ficción entonces no podemos exigir nada al director, quien es libre de mostrar el sexo como a él le de la gana, que para eso es el autor de la obra. ¿Le pedimos cuentas a Lars Von Trier por retratar personajes femeninos a veces misóginos en sus películas? En un mundo idiotizado puede que sí, pero yo creo que la ficción es ficción y así debe quedar.
Pero en la práctica sí es cierto que el porno puede ejercer una influencia enorme en al manera en la que creemos que debe ser el sexo, sobre todo cuando somos adolescentes. Pero si esto es así es porque es la única herramienta de educación sexual a la que tenemos acceso. Creo que es un tema que debería abordarse en la escuela y con naturalidad: las diferentes sexualidades –basta de hetero-normativizarlo todo–, la identidad de género, el sexo, etc. Quiero creer que por lo menos en España vamos mejorando poco a poco. Pero claro, los conservadores tanto tiempo en el poder… Necesitamos alternar.
Antes te decía que algunos seguidores de países muy atrasados en materia de derechos humanos se han puesto en contacto conmigo para agradecerme que naturalice el sexo entre hombres y que les estoy ayudando a encontrar la paz consigo mismos aportando belleza a un tabú tan grande. Fíjate cuan pedagógico puede ser el porno que incluso puede curar heridas que el demonio de la religión ha causado.
Eso sí, no me quiero erigir como un modelo o una referencia a seguir, no es bueno para el artista ceñirse a una manera únicamente positiva de hacer las cosas. En algún momento alguien me señalará y me echará en cara no ser políticamente correcto (ya lo han hecho). Creo que el artista no le debe cuentas a nadie. Si su obra se convierte en pedagógica es por falta de herramientas en la educación elemental.
Me acuerdo que cuando nos daban alguna charla de educación sexual en el instituto siempre tenía el problema de sentir que había algo que no encajaba, que me faltaba, que fallaba porque se le dedicaba poco tiempo a la homosexualidad y había ciertas dudas o temas que me guardaba para mí (por presión social, por miedo a preguntar en público ante mis compañeros, etc.). Y para las lesbianas ni te digo, porque el sexo solo ‘pasaba’ cuando había penetración o un pene de por medio. ¿Cómo ves y valoras esta desigualdad?
Hacen falta más personas mostrando públicamente su sexualidad. ¿Qué es esto de que tengamos miedo a cogernos de la mano por la calle? Estas cosas cambian desde las leyes, es el gobierno quien debe garantizar la seguridad ciudadana y a través de la educación promover la tolerancia y el respeto a las diferentes sexualidades. Mi anterior pareja, que tenía una edad avanzada, llegó a decirme que mostrar cariño delante de personas que vengan de países donde los derechos LGTBI brillen por su ausencia era una provocación a sus principios. ¡Imaginaos mi cara cuando me lo dijo!
Esto es lo que sucede cuando dejamos que sean tus compañeros de clase quienes decidan qué sexualidad es la correcta y de cuál hay que avergonzarse. Si a los pequeños les hablamos claramente y sin tabúes del tema aprenderán estos valores, y haremos poco a poco de esta sociedad un lugar más tolerante.

Ya que has trabajado en ambos, ¿cuáles son las mayores diferencias, si es que las hay más allá de los protagonistas, entre el porno para heteros y para gays?
El porno hetero convencional siempre ha tenido la dudosa reputación de estar centrado en el placer masculino, faltando esa alternativa feminista, bien presente desde hace poco. El porno gay siempre se ha caracterizado por estar protagonizado por bestias musculosas centradas más en su aspecto físico que en su compañero de cama, un hedonismo que enfría a menudo la escena y nos aleja emocionalmente de lo que estamos viendo. Lo que hace falta son alternativas. Dicho esto, no puedo describir diferencias más allá que en ambos casos la ausencia de una alternativa.
Ya llevas unos cinco años trabajando. Echando la vista atrás, ¿cómo valoras la evolución en tu trabajo? Y mirando hacia el futuro, ¿hasta cuándo crees que seguirás haciendo lo que haces?
La valoración es muy positiva. Cada día crece mi audiencia y puedo dedicar más recursos a mejorar mis rodajes y mi pequeña tienda online (por cierto, estreno web dentro de nada). Me gusta mucho el formato del cortometraje, es todo un reto crear historias cortas donde tenga que meter una escena de sexo y que esté justificada. Me veo centrándome cada vez más en la psicología de los personajes, en las historias. No sé si llegará el día en que grabar escenas con sexo deje de tener sentido pero auguro que me quedan algunos años en este camino. Es muy bonito ver crecer un proyecto que has empezado desde cero y al que le dedicas tu tiempo.
Aunque acabes de presentar The End, intuyo que ya tienes la cabeza en tu siguiente proyecto. ¿Nos puedes adelantar algo?
El otro día una amiga me contaba que un amigo suyo dejó a su novio después de una sesión de hipnosis para dejar de fumar. Desde que me lo contó no he podido parar de pensar en ello, creo que tiene todos los ingredientes necesarios para una buena historia. La mente humana es algo tan frágil y misterioso… Hay muchas cosas de las que quiero hablar en este próximo corto pero veremos hasta donde llego. El formato del cortometraje se me acabará quedando pequeño algún día.

Texto
Arnau Salvadó
Retrato
Andrea Galad

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