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Unas coordenadas 42º53’00’’/ 8º32’00’’ y una fecha, del 3 al 6 de abril. Estas son las indicaciones con las que desde el colectivo La Melona nos convocan un año más a su MelonaFest, un evento que edición tras edición se va consolidando como una de las citas imprescindible de la primavera.

Las rúas de Santiago de Compostela se preparan para recibir por cuarto año consecutivo a un público, algunos primerizos otros ya fieles seguidores, que llegados estos días peregrinan hasta la capital gallega para dejarse sorprender por lo más fresco y prometedor del panorama musical. Y lo cierto es que, edición tras edición, el festival que comenzó para celebrar el aniversario del nacimiento del colectivo no deja de ganar adeptos.

Este año, ocho escenarios diferentes repartidos por toda la ciudad, veintiséis artistas y un cartel que a escasos días del inicio del festival huele a sold out. ¿La clave? “La riqueza, pluralidad y diversidad de la propuesta que, lejos de ser un evento más en el que se desarrollan conciertos, persigue ser un proyecto con racionalidad y carácter holísticos”, comenta Coque Dosil, director del Melona. Así, desde el colectivo nos presentan esta cuidada propuesta más variada que nunca tanto en estilos como en formatos, y en la que la calidad y actualidad son el nexo común entre todas.

Así, en su line up encontramos, por un lado, proyectos jóvenes que exploran los sonidos más urbanos, del chillin’ pop, R&B y neo soul, como por ejemplo Blanco Palamera, un dúo que acaba de presentar hace apenas unas semanas su debut y que ha tenido una gran acogida tanto por público como por crítica, o la jovencísima Adriana Proenza y su dream pop, una ensoñación cálida y agradable que seguro tendría la aprobación de la propia Kali Uchis.

Otro proyecto personal en femenino, el de la chilena Soledad Vélez, una artista que el último año ha pasado por los escenarios más importantes a nivel nacional (BBK Live, FIB, Primavera Sound, etc.) y que por medio de delicadas composiciones nos sumerge en su universo synth pop. Otra banda de pop brillante, en este caso más cercana a la psicodelia, Tulip, un proyecto también joven pero que cuenta en sus filas con miembros de otras bandas curtidas como Dois, Wild Balbina o Fantasmage.

Si bien es cierto que buena parte de la programación del MelonaFest se centra en proyectos nuevos, en el cartel nos encontramos también con viejos conocidos. Es el caso de Pony Bravo, referente total en la escena alternativa española de los últimos años y que, tras un largo periodo sin publicar material, acaban de presentar hace unas semana Gurú, su cuidadísimo nuevo trabajo producido por ellos mismos en el que exploran sonidos diferentes, desde el afro punk hasta el hip-hop más primitivo o el dub, sin perder su brillo tan característico.

También desde Sevilla, otro de los platos fuertes del festival, los Derby Motoreta’s Burrito Kachimba, una joyita que surge de la fusión mágica e improbable entre el flamenco y el fuzz. ‘King Gizzard meets Triana’ para crear la ‘kinkidelia’, un estilo que es su sello personal de identidad. Siguiendo con las guitarras, otra de las bandas emergentes más potentes del panorama emergente actual, Vulk, cuyos directos siempre son un derroche de energía y nunca dejan indiferente a nadie. Conciertazo asegurado.

La música electrónica tiene un lugar de honor reservado en la programación de esta edición del MelonaFest con la DJ y productora Ana Helter a la cabeza. La argentina, que actualmente vive entre su Rosario natal y Berlín, ha girado en el último año por todo el mundo con sus bailables sets que van desde el house al disco pasando por el acid techno. La electrónica nacional también estará bien representada con los beats industriales y ritmos acelerados de Miravalles, DJ residente del Encarta Club de Bilbao o PV3000 y sus inmersivas sesiones a base de sonidos house y techno llenos de capas y texturas.

Pero no solo de música vive el MelonaFest. Como declara Guillermo Cavero (alias Pamper), uno de los programadores del festival, el objetivo es “dar a conocer obras y repertorios de mayor riesgo pero de gran calidad y tratar de fomentar la red entre diferentes escenas y el encuentro entre público, artistas y espacios”. Entre lo más jugoso de la programación paralela, una exposición a cargo de la galería independiente White Collective, o el coloquio con la ilustradora Rocío Quillahuaman, que hace apenas unos días, ha dejado testimonio en redes sociales de sus intenciones durante el festival, como de costumbre, por medio de una de sus ilustraciones. 

Texto
Blanca Quintanilla

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