Cada diseñador tiene su punto fuerte. Para algunos es la narrativa detrás de sus colecciones, para otros es la puesta en escena o tal vez ciertas piezas clave que se convierten en el corazón del desfile. El punto de Ernesto Naranjo es, sin duda, su consistencia y su patronaje. La exploración de volúmenes y siluetas es una constante dentro de las colecciones del diseñador sevillano que se presenta por primera vez en la pasarela de 080 Barcelona y que lo hace cerrando la segunda jornada de desfiles. Con una filosofía en la que la importancia de marcar una identidad clara y concisa se traduce en la repetición y recuperación de códigos de cada temporada desde diferentes ángulos, y con distintos referentes que permite generar un vínculo inquebrantable entre nombre y forma, 014 Collection no ha sido la excepción.
Con una exploración de la idea del glamour de las estrellas de Hollywood de los años 40, una referencia que funciona más como telón de fondo de los looks que como un hilo conductor detrás de los mismos, Ernesto refleja esta opulencia y lujo en la elección de materiales, donde predominan el brillo, la purpurina y el contraste de texturas. Pero son estos tejidos los que sirven como herramientas para atrapar la atención y llevar las miradas a la verdadera estrella de 014 Collection: el trabajo de construcción y deconstrucción que hay detrás de cada prenda. Desde las siluetas más rígidas y angulares hasta las más fluidas y difusas, está claro que para Naranjo la fase del patronaje, de afinar detalles y de usar las glasillas como lienzo para crear formas y siluetas insospechadas, es la más importante y en donde realmente se crea la esencia de lo que es su visión.
Esta dualidad, la de la rigidez acompañada por lo fluido, es evidente en la pasarela y evoca distintas sensaciones al ver los looks en movimiento. En algunos, claramente se distingue cómo están construidos –dónde se sitúa cada pinza, cada costura y cada corte de patrón– generalmente en materiales de aspecto metálico, aludiendo a la firmeza y consistencia de estas texturas, mientras que en otros se diluyen los límites entre el comienzo y el fin, donde no está claro exactamente qué tipo de prenda es la que envuelve a la modelo, apariencia realzada por la transparencia de las telas y los tonos degradé de las mismas. Al dirigirnos a las referencias mencionadas por el mismo diseñador como punto de partida, a saber, la materialidad experimental de la artista visual y escultora Lynda Benglis y el onirismo de la pintora surrealista Leonora Carrington, se entiende a la perfección su intención.
Estos dos universos llenos de contrastes, sumados a las formas y volúmenes ya habituales dentro de sus colecciones, dan como resultado una propuesta que, si bien no sorprende en su nivel de innovación, sí que lo hace en su tecnicismo y en la consciencia y preocupación por –más allá del afán de estar siempre en transición, siguiendo tendencias o transformando códigos sin terminar de asentarlos– exhibir la seguridad y afianzar la confianza en la imagen ya construida, una manera de entender la moda que, en una era tan cambiante e inestable, tiene más valor que nunca. 
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