El Museo Nacional Thyssen-Bornemisza y la Fundación TBA21 Thyssen-Bornemisza Art Contemporary presentan hasta el 17 de enero de 2027 Cautín, la primera exposición individual en Europa de la artista mapuche Seba Calfuqueo. Cautín es el resultado de varios años de investigación y de encuentros entre la artista y la comisaria, Marina Avia, en torno a este río, donde Calfuqueo actúa como traductora de las fuerzas que lo habitan, dándoles forma a través de distintos lenguajes.
Desde cerámicas zoomórficas que representan especies endémicas decoradas con materiales sintéticos, videoanimaciones que revisitan relatos fundacionales del pueblo mapuche, hasta pinturas bordadas que reescriben la región a partir de archivos históricos y flora local. A este entramado se suma el propio cuerpo de la artista, que habita la exposición a través de la videoperformance, así como con la performance física Cautín Lewfü, que tendrá lugar los días 7 y 9 de octubre a las cinco y media de la tarde.
Hacía treinta años que una artista latinoamericana no exponía en solitario en este museo, y esta muestra expone más de veinticinco obras de nueva producción con las que se propone un recorrido circular y a contracorriente por el río Cautín, uno de los cauces más emblemáticos de la Araucanía, la región chilena que forma parte del territorio histórico del pueblo mapuche, que se extiende por el centro-sur de Chile y Argentina. Calfuqueo propone un recorrido donde el río es un lugar de encuentro y de territorio, donde no hay jerarquía entre razas y en el que homenajea a la resistencia de este pueblo, brindándole un lugar que posibilita la vida. Cautín despliega un espacio híbrido que parte de la simbología de la muerte y acaba con una oda a la vida, recorriendo referencias de la vida de Seba y defendiendo el derecho al agua del pueblo mapuche.
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Para ti el Cautín es un elemento muy influyente, ¿has descubierto algo nuevo sobre el río durante el proceso de investigación y creación que ha cambiado tu propia manera de entenderlo?
Uno de los pasos más importantes para realizar esta muestra fue hacer primero el recorrido del río. Para mí fue muy importante salir del territorio de mi familia y comenzar a mirar las otras partes del río. Fue muy especial porque de repente uno tiene una idea sobre lo que va a encontrar y en el proceso el agua sigue su curso y se lleva y trae cosas que no te esperabas. En toda esta investigación teníamos la idea primero, tal vez un poco idealizada, de que el río era una cosa, y nos dimos cuenta a través de los archivos en torno a las políticas de que existen sucesos que desconocíamos en torno al río y a cómo se ha ido construyendo y separando, por ejemplo, cómo cambió radicalmente con el terremoto de 1960.
Es por eso que todo el paisaje del cauce del río ha ido cambiando y se ha ido interviniendo no solamente a través de los proyectos extractivos, sino también por la misma naturaleza. También me parecía muy interesante cómo el río trae animales y especies como la nutria, que aparecían de repente mientras yo atravesaba en un bote pequeñito pensando en la exposición.
Has decidido contar en esta muestra con numerosos y diferentes lenguajes artísticos, ¿qué te aporta cada uno? ¿Hay ideas que solo puedes expresar a través de determinados materiales?
La primera pregunta cuando hago arte es qué relación quiero establecer con el espectador. Más allá de que el espectador se lleve una respuesta con mi trabajo, me interesa que haya una pregunta, que se vayan tras ver la obra y que digan, esto no lo conocía, o me voy a quedar con esta duda y voy a investigar qué es esto. Creo que eso es lo que a mí me motiva a hacer arte, entonces cada vez que pienso en una obra, pienso mucho en esa relación con el espectador.
La cerámica tiene una cosa fascinante: brilla aunque sea tierra, es tierra recubierta con un vidrio que se ve lindo. Asimismo, el pelo, al ser sintético, es un material con el que vengo trabajando desde hace muchos años y que viene de un origen que probablemente en un museo más institucional no sería un material que elegiría nadie, por eso cada una de las técnicas tiene que ver con esas relaciones. Cuando busco una obra más narrativa es probable que ocupe el video como un soporte narrativo de contar una historia, y si quiero hacer una obra que incluya el sonido probablemente va a ser la videoperformance. El lugar que le doy a cada una de las obras tiene que ver con entender y desplegar un arsenal de imágenes y de formas que conviven todas juntas, a pesar de que sean materiales totalmente diferentes en algunos casos.
¿Cómo buscas que el espectador transforme su propia manera de relacionarse con el agua y con el territorio después de encontrarse con tu obra? Y ¿qué crees que puede enseñarnos la relación mapuche con el agua frente a nuestra manera contemporánea de entenderla como un recurso?
Lo que espero que suceda es que cuando las personas vayan a un río comiencen a mirar detalles que no son solo el agua; ese es el fin de esta exposición, establecer que el río no es solamente el cauce de agua que cruza de un lado a otro, sino que son todos los elementos que lo conforman, desde el sedimento hasta las rocas, las piedras, los animales. Otro punto que me interesa mucho es que los espectadores se queden con la situación política que nosotros tenemos con el agua en Chile, que es una situación que se arrastra desde 1981, la privatización del agua. Esta experiencia tan local y tan inscrita en un territorio específico puede resultar en una conversación global para hablar sobre el agua en todos los ríos y en todos los lugares.
¿Por qué decidiste contar en la muestra con tanta gente y que fuese un proyecto tan colectivo?
Desde el principio quisimos hacer este proyecto coral, con muchas personas que son casi todas de mi generación, y con personas mayores también que nos aportaron mucho. Todos los videos están hechos con dos asesoras interculturales que revisaron cada una de las partes y que son muy importantes para que la obra tenga un sentido con la cosmovisión que se está presentando. También nos interesaba mucho establecer este relato coral porque como vengo de una experiencia que está arraigada en la ciudad pero soy también la primera generación de mi familia que tiene la oportunidad de estudiar, es decir, he podido romper de alguna manera un estereotipo y un prejuicio asociado en nuestras vidas, queríamos darle una sintonía colectiva.
Todos mis amigos que son mapuche y de mi misma edad tenemos la misma historia: nuestros abuelos migraron, nuestros padres migraron, crecimos en las zonas periféricas de la ciudad y fuimos discriminados profundamente por tener un origen indígena, por no hablar bien nuestro castellano, entonces aquí decidimos simbolizar esa unión colectiva que sentimos el pueblo mapuche.
¿Qué ha significado para ti el proceso de trabajar con una memoria histórica que sigue siendo una memoria viva para las comunidades que habitan en ese territorio?
Para mí ha sido muy difícil. ‘Mapuche’ significa gente ‘de la tierra’, y el principio central del mundo mapuche es el concepto que se llama itrofil mongen, que es reconocer que en todas las formas de vida habita y hay una inteligencia y un ser que merece el mismo respeto que tú y que yo. En Cautín quisimos recrear la agrupación de una fuerza más grande de personas que luchan juntas y que siguen luchando para que las cosas cambien, y sobre todo para que lo que va más allá de lo humano también pueda ser defendido.
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