Preparad los sombreros, los abanicos, las corbatas exageradas y vuestro mejor makeup: se levanta el telón para John Galliano. Cuarenta y dos años después de convertir a los más extravagantes de la Francia posrevolucionaria en protagonistas de su graduación en Saint Martins, el diseñador vuelve a abrir el baúl de la exuberancia. Esta vez, con Zara como su patio de juegos, para el que ha presentado una colección llamada Re{form} Zara que mezcla el exceso aristocrático con la teatralidad de un club de Londres en los ochenta.
Galliano recupera aquella fascinación por la exageración y la transformación a partir de algo mucho más cotidiano con prendas que ya existían. La operación tiene algo de déjà vu y algo de experimento. El diseñador toma un abrigo de mezcla de lana, un vestido lencero o una camisa de algodón y se pregunta cómo cambiar su forma. No pretende simplemente diseñar sobre ellos, sino que los corta, los plancha, los gira, los amplía y los vuelve del revés.
Para entender lo que Galliano hace ahora con Zara hay que retroceder hasta su graduación en Saint Martins. En 1984 presentó Les Incroyables, una colección inspirada en un momento particularmente extravagante de la historia francesa: el periodo posterior al Terror de la Revolución. El couturier convirtió aquella extravagancia histórica en el lenguaje de otra juventud rebelde: la de los New Romantics londinenses de los años 80. En una Inglaterra marcada por el capitalismo exacerbado bajo el gobierno de Margaret Thatcher, los yuppies, las tensiones sociales y episodios como la huelga de los mineros de 1984, los jóvenes artistas recuperaban la teatralidad después del punk y encontraban en la ropa una forma de construir su propia identidad.
La colección de Galliano era, así, un pastiche histórico con ecos contemporáneos. Género fluido, romanticismo, nostalgia y excentricidad convivían con camisas, sedas deshilachadas, terciopelos pesados y superposiciones imposibles. La historia, para Galliano, nunca ha sido un lugar al que acudir una sola vez. Los Incroyables son una referencia a la que regresa una y otra vez. En ellos encuentra una idea que atraviesa buena parte de su lenguaje: la rebelión a través del vestir.
Ese principio vuelve a aparecer ahora en Re{form}. Las siluetas de la colección no reproducen la historia sino que la convierten en espectáculo: hombres con frac recortados y cuellos altos, mujeres con vestidos drapeados y ceñidos, volúmenes exagerados y una teatralidad que parece venir de otro tiempo. También aparecen gorros adornados con cintas, corbatas de lazo y sombreros bicornio que remiten directamente a Napoléon, la película muda de Abel Gance de 1927, una de las favoritas de Galliano. Hay además referencias napoleónicas en los cortes y accesorios, junto a tul, volantes, lazos y tocados de plumas.
Pero el vocabulario no se limita a las referencias históricas. Hay látex, pelo, drapeados, fruncidos, guantes de piel, tacones de silueta encorvada y plataforma y hasta construcciones que se asemejan al origami. Las americanas y los abrigos pueden girarse y convertirse en faldas. Los cuellos de camisa se elevan y se abren. Las gorras adquieren solapas alargadas de las que cae el tul. El resultado parece pertenecer a ese territorio que Galliano conoce bien: el de las siluetas enigmáticas y exageradas, donde la elegancia convive con la deformación, la sastrería técnica con el exceso y los guiños históricos con una cierta voluntad de caos.
La diferencia fundamental está en el punto de partida. Esta vez, Galliano no empieza con una pieza diseñada específicamente para él. Empieza con prendas que ya existen. Él las llama “archivos de Zara”. Para el resto, son prendas que estaban simplemente “paradas” de stock en el almacén de la multinacional gallega. No se trata tanto de crear desde cero como de recrear. O, en sus palabras, de preguntarse cómo cambiar la forma. Es una operación casi de laboratorio: coger algo reconocible y modificarlo hasta que deja de comportarse como esperaba.
Y aunque a los aficionados de la industria les pueda parecer extraño que Galliano haya acabado haciendo esto con Zara, dada su gran influencia en la cultura y la moda de la alta costura, dentro de su propia trayectoria, no es un giro tan raro como podría parecer. El diseñador considera sus primeros treinta años, desde Saint Martins hasta Dior, su primer acto. La década al frente de Margiela sería el segundo y con Re{form} comienza el tercero.
La colaboración empezó en secreto en enero de este año, aunque el fichaje se estrenó públicamente en marzo. El origen de la relación se remonta a 2022, cuando Marta Ortega y Galliano se conocieron en la exposición de Steven Meisel organizada por la Fundación MOP en A Coruña. Ahora, el acuerdo contempla dos años de trabajo y cuatro colecciones. Para Galliano, por tanto, Re{form} no es un paréntesis. Es el comienzo de una nueva etapa. Y también una oportunidad para llevar su manera de trabajar a una escala diferente y hacer que su alta costura tome las calles.
Hay algo especialmente gallianesco en ese gesto. Los Incroyables y las Merveilleuses nacieron como una forma de desafiar los códigos de su tiempo a través de la apariencia. Los New Romantics recuperaron la teatralidad, el romanticismo y el exceso en otro momento de ruptura estética. Galliano tomó ambas referencias en 1984 para construir su propia idea de rebeldía. Vestirse de una manera que altere las reglas, convertir la realidad en tu propia escena teatral y exagerarlo todo hasta convertirlo en una extraordinaria performance también es una forma de rebelión. “Quería que fuera divertido”, apunta Galliano.
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