Aunque, de acuerdo con Carlos Gardel, veinte años no es nada, dos décadas dan para escribir muchas historias. Seguir en la escena después de todo ese tiempo significa haber hecho mucho por el camino, ser resiliente y, sobre todo, no haber dejado de trabajar, evolucionar e innovar. Y si no, que se lo digan a Neopop. Acabamos de volver de Viana do Castelo, donde este fin de semana el festival ha celebrado su 20º aniversario recuperando excepcionalmente el nombre de Antipop, con el que comenzó en 2006. Y después de vivirlo desde dentro, tenemos mucho que contar.
Desde entonces todo ha cambiado, y mucho. Han nacido cientos de festivales, la globalización ha transformado el circuito internacional, las redes sociales han revolucionado nuestra forma de descubrir y consumir música y todo sucede a una velocidad difícil de imaginar hace veinte años. Mantenerse durante todo ese tiempo ya sería motivo suficiente para celebrar, pero hacerlo conservando una identidad propia y consiguiendo todavía sorprender a quienes llevan años siguiéndote tiene mucho más mérito.
Echando la vista atrás, parece que varios proyectos culturales nos pusimos de acuerdo para irrumpir en la escena en 2006. Neopop y METAL celebramos este año nuestro 20º aniversario y, ya sea desde la música, la moda o el arte, sabemos lo difícil que resulta sobrevivir durante dos décadas en un contexto de competencia voraz y transformación constante. Seguir ejerciendo como agitador cultural veinte años después merece reconocimiento, así que nuestras felicitaciones y respetos a todo el equipo de Neopop antes de nada.
Del 6 al 8 de agosto, más de 30.000 personas se han reunido junto al Fuerte de Santiago da Barra en una ciudad a la que viajamos por primera vez con Neopop en 2022 y que continúa conquistándonos cada vez que volvemos. Viana do Castelo tiene mucho que ver con que este festival resulte tan especial: el puerto, el Atlántico, su gastronomía y ese paisaje entre industrial y marinero terminan formando parte de una experiencia difícil de trasladar a cualquier otro lugar.
Ya en aquella primera visita destacamos la brillante organización y, especialmente, la energía que se respiraba dentro y fuera del recinto. Cuando regresamos dos años después insistimos en algo que continúa siendo fundamental para entender su éxito: calidad frente a cantidad. Neopop nunca ha necesitado ocho o diez macroescenarios ni crecer sin control para competir con otros grandes festivales europeos. Su personalidad, un cartel extraordinariamente cuidado y la fidelidad de su público han demostrado ser argumentos mucho más poderosos.
El año pasado volvimos a confirmar nuestras sospechas poniendo el foco en un universo artístico que va mucho más allá de la música, donde escenografía, visuales y arquitectura forman parte de una identidad en constante evolución. Para este aniversario, el festival ha presentado tres diseños de escenario y una instalación lumínica inmersiva, incorporando un tercer espacio que equilibra todavía más una propuesta que temporada tras temporada continúa puliéndose sin perder aquello que la hace reconocible.
Recorrer durante estos días la exposición con carteles de distintas ediciones desde los comienzos del festival nos ha permitido comprobar hasta qué punto esa voluntad de construir un lenguaje propio estaba presente desde el principio. Neopop siempre ha querido estar en la vanguardia musical, pero también gráfica y visual, utilizando el diseño como una extensión de su personalidad y buscando sorprender sin limitarse a reproducir los códigos estéticos que dominan en cada momento.
Y precisamente la capacidad de sorprender ha sido uno de los grandes aciertos de este aniversario. El viernes por la tarde, Richie Hawtin apareció en Praça da República para ofrecer un set gratuito y abierto a toda la ciudad. Del corazón de Antipop al corazón de Viana do Castelo, miles de personas llenaron la plaza para vivir uno de esos momentos inesperados difíciles de olvidar.
Ver a uno de los grandes nombres de la electrónica actuando en mitad de la ciudad, rodeado por asistentes al festival, vecinos y curiosos, condensaba perfectamente la esencia de esta edición. Neopop consiguió acercarse todavía más a Viana do Castelo, desafiar las reglas, experimentar con nuevos formatos y borrar durante unas horas las fronteras entre festival y ciudad. Una idea aparentemente sencilla que terminó convirtiéndose en uno de los momentos más especiales de todo el fin de semana.
Porque mantenerse fiel a uno mismo no significa hacer siempre lo mismo. Neopop no necesita perseguir tendencias, transformarse en algo que no es ni obsesionarse con crecer sin control para seguir innovando. Puede hacerlo jugando con las conexiones entre lo local y lo global, entre experiencias tremendamente terrenales y otras mucho más elevadas, entendiendo perfectamente a su audiencia y sorprendiéndola cuando cree saber qué va a ocurrir. Bien utilizado, el factor sorpresa puede convertirse en un enorme elemento diferencial.
El Teatro Sá de Miranda, construido en el siglo XIX, acogió las Neopop Original Sessions con James Holden & Wacław Zimpel, Peter Mør & Sepypes y Mathew Jonson como Freedom Engine, llevando la electrónica hasta un espacio histórico para escucharla desde otra perspectiva, recuperando la actitud inconformista que hace veinte años estuvo en el origen del proyecto.
Una vez dentro del recinto, el aniversario reunió a algunos de los nombres que han escrito la historia de la electrónica con una generación que continúa transformándola. Jeff Mills, Goldie, Nina Kraviz, Helena Hauff, Richie Hawtin y Laurent Garnier convivieron con encuentros como Ben Klock b2b Rødhåd, FJAAK x KiNK o Alarico b2b Yanamaste, en un cartel de primer nivel convertido, sin duda alguna, en una de las grandes fortalezas de este proyecto.
Ese diálogo entre generaciones resulta especialmente importante en una edición que ha mirado hacia sus orígenes sin convertir el aniversario en un ejercicio de nostalgia. Nuevos talentos, directos y sesiones compartidas han mantenido el programa en movimiento durante los tres días, mientras el Back Stage ha ampliado todavía más el espectro musical con una programación curada por NOIA y un cartel íntegramente femenino en el que encontramos a DJ Storm, una de las grandes pioneras del drum & bass.
Entre tantos nombres, uno de los mayores reclamos estaba reservado para el final. Laurent Garnier fue el encargado de despedir el aniversario con Le Grand Finale, un cierre especialmente emocionante. Pocas figuras podían resultar más apropiadas para poner punto final a una celebración construida alrededor de veinte años de cultura electrónica y de quienes llevan décadas haciéndola avanzar.
Después de esta nueva visita a Viana do Castelo, quizás una de las mayores conclusiones sea que sorprender no consiste necesariamente en hacerlo todo más grande. Se puede seguir creciendo desde las ideas, conociendo perfectamente quién eres, entendiendo por qué tu público continúa regresando y teniendo la valentía de introducir algo que nadie esperaba. Neopop ha celebrado veinte años mirando hacia sus raíces, pero sobre todo demostrando que sigue teniendo ganas de experimentar y descubrir hasta dónde puede llevar su propia fórmula.
Y atención, porque Neopop ya ha confirmado su regreso a Viana do Castelo los días 5, 6 y 7 de agosto de 2027, así que oficialmente empieza la cuenta atrás. ¡A por otros veinte años!
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