El ingrediente principal en el cocinado de esta exposición ha sido la nostalgia. Mientras añora estas reuniones familiares, o de cualquier tipo, exprime simultáneamente su valor conceptual en una estética que resalta la simplicidad de los objetos y texturas de las pinceladas. Además, suele recurrir a elementos que resultan indisociables de su felicidad: como jarrones de flores, fruta fresca o grandes mesas para compartir, y que coinciden en una nueva etapa de experimentación para Dema con la pintura acrílica, las transparencias y el contraste con otras técnicas como el óleo en barra.
Así, estas obras, categorizadas como bodegones por sí misma, no son más que una recopilación de recuerdos e imágenes que ha visto, vivido o inventado, creadas para que el espectador se recree en ese contexto y lo imagine en función de sus vivencias. ¿El resultado? Una oda a la celebración, la tradición de cuidarse a través de la comida, el color y la pintura sobre el lienzo que nos hace reflexionar sobre el hogar, los familiares y amigos, para los que comer y charlar sobre la mesa es algo imprescindible.














