La cuenta atrás ha comenzado. Del 14 al 19 de septiembre, Mercedes-Benz Fashion Week Madrid celebra una nueva edición con casi una treintena de desfiles y un cambio que llevábamos mucho tiempo esperando: toda la programación sale de IFEMA para extenderse por Madrid. Nuevas localizaciones y un calendario replanteado dibujan una edición bastante diferente a las que hemos conocido durante años. Y sí, teníamos muchas ganas de que esto sucediese.
La conversación se ha repetido temporada tras temporada. Entre un desfile y el siguiente, tomando algo después de una jornada interminable o simplemente hablando con diseñadores, siempre acabábamos llegando al mismo punto: Madrid necesitaba sacar su moda a la ciudad. Si durante una semana queremos decir que Madrid respira moda, estaría bien poder sentirlo también al salir a la calle. Parece que, por fin, estamos empezando a verlo.
Esta temporada, la programación se distribuirá entre tres sedes oficiales y otras cinco localizaciones escogidas para determinados desfiles. El Invernadero del Palacio de Cristal de Arganzuela inaugurará la semana, y el Palacio de Cibeles asumirá buena parte del segundo día. Después, el Campus de Comunicación y Artes de la Universidad Nebrija concentrará buena parte de las jornadas siguientes. A estos lugares se sumarán espacios como el Hotel Palace o la Rosaleda del Parque del Oeste, haciendo que la localización pase a formar parte del propio desfile y de lo que cada diseñador quiere contar.
Deslocalizar una cita de estas dimensiones supone, por supuesto, un reto importante a nivel de producción, especialmente en una ciudad como Madrid, pero también abre muchas posibilidades y permite a cada firma construir una experiencia mucho más cercana a su identidad, alejándose de la uniformidad de presentar decenas de colecciones dentro de un mismo recinto. Madrid ya comenzó a probarlo en su última edición, de la que os hablamos hace unos meses en este artículo. Entonces vimos una programación que se acercaba mucho más al centro y ocupaba espacios con bastante más personalidad que aquellas salas cerradas y moquetas que durante años asociamos inevitablemente con la antigua Pasarela Cibeles. Funcionó. El público respondió con entusiasmo y los diseñadores con los que pudimos hablar también parecían celebrar una decisión que llevaba tiempo reclamándose desde distintos puntos de la industria.
También empezaba a percibirse una mayor atención a cómo se construía el calendario y al lugar que ocupaba cada diseñador dentro de él. No todas las firmas necesitan lo mismo ni deberían verse obligadas a presentar sus colecciones bajo unas condiciones idénticas. Escuchar cómo quieren mostrarse resulta fundamental si Madrid pretende construir una semana de la moda con personalidad propia. Y después está el calendario, porque cambiar los espacios serviría de poco si aquello que sucede dentro no justificase el movimiento, y esta edición reúne unos cuantos nombres que hacen especialmente interesante la semana. El primero es inevitable: Palomo celebra diez años de trayectoria regresando a la pasarela madrileña con un desfile especial que cerrará la jornada del martes 15 de septiembre.
Hablar de Palomo es hablar posiblemente de la firma española con mayor proyección internacional de su generación. Después de presentar fuera de España y conseguir que su universo viaje mucho más allá de nuestras fronteras, que Alejandro Gómez Palomo vuelva a Madrid para celebrar su primera década tiene algo especialmente simbólico. Crecer fuera no significa dejar de mirar hacia casa, y conseguir que parte de la atención internacional que acompaña al diseñador mire también hacia Madrid beneficia a todo lo que sucede alrededor.
El martes tendrá además una importante presencia latinoamericana con Agua by Agua Bendita, reconocida con el Premio Diseñador Internacional de esta edición. La firma colombiana llega impulsada por Latin American Fashion Awards y abrirá la jornada en Cibeles. Su presencia plantea una posibilidad que Madrid debería seguir explorando: aprovechar su relación con Latinoamérica para convertirse en un punto de encuentro con una escena creativa cuya relevancia internacional no deja de crecer.
Otro regreso que celebramos especialmente es el de Moisés Nieto. El diseñador abrirá el miércoles 16 en la nueva sede de la Universidad Nebrija, en una jornada que probablemente concentre algunos de los nombres que más nos interesan esta temporada. Justo después llegará Ernesto Naranjo, que atraviesa uno de los momentos de mayor visibilidad de su trayectoria y se ha convertido en uno de los diseñadores españoles de los que más se habla fuera de nuestras fronteras. Naranjo pertenece a una generación que está demostrando hasta dónde puede llegar una propuesta personal cuando encuentra espacio fuera de España. Su trabajo ha ido ganando visibilidad internacional y su nombre aparece cada vez con mayor frecuencia lejos de nuestro país. Tenerlo dentro del calendario madrileño en este momento no debería entenderse como un detalle menor. Si queremos que Mercedes-Benz Fashion Week Madrid gane relevancia fuera, necesitamos que quienes están consiguiendo esa atención quieran seguir formando parte de ella.
Ese mismo miércoles desfilará también Acromatyx, otra de las propuestas que seguimos con especial interés. La firma de Xavi García y Franx de Cristal lleva tiempo construyendo un lenguaje muy reconocible y representa bien esa nueva energía que Madrid necesita proyectar hacia fuera. La jornada terminará con Álvaro Calafat, una de las marcas que más ha arriesgado con las localizaciones desde sus comienzos y que, temporada tras temporada, ha demostrado tener una personalidad propia y una forma muy clara de trazar su camino dentro de la moda española.
Los regresos continuarán durante los días siguientes. Redondo Brand volverá el jueves y Alvarno hará lo propio el viernes, ambos con desfiles fuera de las sedes principales. Dos nombres que conocemos bien y que vuelven a formar parte de una semana en la que, junto a las nuevas propuestas, también hay espacio para firmas con una trayectoria ya consolidada.
Antes, el lunes 14, Pedro del Hierro será el encargado de abrir oficialmente la edición en el Invernadero del Palacio de Cristal de Arganzuela. Adolfo Domínguez será también uno de los protagonistas de esa primera jornada, coincidiendo con un momento especialmente importante para la firma, que este año celebra su 50º aniversario.
Pero quizá uno de los cambios que más curiosidad nos produce tenga que ver con el sábado. EGO volverá a cerrar la Semana de la Moda de Madrid el 19 de septiembre, esta vez desde la Universidad Nebrija, y esperamos que el cambio vaya más allá de una nueva localización. Durante años hemos visto cómo, al llegar la jornada dedicada a las nuevas generaciones, muchas de las caras presentes durante el resto de la semana desaparecían y las gradas se vaciaban, reduciendo la atención precisamente cuando llegaba el turno de quienes más necesitan visibilidad y apoyo.
Defender el talento joven implica también estar allí cuando presenta su trabajo. EGO debería ser uno de los días que más curiosidad despierte dentro del calendario, precisamente porque nunca sabemos qué nombre descubriremos y dónde estará dentro de unos años. Llevar esta jornada a un campus universitario puede generar además una conexión especialmente natural con una generación que debería sentirse parte de la semana desde el principio y no como un apéndice reservado para el último día. Apolineo Studio, Biyeyemete, Cotes e Isabel Is My Name compartirán esta última jornada con Karla Aguilar y Miss Take. Confiamos en que esta nueva etapa venga acompañada de una presencia mucho más destacada de prensa internacional y compradores, también durante EGO, porque son precisamente estas firmas las que necesitan que la visibilidad termine convirtiéndose en oportunidades reales. Y aquí llegamos probablemente al siguiente gran reto de Madrid.
Cambiar las localizaciones puede transformar completamente la experiencia, pero una semana de la moda no crece internacionalmente únicamente porque sus desfiles generen buenas imágenes. Necesita despertar interés fuera y conseguir que compradores internacionales quieran descubrir las marcas españolas. También que medios de otros países consideren que merece la pena incorporar Madrid a unas agendas que en septiembre ya están más que saturadas. Sobre todo, esperamos que ese interés termine convirtiéndose en negocio. La internacionalización no puede quedarse en una palabra que aparece repetidamente en discursos y notas de prensa. Para muchas de las firmas que presentan en Madrid, producir un desfile supone un esfuerzo enorme, por lo que el hecho de que haya compradores adecuados entre el público y que después surjan oportunidades comerciales debería ser una parte fundamental de la ecuación.
Las fechas, además, no lo ponen especialmente fácil. Madrid se solapa parcialmente con la semana de la moda de Nueva York y termina prácticamente enlazando con Londres. Septiembre es uno de los meses más intensos del calendario internacional, y convencer a prensa o compradores de que incorporen una parada más a su recorrido supone competir directamente por su tiempo. Y competir con las grandes capitales nunca ha sido sencillo. Por eso tenemos especialmente ganas de descubrir qué ventaja competitiva quiere construir Madrid. No hablamos únicamente de que un diseñador concreto consiga atraer a un editor extranjero, sino de qué puede ofrecer MBFWM en su conjunto para que alguien decida venir. ¿Qué hace diferente a Madrid? ¿Qué historia quiere contar su semana de la moda cuando se presenta fuera de España?
Copenhague entendió muy bien este ejercicio, haciendo de la sostenibilidad una de sus grandes banderas y condensando en su calendario una determinada forma de entender la moda nórdica. Berlín, por poner otro ejemplo, ha seguido un camino diferente, apoyándose en una escena cada vez más efervescente y en un potente programa de asistencia internacional que atrae a prensa y profesionales de distintos mercados. Madrid no necesita copiar ninguna de estas fórmulas, pero sí encontrar aquello que la haga reconocible y relevante desde fuera.
Seguramente no todo funcionará a la primera y deslocalizar la programación traerá nuevos retos, pero preferimos una semana de la moda que pruebe nuevas fórmulas y evolucione a otra que continúe haciendo lo mismo simplemente porque siempre se ha hecho así. Del 14 al 19 de septiembre veremos hasta dónde llega realmente esta nueva etapa.
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