La feria de fotografía Paris Photo fue el lugar elegido para preparar esta entrevista. En los descansos obligados después de hacer viajes visuales por el mundo, descubrir objetos varios, flores y fauna, además de caras con expresiones de placer o de terror, las preguntas que quería hacerle a Leila Méndez surgían como respuesta a tantos estímulos. La fotógrafa ha presentado su primer libro, Disparos contados (Anagrama), una celebración de la intuición, la creatividad y el valor de la fotografía en la era de la inmediatez.
Paris Photo me transportó a los no lugares del planeta, a momentos oscuros de la Historia reciente y al París eterno de Cartier Bresson. Pero no me invitó a reflexionar sobre la generación X, que es a la que pertenezco. ¿Qué ha ocurrido? ¿Por qué no estamos presentes? ¿Por qué hay tan pocas referencias a nuestro pasado y a nuestro presente? Leila podría tener las respuestas. Al fin y al cabo, ella sí ha documentado la cultura urbana de los noventa y los dos mil, ya sea con trabajos personales o para campañas de moda, con una sola intención: buscar la belleza.

Escribir el libro te habrá servido para revisar tu vida.
Me pidieron que hablara sobre fotografía analógica. Y cuando me puse a escribir sobre eso, en lugar de un ensayo ortodoxo, me salió buscar el origen. El momento en que empecé a trabajar y el formato en el que aprendí. También acudí a momentos puntuales de algunos trabajos. Ha sido una revisión, pero no muy buscada en realidad. Ha ido saliendo así.
Tu padre, también fotógrafo, te enseñó a hacerte respetar. Cuéntamelo.
Mi padre estaba muy implicado a nivel político y cuando llegamos a España, se hizo fotógrafo. Era muy buen momento porque en los 80 había vacas gordas y pilló el filón. Un grupo de creativos llegaron de Argentina. Yo quería entrar en Bellas Artes, pero luego cuando me vi ahí con el carbón, la pera y la manzana pensé que no era lo mío. Prefería estar en la modernidad.
Trabajé poco tiempo de asistente de mi padre porque era complicado. Los dos teníamos mucho genio. Él era un poco duro y yo me ofendía enseguida. No aprendí tanto la técnica, pero sí a tener actitud ante el trabajo. Mi padre era guerrero. Si no le pagaban una factura, se ponía unos guantes de boxeador e iba a cobrarla (risas).
Trabajé poco tiempo de asistente de mi padre porque era complicado. Los dos teníamos mucho genio. Él era un poco duro y yo me ofendía enseguida. No aprendí tanto la técnica, pero sí a tener actitud ante el trabajo. Mi padre era guerrero. Si no le pagaban una factura, se ponía unos guantes de boxeador e iba a cobrarla (risas).
En algún momento del libro dices que no buscas ir hacia atrás sino hacia dentro. ¿Por qué esa necesidad?
La fotografía te tiene en tensión siempre, que supongo que es algo necesario para crear, pero esa sed que yo reconozco haber atravesado durante años ahora es diferente. Quizás tiene que ver con el abandono del ego. Con la madurez empiezas a pensar que el ego es un invento que no sirve para nada. Lo estoy viendo como fotógrafa, pero también en otros planos alrededor de la fotografía desde una manera menos egocéntrica. Intento no caer en la nostalgia de que antes todo era mejor, pero el presente es diferente y eso es innegable.
¿Qué haces para adaptarte a esos cambios?
Los cambios son necesarios. Mi perfil como fotógrafa ha ido cambiando orgánicamente a lo largo de mi vida y creo que eso ha sido un acierto porque tú imagínate que ahora con cincuenta y tres años pretendiera ser la del 2000, la más moderna y la más cool. Sería patético. He pasado de hacer mucha moda y vivir la moda como algo que me apelaba mucho a hacer campañas con niños. Nunca se te ocurre hacer niños a los veinte años. En cambio, luego te hacen gracia. Vas pasando por distintas etapas. También tiene que ver con cómo eres tú a nivel personal. Si tu persona va cambiando, tu fotografía también lo hará.
¿Dirías que la fotografía te sirve para acercarte a los demás?
Totalmente. Además, es que la utilizaba impunemente para todo. No lo dudes. A veces quieres conocer a alguien, no desde un lugar mitómano sino casi vampírico, y llegas a la persona a través de la fotografía. Ahora no tanto.
¿Te ha ayudado a superar la timidez?
Obviamente era mucho más tímida antes. Utilizo la fotografía y me ha servido para viajar a lugares y para relacionarme con gente. Cuando viajo salgo a cazar. Estás en un pueblo con tu cámara, la gente te ve pero te dejan hacer. Es un lugar muy cómodo, que es justamente lo opuesto a estar frente a la cámara.
La fotografía es capaz de transformar la realidad, incluso la ficciona. ¿Prefieres acercarte al máximo a lo real, o desde lo real transformarlo en una ficción preconcebida?
Me hace mucha gracia cada vez que voy a retratar a alguien y a pesar de que llevo en esto treinta años las frases son las mismas: a mí cógeme desprevenido, porque es como salgo bien. Les digo, mira, es que si te hago un retrato vas a posar, porque es una ficción. Puedes decir no voy a mirar a la cámara, pero esto es un constructo y estamos decidiendo entre tú y yo qué es lo que va a pasar. Ficción es siempre. A mí me gusta que destile naturalidad.
“El gran poder de la fotografía, y no lo tiene la IA, es la capacidad de documentar. Es muy importante no olvidarnos del fotoperiodismo. Se nos está olvidando que la fotografía aporta documentos gráficos que con el paso del tiempo serán valiosos.”
Hay clientes muy intervencionistas. En el libro cuentas que ahora, disparando con cámaras digitales, pueden ver el resultado en el momento y todo el mundo opina. ¿Cómo defiendes tu espacio?
Esto es casi lo más importante que reivindico en el libro. Cuando digo actitud analógica, hablo de eso, de preservar y recuperar las riendas como creativos. Ahora el fotógrafo no es más que la herramienta de un proceso. Su trascendencia en lo que es un encargo comercial ha mermado. El fotógrafo no debería de dejar, y eso es culpa del fotógrafo, que le invadan lo que controla. El analógico suponía un acto de fe, el cliente no veía lo que tú hacías y confiaba en ti. Tú también confiabas en tu propio criterio y expertise. A veces el digital te hace dudar, te vuelve más inseguro.
¿Qué pasa ahora? Que cada vez se pervierte más. Tantos ojos sobre lo que está ocurriendo en tiempo real, por cada ojo una opinión. Imagínate, aquello es… Hay que recuperar esta actitud de fuerza y de lucha. Tiene que seguir siendo así. Me consta que muchos fotógrafos, pudiendo trabajar en digital, acuden al analógico para recuperar y preservar su espacio. Sé hacer esto, tengo criterio, tengo mi mirada, confía en mí y déjame trabajar. Con el digital, el hecho de ver el resultado en el momento, en lugar de simplificar, a veces complica.
¿Qué pasa ahora? Que cada vez se pervierte más. Tantos ojos sobre lo que está ocurriendo en tiempo real, por cada ojo una opinión. Imagínate, aquello es… Hay que recuperar esta actitud de fuerza y de lucha. Tiene que seguir siendo así. Me consta que muchos fotógrafos, pudiendo trabajar en digital, acuden al analógico para recuperar y preservar su espacio. Sé hacer esto, tengo criterio, tengo mi mirada, confía en mí y déjame trabajar. Con el digital, el hecho de ver el resultado en el momento, en lugar de simplificar, a veces complica.
En el libro dices: “la colaboración auténtica tiene que ser trascendente, activa, provechosa. Necesita un libre intercambio de ideas y compartir experiencias, no enlaces”. ¿Lo reivindicas como ética en el trabajo?
Totalmente. Es un tema de respeto. Ahí hay unas jerarquías y unos roles establecidos. Creo que el futuro de lo creativo pasa por lo colectivo. Intuyo, espero y deseo que se tienda hacia lo colectivo.
¿Crees que se está diluyendo el sentido de lo que es compartir? ¿Cómo se trabaja actualmente?
Una editorial es más libre porque es más sencillo, y más ahora que hay menos dinero. Pero en publicidad hay todos esos eslabones: cliente, agencia, productora, un equipo. Se puede hacer bien y mal, todo depende de si el equipo es consciente. Ahora hay muchos clientes con mucha cultura visual y mucho bagaje. A veces saben más que tú sobre el tema. Hay que ser humilde. Esto también ha cambiado mucho.
Los fotógrafos tenéis la capacidad de ver a través de las cosas y nos las devolvéis con otra luz. ¿Cuándo te diste cuenta de que tienes esta habilidad?
Crecí en un entorno creativo y lo he ejercitado toda mi vida. Es lo que hago continuamente. Es como si a un cirujano le preguntas, ¿cómo has abierto el corazón? No hago más que ver, fijarme y observar a mi alrededor. Es una habilidad que ejercito y además me gusta.
Hay gente que tiene esa capacidad pero por miedo, desconocimiento, o autocensura, no se lo ha permitido. Tú te autorizaste siendo muy joven.
Lo bueno de empezar muy joven, a pesar de que me salté la etapa académica, que no lo recomiendo porque me salté muchas cosas a nivel personal, es el arrojo que te da la juventud. Hay que aprovecharlo. Entrar en el mercado laboral muy pronto fue duro. Me vi en unas situaciones de responsabilidad que no podía asumir por edad.
Actualmente a los niños se les dice, si no te quieres morir de hambre, mejor estudia ingeniería. Ahí ya les están limitando. Les dicen que el arte es un juego muy divertido pero para el fin de semana. Estás cerrando oportunidades a muchos artistas potenciales. Es un tema de educación. Yo que soy profe, afortunadamente tengo a los que se les ha permitido, pero también tengo mucho ingeniero que se ha dado cuenta ahora.
Actualmente a los niños se les dice, si no te quieres morir de hambre, mejor estudia ingeniería. Ahí ya les están limitando. Les dicen que el arte es un juego muy divertido pero para el fin de semana. Estás cerrando oportunidades a muchos artistas potenciales. Es un tema de educación. Yo que soy profe, afortunadamente tengo a los que se les ha permitido, pero también tengo mucho ingeniero que se ha dado cuenta ahora.
En el libro también describes algo que me ha gustado mucho como imagen: “Para mí el proceso creativo es como preparar una cena rica. Tienes unos ingredientes, un tiempo determinado y una gente a la que contentar, además de a ti misma”.
La fotografía de encargo se define así, haces con lo que tienes. Dispones de un presupuesto y unos elementos. A veces es mucho, a veces es poco y tienes que cocinar con una cebolla y un tomate. A mí eso me encanta. Con lo que tengo, hago. La foto de encargo tiene que ver con solucionar.
Colita defendía que las mujeres habéis aportado a todas las manifestaciones artísticas algo que se llama compasión. ¿Estás de acuerdo?
Qué interesante. Soy consciente de que en un proyecto en el que compiten cuatro personas, soy la cuota femenina. Lo tengo clarísimo. No me lo van a dar a mí, pero para el concurso estoy cumpliendo con la cuota femenina. Muchas veces me dicen: queremos que sea una mujer la que haga este proyecto. A veces tengo un poco de conflicto con eso. No creo que haya una mirada femenina, pero sí a lo mejor una actitud. A veces alguien prefiere a una mujer por el trato, pero hay algo que no tiene por qué ser dulzura, pero a lo mejor sí es compasión.
“Cuando disparas una foto, tan importante es lo que está dentro del cuadro como lo que dejas fuera. En el momento en que tú estás encuadrando, estás tomando una postura política.”
Me gustaría citar a las fotógrafas precursoras: Joana Biarnés, Montse Faixat, Colita, coetáneas de Francesc Català-Roca, Oriol Maspons, Xavier Miserachs o Ramón Masats. Es decir, un grupo muy potente en Barcelona que iban por libre, pero que a la vez colaboraban muchísimo. ¿Ese ambiente de camaradería entre colegas, lo echas en falta?
Sí lo echo en falta y sí que creo que eso fue una edad dorada a nivel creativo. No se trata de romantizar, pero es que esa época era maravillosa porque no tenían esa chaladura de la competencia versus el otro. Esta época es maravillosa porque todo era colectivo. Venía alguien nuevo y se le integraba. El capitalismo nos ha llevado a eso aplicado a la creación. Es fatal competir.
Siempre he tenido muchos amigos fotógrafos y todos, en un momento dado, me decían que estaban muy cómodos conmigo porque no me veían como competencia. Eso es porque soy mujer y porque por carácter no tengo esa pulsión competitiva. Eso les relaja y pueden hablar conmigo de fotografía. A veces no sabía si era un insulto, pero es cierto que la pulsión de la competitividad no nos lleva a ningún sitio. A mis alumnos les digo, si hacéis vuestro trabajo bien, hay trabajo para todos. Está demostrado que si te rodeas de un colectivo de gente, todo suma. Cuanto antes lo tengamos, mejor, porque además ahora es muy necesario, si no nos hundimos todos.
Siempre he tenido muchos amigos fotógrafos y todos, en un momento dado, me decían que estaban muy cómodos conmigo porque no me veían como competencia. Eso es porque soy mujer y porque por carácter no tengo esa pulsión competitiva. Eso les relaja y pueden hablar conmigo de fotografía. A veces no sabía si era un insulto, pero es cierto que la pulsión de la competitividad no nos lleva a ningún sitio. A mis alumnos les digo, si hacéis vuestro trabajo bien, hay trabajo para todos. Está demostrado que si te rodeas de un colectivo de gente, todo suma. Cuanto antes lo tengamos, mejor, porque además ahora es muy necesario, si no nos hundimos todos.
La fotografía en España se hace un espacio porque se colectiviza. La Agrupació Fotogràfica de Catalunya, o La Palangana en Madrid, iban todos a una en el sentido de defender los intereses de la profesión. ¿Qué sería deseable que ocurriera actualmente?
Lo deseable sería que hubiese más conciencia de lo que supone ser fotógrafo. Animo mucho a los alumnos a que se ayuden entre ellos. Al principio los veo trabajando solos y un fotógrafo no puede trabajar sin asistente. Entiendes que no puedes estar con la luz, con el modelo y a la vez con la cámara. Promuevo mucho que se apoyen entre ellos porque yo lo eché en falta al no haber pasado por la universidad. Ese es el objetivo de estudiar una carrera. Sentir que formas parte de un colectivo de gentes con un mismo interés y no dejarse atropellar.
El fotolibro Antifémina (1977) fue producto del trabajo conjunto de Colita con la escritora Maria Aurèlia Capmany. Las autoras se propusieron hacer un repaso crítico de las situaciones en que se encontraba la mujer en ámbitos como el matrimonio, el trabajo, la religión, la prostitución, la marginación, la sexualidad, la publicidad, la vejez. ¿Sería posible un trabajo parecido en la actualidad?
Es necesario, pero habría que hacerlo desde un lugar honesto. Hay tantas cosas todavía por las que luchar. La vejez me parece uno de los grandes temas. Poco se habla y que poco se fotografía. Tengo una idea por ahí para hacer algo con un escritor. ¡Podríamos hacer algo tú y yo (risas)!
¿Cuál sería un trabajo tuyo menos conocido, uno que te guste especialmente?
Tengo el librito Remember the King (Vasava Artworks, 2001), muy ácido, contra toda la cultura estadounidense, que fue un road trip que hicimos mi pareja y yo. Iba a ser un libro con cierta ambición, pero justo cuando estábamos en imprenta cayeron las torres gemelas. Mi hermano hizo parte de los textos. Es un libro fuertecito. No descarto recuperarlo porque hay fotos visionarias. Para mí el gran poder de la fotografía, y no lo tiene la IA, es la capacidad de documentar. Es muy importante no olvidarnos del fotoperiodismo. Se nos está olvidando que la fotografía aporta documentos gráficos que con el paso del tiempo serán valiosos.
En Paris Photo pocas galerías apostaron por el fotoperiodismo, y muy pocas por la fotografía del pasado. Estaban documentados los 40 en París, los 50 en NYC, los 70 en Buenos Aires y Barcelona. Lo que está ocurriendo actualmente no estaba en ninguna galería. Todo eran bodegones fabulosos e imágenes preciosistas. ¿Qué nos dice eso de nuestro tiempo?
Habla mucho del presente y es un momento como para ser documentado. En el libro menciono a Joel Meyerowitz, él que ha sido un reportero maravilloso habla mucho de que cómo vas a fotografiar la calle si ahora la gente está mirando el móvil. A lo mejor hay que documentar eso.

Dices que la estética es imprescindible en tu vida, algo que comparto absolutamente. ¿Cómo lo explicas?
Esto sí se educa, aunque depende de si es importante para ti o no. La búsqueda de la estética a veces es un trabajo agotador, porque yo pudiendo ir al café de al lado, camino un cuarto de hora para irme a una cafetería en la que entra una luz especial. Me da la vida tomármelo ahí. Es buscar la belleza porque sabes que te va el estado de ánimo en ello. Estás buscando belleza o armonía.
La abundancia de imágenes que vemos a diario produce mucho ruido visual. ¿Cuál es el desafío actual para un fotógrafo? ¿Cómo puedes sorprender a un público tan saturado?
Instagram no es el lugar donde vas a brillar porque es un océano lleno de peces. Da igual que seas un pez dorado, da lo mismo, es que es totalmente aleatorio y responde a cosas que nada tienen que ver con si tu trabajo es bueno o malo. El algoritmo decide lo que premia y lo que deja de premiar. Creo que la manera de destacar es haciendo un buen trabajo. ¿Y cómo se hace un buen trabajo? Pues primero buscando la coherencia entre autor y obra. No disfrazarte de algo que no eres, o tener un discurso que no es tuyo, que ahora desgraciadamente ocurre mucho. Intentar buscar dentro de ti, cuáles son tus intereses y las cosas que te preocupan. Dónde pones el foco es lo importante.
El escritor Édouard Louis afirma que el combate político también se juega en la literatura. Defiende una política de la confrontación. ¿Podrías decir lo mismo de la fotografía? ¿Cómo podéis colar determinados mensajes?
Pues como se ha hecho toda la vida. Lo que pasa que ahora es la primera vez en la historia que hemos dejado de hacerlo. Es que hasta Toscani en los 80 lo hacía. ¿Por qué ahora no lo hacemos? Es muy raro. Si lo hacemos, lo hacemos de manera muy medida.
¿Por no molestar?
Sí, claro, hay excesiva complacencia. ¿Sabes qué pasa? Que todo es político. Cuando disparas una foto, tan importante es lo que está dentro del cuadro como lo que dejas fuera. En el momento en que tú estás encuadrando, estás tomando una postura política; ya no te hablo de una foto de guerra, en cualquier foto. Me encantan las fotos de periódico. Estaría bien que volviéramos a dejar que cale el mensaje político a través del trabajo. No siempre es fácil, pero hay maneras.
Parece que el mundo creativo tenga que ser apolítico. Mucha gente dice: yo no voto porque estoy en otro mundo. Pues yo voto y me parece necesario. Mi padre hacía fotos a muchos políticos y cuando le llamó el Partido Popular, les dijo que no aceptaba el encargo. Hay muchas cosas que no he hecho porque me generaban un conflicto interno. También es una inversión en dolor. La fotografía es un formato y un canal de denuncia tan goloso que poco se usa para esto. ¿Pero qué pasa? Los periódicos no tienen dinero para pagar a un fotoperiodista y me parece un error porque ese tipo de fotografía ahora mismo tiene más validez que ninguna otra.
Parece que el mundo creativo tenga que ser apolítico. Mucha gente dice: yo no voto porque estoy en otro mundo. Pues yo voto y me parece necesario. Mi padre hacía fotos a muchos políticos y cuando le llamó el Partido Popular, les dijo que no aceptaba el encargo. Hay muchas cosas que no he hecho porque me generaban un conflicto interno. También es una inversión en dolor. La fotografía es un formato y un canal de denuncia tan goloso que poco se usa para esto. ¿Pero qué pasa? Los periódicos no tienen dinero para pagar a un fotoperiodista y me parece un error porque ese tipo de fotografía ahora mismo tiene más validez que ninguna otra.
¿Cómo te mides con el tiempo que nos ha tocado vivir?
Es un momento en el que se pueden hacer muchas cosas, pero depende mucho de cómo dirigimos el foco. Tendríamos que ser menos pasivos en general e intentar decidir sobre lo que ocurre activamente. Es muy fácil decirlo desde un sofá, pero parece que todo lo que sucede ya no está a nuestro alcance, simplemente va sucediendo. Parece que no dependa de nosotros, y depende indefectiblemente de todos y cada uno de nosotros. Hay excesivo pesimismo y excesiva sensación de que no estamos en control. La historia ha demostrado que el ser humano está en control hasta donde quiere. Hace falta educar el espíritu crítico.
¿Y tú, hacia dónde vas? ¿Dónde te proyectas en este futuro incierto que tenemos por delante?
No tengo un camino muy claro. Me gustaría trabajar más colectivamente porque me apetece estar menos en soledad trabajando. Siempre estoy orbitando en torno a lo mismo, pero no tiene por qué ser disparando. No lo sé, estoy en un momento en que me resulta difícil visualizar. Me imagino trabajando activamente en esta ciudad pero no tengo un camino muy claro.
¿En qué pueden ser útiles los referentes?
Tener referentes es importantísimo, pero a todos los niveles. No hay que fijarse solo en el resultado. Fíjate en cómo trabaja y en su proceso creativo, porque ahí está la clave. Si te fijas solo en el resultado, te puedes quedar en la técnica o en algo muy obvio. Fíjate en cómo trabaja o qué le ha llevado a fotografiar aquello. Al principio copiaba todo lo que podía. Me parece importante fijarse, pero ¿cómo te fijas en un proceso? Pues no te fijas viendo la cuenta de Instagram. Te fijas yendo a una exposición, leyendo libros y documentándote.
“La historia ha demostrado que el ser humano está en control hasta donde quiere. Hace falta educar el espíritu crítico.”
¿Quién ha influido en tu carrera para crear tu propio estilo?
Los referentes a los que admiraba no se reflejan tanto en mi estilo. Me puedo haber fijado en referentes super mainstream tipo Irving Penn. Me acuerdo de mirar libros de Bruce Weber porque tenía esa cosa de ficcionar de la forma más natural. Se inventó el género lifestyle. A mí me gusta mucho el cambio de paradigma de cómo era la fotografía de moda en los 40 y 50 hasta que de repente hubo un clic y se buscaba otra cosa. Me fijaba en las fotografías de Avedon. Antes estaban todas rígidas como Robocops y de repente él las hacía saltar. Esas imágenes las tengo grabadas a fuego porque creaba algo espontáneo dentro de lo ficticio.
¿Y qué dirías que has aportado tú?
Los años que estuve retratando a personalidades para El País, creo que transmitían comodidad y cercanía, siempre en contextos que a lo mejor no eran lo que se esperaba de ellos. El lugar escogido envolvía al personaje. En encargos comerciales, igual destacaría la naturalidad. Es decir, cuando fotografío algo, me gusta hacerlo desde un prisma documental, aunque sea una cosa muy publicitaria. Me interesa que haya algo de verdad pese a que es una ficción. Siempre intento buscar algo un poco más allá de la fórmula establecida, aunque no siempre se puede.
¡Y la presencia de color también!
Muy bien, porque en realidad sería una manera de retratar optimista. Me considero optimista pese a todo este escenario truculento que nos envuelve. Quizás tengo un ojo optimista. Con Jordi Socías, editor de fotografía de El País, hicimos una expo itinerante para Fnac, y él me definía como una Amélie civilizada (risas). Yo era un poco happy flower en esa época. Cuando retrato a niños, no consigo hacerlos serios. ¡Antes me pego un tiro! Si no los hago jugando y sonriendo, me deprimo. Igual mi estilo sería algo así como optimista.
En el libro cuentas una anécdota muy ilustrativa. Estabas esperando para retratar a un político y de pronto llegan los miembros de su equipo y los guardaespaldas. Todo el mundo se dirigía a tu asistente porque daban por hecho que lo iba a retratar un hombre. Decidiste que te ibas a colgar la cámara siempre para que quedara explícito quien era quien.
Me sigue pasando por género e incluso por edad, porque en general todos los fotógrafos son muy jóvenes. Ahora se suma el edadismo al machismo y ya lo tenemos todo.
¿Eso te sitúa en una posición de autodefensa?
Es que si no no hubiese podido sobrevivir. Sufro poco por lo que te decía antes, soy cero competitiva. Recogiendo tu pregunta anterior de dónde me veo en el futuro, me veo poniendo en valor la experiencia. Porque la fotografía de encargo sí que es muy edadista. Molar tiene que ver con ser joven en este mundo. Algunos a mi alrededor han caído por la edad y por no estar en ‘lo guay’. Si te mantienes coherente, digno y pones en valor una experiencia que los jóvenes no tienen, ese es el plus. Igual que un médico. Creo que como transmito todo eso, me lo compran.
¿Te has permitido soñar?
Tenía un sueño: ser fotógrafa.
“Me considero optimista pese a todo este escenario truculento que nos envuelve. Quizás tengo un ojo optimista.”
¿Cómo definirías a nuestra generación?
Si eres autónomo, la queja no te va a servir de nada. Tienes que ser un superviviente y no todo el mundo vale. Hay que lidiar con la incertidumbre del futuro, aunque ahora parece ser que afecta a todos los que tampoco son autónomos. Nosotros hemos crecido con una incertidumbre que hemos sabido gestionar. Por eso te digo que ahora no tengo miedo a perder el trono porque va conmigo. El trono lo puedes perder a los veinticinco y además ahora cada vez el trono dura menos. Mi estrategia siempre ha sido no acabar de petarlo demasiado para no quemarme. Siempre es mejor el anonimato. Para mí es una estrategia buenísima.
¿Qué relación tienes con tus trabajos anteriores?
Muchas veces me han pedido hacer un libro sobre los dos miles. Me da mucho miedo la gente que se queda pillada de una época. Siempre quiero ir hacia delante, pero ahora que ha pasado tanto tiempo quizás sea el momento. Tengo mucho conflicto con todas las fotos que no haya hecho la semana pasada.
¿No sientes la necesidad de revisar tu archivo?
Me cuesta, pero eso es una tarita mía. Quizás cuando sea más viejecita. Debería ordenarlo, porque debe haber un material precioso. Las estéticas cambian, y para reconciliarte con determinada estética tiene que pasar cierto tiempo. Esto es como la moda o la música, el revival viene, pero cuando ya hay cierta distancia. En ese momento eran cosas modernas. Escribir el libro me ha servido para reconciliarme con el pasado.
En tu pasado, nos podemos ver reflejados muchos que compartimos generación contigo. Está bien reivindicarla. Salí un poco perdido de Paris Photo porque lo que me estaban contando no tenía nada que ver con mi generación.
Es muy interesante esto que me dices. Tienes mucha razón.
Entonces pensé, quien sí ha hecho el ejercicio de retratar a mi generación es la señora a quien voy a entrevistar. Está bien poner en valor el trabajo hecho.
Es algo que debería trabajar un poco. Creo que después de esta charla voy a abrir el baúl…

