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La tarde en la que debía entrevistar a Sergio Momo se presentaba complicada. Una ruptura amorosa, muchísimo trabajo y un día bastante nublado. Ni en mil años, podría haber previsto que lo que mejor me iba a ocurrir, tras semejantes papelones, iba a ser el sentarme con un exitoso actor para charlar. Con la compañía de un café con leche y un trifásico, me dispuse a comprobar como alguien con millones de fans y una carrera que subía como la espuma, resulta indudablemente encantador y cercano.

Ni la abrasadora fama de fenómenos como Élite o la ovación de la crítica por su divertido papel en Sevillanas de Brooklyn, han borrado la naturalidad y la chispa a un joven actor que acumula tantas experiencias como buenos consejos. Cuando uno se termina el café, y se despide con un abrazo de Sergio, no solo desea seguir su carrera de cerca, sino también agradecerle ese buen ratito con el que saca una sonrisa hasta a un desconocido.
Me gustaría empezar la entrevista preguntándote por tu infancia en Tenerife. Te formaste en baile contemporáneo en la escuela JASM, ¿es así?
¡Que barbaridad! (risas). Mira, me gustaría aclararte una cosa: todo el mundo se piensa que yo iba para bailarín y que me metí en todo esto de la interpretación, como usurpando el trabajo de los actores.
Oye, las culpas a Google.
¡Lo ponía hasta en Wikipedia! Incluso intenté borrarlo yo mismo y lo conseguí. Es verdad que me formé como bailarín, pero mientras estudiaba interpretación; es algo anecdótico. Yo bailo, puedo aprender coreografías y sacarlas adelante, pero no soy bailarín.
Bueno, cielo, ¿pero Tenerife, qué tal?
Tenerife guay, me ayudó muchísimo a desarrollar mi imaginación. Me crié en un pueblo muy pequeño llamado El Médano, donde hay un parking para bicicletas… ¡y también para tablas de surf! El mar está al lado.
¡Los surferos molan!
Los surferos molan. El pueblo era muy guay, pero muy chiquitito y eso me ayudó a despertar la imaginación. Me ponía a ver Hannah Montana para aprender inglés.
¿Tu casa estaba, literalmente, al lado de la playa?
Sí, sí.
¡Qué guay! ¡A lo H20!
¡Totalmente!
¿Qué estudiaste?
Estudié interpretación durante 4 años en Coraza. Me formó como actor y como persona.
¿Había mucha arpía y rivalidad rollo Showgirls?
Sí, sobre todo en primero.
¿Cuándo todavía eráis ‘inocentonas’?
Había mucha gente que no sabía dónde se metía. El curso te pedía un compromiso, igual que el que te pide la profesión –que va más allá del faranduleo y petardeo–; es muy divertido pero, si solo te gusta eso, la cosa no se sostiene. Tienes que estar muchísimas horas grabando, como dice Anthony Hopkins: "Te pagan más por esperar que por rodar". También hay rachas en las que el teléfono no suena… Son una serie de circunstancias que, si no lo tienes claro, te joden vivo y lo dejas. Yo lo he visto.

¿En algún momento dudaste?
Yo no. Sé lo que hay y lo que quiero desde los 7 años. Tú ponme un obstáculo, ponme otro y otro más.
Por cierto, me encanta la expresión “el teléfono no suena”, es muy de Sálvame.
Sí, sí, es una frase muy dicha. El otro día leí una entrevista de Úrsula Corberó en la que decía que cuando llevaba año y pico sin trabajar, ya que los papeles que le ofrecían eran solo de pija, llamó a sus repres para preguntarles qué tenían. Entonces le dijeron “tenemos esto, mira a ver si te gusta”. Resultó ser La casa de papel. Con esto quiero decirte que nadie le ofreció nada, ella fue a buscar lo que quería. Nadie va a mirar más por ti que tú mismo. Por eso, lo de que “el teléfono nunca suena” es porque desde tu casa, quizás es más difícil que suene. Tampoco es que tengas que ser una ratilla que va por todos lados buscando su oportunidad…
Yo soy muy ratilla que va buscando su oportunidad…
(Risas). ¡Eso está también muy bien! Todo tiene que ver con tu actitud. Este mundillo es selectivo y, desgraciadamente, no todo el mundo que quiere trabajar lo consigue. Pero si encima esperas a que las cosas vengan a ti… mal.
Lo de las audiciones, ¿qué tal lo llevas?
Yo llego siempre con propuestas muy claras y pensando en pasarlo bien. Los directores de casting saben muy bien lo que buscan; entonces tienes que afrontarlo de una manera natural, dando una versión de ti que nadie más va a ofrecer. No hay nadie como tú. Tampoco puedes estar pensando en los demás, eso son fantasías. Simplemente, pásatelo bien.
Volviendo al cine, uno de tus primeros papeles fue en el film bélico Zona hostil, donde interpretabas al soldado Hunt. ¿Cómo fue ponerse en la piel de un militar?
Pues muy hostil. Yo tenía 19 años y grabamos en el desierto de Tabernas en Almería. Fue todo muy auténtico pero muy duro. Estaba estudiando al mismo tiempo que rodaba. Me preocupaba mucho perder clases pero también fallar en la película. Hacía de estadounidense y todo mi diálogo era en inglés; había un repartazo. Estaban Roberto Álamo, Ariadna Gil… y yo flipando. Fue todo un regalo.
En esta profesión, como imagino que en todas, cuando ves todo tan alejado y de repente te ofrecen un papel o una oportunidad tu percepción de la realidad cambia. Yo tuve mi primera frase en una serie de Nickelodeon y que luego te den un papel como el que me dieron… es muy fuerte. Tan solo una oportunidad puede significar muchísimo.
Tu gran primera oportunidad llegó con un papel en la serie cómica El vecino, dirigida por el cineasta Nacho Vigalondo, en la que se cuenta la historia de un super héroe muy costumbrista. ¿Qué puedes contarme de la experiencia de trabajar en esa comedia?
Tengo una anécdota fantasiosa. Terminé de rodar, me rapé el pelo y me marché a Los Ángeles a casa de una amiga para vivir así la típica experiencia de actor jodido. Llegué y a los 4 días me llamaron para hacer la prueba en una serie de Netflix. Cogí cuatro cosas, hice la prueba y volví a Estados Unidos. 5 días más tarde, me llamaron diciendo que tenía el papel y tuve que regresar a España de nuevo. Me fui para volver. Fue, por así decirlo, desear desde el desapego. ¿Tú quieres dinero? No lo necesites, quiérelo. Extraoficialmente tú me has dicho que quieres un novio ¿no?
¡Sí, claro!
No lo necesites. Como individuo estás tan entero que puedes ser acompañado del dinero, del trabajo, del novio… Si veo que alguien me necesita, termina por causarme rechazo. Hay una diferencia entre el querer y el necesitar. El necesitar deriva de una carencia. Debemos de tener siempre relaciones de igual a igual.
Con esto del cine es lo mismo: no lo necesitas, lo quieres. Volví a España y en la serie resultó que también estaba una de mis mejores amigas de Coraza. Fue una pasada, estaban Clara Lago, Quim Gutiérrez…
Oye, y has estrenado hace nada la comedia Sevillanas en Brooklyn
Ha sido lo más bonito que he hecho hasta ahora; ea un equipazo. Fue el primer rodaje después de la pandemia, todos querían trabajar y remamos a favor. Lo grabamos durante un verano en Sevilla y, o lo dabas todo, o no hacías nada. Ya solo por dar trabajo a tanta gente implicada, que han sido todos tan increíbles. Estábamos todos fuera de casa e hicimos muchísima piña. A esto añade que la película es muy bonita, que te emociona y te hace sentir muy bien.
Tenemos que hablar de tu gran salto a la fama de la mano de Yeray, tu personaje en el hit de Netflix Élite. ¿Recuerdas cuándo te dijeron que el papel era tuyo?
Empalmé los dos proyectos, fue increíble. Ya conocía a Georgina Amorós, a Izán Escamilla y a Ester Expósito. Grabar Élite fue parecido a un campamento de verano.

¿Te quedaste con el uniforme?
Sí, claro. Me quedo con algo de cada rodaje. La hicimos en verano de 2019, un año de la hostia.
¿No te dio pena cuando tu personaje no continuó?
Me dio mucha pena, pero no tenía mucho sentido.
¡Pero en Élite nada tiene sentido!
Pero en la vida las cosas pasan por algo y, si estuve solo ese periodo de tiempo y he conseguido y aprendido tanto era por algo.
¿Tú veías ya la serie?
Yo era fan, incluso después de terminar en la serie la he seguido viendo.
Claro, Élite la ven millones de personas. ¿Cambia la vida sentimental de alguien tan expuesto?
¿Que si se liga más? (Risas).
Puedes decirlo así. 
Desde mi experiencia, te diría que es mucho más difícil. La gente piensa que ligas mazo y entonces no se acercan.
Pero, ¿hay mucha endogamia?
Sí, la hay, pero como puede haberla en un hospital, que te tiras la vida entera allí metido. También creo que entre los actores hay una especie de comprensión los unos con los otros. Todos estamos como una puta cabra, somos un cuadro. Yo prefiero a gente más sencilla, que me pueda contar otras cosas como la jardinería. Como estás en contacto con temas tan profundos, con una sensibilidad siempre a flor de piel pues una visión diferente termina resultando mucho más fascinante. Yo soy muy de grises, no de blanco ni negros.
¿Te consideras intenso en el amor?
Nunca he tenido pareja, pero tampoco creo que sea muy intenso; me controlo yendo a terapia.
Yo quizás debería ir a terapia, pero luego me digo, ¿entonces para qué tengo a mis amigas? (risas)
La terapia te da herramientas no solo para ti, también para las amigas.

¿Tenéis grupo de Whatsapp los de Élite?
Sí, pero no habla nadie. Antes hacíamos quedadas pero ahora ya no.
No os veo yo de botellona en la Dos de Mayo.
Solemos quedar más en casas o en restaurantes.
Te confieso que a mí el vestuario de Élite me parece brutal.
Se ha convertido en un concepto propio.
Yo hubiese tirado por algo más rollo Euphoria, marcas independientes europeas. 
Como público quizás no estamos aún preparados para un código como el de Euphoria. En España nos arriesgamos poco.
Viendo el especial que emitieron de los personajes de Carla y Samuel, en el que a ella le ponían tacones de aguja y falda de tubo para un viaje de 8 horas en avión… Tío, que esto es el siglo XXI, no le encuentro el sentido. No me parece creíble ni estético ni a nivel de historia.
Tú como actor puedes intervenir en ciertas cosas. Pero, al contrario de lo que se cree mucha gente, el actor es el último de la fila. Se dedica mucho más tiempo a la iluminación, al vestuario… Entonces, imagínate a la hora de elaborar una historia. Ese es el motivo por el que todas las actrices como Nicole Kidman terminan montando su propia productora.
¿Te molaría tener tu propia productora?
Sé que hay una parte de ser productor que me encantaría. Por otro lado, pienso, ¿lo hago por mi ego o de verdad puedo contribuir a una historia? ¿Acaso creo que mi visión es mejor que la de un guionista o un director, o es porque realmente tengo una visión interesante o algo que decir?
De momento con 25 años, prefiero opinar como actor, ya que no tengo suficientemente desarrollada la otra parte. Nunca vamos a ser objetivos del todo. Un ejemplo es la película de Hustlers, protagonizada por Jennifer López. Ella debió de ser consciente de que estaba haciendo una película para ella, para lucirse. Eso puede ser toda una fantasía, más si te sale bien como a ella, pero a mí aún no me apetece hacer algo así. Prefiero seguir jugando con lo que me ofrecen los demás.
¿Con qué directores te molaría currar?
Con Carlos Vermut y Juan Miguel del Castillo.
¿Les vas a perseguir? (Risas).
Perseguir a los directores, en la mayoría de los casos, les molesta. Pero, claro, antes te he puesto el ejemplo de Úrsula, entonces te diría que es un cincuenta cincuenta. A mí, ahora mismo, no se me ocurriría perseguir a nadie, que me mandarían a tomar por culo. ¿Coincidir de repente en un evento? Eso me gusta más. Acercarte, hablar y quizás surja algo. Eso sí, lo que mejor funciona es trabajar. Siguiendo con el ejemplo de Úrsula, ella comentaba que Médem la vio en Cómo sobrevivir a una despedida y la cogió en El árbol de la sangre, que era una película completamente distinta. 
¿A ti te ilusionan todos los trabajos que haces?
Todos los trabajos sí, pero no todas las pruebas.

¿No te lo notan?
Jamás, como vas sin presión y relajado, no te lo notan. En las pruebas siempre hay que intentar quedar bien. Nunca sabes cuando un director de casting va a pensar en darte alguna joyita.
Hace nada has terminado de rodar la serie Edén con Amaia Salamanca y la mismísima Belinda.
Belinda es lo más, hemos cantando juntos Amigas Cheetahs de la película de Disney. Fue lo primero que hice cuando la vi. (Risas) 
Hablando de tanto éxito; antes de que se estrenara la temporada en la que aparecías de Élite, tus seguidores en redes aumentaron repentina y rápidamente. ¿Te impactó ese primer choque con la fama? 
Cuando se estrenó yo estaba en la montaña y cuando volví dije: ¿qué ha pasado? Al principio me obsesioné mucho, es algo morboso recibir mensajes de gente que no conoces. Durante un tiempo a todos nos gusta tener atención.
¿Llegaste a tener la atención de alguien a quién querías llamar la atención?
Sí.
Antes me has dicho que nunca has tenido pareja. ¿Entonces, no te cuajan las cosas en el amor?
Nos complicamos mucho la vida. Todo es más fácil, pero si eso solo lo sabe una de las partes, pues la cosa no funciona. No vas a ponerte a explicar a alguien que todo es más sencillo. También todo depende mucho de los tiempos. Mi madre, con 50 años, es cuando más gente está conociendo. Te conoces más y ya no estás para gilipolleces y, si lo estás, sabes controlarlas. Eso de que la gente esté controlando cuando manda o no un mensaje, todo tan ridículamente protocolario, a mí no me va.
Sergio, todos buscamos algo. ¿Tú proyectas tus ilusiones en los demás?
Lo primero que se me pasa por la cabeza es si me cae bien o no. Si me cae bien, quiero estar cerca de esa persona. Luego, como todos, me monto mi película, pero como no he tenido pareja nunca, he estado mucho tiempo obsesionado con poder trabajar como actor. Mi primera copa fue a los 18 años, así que imagínate.
Ahora, con tanto éxito, habrás compensado…
En este momento de mi vida, ya sé de que va el juego y todo resulta más satisfactorio.

Texto
Juan Martí
Fotografía
Aitor Sola
Estilismo
Carmen Mérida
Asistente de estilismo
Pilar García
MUAH
María Tattaglia
Asistente Producción
Daniel López Suárez

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