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“Creo que la gente, en general, no me toma muy en serio”, contesta Jedet tras un inquietante silencio que se prolonga durante varios segundos. Una confesión que contrasta con el recorrido de la prolífica artista, quien en apenas cinco años ha publicado tres libros, ha ganado un Premio Ondas por su conmovedora interpretación de Cristina La Veneno, y ha demostrado una envidiable capacidad interpretativa no solo en la actuación, sino también en el terreno musical, donde ha experimentado con el reggaeton y el undergound hasta dar con un sonido que le permitiese estar cómoda sobre un escenario. “Yo soy feliz haciendo un show con un guitarrista, y ya está”, afirma. Tradición y transgresión confluyen en el imaginario de la granadina, que dice ser “una mujer muy clásica para algunas cosas”.

Ni actriz, ni cantante, ni escritora. Tampoco artista. “Soy una buena chica con apariencia de zorra”, responde Jedet cuando le pedimos que se presente a sí misma. A un lado quedan los reconocimientos públicos, los codiciados premios y lo políticamente correcto. Y es que desde que se convirtiese en personaje público gracias a YouTube –y a su más que evidente desparpajo–en 2016, la andaluza ha aprendido a identificar qué quiere (y qué no) en su vida. “Quizás suene mal, pero yo nunca doy una puntada sin hilo”, comenta abiertamente. Nunca quiso dedicarse a vender su vida en Internet, pero siempre fue consciente de que las redes eran la forma más efectiva de hacer llegar su mensaje. En su caso, un discurso basado en la creatividad y el amor propio.

Agradecida a la vida por lo que ha dado, especialmente el poder ser ella misma (además de trabajo, familia y amigas), la creadora habla sin reparo sobre la cara amarga del éxito. “Llegas a cumplir un sueño, pero ese sueño no es tan bonito como creías”. Un choque con una realidad áspera en la que el éxito converge con la falsedad y la manipulación, y que sana a través del arte en sus diferentes formas. “Soy tan sensible que necesito crear para evadirme, es mi terapia”. ¿Su último proyecto? Malo, una colaboración con la cantante Bea Pelea en la que reconecta momentáneamente con sus inicios musicales, definidos por el ritmo y el empoderamiento. Ahora prefiere “las cosas íntimas y pequeñitas”, en las que el sentimiento se convierte en el verdadero protagonista. Una nueva forma de entender la música, más honesta consigo misma, que también aplicará a sus futuros trabajos. “Me gustaría sacar un álbum antes de verano, pero quiero que nazca de forma natural”.

Jedet, antes de empezar, ¿podrías presentarte a nuestros lectores?
Soy Jedet…¡Uf, qué difícil! (risas). Soy Jedet y vivo en Madrid desde hace 10 años. Actúo, canto, escribo, y hago lo que necesito para expresarme.
¿En qué momento vital te encuentras?
Estoy en un momento de recuperarme a mí misma, de recuperar a la mujer fuerte que tanto me costó construir. Se ha tambaleado un poco últimamente. A la vez, me siento agradecida y bendecida.
Cantas, actúas y escribes. Las disciplinas artísticas se suceden en tu imaginario, pero, ¿cuál de todas ellas vino primero?
Lo primero que hice fue estudiar teatro, pero profesionalmente hablando, lo primero de todo fue la publicación de mi libro Mi último regalo en 2016. Por aquel entonces trabajaba como camarera, pero una editorial independiente me lo publicó y funcionó muy bien. Lo otro fue viniendo después.
¿Y hay alguna en la que te sientas especialmente cómoda?
Me encanta escribir, desde pequeñita.
¿Dirías que la literatura es tu forma de expresión más sincera?
Sí, siempre he escrito para sanarme. A veces me arrepiento, siento que al abrirme tanto me pongo en peligro.
¿La Jedet de 2016 tenía claro lo que quería? ¿Sabías a qué querías acabar dedicándote, o lo fuiste descubriendo con el paso del tiempo?
Quizás suene mal, pero yo nunca doy una puntada sin hilo. Desde el momento en el que abrí mi canal de YouTube, yo ya sabía que no quería ser youtuber, pero era consciente de que ese canal me podía permitir llegar a mucha gente, y que eso tendría diferentes utilidades. Cuando conseguí esa plataforma, la usé para que mi libro llegase a más gente, por ejemplo. Empecé a hacer música, y también llegué a más gente. Conseguí un foco que hizo que realmente pudiese expresarme en lo que me hacía feliz, que eran las disciplinas creativas que practico. No era vender mi vida en Internet.
¿Dirías entonces que ahora estás viviendo la vida con la que siempre habías soñado? ¿O aún queda mucho camino por recorrer?
Sabía hacia donde quería proyectarme, porque cuando me mudé a Madrid vine para estudiar arte dramático. Me formé durante 4 años. Mi sueño era ser actriz, pero lo dejé porque no lo veía posible. Tenía que llenar la nevera y me puse a trabajar de camarera, compaginándolo con cien mil cosas para poder vivir aquí, porque de lo contrario la única opción era volverme a mi pueblo. Cuando renuncié a ello, de repente todo fue viniendo, y ahora me encuentro en el sitio en el que soñaba estar. Estoy aprendiendo a disfrutar de él. A veces me siento incluso culpable de que me vaya bien, o no soy capaz de disfrutar del todo y valorarlo.
¿Por qué te sientes culpable?
No lo sé. Creo que tiene que ver con el hecho de que mi vida sea tan buena, aunque me lo haya ganado yo porque nadie me ha dado nada, vengo de una familia humilde. Formo parte de una comunidad, la comunidad trans, y el ver cómo mis hermanas siguen muriendo, o no tienen para comer, o tienen que prostituirse porque el 85% de ellas está en el paro, me hace sentir mal. Me dicen que hago mucho, pero no siento que esté haciendo suficiente por ellas.

“Todo en mi vida es resultado de un accidente”, comentabas en una entrevista anterior, cuando hablabas del porqué de tu desembarco en la literatura. ¿Cuál ha sido el ‘accidente’ que más satisfacción te ha dado? ¿Por qué?
Las casualidades que han hecho que haya conocido a las personas que han marcado mi vida, y mi crecimiento personal y profesional.
¿Sientes que cada vez eres más tú en lo que haces?
Sí, cada vez me siento más cómoda con lo que hago, aunque todo el rato estoy evolucionando y experimentando tanto artística como estéticamente. No tengo ni idea de lo que me depara el futuro.
¿Y qué queda de la Jedet que se mostraba en YouTube en 2016, aún sabiendo que no quería acabar haciendo de las redes sociales su vida? ¿Qué ha cambiado desde entonces?
Cuando empecé en el entretenimiento y me adentré en este mundillo, todo me hacía más ilusión y tenía más ganas de todo. Ahora que estoy dentro, veo cómo es realmente. Se aprovechan de ti, un día te quieren y otro no. Te usan, e incluso te maltratan. Confías en la gente y te acaban traicionando. Creo que la piel se te va haciendo más dura inevitablemente. Llegas a cumplir un sueño, pero ese sueño no es tan bonito como creías.
Podríamos decir que has desmitificado la vida con la que soñabas en gran parte. ¿Qué es lo que más te ha sorprendido en este sentido?
Pensaba que cuando consiguiese todo lo que tengo ahora, iba a ser muy feliz. Y aunque estoy muy agradecida todos los días de mi vida por la vida que tengo, por el simple hecho de poder ser yo y tener trabajo, una familia, unas amigas y un techo, creo que me sigo sintiendo vacía. Es como si al final nunca le encontrase el sentido a nada. ¿Qué hago aquí? No lo entiendo.
¿Hace falta encontrarle sentido, o se puede ser feliz dejándose llevar sin prestarle demasiada atención a lo racional?
Creo que soy una persona que no sabe disfrutar, y que se entrena cada día en aprender a hacerlo. Cuando me traen mi plato favorito a la mesa, yo ya estoy pensando en que se va acabar. Ahora que estoy en el que podría ser el mejor momento de mi vida, ya estoy pensando en cuando se acabe. Incluso cuando estoy teniendo sexo no estoy disfrutando, estoy pensando en otra cosa. Me cuesta disfrutar.
¿Es la música una forma de suplir ese vacío existencial al que te refieres?
No, siempre quise ser cantante, pero sé que no canto bien (risas). Soy muy consciente de mis cosas. En 2017 saqué mi primera canción y fue bien. Luego saqué la segunda, y fui sintiendo las recompensas. Y no me refiero a que me escuchen, sino a que la música me permite juntar todas las disciplinas en una sola. Yo escribo una canción, la canto, hago el videoclip y la interpreto ante una audiencia que viene a escucharme. Para mí es como una terapia. Es algo muy necesario, aunque no viva de ello. Antes de la pandemia, he hecho conciertos y he cobrado por ello, y me ha ido bien; pero no vivo de los streams. Vivo de la publicidad que hago en Instagram. Lo hago por gusto, e incluso invierto dinero en hacer mi música, porque para mí es terapéutico.
¿Te consideras cantante?
No.
¿Por qué?
Considerarme cantante sería una falta de respeto para los músicos de verdad. Tampoco me considero actriz, y tengo un Ondas, he estudiado arte dramático durante 4 años y he hecho teatro. Ni escritora, y he publicado tres libros. Me considero… no sé. Soy una persona que está aquí, que siente muchas cosas y que intenta expresarlas. Si me las quedo dentro me comen, y tengo que sacarlas por algún lado. Nunca estoy quieta. Si no estoy cantando estoy actuando, o haciendo otra cosa. Me muero si no hago nada. Soy tan sensible que necesito crear para evadirme y sacarlo. Es mi terapia.

Efecto mariposa, tu último libro, es una liberación en sí misma. “Tienes entre tus manos mi diario, que he ido escribiendo en el blog de notas de mi móvil”, adviertes al lector. ¿Es la música una forma distinta de expresarte?
Creo que es lo mismo. Mis libros son mis diarios, y la mayoría de mis temas son hojas de mis diarios que convierto en canciones. Yo he escrito desde que era niña. Cuando iba al cine y no me gustaba como terminaba la película, llegaba a casa y escribía como yo quería que fuese el final. Creía que lo que había escrito era la historia real, y entonces ya me quedaba tranquila. Mis canciones son textos, son mi diario cantado.
¿Te sientes identificada con algún género musical?
No, creo que se me da mal definirme en general.
Entiendo que no te gustan las etiquetas.
No. Bueno, algunas sí. Me considero una mujer muy clásica para algunas cosas, aunque luego sea la más abierta de mente en otras cosas.
En tus canciones, o “diarios cantados”, hemos visto cambios significativos. El ritmo y la energía que desprendes en Reinas junto a Ms Nina contrasta con el tono intimista de Me pongo a llorar de lo mucho que te quiero, single que vio la luz a finales de 2020.
Sí, hay cambios. Cuando empecé a hacer música era más pequeña, y mi objetivo era que la gente me escuchase. Hacía música que pudiese volverse mainstream. Si estaba de moda algo y mis amigos y productores lo hacían, yo también. Pero me acabé dando cuenta de que no podía defender eso en un escenario. Yo consumo esta música, pero no puedo hacerla. No puedo ir a un festival y salir al escenario con cuatro bailarinas a mover el culo, porque yo soy eso un sábado de fiesta, pero no en mi día a día. Todas mis letras hablan de desamor y otros temas. En el momento en el que entendí que mi música tenía que hacerla por y para mí, fue cuando empecé a encontrar mi sonido. Mi versión de Porque te vas fue un punto de inflexión en mi carrera, a partir de ahí entendí hacia dónde quería evolucionar como artista.
Es menos comercial, pero a mí me gusta más. Eso no quita que me encante el reggaeton, o el pop urbano, y que me haga una colaboración con Ms Nina o Bea Pelea, porque esa música me gusta. Pero colaboraciones puntuales, no hacer un show basado en eso. Yo soy feliz haciendo un show con un guitarrista, y ya está. Mi prioridad es sentirme cómoda con mis letras para poder defenderlas en un escenario el día de mañana.
Por lo que comentas, tu música es ahora un reflejo más fidedigno de tu persona. ¿Crees que la gente está sabiendo ver esa verdad en tus letras?
Creo que la gente, en general, no me toma muy en serio. Entonces, intento no pensar en lo que piensa la gente sobre lo que hago. No me lo planteo. No saco una canción y pienso en si se van a dar cuenta de que mi estilo está cambiando. Yo soy así, al día siguiente soy de otra forma, y quienes me siguen desde el principio han visto mi evolución; y si se han quedado es por algo. Y si han decidido irse, es por algo también. Si te quieres ir, la puerta es ancha. Yo no te voy a convencer de que me quieras o de que te guste lo que hago.
De Amy Winehouse, al punto de inflexión en tu carrera en forma de versión del célebre Porque te vas de Jeanette. ¿Quiénes son tus principales referentes y fuentes de inspiración?
De Mocedades a Manzanita, de Britney Spears a Amy Winehouse, de Jeanette a La Lupe, de Lana del Rey a Camarón y Lil Kim... Todo lo que sea fuerte, dramático o pop es lo que más me inspira.
Y hablando de referentes, son muchos los que parecen haber encontrado en Cristina Ortiz La Veneno un icono a raíz de la serie dirigida por Los Javis, Veneno, en la que tú misma das vida a la almeriense junto a Daniela Santiago e Isabel Torres. ¿Qué ha significado para ti esta experiencia?
Veneno ha cambiado mi vida para siempre, profesional y personalmente.
¿Cuál es la mayor lección que has aprendido a lo largo de tu carrera?
Mi madre siempre me inculcó el respetar a todo el mundo fuese como fuese, se dedicase a lo que se dedicase, y a ser siempre humilde. Mis abuelos y mis padres son muy trabajadores, han trabajado en el campo y en la hostelería, así que he aplicado esos valores a lo largo de mi carrera. Soy siempre considerada con el trabajo y el tiempo de los demás. Nadie es más que nadie.

¿Es la fama un territorio complicado?
No lo sé, no me considero famosa. Para mí famosa es Marilyn Monroe (risas).
¿Cómo llevas las críticas? ¿Te afectan mucho?
No me afectan las profesionales, porque si no hiciese bien mi trabajo, no me contratarían, no me escucharían y no comprarían mis discos. Algo debo estar haciendo bien para que marcas sigan apostando por mi, editoriales sigan queriendo publicar mis libros o haga un concierto y llene la sala. Pero sí que me afecta a veces en lo personal, la gente puede ser muy mala. He llegado a escuchar cosas de mí tan crueles que a lo mejor en ese día me ha pillado muy baja, y me ha hundido. También he aprendido a no compartir muchas cosas. No me arrepiento, pero me gustaría no haber hecho pública la última relación que tuve, porque cuando se acabó tuve que pasar esa ruptura públicamente. Ya es duro para ti, como para que miles de personas tengan que opinar. Al final aprendes que el vivir de lo que tú quieres tiene un precio e intentas que no te afecte demasiado, pero hay días en los que sí es duro. A lo que sí creo que he aprendido, es a no echar más leña al fuego. Que me critiquen me da igual, hoy hablan de mí y mañana de otra. Nada es tan importante. Hay gente que necesita ser mala con otras personas para no tener que responsabilizarse de sus vidas mediocres.
¿Ha cambiado tu relación con las redes sociales? ¿Piensas más en lo que compartes y lo que no?
No en el presente, pero sí lo pienso a largo plazo. Por ejemplo, si algún día vuelvo a tener una relación de pareja, eso va a ser para mí, para mi pareja y mis amigas; no se va a enterar nadie más. Al final, yo me he hecho conocida por compartir mi vida, pero tampoco es necesario compartirlo todo. Es bueno quedarte con algo para ti, porque cuanto más das, más les estás afilando los cuchillos para que puedan clavártelos. Esas personas no te quieren, no te conocen muchas de ellas, y quieren reírse de ti o hacerte sufrir a través de una pantalla. Me gustaría ser más selectiva con lo que subo y comparto en el futuro. Le debo mi carrera a las redes sociales y a mis seguidores, pero a veces puede ser peligroso.
Cerca de cuatrocientas mil personas siguen cada paso que das en Instagram, muchxs de ellxs jóvenes. ¿Reflexionas sobre el impacto que pueden tener tus publicaciones?
Si reflexionase no me habría visto envuelta en tantas polémicas... No pienso en que hay gente viendo lo que subo, se me olvida, y por eso la cago constantemente. No soy políticamente correcta como persona, y eso da mucho juego a los haters.
Hablando de compartir, ¿hay algún/a artista con el que gustaría colaborar?
¡Sí! Me encantaría colaborar con Rigoberta Bandini, Alice Wonder, Kaydy Cain, C. Tangana… Y con Mark Ronson, ¡me encanta! Pero eso ya es soñando (risas).
¿Qué nos puedes adelantar sobre tus próximos singles?
Ahora acabo de sacar una colaboración con Bea Pelea que se llama Malo. Se parece más a lo que yo hacía antes, más reggaetón, pero tiene esa esencia triste que me gusta porque es una canción de desamor. A finales de mes, lanzo una canción en solitario que define lo que es la evolución de mi sonido, de mi estética y de lo que serían mis shows si se pudieran hacer. ¡Sale dentro de muy poco!
¿Pretendes hacer conciertos cuando la situación lo permita?
Sí, pero me gustaría hacer cosas íntimas y pequeñitas. Que quepan cien personas. Porque como lo hago tan mal, cuantos menos testigos haya, mejor (risas).
¿Y disco? ¿Te gustaría lanzar uno próximamente?
Me gustaría sacar uno antes de verano. Estoy trabajando en canciones, y ahora me voy a encerrar en el estudio a grabar más cosas. Pero quiero que nazca de forma natural. Ya saqué un disco con prisa y ahora lo escucho y, aunque no me arrepiento, quiero que el siguiente me guste escucharlo a mí.
¿Tienes algún sueño por cumplir?
Sí, pero si lo digo no se cumple. Pero sí que me encantaría hacer cine. Y hacer también de una narcotraficante en una serie mafiosa. Creo que me pega. Polioperada con mala leche pegando tiros (risas).
La última pregunta te corresponde. Has reconocido estar cansada de que los medios siempre se interesen por los mismos temas. ¿Qué pregunta te harías a ti misma?
¿A cuántos hombres has tenido que olvidar?

Texto
David Alarcón
Fotografía & Dirección de arte
Bryan Torres
Estilismo
Francisco Ugarte
Producción
Enrique Borras
Peluquería
Marc Cardona
Maquillaje
Sandro Igon
Uñas
Marina Montero
Modelo
Jeffrey Peters
Asistente de fotografía
Valentin Pattyn
Asistente digital
Ainoa Etiennnemare
Retoque beauty
Sandro Igon
Agradecimientos especiales a My Extensions Madrid

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