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Vivimos acostumbrados a la superficialidad más literal a la hora de entender la vida en la ciudad. Es desde donde se gestiona, configura y asimila la vida social, y es, desde ese plano, donde las posibilidades de la diversidad quedan, desafortunadamente, cada vez más acotadas. Pero, ¿qué ocurre ahí debajo? ¿Qué ha sucedido a lo largo de la historia en la capa inferior de esas superficies limitadas? Nos sentamos con Javier Cuevas, historiador del arte e investigador principal del proyecto Cruising Torremolinos, para conocer mejor el desarrollo de esta publicación, la historia más oculta de esta localidad, y todas las cuestiones que convierten a Torremolinos en un espacio queer y disidente.

Financiado por el Vicerrectorado de Investigación de la Universidad de Málaga durante el bienio 2019-2021, el proyecto de investigación Cruising Torremolinos presenta la primera publicación resultante de su trabajo en estos 2 últimos años. Este libro colectivo ha sido editado por Javier Cuevas y Ángelo Néstore, directores e investigadores del proyecto, y recoge la construcción de una genealogía queer de Torremolinos/Málaga desde la década de 1960 hasta la actualidad. La investigación está realizada con un enfoque metodológico interdisciplinar que incluye la historia del arte, la historia del cine, la arquitectura, las prácticas artísticas, los estudios de cultura visual y la traducción.

Cruising Torremolinos. Cuerpos, territorio y memoria (Tirant lo Blanch, 2022) es el libro que recoge todo este estudio. Este acercamiento a la historia más oculta de la localidad malagueña comienza en las décadas de 1960 y 1970, en primer lugar como destino de la comunidad LGTBIQ+ durante la dictadura, en segundo lugar como uno de los espacios en los que funcionó la represión después de la aprobación de la Ley de Peligrosidad como demuestran los sucesos de la gran redada (agosto de 1971) y, en tercer lugar, como la localidad en la que se fundó el movimiento de liberación homosexual andaluz (la Unión Democrática de Homosexuales, enero de 1977), meses antes de la primera manifestación para la derogación de la Ley de Peligrosidad, y considerada primera manifestación del orgullo LGTBIQ+ del estado español, en Barcelona en el mes de junio de 1977.

El libro contiene un total de nueve ensayos de Javier Fernández Galeano, Geoffroy Huard, Elo Vega, Alberto Berzosa, Lidia García, Antonio Navarro, Fernando Bayona, Alejandro Martín y Alicia Navarro, además de la introducción de Javier Cuevas y Ángelo Néstore.
Todos ellos abordan cuestiones como el erotismo en Torremolinos frente a la retórica del régimen franquista, la emigración homosexual durante la dictadura, la arquitectura del relax y la influencia del turismo, el cine rodado en esta etapa, las políticas culturales, la práctica del cruising, el flamencamp y la copla, o la producción artística y la sensibilidad social como método para la recuperación de la memoria histórica.

Con todas estas cuestiones encima de la mesa, hablamos con Javier Cuevas, que nos explica el desarrollo del proyecto, la diversidad dentro de la diversidad, el contexto histórico nacional, la forma de abordar estas cuestiones, el pasado, presente y futuro de un lugar que, aún hoy, se mueve entre la decadencia y la resistencia.
Ante un libro que nace de un proyecto académico y de investigación que abarca una idea concreta pero que a la vez se abre en muchas líneas de trabajo, creo que lo primero que te tengo que preguntar es cómo surge este proyecto y, consecuentemente, la publicación.
Este proyecto surge en 2017, en un momento que recuerdo casi eufórico. Ese año se celebró en Madrid el orgullo a nivel mundial, porque se cumplían 40 años de la primera manifestación LGTBIQ+ en el estado español, y que en aquel momento tenía como objetivo la derogación de la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social. Tuvo lugar en Barcelona en junio de 1977, y fue una famosa manifestación fotografiada por Colita donde estuvieron José Pérez Ocaña, Nazario Luque, y otros artistas relevantes a la cuestión, y que fue encabezada fundamentalmente por personas trans y prostitutas. Aunque también contó con la presencia de mucha gente del colectivo que ya estaban previamente articulados por la confluencia de sucesos históricos sensibles como el movimiento de liberación homosexual español en el año 1970 o 1971 con Armand de Fluvià, la muerte de Franco y la Ley de Peligrosidad, que generan e impulsan esta manifestación.
Pues 40 años después, se celebra en Madrid el Orgullo Mundial, y más allá de la famosa manifestación se organiza un programa enorme y que, con todas sus críticas, estaba muy, muy bien planteado: El porvenir de la revuelta. Ese programa abarcaba numerosas actividades, exposiciones en prácticamente casi todos los museos y centros de arte y de cultura contemporánea de Madrid, en algunos casos específicas, y en otros tratándose de recorridos LGTBIQ+ en colecciones más clásicas, digamos, como las del Prado o las del Thyssen, a Conde Duque y otros espacios. Este fue un momento que disparó todo el proceso de narración y de reconstrucción de la memoria LGTBIQ+ en nuestro país, que además casualmente, o causalmente, justo coincidió con la manifestación que se organizaba en Londres, que celebraba el cincuenta aniversario de la despenalización parcial de la homosexualidad en Gran Bretaña.
A raíz de eso, pude visitar entre otras actividades la gran exposición Queer British Art, que se hizo en la Tate Modern y que ha supuesto un antes y un después para revisar toda la narración de la historia del arte británico desde una perspectiva queer. Y es justo allí cuando, a su vez, se estaba impulsando la manifestación conmemorativa de Stonewall en Estados Unidos. Se trata de un momento eufórico en todo este proceso de revisión, pero también fue un momento en el que vi que faltaba algo.
¿Sentías que faltaba escribir o indagar sobre la historia de movimientos LGTBIQ+ en el estado español más allá de las ciudades más grandes/conocidas?
Sentía que se construía esa narración a nivel estatal pero que se quedaba fuera Torremolinos. Y esto lo pensé, no en un sentido localista, sino más bien porque entendí que se quedaba fuera porque la experiencia de Torremolinos es particular; no era única ni muchos menos, Torremolinos no es un oasis en el desierto. Torremolinos es un archipiélago que forman todas las zonas turísticas, como Sitges, Ibiza, Canarias, o la costa levantina, que nos permite pensar en modelos alternativos de narración, de cómo surge el Movimiento de Liberación español. No en un sentido de la política clásica, es decir de movimientos estructurados que se articulan más o menos con partidos políticos y que generan grupos, manifestaciones y transformaciones en el plano social y material, sino la manera en la que el turismo de masa, el turismo internacional que llega a Torremolinos, igual que a otras zonas de la Península Ibérica, con su modo de vida, de relación, en el modo en el que llega un nuevo tipo de música, de baile o de locales también introducen unas modificaciones que son distintas y que van muy en paralelo. Y eso provocó la posibilidad de pensar en pequeñas intervenciones en congresos especializados.
¿Cuáles son los primeros pasos del proyecto?
A nivel europeo había un proyecto que es fundamental, Cruising the 70’s, y que implica a Reino Unido, Alemania, Polonia y España. Y la organización en España de ciertos congresos como el de Resistencia del Sur en el Instituto Valenciano de Arte Moderno, en 2018, nos permite empezar a plantearnos cómo incluir Torremolinos en esta nueva narrativa. Ahí fue cuando nos dimos cuenta de que había que pedir un proyecto de investigación y que no podía ser únicamente de historia del arte, debía ser multidisciplinar, interdisciplinar y transdisciplinar; tiene varias cabezas, como si fuera una hidra.
Es la visión que abarca el libro, que es quizá más histórica. Hemos buceado en archivos. Nos hemos leído los expedientes por homosexualidad tanto de los juzgados de Vagos y Maleantes como los juzgados de Peligrosidad para ver qué se dice de Torremolinos en ellos, y hemos entrado a las prácticas artísticas contemporáneas.
¿Y cómo acaban involucrándose los participantes que con sus textos dan forma y articulan al proyecto que has dirigido junto a Ángelo Néstore?
Por ponerte un ejemplo: el proyecto surge de la disciplina de la historia del arte, que va hacia la arquitectura, hacia el modo en el que la arquitectura del Estilo del Relax también es receptora de esas prácticas sexo disidentes, y de esto va el texto de Alex Martín Rod. Nosotros partíamos de una imagen; la del edificio de La Nogalera, que es uno de los edificios que junto con el Palacio Congreso de Torremolinos son por excelencia del estilo del Relax, que son objetivo de la arquitectura moderna aplicada al turismo de masas y en cuyos cimientos estaban, y continúan hoy en día, los cuartos oscuros.
También hay ensayos visuales como el de Elo Vega, prácticas artísticas de artistas como la de Antonio Navarro, que trabajan sobre el cruising y que han pensado el cruising a través de su práctica artística en proyectos como el del Parque de Málaga o el de Arraijanal.

“Hay un movimiento global y neoliberal, en el que Torremolinos está intentando encajarse ahora mismo al situarse como una ciudad que recibe al turismo internacional, que le da igual estar en Tel Aviv, en Río de Janeiro, en Barcelona, o en Torremolinos, porque son lo mismo, y son los mismos.”
Más allá de la historia del arte y la arquitectura, en Cruising Torremolinos se crea una genealogía que abarca otros campos como el cine, y del que hay bastante material, y muy relevante, específicamente desde los años 60 hasta los 80. ¿Cómo os habéis aproximado a estas cuestiones?
Hay una extensión hacia el cine, o a la historia del arte, pero en su rama cinematográfica, que es el texto de Alberto Berzosa. Le pedí que analizara una de las películas y confrontase el modelo que todos tenemos en mente. El cine hecho en Torremolinos, con ciertas películas como la de Días de viejo color, que es la primera película de Pedro Olea, y que posteriormente grabó la célebre película Un hombre llamado Flor de Otoño, uno de los films que mejor recoge el espíritu en el plano cinematográfico este proyecto.
Un grupo de amigos heterosexuales de Madrid viajan del centro de nuestro país a una zona turística de Málaga (Torremolinos) y lo que se encuentran aquí es un espacio donde hay una cierta libertad sexual donde aparecen las drogas alucinógenas; hay una escena que se celebra en una casa supuestamente de Torremolinos, aunque está grabada en Madrid, donde estos jóvenes se encuentran de repente en una fiesta alucinógena con la presencia de una joven Massiel cantando sobre un disco que va a más velocidad de la que debería de ir. Aparece una mujer que es la famosa Coccinelle, artista francesa trans de éxito internacional a finales de los 60, que actuaba en la época en los bares de Torremolinos, y que de algún modo nos permite reconstruir el Torremolinos cinematográfico de ese periodo, 1967-68. Esto es casi impensable verlo en otros contextos, ni en Madrid ni en Barcelona, y ahí la clave turística también es fundamental.
¿Y qué me puedes decir sobre la aproximación al flamenco?
Esta va hacia el flamenco y hacia la copla. En ese sentido, la historia del arte hacia el flamenco sería la propuesta de Alicia Navarro, que es una propuesta enormemente ambiciosa, ya que plantea los orígenes de lo que ella define como el queerness ibérico, el cruising Iberia, es decir, cómo construir una genealogía del cruising enraizada en la definición de lo ibérico, y hacia prácticas sexodisidentes de un cruising de la Sevilla barroca, pasando por los poemas de Pedro Calderón de la Barca, la obra de Francisco de Goya, y llegando al Torremolinos que ella define como “Torremolinos alucinógeno y de volantes de yeyé”, donde hace un planteamiento excelente.
Es una de la de las principales ideas que teníamos en el proyecto, cómo construir una genealogía queer de Torremolinos y ella va a donde hay que ir en esencia, los orígenes de la era moderna, al momento en el que la primera oleada de construcción nacional nos permite entender cómo entran todas estas prácticas en el contexto cultural de la Sevilla barroca.
¿Y qué otros textos te gustaría comentar sobre este tema en particular?
Está por ejemplo el texto de Lidia García, y que está en la línea de su trabajo publicado recientemente, ¡Ay, Campaneras!, en el que plantea una lectura de la copla desde el punto de vista queer y desde la capacidad de resistencia que tiene la copla, que ha sido históricamente leída como un elemento cultural procedente de la tradición franquista o nacionalcatólica. Aquí plantea de forma más específica el transformismo, usando la etimología que se usaba en los años 70, el transformismo queer. Es decir, las travestis que imitan a folclóricas, a Lola Flores y a Rocío Jurado. Y ya más recientemente, a Isabel Pantoja, Juanita Reina, etc., que de algún modo activan cierto principio de la performance queer, y que funciona en un público queer precisamente porque la copla, por definición, tiene esa capacidad de resistencia. Así lo dice Lidia, es decir, aúna un elemento cultural donde los silencios, el hablar por boca de otro, el decir aquello que no se puede decir, tamizado, es enormemente importante, y que tiene continuidad en nuestros días cuando vamos a Torremolinos a ver, por ejemplo, a Satín Greco imitando a Lola Flores, a Coral Show imitando Isabel Pantoja, a La Peggy o Cherilyn Divine imitando a Rocío Jurado o, por supuestísimo, la gran Sandra, chica Almodóvar en La Mala Educación, y que todavía hoy trabaja en el bar que lleva por título y nombre Cruising, con su actuación de Sara Montiel.
En la parte de la curaduría o comisariado sí veíamos que era fundamental incluir el trabajo que había hecho Fernando Bayona durante 2 años, 2016 y 2018, en las becas llamadas Emergentes. Fue importante para el proyecto porque pudimos visitar los estudios en una edición especialmente dedicada a la cuestión LGTBIQ+, y descubrir los trabajos de artistas como David Trullo, Verónica Ruiz Frías, María José Ribas, Antonio R. Montesinos que planteaban obras distintas para reconstruir el pasado queer marica LGTBIQ+ de Torremolinos.
Cuando hablamos del pasado de Torremolinos bajo esta perspectiva al final acabamos hablando de un lugar con una cantidad de manifestaciones artísticas tremenda, atravesado por muchísimas cuestiones geográficas, políticas, histórica y demás. Y, sin embargo, ahora en la actualidad da la sensación que parte de esa manifestación artística se ha perdido, o no brilla tanto como en el pasado...
En primer lugar, debemos tener en cuenta que el impulso de pensar y repensar lo LGTBIQ+ a partir de lo queer es relativamente reciente. Ahora estamos en parte revisando la definición de la cultura que tenemos, ¿qué entendemos por cultura? Sobre todo, si entendemos la cultura de una perspectiva queer. Y todavía hoy tenemos una batalla, porque evidentemente es cultura ir a un bar a ver un show drag, y hoy en día, que todo este asunto está en una perspectiva mainstream con los programas internacionales de gran éxito como RuPaul's Drag Race, le está dando un valor a la cultura drag. Quizás es ahora cuando estamos tomando conciencia de eso, del valor que tiene.
La cultura de club y la cultura de bares es una cultura queer. Entonces tenemos nosotros mismos que tomar consciencia del valor que eso tiene y del valor cultural que supone. Salir a bailar, escuchar música, socializar en esos espacios supone fundamentalmente hacerlo en nuestros espacios de socialización, frente a aquellos que dicen que se trata de un gueto. Son nuestros espacios y tenemos que defenderlos sí o sí.
¿Y qué podrías decirme sobre la decadencia de Torremolinos?
Eso da muchísimo que hablar. Y sería estupendo hacerlo ya que somos muchos los que estamos hablando de Torremolinos. Por ejemplo, para mí unos de los primeros serían los creadores de la web de referencia Torremolinos Chic, José Luis Cabrera y Lutz Petry, que es un archivo fundamental y que allá donde voy a hablar de Torremolinos siempre le pongo de referencia porque están haciendo un trabajo de archivo de aquellos materiales que normalmente pasan desapercibidos.
Torremolinos no solo fue chic en los años 60, tuvo una época dorada, pero depende de para quién… Una de las novedades que aportamos al libro es la investigación en archivo, gracias a dos de los máximos especialistas a nivel nacional e internacional que son Geoffroy Huard, en París, y Javier Fernández Galeano, en EEUU, que han buceado en los expedientes por homosexualidad de la Ley de Vagos y Maleantes y de Peligrosidad, y están demostrando que Torremolinos no sólo fue chic. Torremolinos fue chic para quien tenía dinero, para el que culturalmente estaba vinculado con la aristocracia o la burguesía, porque como dice Huard, la justicia franquista era una justicia de clase y lo que sale en los expedientes es que los que eran expedientados y entraban en todo el proceso judicial, carcelario y policial, eran personas de las clases populares y sobre todo el lumpenproletariado, personas que no tenían trabajo y se dedicaban a la mendicidad, la delincuencia o la prostitución. El escritor de la aristocracia no aparece por ninguna parte.
Y la decadencia actual. Si le damos la vuelta a lo de los 60, también damos la vuelta a esto. La decadencia actual habrá que verla, evidentemente, porque Torremolinos ha pasado como cualquier zona turística del Mediterráneo en general, y particular del español, por una época muy dura con políticas urbanísticas de destrozo y de atentado medioambiental del paisaje y del territorio. Y eso es así, sí o sí. Claro, Torremolinos es chic, si pensamos en los pequeños edificios del Relax de los años 60, pero desde los 70 hasta principios de 2000 ha habido una serie de políticas a nivel estatal, autonómico y municipal de sistemática destrucción del territorio del paisaje. Y eso es lo que ha introducido la decadencia en Torremolinos.
En Mierda de música Paul B. Preciado relata en un breve ensayo una reflexión sobre los bares de lesbianas como espacios olvidados dentro de los espacios queer, que generalmente están ocupados por las masculinidades. Hace un retrato de estos lugares que albergan una estética y una música muy distinta a lo moderno o lo cool que a veces sí se encuentran en espacios gays. ¿Qué papel han jugado las mujeres dentro de la historia queer de Torremolinos, y a la vez, qué papel juegan las mujeres en esos espacios más ocultos del cruising y de las prácticas sexodisidentes?
Como dice Jack Halberstam en El arte queer del fracaso, efectivamente hay elementos de fracaso en este libro, y hay lagunas, y hay partes que están por hacer y por completar que, entre otras, sería precisamente el papel de las lesbianas; las mujeres por supuesto sí que están en primera fila porque están las mujeres trans.
La cuestión lesbiana tiene un punto de origen importante, que es el fin que está todavía por desarrollar, pero que está ya planteado y que esto lo han sacado a la luz los colegas de Torremolinos Chic, que es el círculo que se crea en torno a Pia Beck, una de las más importantes cantantes y pianistas de jazz holandesas que se muda a vivir a Torremolinos por motivos, vamos a decir, biográficos. Aquí comienza una relación con una mujer, y abren el bar de jazz The Blue Note.
Esto está muy recogido en todas las imágenes del desarrollo de la presencia de las culturas lesbianas en Torremolinos en los años 60. Debemos continuar en esa dirección, profundizar un poco más. Pero esto no debemos de leerlo como algo negativo, como una cuestión problemática, sino más bien entender que la especificidad de Torremolinos está muy relacionada con ciertas prácticas en las que la presencia del varón gay y de la mujer trans tiene mayor protagonismo. Por supuesto hay y ha habido bares de lesbianas, y los habrá, pero nos queda pendiente esta cuestión de la reconstrucción de todas las genealogías desde varios puntos de vista, en este caso, más lesbocentrado.
Investigar sobre estos temas está relacionado, creo, con uno de los asuntos pendientes más importantes en este país: la Ley de la Memoria Histórica. Al final las clases sociales más bajas son las que acaban sufriendo, ya sea porque son pobres, porque son homosexuales o porque son ambas cosas, ya que muchas veces va de la mano...
Torremolinos no fue una isla en el desierto, fue una isla dentro de un archipiélago, porque a pesar de que en esto hemos insistido en el libro, y a pesar de que continuamente se quiere construir esta narrativa que va en la dirección de que Torremolinos era un oasis en el desierto, y en relación con la famosa redada que hubo en agosto del 71, un hecho enormemente traumático. Y lo fue, por supuesto, tanto que ha sido lo que ha motivado la declaración de Pasaje Begoña como lugar de Memoria Histórica LGTBIQ+ democrática por la Junta de Andalucía en el Congreso de los Diputados, en 2019.
Yo, como historiador del arte y académico investigador, creo que es muy importante que no falseemos la historia inconscientemente. Redadas hubo en toda España, la Ley de Peligrosidad se aprobó en 1970 y entró en efecto en el 71. Se produjeron redadas en todas las zonas turísticas. La de Torremolinos tuvo mucha difusión porque al ser una zona turística había británicos, alemanes y todo eso se publicó en portadas alemanas, británicas o italianas, que de hecho hemos localizado en Italia gracias a Christopher Scarcelli, otro de los investigadores vinculados al proyecto, pero se dieron también en Sitges, en Barcelona, en Madrid, y en casi todo el país, porque es el efecto claro de la ley de peligrosidad.

“Somos seres humanos que nos relacionamos y, por lo tanto, es necesario que haya normas. La clave no es criticarla sistemáticamente y sin ningún proyecto alternativo, sino tener en cuenta que la norma se transforma.”
¿Y qué papel juega la Ley de Peligrosidad en este estudio?
¿Por qué surge la Ley de Peligrosidad? Es una nueva ley sobre la que –frente a la anterior, la Ley de Vagos y Maleantes, que se aprobó en la Segunda República– la cuestión de la homosexualidad se introdujo ya los años cincuenta. Hay una confluencia que es la aprobación de las leyes contra la prostitución femenina por parte del franquismo, esto lo explica Huard, y nos permite entender las posibles alianzas con el feminismo político. Por lo tanto, como se aprueba y se persigue la prostitución en general, la femenina, también se persigue a la masculina. Y ahí entra la cuestión de la homosexualidad y una categoría jurídica que está muy presente en el contexto de la Ley de Vagos, que es la corrupción de menores, que es algo que parece estar resurgiendo en estos momentos por todo el proyecto de la extrema derecha trumpista, bolsonarista, etc., que nos viene a decir que la homosexualidad es pederasta, y el origen histórico de esto es precisamente la supuesta vinculación de la homosexualidad con la corrupción de menores.
La Ley de Vagos lo que hace es impulsar eso, tiene un carácter, digamos, más moral y cercano a la religión católica, y a ese proyecto de nacionalcatolicismo. ¿Qué ocurre a lo largo de los años 60, que es la época dorada de Torremolinos? Que, por supuesto, hay un cambio en las políticas económicas del régimen franquista impulsada por el desarrollismo, donde se dan cuenta de que el turismo –y esto es completamente actual– es la base del motor económico del país, y entonces hay un proceso de liberalización económica que el régimen intenta controlar de alguna manera; es una especie de situación paranoica. Lo vamos a definir así, en el sentido de que por un lado abrimos la puerta, necesitamos que vengan las divisas extranjeras, con los turistas… Pero, ¿cómo hacemos para controlar esos nuevos modos de vida? Es decir, que no se apeguen a la población local.
¿Se habla de esto en el libro?
Esto lo trabaja muy bien Javi Fernández Galeano en ese capítulo del libro en el que él plantea cómo hay consumición, por ejemplo, de fotografías, imágenes pornográficas, anticonceptivos para evitar toda la cuestión del aborto, drogas alucinógenas, y cómo esta se persigue, pero con una única intención. Y es la de que la población local no acceda a ella. Puede circular entre los turistas británicos y alemanes, pero si llega a alguna persona local de Torremolinos, ese círculo rápidamente es perseguido por la Ley de Peligrosidad.
Entonces, y teniendo en cuenta que en la segunda parte de los 60 a nivel global se dan diversos movimientos revolucionarios de grupos sexuales y raciales minorizados que el régimen franquista ve como un auténtico peligro, hay una especie de contrarreforma ahí donde hay una reforma internacional. El régimen franquista plantea también una reforma con la aprobación de la Ley de Peligrosidad, que es una especie de intento legal de cerrar los impulsos liberadores que se están dando, sobre todo en Francia, que es la gran frontera con España.
Esto, que es una clave nacional, no nos debe impedir, ver y tener presente que la homofobia era global; es decir, que no se malinterprete, no quiere decir que en España como estábamos en el contexto de dictadura franquista había una persecución específica, porque sabemos que en EEUU o en Gran Bretaña era igual o peor. Por eso es importante no caer en esta pequeña trampa que a veces nos tiende la cuestión nacional española.
Desgraciadamente hay muchísimas crisis sociales y migratorias en todo el mundo, y, por la situación geográfica, la provincia de Málaga, la ciudad, y algunas localidades costeras sufren este particular fenómeno; cuesta ofrecer una ayuda, hay pocos y deficientes recursos, poca legislación y poca información. Esto se contrapone con la mal llamada política cultural actual de esta ciudad y de esta provincia, enfocada totalmente al turismo y además a cualquier precio (con una vara de medir distinta para turistas y otra para migrantes). ¿Hay una cuestión clave de clase en el desarrollo de la historia de Torremolinos? ¿Y continúa en la actualidad?
Sin lugar a duda, cómo decía antes, la justicia franquista es una justicia de clase sí o sí. Javier Ugarte, que asistió a la presentación del libro en Madrid, es otro de los grandes especialistas en esta materia y comentaba algo clave: “no pensemos que en aquella época cualquier persona podía viajar a Torremolinos”. El turismo ha cambiado radicalmente. Es decir, en el marco interpretativo hay que tener en cuenta que el turismo de los 60, 70 e incluso los 80 no tiene nada que ver con nuestro turismo de hoy en día, en el que uno, efectivamente, se coge un vuelo por veinte euros y se coge una borrachera por treinta. Entonces, este asunto es muy importante.
Aplicado a la vida marica, se ve muy claramente en la publicidad de las fiestas. Hay un movimiento global y neoliberal, en el que Torremolinos está intentando encajarse ahora mismo al situarse como una ciudad que recibe al turismo internacional, que le da igual estar en Tel Aviv, en Río de Janeiro, en Barcelona, o en Torremolinos, porque son lo mismo, y son los mismos. Aquí entra la cuestión que afecta además a todos los planos, como ya sabemos: el económico. Acceder a ciertos destinos donde las políticas y la cultura queer son fundamentalmente económicas supone que el que tiene dinero puede, y el que no, no. Luego afecta a los cuerpos, por supuesto, la manera de presentar sus cuerpos, hipermusculados, relativamente normativos. Y después está el Torremolinos que hay gente que denomina decadente, pero que yo creo que es el Torremolinos apasionante desde mi punto de vista, porque hay una supervivencia desde los años 60 que es la de los bares, donde todavía puedes ver a drags y travestis que llevan décadas actuando. Creo que estos distintos planos conviven, y que esa es la riqueza de Torremolinos.
En cuestión a este tipo de prácticas sexodisidentes tan específicas de Torremolinos, se presencia mucho últimamente en redes sociales un debate que produce esta división dentro de hombres homosexuales debido a la forma de ver cómo algunas prácticas pueden dañar o dar una mala imagen del colectivo, según exponen algunos en cuestión a diversos sucesos. Se supone que hemos avanzado y que estas cuestiones deberían estar superadas, pero ¿sigue teniendo tanto peso la normatividad?
Recientemente asistí a una ponencia de Judith Butler en Barcelona, donde dijo muy claramente que no se trata de ir contra la norma sistemáticamente, sino de entender que la norma tiene una función y un sentido, por la manera en que tenemos de estar en el mundo; lo que tenemos que hacer es expandir la norma, transformarla y reflexionar en torno a ella, pero no echarla abajo sistemáticamente como proyecto nihilista que no lleva a ninguna parte. Somos seres humanos que nos relacionamos y, por lo tanto, es necesario que haya normas. La clave no es criticarla sistemáticamente y sin ningún proyecto alternativo, sino tener en cuenta que la norma se transforma.
Dicho esto, cuando surgen los debates en torno al uso de la sauna o el cruising, hay que tener claro que se trata de espacios seguros y espacios queer. Espacios seguros que, efectivamente, propician este tipo de encuentros que se dan en el espacio público, y que de repente han empezado a reproducirse dentro de bares. Ahí pierden aquella cuestión de lo público que justificaba su peligrosidad para la ley. Pero eso es ahora; antes, estas condiciones han influido directamente en el modo en el que se articula nuestro deseo.
¿Y por qué es tan importante seguir hablando de o analizando la norma?
¿Hay generaciones nuevas que no están armarizadas? Sí y no, siempre hay un momento en el que, con mayor o menor intensidad, te tienes que presentar ante la estructura heterosexual de la familia, el colegio, los amigos o el contexto laboral como persona no heterosexual, con más o menos dramas. Entonces eso nos define y, por lo tanto, está en nuestro deseo no normativo, disidente, y articulado a partir de esos espacios, que los tenemos que reivindicar sí o sí.
José Esteban Muñoz dice en Cruising Utopia (traducido al español como Utopía queer), que estamos descubriendo ahora que en realidad esas prácticas que se daban en los 70 nos proyectan hacia un futuro, es decir, hacia un nuevo modo de relacionarnos que no pasa por la monogamia. Y esto enlaza con todas esas corrientes que van hacia una crítica a la monogamia. En parte se está superando, pero dependiendo del contexto en el que nos movamos y del momento. Apuntamos hacia una ligera separación de eso. Si no, entonces estos espacios de lo que hablan es de ascenso colectivo, de superar la monogamia, de disfrutar los cuerpos. Más allá de la moralidad acusatoria, hay gente que tiene su deseo articulado a partir de la monogamia y le va bien, y es que no hay que imponer un modelo. Hay que respetar la diversidad y los distintos modos de disfrutar y de cómo se articula el deseo.
Es decir, el cruising tradicional está de capa caída, esto lo explica Antonio Navarro en el libro; en parte porque aparece un nuevo cruising digital, el de las aplicaciones, que es aún más duro. La digitalización y todo ese proceso de pasar a lo virtual también está haciendo que perdamos nuestros espacios, por lo que ahora más que nunca hay que reivindicarlos.
Y, por supuesto, pienso que hay salir de Twitter. Twitter es la confrontación, la polarización… creo que es una red social que está pensada para eso, y creo que hay huir de ella, no nos ayuda en nada.
Para concluir, la pregunta final, ¿cuál es el futuro que le espera a Torremolinos? Y, por otro lado, ¿cuál es el futuro del proyecto?
El libro se articula a través de tres líneas de investigación: cuerpo, territorio y memoria. Todas tienen un amplio recorrido, es decir, hay muchísimo trabajo que hacer en la investigación de los archivos judiciales. Vamos a trabajar con mucha más gente, y vamos a seguir trabajando estas líneas. La parte del territorio, que es fundamentalmente la manera en la que el turismo se articula en el espacio específico de Torremolinos, el proceso de turistificazión en su caso específico, la cuestión del flamenco en el cruising, la copla y las prácticas artísticas. Y seguiremos trabajando, además, en la línea de incorporar precisamente dos cuestiones que hemos comentado. Por un lado, la manera en la que las otras iniciales de los LGTBIQ+ se han articulado en Torremolinos, para darle todavía más protagonismo; es decir, la cuestión trans y la cuestión lésbica, pero también las culturas leather, bear, etc. Creo que también hay un trabajo importante en cuanto a seguir pensando las nuevas narrativas en relación con la cuestión turística, a nivel nacional, pero sobre todo a nivel global.
Y, por supuesto, poner en crítica, en el sentido positivo, y a revisar continuamente el modelo hegemónico cultural, imperialista estadounidense. Es el modelo Stonewall, que se está haciendo en el propio EEUU y también fuera de allí. Estamos también trabajando cómo se articula la cartografía de Torremolinos a nivel turístico con espacios italianos, brasileños, caribeños, argentinos, y en el contexto transatlántico.
Por supuesto que hay mucho recorrido, y esperamos poder llevarlo a cabo contando con el equipo, y con nuevas incorporaciones de generaciones más jóvenes que aporten otras narrativas.

Texto
Antonio Rodríguez

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