Corría el año 1945, y mientras el mundo se preparaba para comenzar a recomponerse tras la mayor calamidad de la historia reciente, Dr. Martens sembraba la semilla de un proyecto que revolucionaría la industria del calzado. Sustituyendo la plantilla tradicional dura en cuero de las botas de la época por una cámara de aire estudiada a conciencia en prototipos –y posteriormente producida a gran escala–, el invento acabó adquiriendo su personalidad inconfundible quince años después.
Cuesta creer que una bota alejada de lo ostentoso pensada para el confort de los trabajadores acabaría por convertirse en un lienzo en blanco sobre el que distintas culturas y tribus urbanas, movimientos artísticos y un amplísimo abanico de personas que sentían la necesidad de expresarse, plasmarían su forma de pensar y entender el mundo. El británico Pete Townshend, guitarrista y principal compositor de The Who, fue uno de los primeros rostros conocidos en acudir a Dr. Martens en busca de un símbolo con el que reivindicar su actitud rebelde, siempre conectada a la clase obrera.
Le seguirían muchas otras personalidades de la escena musical como Axl Rose, líder y compositor de Guns N’Roses. Pero lo más importante de todo es que, mientras la firma, cada vez más consolidada en el mercado, se lanzaba a producir nuevos modelos como los zapatos 1461, o reimaginaba el clásico modelo de botín a través de su bota Chelsea, infinidad de personas anónimas vieron en sus piezas un sinónimo de autoexpresión.
Las Dr. Martens 1914 o las botas Vegan Jadon II que prescinden de todo producto animal –y que podéis también ver en la editorial que hoy desvelamos– se sumaron a una exitosa cartera de productos fruto de un perfecto balance entre funcionalidad e identidad. Ahora, después de haber celebrado su sesenta aniversario el año pasado, Dr. Martens nos sigue animando a llevar su identidad a nuestro terreno, en un ejercicio de libertad y autoexpresión. Y prometemos seguir haciéndolo.
























