Vincent Grégorie, desde su pericia como agente de estilo y prospectiva en una de las agencias de tendencias más reconocidas del globo, cuestionó los comportamientos y los valores que emergen a raíz de la ya retumbante llamada Generación Z. Esta generación ha irrumpido en nuestra sociedad mutando sin prejuicios las reglas del juego. Han nacido adaptados a un contexto de crisis y a una avalancha tecnológica y son impulsores de cinco valores enteramente intrínsecos en ellos: Care (compromiso), Dare (audacia y atrevimiento), Talk (intercambio y diálogo), Bespoke (personalización) y Now (inmediatez y eficacia). Este reclamo es la energía que mueve las corrientes del futuro y anticipa las influencias, las tendencias estéticas y las próximas líneas de consumo. Aquellos que tuvimos la suerte de asistir al evento pudimos contextualizar y analizar con el experto cinco perfiles descritos en el trendbook Life&Style 2018-2019 que lanza la agencia una vez al año. Estos estilos inspiran el diseño, el interiorismo, la gastronomía, la arquitectura, la moda y la estética (entre muchos otros) y cristalizan en cinco nombres: The Functionals, The Pathfinders, The Solutionists, The Luxocrates y The Contemporaries. Los primeros son funcionales y no responden ni a modas ni a tendencias, simplemente tienen una necesidad y la quieren satisfacer. Por otro lado, el segundo grupo se define por su obsesión con el Sol y los valores tradicionales, la cultura y la historia. Encuentran el camino en la tranquilidad del saber, del poder y del conocimiento, y se arropan sobre todo en la energía femenina. Los Solucionistas son aquellos que encuentran el camino en la solución del problema, una respuesta construida entorno a la emoción y al hedonismo. Les caracteriza su obsesión por el agua, el verde, la sostenibilidad y la naturaleza. Los Luxócratas son los que entienden la vida como un juego. La expresión y el espectáculo son sus motores vitales y energéticos, su vida es un show off, es salirse del límite, es dadaísmo, es una cuestión de actitud y de estilo. Finalmente, los Contemporáneos se definen por su racionalidad e intelectualidad. El minimalismo, la esencia, el vacío, la reacción. Su narración hiperconceptual les empuja a la pureza, incluso a la pobreza, y a valores utópicos y rescatados, como el comunismo.


La segunda parte de la jornada la dinamizó Francesca Tur junto a tres inquietas mentes creativas. Una conversación entre amigos puso en relieve las experiencias y las vivencias de un grupo que dio el toque terrenal a las jornadas con su ironía, cercanía y humor. ¿Y cuáles son los insights que sacamos de este encuentro? Que todo pivota sobre la autenticidad y el sentir, que la humanización y la honestidad es lo que debemos ofrecer y que la razón, para ser un buen creativo, nunca debe matar al instinto. Toda una lección que desmontó verdades totémicas y cuestionó los principios de la modernidad.
Finalmente, Marta Marín, Daniel Pérez y el público establecimos un diálogo entorno a una macrotendencia que está abrazando el mundo: la revalorización de lo humano. Trazando un contexto esencialmente caótico y crítico como el que nos precede, marcado por las guerras, por las rupturas, por el miedo y la desconfianza, nace la idea de revitalizar y humanizar lo deshumanizado. El desencanto por lo vivido ha propiciado que el mercado creativo se enfoque hacia un futuro distópico, no utópico, centrado en los sentimientos y las emociones. Saturados de estímulos, abundancias y excesos las personas respondemos a la experiencia, a aquello que nos hace sentir. Una experiencia inmersiva y sensorial y que necesita activar todos nuestros sentidos.
Y con este sobrado despliegue de conocimiento, cultismo y realidad nos fuimos para casa, con la cabeza llena de evidencias encontradas, con la libreta llena de garabatos y notas y con la sensación de haber asistido a unas Jornadas de inspiración, reacción y activación.










