Emily, etc., la última performance que la artista Camila Cañeque realizó en vida, regresa el 17 de octubre a Teatros del Canal en una reinterpretación que convierte la ausencia de su autora en parte inevitable de la obra. Hay algo especialmente paradójico en que una artista obsesionada con la inactividad, el silencio, la espera y la desaparición regrese a escena después de su propia muerte. Camila Cañeque falleció en 2024, poco antes de la publicación de La última frase, un libro construido a partir de las últimas frases de más de cuatrocientos cincuenta libros.
Pero lo que el público madrileño verá no será una reconstrucción estricta de la pieza de 2023. La propuesta, dirigida por La Juan Gallery y producida por la Fundación Camila Cañeque, se plantea como una reinterpretación: una manera de volver a activar el trabajo desde “el cuidado, el respeto y la escucha” de su universo artístico. La nueva versión estará interpretada por Ascen Soto, Gabriela Feldman, Jade Baldó y Velutto, y tendrá una duración aproximada de una hora.
En Emily, etc., Cañeque reunía bajo un mismo nombre a varias mujeres que pertenecían a épocas y mundos diferentes: Emily Dickinson, Emily Brontë, Emily Davison y Emilia Pardo Bazán. No se trataba de representarlas individualmente, sino de hacerlas convivir hasta convertirlas en fragmentos de una identidad nueva. Sus voces, textos, cuerpos y ficciones se contaminaban entre sí para construir un ‘yo’ múltiple, extraño y colectivo.
La muerte de Cañeque introduce ahora una pregunta inevitable: ¿qué ocurre con una performance cuando desaparece la persona que la creó? Emily, etc. no pretende resolverla mediante una reproducción exacta. Al contrario, la nueva puesta en escena parte de la imposibilidad de repetir literalmente una acción que perteneció a un cuerpo concreto. La obra pasa así de una intérprete a varias, de una identidad a una pluralidad, y de la presencia de Cañeque a la memoria que otros cuerpos construyen a partir de ella.
Es también una cuestión especialmente significativa en el caso de Cañeque, cuya obra estuvo atravesada por la desaparición. En La última frase, publicado en 2024, trabajó con las frases finales de libros para construir una pieza entre la literatura, el ensayo y la ficción. El libro recibió el Premio Zenda Ópera Prima y ha tenido varias ediciones. Su propia muerte y la publicación de una obra sobre los finales se cruzaron así de una manera casi involuntaria, mientras su trabajo continúa encontrando nuevas formas de permanecer.
Este año, además, su obra literaria se ha ampliado con Anuncios, una novela inédita encontrada entre sus archivos y publicada por La uÑa RoTa. Escrita en paralelo a La última frase, la novela vuelve sobre algunas de las obsesiones que recorren su producción: la ausencia, el silencio, el agotamiento y la dificultad de encajar en un mundo sometido a la exigencia permanente de productividad.
La reaparición de Emily, etc. llega, por tanto, en un momento en que el trabajo de Cañeque está adquiriendo una nueva vida, aunque ella ya no esté, también desde la literatura. Pero en el teatro la cuestión de la ausencia se vuelve física: allí donde antes estaba la artista, ahora quedan otras cuatro performers encargadas de mantener abierta una obra que, desde su concepción, ya hablaba de cuerpos múltiples y de identidades que se superponen.
Después de la representación habrá un coloquio con Juan Gómez Alemán, director artístico de La Juan Gallery, y Carles Guerra, director artístico de la Fundación Camila Cañeque, que abordará precisamente la obra de la artista y los problemas de identidad, autoría y transmisión que plantea esta nueva lectura.
El destino, en este caso, resulta casi demasiado ambicioso: hoy toca volver a hacer Emily, etc. sin Camila Cañeque. Ella dejó tras de sí un legado enorme en el arte y la performance, además de muchas preguntas que siguen abiertas. Su regreso a escena recuerda también algo quizá incómodo: que a veces prestamos más atención a los artistas cuando ya no están, cuando queda su obra y su sombra, que cuando están creando delante de nosotros. Quizá por eso hoy, al volver a mirar su trabajo, haya que hacerlo no solo desde la nostalgia, sino desde el presente. Nunca fue tu última frase, Camila.
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