La instalación Liquid Sky consta de unos ochocientos puntos de luz individuales. El reflejo de las paredes de espejo de toda la sala crea al mismo tiempo un horizonte de luz interminable que brilla como un cielo estrellado. Tanto la superficie tridimensional como las animaciones de luz son el resultado de complejas simulaciones por ordenador que imitan formas y movimientos de la naturaleza. Las continuas variaciones algorítmicas reproducen un cielo de luz ‘líquida’ que se asemeja bastante al oleaje reconfortante del mar.
Combinando ciento sesenta y nueve objetos esféricos negros en movimiento, Inverse se materializa en una entidad aparentemente viva sobre un fondo blanco deslumbrante. A partir de una silueta oscura y amorfa, un organismo unicelular, un curioso ser se despierta lentamente con el propósito de seducir al público. A veces flota ligera y elegantemente como una hoja mecida por el viento, y luego vuelve a hundirse en el suelo como una sólida masa hastiada. La apariencia y el carácter de esta escultura cinética cambian sin cesar.

Estas tres primeras instalaciones de la exhibición comparten banda sonora de ocho canales compuesta por el diseñador de sonido holandés Boris Acket. Los sonidos se desplazan de una sala a otra y conectan las instalaciones como seres vivos indeterminados que se comunican entre sí.
Empleando tecnología moderna, la instalación Bonfire simula toda una institución humana de tiempos remotos: la hoguera. La tecnología digital genera la ilusión de estar sentado con amigos alrededor de una hoguera bajo un cielo estrellado. Pero Bonfire también aborda el modo en que las personas cada vez más reniegan de la naturaleza. Dispuesta de manera tridimensional, esta hoguera digital —que parece muy real— alcanza cinco metros de altura y consta de ciento sesenta y dos elementos luminosos con más de veinte mil puntos de luz controlables de forma individual.

Armonizando el movimiento cinético, la luz y la música electrónica, Grid toma la apariencia de una gigantesca escultura audiovisual que planea sobre el público tumbado sobre almohadones en el suelo. Como un camaleón, Grid adopta continuamente nuevas formas y colores. A veces la instalación parece ingrávida. En otras ocasiones, se convierte en una nave alienígena que amenaza con engullir al público, para disolverse poco después en una nube crepitante. Un colosal sistema de sonido cósmico desarrollado por Roberk Henke acompaña esta penúltima instalación.
En Tone Ladder, tres escaleras domésticas con sensores se convierten en un verdadero instrumento musical. Si se pisa un peldaño o se toca con la mano, se difunde un sonido o ritmo que varía de un estribo a otro. Cada sonido reproducido desencadena simultáneamente una animación luminosa asociada. La interacción del visitante con esta ‘escalera sonora’ regala en cada ocasión un concierto audiovisual diferente. Esta fue la primera obra interactiva que Christopher Bauder ideó mientras estudiaba en la Universidad de las Artes de Berlín.










