Nuestras abuelas fueron las últimas guardianas que dominaron los saberes y técnicas históricamente etiquetadas como artes menores… hasta ahora. Y es que actualmente, aunque todo parece ir a una velocidad vertiginosa, donde lo pausado y la calidad se desvanecen casi por completo, surgen quienes asumen la misión de preservar esa memoria que contienen las tradiciones de cada comunidad y territorio. Pero lo hacen sin nostalgia, como trampolín hacia el futuro. Por ello, el IVAM (Institut Valencià d’Art Modern) celebra su treinta y seis aniversario al mismo tiempo que presenta A media lumbre, una exposición comisariada por Blanca de la Torre que recoge nada más y nada menos que a veintisiete artistas, que se puede visitar hasta el 14 de junio.
Es posible que muchos no sepáis de dónde proviene el título de la exposición. A media lumbre alude a los filandones: encuentros nocturnos alrededor del fuego donde se intercambiaban relatos y conocimientos mientras se hilaba o se cosía. Lugares de memoria colectiva, pero también de vida social, donde las historias del pueblo, reales o no, encontraban siempre oídos atentos. En palabras de Blanca de la Torre: “Queríamos repensar lo mediterráneo más allá de los tópicos habituales y explorar cómo las tradiciones y los materiales pueden hacernos pensar el territorio desde lo afectivo”.
Un detalle interesante, poco habitual en los museos, es que las paredes no son de un blanco clínico: tienen un tono marrón y una textura que evoca tierra seca, quebrada. Esta decisión, aunque sutil, permite que las obras se integren de manera más orgánica con el espacio y que sus formas y colores dialoguen. Otro aspecto a destacar es el uso de la pieza sonora Chaguarmishqui (2025), compuesta por Saskia Calderón, que envuelve aún más al visitante.
Entre las piezas de la instalación destacan creaciones como Guapa (2015), un bordado de gran tamaño de Pilar Albarracín, artista conocida por su mirada crítica sobre la identidad y la cultura. A esta la acompañan propuestas como Sinergias (2025), un ensamblaje sobre lienzo creado con materiales orgánicos por Adriana Meunié, a quien hemos entrevistado recientemente. El recorrido continúa con Ajuar del Cerro Triste (2017-2023), una serie de cerámicas decoradas con motivos de bordado por Nuria Riaza, una creadora que destaca por su defensa de nuestras raíces culturales y por visibilizar el papel histórico de la mujer.
Unos pasos más allá, también encontramos Una trenza de hierba sagrada (2022), que, como su nombre indica, es una trenza de unos veinte metros de largo realizada con sisal natural, simulando la famosa melena de Rapunzel. Le sigue Cardinal Directions (2025), instalación de la reconocida artista estadounidense Jessica Stockholder. En ella se exploran esas arquitecturas fugaces que envuelven las vidas de los pescadores. Y, como punto álgido del recorrido, en la última sala podemos apreciar Tejiendo historias de supervivencias (2023), un trabajo extremadamente meticuloso de Josefina Guilisasti en colaboración con Stephanie González, Tefa Gonzales y doce artesanas de la comunidad Rari de Chile. Juntas han concebido todo un reino de mariposas monarca, capullos y orugas hechas con crin de caballo. Estas piezas representan solo una parte de la exposición; el resto de las obras completa un universo aún más amplio y complejo.
València es el punto de partida de esta muestra, pero se irá trasladando a otros museos como Es Baluard y Casal Solleric en Mallorca, el CDAN en Huesca y el Museu Terra en l’Espluga de Francolí. Este circuito refuerza el puente entre lo urbano y lo rural, lo ancestral y lo innovador: dos mundos que, aun siendo polos opuestos, tienen más puntos en común de lo que pensamos. 
“Reivindicamos la tierra como aquello local, como lo rural. La palabra periferia me horroriza: ¿periferia respecto a qué? Mi periferia no es vuestra periferia”, afirma Aida Boix, directora del Museu Terra.
Cada artista y artesana tiene narrativas distintas, con historias y vivencias propias detrás de sus creaciones, pero con un eje común: reactivar materiales como la cerámica, la lana, el bordado y las fibras naturales desde una nueva perspectiva. Estas técnicas las viven no como algo trivial o relegado a tiempos pasados, sino como un arte que merece ser preservado y valorado. Iniciativas como esta ayudan a promover ese cambio de mentalidad tan necesario y dejan claro que debemos seguir compartiendo historias, hilos y secretos. Así, las generaciones futuras tendrán un legado del que poder nutrirse y crecer.
La exposición A media lumbre se puede visitar hasta el 14 de junio en IVAM, calle de Guillem de Castro, 118, València.
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