Lo que para algunos no tiene valor y pertenece al pasado, para otros mantiene un uso excepcional y necesario. Materiales como la lana, el esparto, el carritx e incluso la rafia han quedado relegados, sustituidos por fibras sintéticas. Pero lo barato sale caro, y los saberes ancestrales deben protegerse. Aun así, todavía hay esperanza: poco a poco salen a la luz los que podríamos llamar rebeldes, artistas y creadores que priorizan una práctica artística sostenible y, sobre todo, de calidad. Adriana Meunié está, sin duda, en este grupo.
Su trabajo se arraiga en la idea de recuperar y poner en valor el uso de tejidos naturales, además de las técnicas artesanales que los acompañan. Una preocupación que también ha estado presente en su última obra dentro de la exposición A media lumbre, que se acaba de presentar en el IVAM (Institut Valencià d’Art Modern) y que se puede visitar hasta el 14 de junio, donde ha participado junto a otras veintiséis artistas con una intención compartida: reivindicar y proteger la artesanía y los saberes tradicionales en el contexto contemporáneo. ¿Su técnica favorita? El telar, una herramienta utilizada generación tras generación para crear tapices y, en definitiva, contar historias.
Sus obras se mueven dentro de una gama de colores neutros (beiges, blancos y negros), priorizando la naturalidad y la belleza de estos materiales. Lo curioso es que, al jugar con las texturas y la superposición de las fibras, Meunié consigue crear relatos: pequeños universos que adquieren una gran profundidad y que, al mismo tiempo, se adaptan a su entorno, generando una armonía orgánica. Y es precisamente desde ese diálogo entre materia, memoria y territorio desde donde conversamos con ella.

Quería empezar la entrevista felicitándote por tu instalación en la exposición A media lumbre en el IVAM, espectacular.
Muchísimas gracias, ¡qué alegría!
El eje de tu trabajo se basa en utilizar fibras naturales de todo tipo, desde la lana y el esparto hasta el carritx o la rafia, entre otras. ¿Con qué material te sientes más cómoda trabajando y por qué?
Es una pregunta difícil. En realidad me gusta trabajar con muchos materiales diferentes porque cada uno te aporta algo distinto. La experiencia de trabajar con uno u otro cambia mucho. Si tuviera que mencionar alguno, quizá diría la lana. No porque le tenga más cariño exactamente, pero sí porque con ella empezó todo. Fue el primer material que me hizo detenerme y pensar, aquí hay algo. Eso fue hace unos doce años.
Recuerdo perfectamente la primera vez que la vi en crudo. Me sorprendió darme cuenta de que nunca la había visto así antes. Pensé que eso era una maravilla. Las texturas, la sensación, todo. Cuando ves la lana en ese estado, te das cuenta de todo el trabajo que hay detrás para que llegue hasta ahí: el animal ha tenido que crecer, el pastor ha tenido que esquilarlo, y aun así todavía queda muchísimo proceso hasta que aquello se convierta, por ejemplo, en un jersey. Es por eso que cuando vi la lana tirada en el suelo pensé en todo ese recorrido y me impresionó mucho. Sentí que eso era precisamente lo que me gustaría compartir de alguna manera.
Recuerdo perfectamente la primera vez que la vi en crudo. Me sorprendió darme cuenta de que nunca la había visto así antes. Pensé que eso era una maravilla. Las texturas, la sensación, todo. Cuando ves la lana en ese estado, te das cuenta de todo el trabajo que hay detrás para que llegue hasta ahí: el animal ha tenido que crecer, el pastor ha tenido que esquilarlo, y aun así todavía queda muchísimo proceso hasta que aquello se convierta, por ejemplo, en un jersey. Es por eso que cuando vi la lana tirada en el suelo pensé en todo ese recorrido y me impresionó mucho. Sentí que eso era precisamente lo que me gustaría compartir de alguna manera.
Debido a cambios del sector, la lana ha perdido valor comercial de manera significativa. Aunque sea abundante y se haya usado históricamente, ahora se priorizan otras opciones. ¿Qué tipo de lana utilizas? ¿Solo animal, reciclada tal vez?
Solo utilizo lana de origen animal. De hecho, esa fue también una de las razones por las que empecé a trabajar con ella. Hace doce años, aquí en Mallorca, prácticamente ni se hablaba de la lana. Recuerdo que cuando vi aquella lana tirada pensé que quería trabajar con ese material. Se la pedí al pastor de mi pueblo, Miquel, y enseguida me dijo: claro, te doy la que quieras. Poco después apareció en mi casa con el tractor y una bolsa enorme, imposible de levantar. Me explicó que no hacían nada con la lana, nadie la quería y muchas veces tenían que quemarla. Fue entonces cuando me di cuenta de esa problemática, algo que hasta ese momento desconocía.
Desde entonces, para mí es muy importante saber de dónde viene la lana que utilizo. Durante mucho tiempo he trabajado sobre todo con lana de Mallorca, aunque con los años también he ido conociendo pequeños proyectos y productores en otros lugares, como granjeros cerca de Viena o un amigo que ha empezado un proyecto en el norte de España. Siempre procuro saber muy bien cuál es su origen.
Desde entonces, para mí es muy importante saber de dónde viene la lana que utilizo. Durante mucho tiempo he trabajado sobre todo con lana de Mallorca, aunque con los años también he ido conociendo pequeños proyectos y productores en otros lugares, como granjeros cerca de Viena o un amigo que ha empezado un proyecto en el norte de España. Siempre procuro saber muy bien cuál es su origen.
¿Les das algún tratamiento especial a estas fibras?
No siempre hace falta tratar los materiales. La lana, por ejemplo, es muy resistente y además ignífuga, así que no requiere un tratamiento especial. En cambio, con los materiales vegetales es diferente. La rafia o el carritx suelo comprarlos ya tratados porque no sé trabajar ese proceso correctamente. Por ejemplo, el carritx se lo compro a un chico de aquí de Mallorca que normalmente fabrica sombrillas. Él mismo lo recolecta y sabe cómo tratarlo para que dure. Yo prefiero confiar en ese conocimiento, porque es algo que él domina y yo no.
“Aunque podría comprar rafia por internet, prefiero ir a la tienda local, Can Garanya aquí en Mallorca, y apoyarlos a ellos. Para mí es fundamental saber de dónde viene todo lo que utilizo.”
Has comentado que tu lugar está en el taller, que es allí donde surgen las ideas a través del trabajo y la experimentación. En el caso de esta instalación, ¿cómo fue el proceso? ¿Dirías que tu manera de crear está necesariamente ligada a probar, errar y volver a empezar?
No diría que hay un punto concreto en el que empiece una pieza, más bien una cosa va saliendo de la otra. Siento que todas las piezas que estoy haciendo ahora mismo son una evolución muy lenta de la primera que hice hace años. En mi caso, aunque haga dibujos previos, hasta que la pieza no está terminada, es imposible saber cómo va a quedar. Tengo que acabarla para poder verla y entenderla del todo.
Durante el proceso aparecen muchos errores o cambios inesperados, pero a menudo terminan siendo útiles. Surgen ideas o modificaciones que no había previsto y que pueden servir para otras piezas. Por eso lo veo más como una continuidad: una pieza evoluciona a partir de la anterior. Es un proceso muy gradual. Muy lento, de hecho; yo trabajo muy despacio.
Durante el proceso aparecen muchos errores o cambios inesperados, pero a menudo terminan siendo útiles. Surgen ideas o modificaciones que no había previsto y que pueden servir para otras piezas. Por eso lo veo más como una continuidad: una pieza evoluciona a partir de la anterior. Es un proceso muy gradual. Muy lento, de hecho; yo trabajo muy despacio.
Justamente la artesanía exige destreza, pero sobre todo paciencia, una cualidad muy presente en tu práctica, junto con una clara reivindicación de los saberes ancestrales y los procesos manuales tradicionales. ¿Hasta qué punto te implicas en la selección y obtención de los materiales?
Me implico absolutamente en todo. Por ejemplo, aunque podría comprar rafia por internet, prefiero ir a la tienda local, Can Garanya aquí en Mallorca, y apoyarlos a ellos. Quiero conocer y elegir personalmente los materiales que uso. Para mí es fundamental saber de dónde viene todo lo que utilizo.
¿Crees que comprender el origen y el recorrido de estas fibras condiciona o transforma la manera en que concibes y desarrollas tus piezas?
No creo que el material condicione directamente la forma final de la pieza, pero sí tiene un efecto a nivel motivacional. Por ejemplo, cuando tengo un saco de lana o un tipo de rafia que quizá nunca vuelva a conseguir, eso me impulsa a aprovecharlo al máximo y a crear con lo que tengo en ese momento. Muchas veces mis materiales son limitados: un día tengo un tipo de lana, al siguiente se ha acabado y tengo que adaptarme a algo nuevo. Esa incertidumbre y esa disponibilidad limitada influyen en mi manera de trabajar y, sobre todo, me motivan mucho. Saber que ahora tengo algo único me impulsa a explorar y a aprovecharlo al máximo.
Has colaborado con marcas como Loro Piana y revistas como Elle Decoration France, realizando principalmente instalaciones para editoriales y escaparates. Ahora estás en el IVAM Centre Julio González con el proyecto A media lumbre. ¿Qué debe haber en una iniciativa para que realmente quieras hacerla?
Tiene que ver con un tipo de sensibilidad y conciencia sobre nuestro entorno. Para mí, lo más importante es generar conciencia sobre cómo impactamos en él. Y, por supuesto, esta exposición aborda precisamente eso.

© Juan García / IVAM
El origen de un artista suele estar muy conectado con su creación. ¿Hasta qué punto crees que Mallorca ha influido en tu arte? ¿Hay alguien o algo que haya marcado tu rumbo creativo?
Mallorca influye muchísimo en lo que hago. Aquí, en general, tenemos un carácter bastante sencillo y buscamos la integración. Por ejemplo, una casa bonita es la que se integra en el paisaje, no la que resalta exageradamente. Esa forma de relacionarse con el entorno también la aplico en mi trabajo: me gusta pensar que las piezas que hago se pueden colocar afuera y que de alguna manera encajen y armonicen con lo que las rodea. El paisaje que tengo a mi alrededor está siempre presente en mi cabeza y lo utilizo como punto de partida para crear mis piezas.
Después de estudiar moda no te sentiste muy cómoda en ese mundo. ¿Qué es lo que no acabó de encajar y cómo redirigiste tu carrera hacia algo que realmente te nutriese?
Creo que, sobre todo, lo que me alejaba de la industria de la moda era la rapidez con la que todo se hace. Todo va a toda prisa, y yo no puedo seguir ese ritmo. No creo que sea bueno para nadie: ni para las personas, ni para el sistema, ni para la sociedad. Tenemos que aprender a ralentizar todo. Aun así, me encanta la moda y la sigo muy de cerca.
Por ejemplo, trabajar con Loro Piana fue fabuloso, incluso todavía hago algunas piezas para sus escaparates y tiendas. Poder trabajar con su lino o con pequeñas piezas de su cashmere es impresionante, la calidad es extraordinaria. Para mí, eso es realmente la moda. Pero incluso con ellos, el ritmo es innegociable. La industria tiende a priorizar la rapidez sobre la calidad, a sacar tendencias nuevas constantemente, y todo es muy caótico. La gente puede pensar que aquí, en Mallorca, hay tranquilidad, y sí, no tengo el estrés de una gran ciudad, pero no estoy para nada relajada. El mundo en general va muy rápido y es muy demandante.
Por ejemplo, trabajar con Loro Piana fue fabuloso, incluso todavía hago algunas piezas para sus escaparates y tiendas. Poder trabajar con su lino o con pequeñas piezas de su cashmere es impresionante, la calidad es extraordinaria. Para mí, eso es realmente la moda. Pero incluso con ellos, el ritmo es innegociable. La industria tiende a priorizar la rapidez sobre la calidad, a sacar tendencias nuevas constantemente, y todo es muy caótico. La gente puede pensar que aquí, en Mallorca, hay tranquilidad, y sí, no tengo el estrés de una gran ciudad, pero no estoy para nada relajada. El mundo en general va muy rápido y es muy demandante.
Muchas veces, las personas a las que les apasiona este sector tienen una sensibilidad especial desde muy pequeñas, una gran conexión con la belleza y el arte en general. ¿Cómo fue tu despertar artístico? ¿Tuviste algún referente que te llevase a querer ir por este camino?
Admiro mucho, por ejemplo, a Miró y a otros artistas cuya trayectoria se puede seguir desde el principio hasta el final. Ellos muestran cómo la práctica diaria, ese sembrar un poquito cada día, va construyendo el oficio y la identidad artística. Creo que ser artista es justamente eso: un proceso gradual, una dedicación lenta y sostenida, que se va consolidando poco a poco hasta que se vuelve real. Para mí ha sido difícil incluso atreverme a llamarme artista. Me ha costado años aceptar ese término y situarme en ese lugar, porque le tengo muchísimo respeto al arte.
Mi padre era pintor, pero un verdadero artista, de esos que viven y respiran su trabajo. Yo, por mi personalidad, estudié diseño y no arte, y siempre sentí que debía ganarme ese espacio poco a poco. Para mí, el arte no es algo con lo que uno nace, es un trabajo que requiere sinceridad y compromiso total, casi una forma de vida. Me he ido metiendo en esto muy lentamente. Ahora ya me siento más cómoda pero sigo avanzando con cuidado, entendiendo que ser artista implica un proceso constante de aprendizaje y definición.
Mi padre era pintor, pero un verdadero artista, de esos que viven y respiran su trabajo. Yo, por mi personalidad, estudié diseño y no arte, y siempre sentí que debía ganarme ese espacio poco a poco. Para mí, el arte no es algo con lo que uno nace, es un trabajo que requiere sinceridad y compromiso total, casi una forma de vida. Me he ido metiendo en esto muy lentamente. Ahora ya me siento más cómoda pero sigo avanzando con cuidado, entendiendo que ser artista implica un proceso constante de aprendizaje y definición.
“Para mí, el arte no es algo con lo que uno nace, es un trabajo que requiere sinceridad y compromiso total, casi una forma de vida.”
Aparte de tus instalaciones, también tienes tu propia marca de ropa, Ódeminuí, basada en la idea de sostenibilidad y creada en Mallorca, tu hogar. ¿Cómo fue crear tu propia marca? ¿Fue difícil empezar desde cero? ¿Cómo lo quisiste enfocar?
Fue muy difícil empezar. De hecho, he tenido que dejarlo un poco de lado en los últimos tiempos por otros proyectos, pero en su momento tenía muchas ganas de crear algo propio, aunque sabía que lo haría de manera diferente. En Mallorca es complicado porque la industria para coser es muy limitada; antes había muchísima, pero ahora ya no. Aun así, me encanta la moda, y si se hace de manera local y a pequeña escala, tiene todo el sentido del mundo. Creo que, para mí, crear esta marca también fue una manera de dar forma a esa parte de mi trabajo y expresarme plenamente.
En un aspecto más estético, tus prendas tienen un estilo minimalista y práctico, con colores neutros muy conectados con la naturaleza. Mencionaste que el uso del color te resultaba complejo. ¿Ha cambiado tu relación con los tintes naturales hasta ahora, o sigues explorando otras maneras de abordarlo?
Sí, ahora en trabajos más recientes he experimentado mezclando tintes naturales y sintéticos. Por ejemplo, usé tinte natural rojo en casa, pero también incorporé color sintético. Me pareció muy interesante porque el contraste ayuda a entender mejor la pieza. Si todo fuera natural, después de tantos años sería agotador tanto para mí como para el proceso. Además, el mundo no es solo natural. Introducir un toque artificial, muy bien pensado y con sentido, me resulta enriquecedor. Me sentí más cómoda porque tenía coherencia con la pieza. En general, para mí lo importante es que cada elemento tenga sentido cuando lo utilizas.
Pero al final, no hay nada más elegante que el color natural de un tejido, tiene una potencia increíble. Es cierto que en ocasiones no se busca solo la elegancia, sino hacer algo más divertido. En un mundo que a menudo es tan gris o complicado, surge la necesidad de crear algo más alegre, que aporte un cambio, un respiro.
Pero al final, no hay nada más elegante que el color natural de un tejido, tiene una potencia increíble. Es cierto que en ocasiones no se busca solo la elegancia, sino hacer algo más divertido. En un mundo que a menudo es tan gris o complicado, surge la necesidad de crear algo más alegre, que aporte un cambio, un respiro.
Juegas con el formato de tapiz, principalmente a través del telar. ¿De dónde surge tu cercanía con esta herramienta? ¿Hay alguna tradición cultural, más allá de la mallorquina, que te inspire especialmente?
Mi referente principal sería la cultura nativa americana, en parte porque mi madre es de allí y siempre ha estado presente en mi vida. Los pueblos nativos del norte de América me parecen fascinantes, hay muchísima diversidad entre ellos pero todos muestran una conexión muy profunda con su entorno. Aunque hoy en día enfrentan enormes dificultades, la esencia de su cultura sigue siendo muy potente. Además, son maestros del tapiz, y eso me inspiró.
Empecé a trabajar con tapices porque, al hacer tejido, esta técnica representa el inicio más primitivo del oficio. Me interesa ir al origen del tejido, entender cómo empieza todo. La técnica que utilizo, muy simple, de nudo liso, me permite crear volúmenes y texturas variadas, y eso es algo que me atrae muchísimo. Me gusta mucho experimentar con estas posibilidades dentro de la tradición del tapiz.
Empecé a trabajar con tapices porque, al hacer tejido, esta técnica representa el inicio más primitivo del oficio. Me interesa ir al origen del tejido, entender cómo empieza todo. La técnica que utilizo, muy simple, de nudo liso, me permite crear volúmenes y texturas variadas, y eso es algo que me atrae muchísimo. Me gusta mucho experimentar con estas posibilidades dentro de la tradición del tapiz.

Como has mencionado, la tendencia actual en la industria de la moda es utilizar materiales sintéticos y desperdiciar muchos textiles. Esto está pasando incluso en grandes casas de alta costura. ¿Cómo crees que va a evolucionar esta situación?
Creo que la artesanía se va a valorar cada vez más. Estoy segura de que no es solo una tendencia, sino una necesidad global: volver a conocer de dónde vienen tus cosas. Y creo que la gente lo va a demandar cada vez más.
Hoy en día, muchas personas valoran los materiales y prendas de calidad que realmente duran, como antes. Pero, al mismo tiempo, vemos compras masivas en marcas de fast fashion. ¿Cómo ves esta contradicción?
Sí, vivimos en esta contradicción, pero hay que entender que también tiene mucho que ver con la capacidad económica de cada persona. Las prendas naturales y artesanales, por ejemplo, tienen un precio más alto. Quienes tienen más recursos tienen la responsabilidad de marcar la diferencia y de poner en valor este tipo de consumo. Ahora mismo, la moda está dominada por una tendencia hipercapitalista: quiero ropa nueva todo el tiempo porque las superestrellas lo hacen. Esa mentalidad se ha extendido a todos, incluso a quienes no tienen medios para seguirla. Es necesario un cambio desde arriba, que se cree una nueva tendencia donde la sostenibilidad y la calidad se valoren, y que quienes no tienen tanto poder adquisitivo puedan acceder a alternativas como el reciclaje de ropa en lugar de consumir prendas de baja calidad.
Para ir cerrando, ¿qué nuevas ideas o exploraciones te interesa desarrollar en tus próximos proyectos y hacia dónde te gustaría que evolucionara tu trabajo?
Me interesa explorar la escultura. Lo que me gusta, por ejemplo, del IVAM, es que las piezas empiezan a ‘salir’, algo que llevo tiempo trabajando pero que todavía no he desarrollado del todo. Me atrae la idea de crear obras que ya no dependan del soporte plano, del lienzo, y experimentar con el espacio de otra manera. Estoy en ello, aunque supongo que necesito tiempo para detenerme y dedicarme solo a esto. Por ahora, es algo que me da muchas ganas de explorar.








