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Sebastián Cabrera concibe el arte como una herramienta de comprensión del comportamiento humano, y en concreto, de cómo nos comunicamos entre nosotros. Una comunicación que, con la superabundancia de las pantallas, ha cedido más protagonismo a la imagen. Con esa finalidad de querer entender, este artista que reparte su actividad entre su Lima natal y Barcelona, aprovecha las posibilidades del vídeo pero al mismo tiempo también de la pintura. Un hecho que, más allá de parecer contradictorio, le permite explorar hasta dónde llega el poder de la imagen y el rol del espectador en un mundo digital. Recién terminada su residencia en Hangar, Sebastián nos atiende para hablarnos sobre la brevedad de los iconos actuales, del mercado del arte y para descubrirnos sus últimas piezas.

¿Cuándo supiste que querías ser artista?

Cuando fui consciente de cómo las nuevas tecnologías comenzaron a cambiar el modo de comunicarnos mediante las imágenes, decidí llevar mi curiosidad a la pintura y después al video. Creo que no comprendía qué estaba ocurriendo, aunque ahora tampoco lo sé, pero el arte parecía el terreno más adecuado al que llevar las preguntas que me planteaba.

Muchas de tus obras analizan el poder y el papel de la imagen. ¿Por qué este interés?

Porque nuestras dinámicas de comunicación están sujetas a las imágenes ahora más que nunca, y a una velocidad tal que siento necesario hacer el ejercicio de detenerme e intentar comprender el papel que juegan estas imágenes. Chantal Akerman decía que se trata del triunfo de las imágenes, que por un lado es algo emocionante pero por otro provoca cierta pena. Yo creo que, más que emocionante o triste, se trata de poner estas dinámicas sobre la mesa y pensarlas a través del arte, con la única intención de comprenderlas.

En la era de las pantallas, la pintura todavía está vigente, aunque uno podría pensar que se habría convertido en anacrónica. ¿Cómo crees que la pintura ha resistido tan bien la competencia de la imagen digital?

Nunca ha existido tal competencia. La pintura ha servido como un espacio para llevar las imágenes fuera de sus fuentes de origen y, una vez exentas de sus contenidos, son sometidas a estudio con el objetivo de no acabar siendo nosotros sometidos por ellas.

Tú mismo, como dices, te mueves entre el vídeo y el lienzo. ¿Qué aporta a tu trabajo cada una de estas técnicas?

Al generar un espacio de intersección donde ambos medios se encuentran y retroalimentan, un lenguaje aporta al otro y viceversa.

Has sido residente en Hangar, ¿qué te ha supuesto a nivel creativo esta residencia?

El contacto con otros artistas, ser espectador de sus procesos y viceversa, ocasionando una re-lectura de mi propia obra, enriqueciéndola. Además, se añaden los soportes que te facilita Hangar como residencia, y también proporcionarme mayor visibilidad.

También te interesa el papel del espectador y su relación con la obra de arte, con la imagen. ¿Piensas que este papel ha cambiado en los últimos doscientos años?

Sí, hoy en día el espectador es el protagonista de las imágenes que observa, como en la famosa fotografía de Obama y su gabinete observando la Operación Gerónimo: acabamos siendo espectadores de otros espectadores, prescindiendo de la imagen a la que queremos asistir. Ahora este espectador se puede hallar tanto fuera como dentro de la imagen. Creo que el fenómeno selfie es prueba de ello.

En tus obras has utilizado algunos personajes que forman parte del imaginario colectivo, por ejemplo Felipe V o Madeleine, la protagonista de la película Vértigo, o el Santo Tomás de Caravaggio. ¿Por qué recurres a estos personajes?

La apropiación de estos personajes me sirve para retomar y actualizar contenidos históricos relacionados con la imagen, sea pictórica o de archivo. Un ejemplo es mi proyecto La suspensión de la incredulidad, que revisa la famosa frase “ver para creer” en representación pictórica del Santo Tomás de Caravaggio.

Claro, y todos hemos oído la también famosa afirmación “una imagen vale más que mil palabras.” Pero hoy en día existen muchas maneras de manipulación y retoque de la imagen. ¿Podemos seguir confiando en su veracidad?

En el pasado, las imágenes ya se manipulaban, como por ejemplo el damnatio memoriae en la antigua Roma o la eliminación de traidores al régimen de Stalin o Hitler en fotografías en las que aparecían. No sé si alguna vez hemos podido confiar en las imágenes. Lo que me interesa es el gran volumen de circulación en formato digital. Es curioso pensar en la aplicación de móviles Snapchat, que consiste en una duración determinada de la foto tras el envío para su posterior desaparición: un desecho de imágenes en pos de obtener nuevas, y así sucesivamente. Esta es una nueva forma de iconoclastia y de iconofília de manera simultánea, que suprime la perdurabilidad de la imagen a cambio de un abuso de su consumo.

La gente colecciona cuadros, esculturas, pero es más difícil que coleccione obras en formato vídeo. ¿Crees que esto cambiará algún día?

Al final creo que toda obra, sea del medio que sea, está expuesta a ser devorada por el mercado del arte.

Ahora que has mencionado el tema del mercado del arte, has participado en ArteBa, la mayor feria de arte contemporáneo de América Latina. ¿Estás cómodo en un ambiente tan puramente comercial como son las ferias de arte?

La experiencia de ArteBA fue muy buena. Me sentí cómodo con el público de Buenos Aires. La gente preguntaba mucho y sentían curiosidad por el contenido de lo que estaba expuesto, el feedback fue muy bueno. Creo que las ferias son el mercado del arte en estado puro, pero teniendo esto claro pude aprovechar el contacto con comisarios y artistas.

Tú vives y trabajas entre Lima y Barcelona, ¿qué diferencias aprecias en el panorama artístico de estas dos ciudades?

En Lima han comenzado a emerger muchos espacios artísticos, además de las galerías de arte, y ambos se han potenciado gracias a un crecimiento económico en los últimos diez años. Sin embargo, aún no hay una inversión en cultura por parte de otro tipo de instituciones como pasa en España. Creo que ambos casos son interesantes en momentos un tanto opuestos; por un lado en Lima hay dinero y cierto foco de atención en la escena artística como no había ocurrido antes, en España en cambio ya ocurrió esto y ahora más bien se están buscando salidas alternativas.

Y, ya para acabar, cuéntanos cuáles son tus planes para el futuro.

Pintar.

TEXTO
TONI CHAQUET
RETRATO
LÉA FERRATON

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