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Dea Gómez y Diego Omil no entienden de fronteras, ni en el arte, ni en la vida. Saben que han venido a este mundo a experimentar y a divertirse en el terreno artístico: desde la inauguración de una expo en un tractor en un pueblo perdido de Jaén, hasta desarrollarse plenamente como artistas multidisciplinares en lugares como Francia, Roma y Madrid. A Los Bravú no les importa el formato: el cómic, la pintura, la escultura e incluso la fotografía les hacen contemplar y plasmar motivos bien diferentes en su obra.

Macarras inseguros y borrachas de bajón protagonizan sus obras, que a su vez retratan el costumbrismo del mundo rural en el que siempre han estado sumergidos. Ahora, con un pie en Pontevedra y otro en Salamanca, desarrollan nuevos proyectos que pronto podremos ver en espacios como JustMAD o la galería 6más1 de Madrid.

¿Quiénes son Los Bravú? ¿Por qué habéis elegido este nombre?
Pues somos Dea Gómez y Diego Omil. Cuando empezamos a hacer cosas juntos nos molaba tener un nombre para el colectivo, alguna palabra como ‘salvaje’, ‘bravo’, ‘bravío’, pero esas no nos cundían nada. Y ¡clic! se nos apareció ‘bravú’, que en gallego podría ser algo así como ‘el olor de los animales’ y ‘mira qué bien’.
Sois de Pontevedra, ¿vivís allí? ¿Cómo os conocisteis? ¿Desde cuándo pintáis juntos? Contadnos un poco acerca de vuestra trayectoria artística desde que vuestros caminos se cruzaron.
Diego sí es de Pontevedra pero Dea es de Salamanca, y nos conocimos en la facultad, en clase. Llevamos años de aquí para allá; hemos vivido en Madrid, en Santiago, en Francia e Italia. Ahora nos recogimos para currar a tope y tenemos un pie en Salamanca y otro en Pontevedra. Empezamos a pintar tebeos juntos, rollito cómic de autor y edición independiente. Sacábamos nuestros fanzines y publicamos con la editorial Fulgencio Pimentel, que mola ‘moito’. Queríamos seguir con el plan arty así que le dimos caña a la escultura, a piezas más expositivas, etc. Ahora estamos a tope con la pintura.
¿Qué lugar os inspira más para pintar? ¿Dónde tenéis vuestro estudio? ¿Y dónde colocaríais vuestro taller ideal si se os brindase la oportunidad?
Nunca hemos estado tan inspirados como en este último año viviendo en Roma. Tuvimos la oportunidad de recorrer Italia y tener contacto directo con una esencia artística totalmente atemporal que ha influido enormemente en nuestra obra más reciente. De todos modos, tampoco sentimos la necesidad de tener un estudio establecido; disfrutamos moviéndonos, echándonos temporadas en distintos lugares para empaparnos bien, aprender y seguir a fuego.

Ya habéis acabado vuestros estudios y estáis empezando a ver cómo es la vida del artista en España. ¿Cómo lo veis? ¿Cómo es vuestro día a día? ¿Pintáis sólo para proyectos personales o es necesario hacer encargos para sobrevivir?
Antes era así, compaginábamos trabajos de encargo con nuestros proyectos personales. Empezamos a publicar en 2013. Actualmente estamos teniendo bastante visibilidad y eso nos permite centrarnos solo en lo que nos apetece. Tenemos varios proyectos muy chulos para 2018, algunos expositivos y otros en el mundo editorial.
Me encanta la gama pastel que utilizáis en vuestros cuadros, pero quiero profundizar un poquito más. ¿A qué os recuerdan estos colores? ¿Por qué son los protagonistas de vuestro trabajo?
‘Love life’, luz; esos colores funcionan además con las figuras que representamos. Nos inspiramos mucho en el Quatroccento italiano y pensamos que este estilo pictórico está fuertemente enraizado con el diseño y la ilustración contemporáneas, pero traerlo al siglo XXI nos exigía reformular la gama de colores.
El año pasado disfrutasteis de una beca artística en Roma, lo que os permitió disfrutar de una larga estancia allí. ¿Qué trabajo os llevó a la gran ciudad? ¿Cómo fue la experiencia? ¿Diríais que esa beca os abrió puertas en cuanto a vuestra carrera profesional?
Fue una gozada disfrutar de un espacio de trabajo como el que teníamos en la Academia de España. Además de disponer de presupuesto para producción, tuvimos la suerte de coincidir con artistas estupendos con los que colegueamos mucho. Tuvimos diez meses para desarrollar tranquilamente nuestra obra pictórica en grandes formatos mientras estudiábamos a los viejos maestros.

El hecho de que hayáis inaugurado una expo en un tractor en pleno Puente de Génave, en Jaén, es genial a la par que surrealista. Supongo que es de lo más loco que habéis hecho para publicitar una exposición, ¿no? ¿Cómo se os ocurrió? ¿Cómo relacionáis este hecho con vuestra obra?
Santiago Ydáñez nos invitó a exponer allí. Con él y con el comisario de la expo, Xosé Prieto, le dimos vueltas para involucrar a la gente del pueblo. Queríamos relacionarnos con ellos y divertirnos, así que pensamos que una procesión con carroza y charanga era buena idea. Eso como inicio, para el cierre pinchamos verbeneo junto al río y bailamos agarrados.
¿Sois partidarios de explorar maneras de exhibir alternativas? Y en cuanto al paradigma del ‘cubo blanco’, ¿os funciona a vosotros a la hora de exponer vuestro trabajo?
Lo ideal es dar con contextos coherentes con la obra y por supuesto molones, que el público este cómodo y goce. Lo del cubo blanco, mientras no funcione como un simple congelador, mejor que sea como una cocina blanca, que se cueza de todo, ¡que se queme el pavo en el horno!
Noto que en vuestra obra os mimetizáis mucho con los animales, el mundo rural, la naturaleza, etc. De hecho, en muchos de vuestros cuadros, las serpientes, los patos o los perros son los protagonistas. ¿Por qué? ¿Sentís una conexión especial con los animales? ¿Qué os inspira de ellos?
Nos gusta el monte, caminarlo, ver las plantas y los bichos, contemplar las vistas. Incluir esa naturaleza en las pinturas nos ayuda a apoyarnos en un escenario costumbrista y provinciano que nos interesa mucho retratar.

Además de lo rural, veo que tenéis muy claro a qué tipo de personalidades os gusta retratar. ¿Qué ha de tener una persona para convertirse en un cuadro de Los Bravú? ¿Es puramente estético o vais más allá? ¿Profundizáis con las personalidades?
En Ese extraño flow, la serie infinita de retratos de chavalada, intentamos representar todo tipo de arquetipos. Por ejemplo, hemos hecho macarras inseguros, fans del anime, borrachas de bajón, turistas con fe, etc. y en esas seguimos. Procuramos incluir detalles que aporten narrativa. También estamos trabajando en una serie de desnudos de amigas y amigos a quienes les apetezca posar el bistec (pero cualquiera que se anime puede pasarse por el estudio).
He visto en Instagram que os han publicado obra en una revista de creación contemporánea. ¿Cuán necesario creéis que son hoy en día las plataformas para dar apoyo a artistas emergentes? ¿Tienen repercusión en vuestra obra estas publicaciones? ¿Os van surgiendo más ventas, encargos o propuestas interesantes?
Ayudan a que la sobreinformación de la red no nos engulla, a que no seamos meros generadores de contenido gratuito para plataformas gigantes y generalistas. Tu fíjate: bajas el scroll y te encuentras un gato cute, un maquillaje loco, una noticia sobre corrupción, una exposición artística. Todo junto y revuelto termina banalizado. Mola estar al día, pero hay que concentrarse.
Y en cuanto al futuro que se acerca, ¿qué planes tenéis? ¿Alguna expo, proyecto, incluso residencia artística? ¿A lo mejor explorar otras formas de expresión artística?
El 25 de enero inauguramos en la galería 6más1 de Madrid. Y ahora mismo estamos trabajando con ellos y con los artistas Falagán y Foz para el stand de JustMAD en febrero.
Si os dijésemos: vamos a cumplir vuestro sueño más perseguido, ¿cuál sería? ¿Con qué sueñan Los Bravú antes de irse a la cama?
Que vaya surgiendo, keep calm. Nos conformarnos con reírnos mucho, que ya da gloria.

Texto
Lorena Varela

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