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In3stable es el nombre artístico de Inés Maestre. Inestable no es más que lo que cambia, lo que no permanece demasiado tiempo en un mismo lugar. Aunque ella no lo diga, es esa inquietud por hacer y por mutar lo que la define. Con una amplia lista de fijaciones y filias que vuelca en sus ilustraciones, Inés convierte en enigmático todo lo que pasa por sus manos. Sus personajes, lánguidos y jóvenes –muy jóvenes–, esconden algo que Inés nos deja interpretar, porque cuando los observamos ella ya se ha ido. Nunca permanece demasiado tiempo en un mismo lugar.

¿Qué es lo que te condujo al mundo del diseño y la ilustración? ¿Estudiaste algo relacionado con ello?

Estudié Patronaje, y después Diseño de Moda y Dirección Creativa. Acabé un poco de rebote en el mundo del diseño, pero acerté. En cuanto a la ilustración, he dibujado desde siempre.

Dices que elegiste tu alias artístico simplemente porque te sonaba bien el juego de palabras con tu nombre verdadero pero, ¿no hay algo de inestable en los personajes que dibujas, en sus miradas…?

Creo que, indirectamente, los personajes de mis ilustraciones sí que pueden tener una personalidad bastante inestable.

¿Qué es lo que te inspira más allá del mundo de la ilustración?

Me inspira todo lo que hay a mi alrededor: paisajes, personas, olores… El problema aparece cuando yo no estoy receptiva.

El cuerpo y la psicología humana son los verdaderos protagonistas de tu trabajo. Cuerpos delgados, mandíbulas afiladas, pómulos marcados… Parece que Hedi Slimane hubiese realizado el cásting de tus modelos. ¿Qué tienen esas figuras que te llaman tanto la atención?

Has dado en el clavo con el director de cásting (risas). Me encanta el trabajo fotográfico de Hedi. No sé muy bien qué tienen esas figuras, pero me atraen las personas que esconden algo, me gusta imaginarme sus tortuosas vidas y que el espectador saque sus propias conclusiones.

Todos los protagonistas de tus ilustraciones son chicos y chicas muy jóvenes. ¿Cuál es la relación entre ellos y tu propia adolescencia?

Realmente no sé si tiene algo que ver con mi adolescencia. Creo que más bien es una especie de obsesión que tengo con la combinación de juventud y rostros.

Te confiesas una admiradora de la obra de Lucian Freud, uno de los mayores exponentes del retrato del siglo XX. Una vez dijo que su pasión por esta disciplina provenía de la insatisfacción que le producían los retratos que se parecían a la gente, diferenciando el pintar un rostro que se parece a alguien del pintar un rostro que es como alguien. ¿Crees que eso es algo que podemos ver también reflejado en tu trabajo?

Creo que Freud era un genio y tenía mucha razón en lo que hacía y decía. Cuando empiezo a crear una ilustración suelo partir de rostros que encuentro por ahí, y después realizo mi interpretación de ellos. Es muy importante que ese retrato tenga su alma, sino todo esto sería muy aburrido.

Realizas casi todas tus ilustraciones utilizando la tableta gráfica. ¿Tomaste la decisión desde el punto de vista estético o fue la facilidad para producir lo que te llevó a decantarte por la técnica digital?

Siempre me ha gustado trastear con lo digital, los resultados son buenos y es cómodo trabajar así. Creo que es una herramienta más que está ahí y que no debemos desperdiciar. Tendemos a comparar constantemente el arte digital y el tradicional, pero son conceptos muy diferentes. Ahora estoy trabajando en un proyecto menos digital, para forzarme a salir de esa comodidad, sin dejar lo digital de lado, por supuesto.

Además de ilustraciones también haces collages. ¿Por qué crees que en los últimos años, con ejemplos como el de Ernesto Artillo o Rocío Montoya, está pegando tan fuerte el collage en nuestro país?

Todavía estoy muy verde en el mundo del collage, pero siempre que puedo le dedico un rato. Más que nunca, estamos en la era de la imagen, vivimos un momento en el que todas estas disciplinas ‘artísticas' son más virales y todo el mundo puede acceder y participar en ellas. Esto también tiene sus peligros.

Actualmente colaboras con El País ilustrando diversas secciones. ¿Cómo te enfrentas a un encargo que, a priori, puede no transmitirte nada?

Siempre es un reto para mí dibujar personajes que no encajan estéticamente con mis gustos o con mi estilo. Y aunque a veces estaba que me tiraba de los pelos, los retos están muy bien.

¿Cómo ves tu trabajo evolucionando dentro de unos años?

¡Puf! De eso si que no tengo ni idea. Es pensar en lo que voy a hacer este fin de semana y me agobio. Pero espero que mi trabajo y yo evolucionemos juntos y felices dentro de nuestra inestabilidad, o no.

Texto
Martiño Pérez

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