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La vida de un actor siempre goza de cierta singularidad, cierto encanto. La de Gonzalo Herrero, pese a sus veintiún años, no podía ser distinta. El actor vive un momento dulce, marcado por el entusiasmo que genera Future Lovers Unplugged, la obra que puede verse en el Centro de Cultura Contemporánea Condeduque hasta el próximo mes de marzo.

Charlo con Gonzalo en un concurrido bar del centro de Madrid, cerca de donde actualmente representa Future Lovers Unplugged, una pieza teatral creada por Celso Giménez. Bajo el sello de La Tristura, compañía especializada en desafiar los límites del teatro tal y como lo conocemos, Gonzalo lleva más de una década nutriéndose y participando del teatro contemporáneo más experimental. Primero fue con Materia prima, una poderosa reflexión sobre la herencia y la educación cargada de significado. Ahora vuelve protagonizando Future Lovers Unplugged, un proyecto gestado hace unos años, que desgrana con maestría las vicisitudes de la adolescencia. Gonzalo avanza hacia un futuro prometedor, marcado por excitantes proyectos cinematográficos y sobre todo por sus incansables ganas de seguir descubriendo lo que la actuación tiene que ofrecerle. La aventura sólo acaba de empezar.

Gonzalo, me gustaría empezar por una pregunta difícil, ¿serías capaz de definirte?
¡Hostias, que me atraganto! Me gusta pensar que soy un chaval joven y perdido pero que está encontrando un camino muy guay. Me estoy centrando en buscar lo que me hace feliz y la formación que de verdad quiero. Me he ido separando de todos esos años en los que estudié ciencias en inglés y pensaba que tenía que hacer una carrera súper formal.
Te criaste en Madrid, ¿no?
Soy de Valencia, pero me he criado y formado en Madrid, en el Barrio de las Letras.
Empezaste en el teatro muy joven, con solo nueve años. Háblame un poco de tus comienzos. ¿Por qué decidiste lanzarte desde tan temprana edad?
Es fuerte, porque con nueve años odiaba el teatro. Lo que yo conocía como teatro en aquella época no me gustaba nada. Al haberme criado en un colegio ultra católico mi concepción del teatro se componía de las funciones de navidad y las historias que contaban de Jesuscristo. Una vez pedí hacer de camello porque era el papel que menos protagonismo tenía. No quería salir, tenía pánico de ponerme a hablar de cosas que no me gustaban. Gracias a mi madre conocí a una de las directoras de la compañía La Tristura con la que empecé a hacer pruebas y residencias, entendí que lo que yo creía que era el teatro no tenía nada que ver. Me lo pasaba super bien, aprendí a expresarme rompiendo así mi timidez. Me dieron la potestad con nueve años de saber de qué estaba hablando.
Te reconozco que lo de hacer de camello me ha encantado…
Mi hermano lo hizo el año anterior. Fue entrar y salir con una gabardina al escenario. Ese fue mi primer contacto con el mundo del teatro, el segundo fue estrenar una obra en el teatro romano de Sagunto. La obra era Materia prima.
Esa pieza de la compañía Tristura es una de las más importantes de tu carrera.
El conflicto que tengo con Materia prima es que la idealizo demasiado. Fue un momento muy importante de mi vida, de los nueve a los catorce, sobre el cual solo recuerdo lo positivo. Estuvimos de gira por países como Brasil, Francia o Polonia y me supuso un crecimiento personal muy grande.
¿Cómo fue la experiencia de actuar en esos países?
Siempre me acuerdo de que cuando comentaba que me iba a marchar de gira, había dos tipos de profesores: los que me alentaban y me ponían facilidades, y los que me decían que perdía la evaluación continua e iba a suspender. Yo siempre he sentido que en un viaje de los que hice aprendí más que en un año de clase. Sentía que volvía mucho más nutrido y con muchas ganas de crear.

Pero luego hiciste ciencias…
Yo no sabía que podía estudiar artes. En cuarto de la ESO me di cuenta de que había otro tipo de formación, como talleres y workshops y me metí en el bachiller de artes escénicas. Pensé que nos formarían de una manera más personalizada, pero todo se centró en que entramos a la RESAD o a una escuela privada tipo Estudio Corazza. Para mí, esa formación me bloqueaba muchísimo. Me costaba sentir que me iba una semana de gira y flipaba, y luego, en la escuela, me ponía a dar teatro clásico de cosas que no me gustaban. No entendía porqué estaba pasando eso, en mi aula y a la vez en millones de aulas. Por ejemplo, estoy harto de ver el Lazarillo de Tormes. Me encanta y sé que hay que leerlo y que hay que tenerlo en cuenta, pero que lo primero que te hagan hacer sea interpretar un texto tan lejano no me gusta. Sé que hay cosas que siempre se van a repetir, pero para mí es más importante tocar el presente.
Tengo una frustración que viene de eso, de lo que yo conozco como teatro clásico, convencional, al que nos llevaban de pequeños con el colegio. Posteriormente descubrí el teatro contemporáneo, sin el cual no me hubiera dado cuenta que lo que más me interesa en estos momentos es la creación.
¿Cuál es tu obra de teatro favorita?
Take a Walk on the Wild Side, de Emilio Rivas, a quien conocí personalmente. Se trata de un paseo por San Cristóbal que entremezcla historias del barrio con su propia vida. Historias con las que me sentí identificado, porque era como una vida perdida pero también la búsqueda de una salida.
¿Cuáles han sido tus referentes a la hora de formarte como actor?
Mis referencias han sido siempre cercanas, casi familiares con quien que tengo un apego personal, emocional. Me fastidia no tener la formación que me gustaría. Te puedo nombrar, por su trayectoria, a Javier Calvo. Él empezó como actor y luego ha ido evolucionando de una manera muy guay hasta pasar a ser también un productor y escritor reconocido. Siento no poder decirte referentes claros. Con dieciséis años te hubiese dicho Leonardo DiCaprio, pero ahora no sé qué decir y me da rabia, porque pienso que aún no he evolucionado tanto. Lo que sí que te puedo citar como referencia es algo que le escuché a Michael Gambon. Michael decía que cuando le tocaba hacer de mago, el director gritaba acción y era el mejor mago del mundo, y cuando gritaba corten, volvía a ser él mismo sin problema. Creo que eso es una referencia para mí, al menos de comportamiento y formación como actor, el poder llegar a saber eso. Quizás escuche esto dentro de varios años y me arrepienta.
Cuéntame un poco cómo se gestó Future Lovers, que ahora sigues representando en Madrid en un nuevo formato.
Empezó en 2016, cuando la Tristura decide hacer una residencia de jóvenes entre dieciséis y veinticinco años. Se presentaron muchísimas personas, ya que el proyecto tenía muy buena pinta. Todo era en plan petit comité. Fueron unas semanas muy guays donde construimos una pieza que retrataba a los jóvenes sin caer en clichés. La compañía contactó con la programadora de los Teatros del Canal, le gustó y decidieron llevar esa pieza a un proyecto más grande. El grupo se redujo a seis jóvenes, nos juntamos con los directores y hasta ahora.
¿Siempre habéis estado los mismo actores los involucrados?
Sí, salvo una función a la que vino Candela Recio, que también había participado en Materia prima.
¿Por qué recayó en ti el papel de ese joven Gonzalo tan perdido?
Todos los textos surgen o de experiencias propias o de improvisaciones. Nos ponen en un planteamiento y todo brota desde el yo. Yo, Gonzalo, estoy en esta situación y todo me nace desde dentro. Gracias a esto me permito hacer cosas que no haría, decir cosas que no diría pero que están dentro de mí. Cuando los narro y digo mis frases no puedo evitar sentirme cerca de mi personaje. Lo fuerte de esta pieza es que llevamos cuatro años y, claro, tenemos ya un nivel de confianza importante. Gozamos de un feeling que hace que todo sea muy real.

¿Siempre interpretas al mismo personaje?
Así es. Lo que sí hacemos es improvisar en algunas escenas. La pieza permite mucha improvisación. Podemos cambiar un poco los textos, darle otros matices…
En la obra, una adolescente vuelve a la noche que le cambió la vida. Cuéntame, ¿a qué momento regresarás tú si pudieras hacer lo mismo?
Mira que lo hemos hablado ensayando y nunca estoy del todo seguro. Diría que volvería a cuando era un niño, a las navidades en casa de mis abuelos. Sé que otras veces he contestado que volvería a mis giras en Brasil o en París, pero ahora me da por decirte eso.
¿Cómo recuerdas tu propia adolescencia?
Guay, pero muy raro, ya que deseaba encontrar gente que estuviera en mi misma onda y era muy difícil. Yo me sentía muy feliz sabiendo que en un año lectivo iba a tener alguna función, suponía mi pequeño placer. Nunca sentí la necesidad de ir fardando de todo lo que hice, me bastaba compartirlo con aquellos con los que viajaba.
Yo siempre digo que la adolescencia está muy sobrevalorada. Yo, al contrario que la portada de Future Lovers, no volvería. En esa época somos todos medio tontos, vestimos fatal y no estamos tan guapos como creemos…
Yo volvería a la infancia por algo idílico, pero a la adolescencia no. La tengo cercana y reciente y prefiero que se quede ahí. Creo que ahora es el momento, aunque suene prepotente. Si en diez años me vuelves a preguntar a qué momento volvería, me gustaría poder decirte que a este momento, a los veintiuno.
¿Estás de acuerdo con las decisiones que toma tu personaje en la obra?
Yo no sé si del todo, sobre todo por lo que pasa después. Mi personaje se enamora precozmente nada más romper con su novia Sara. La ruptura es un momento muy fuerte, y también lo es cuando mi amigo me confiesa que me creo superior y tengo que tragar toda la verdad que él me dice. Esas situaciones les ha pasado a todo el mundo. Mi personaje en muchos momentos piensa que tiene la razón indiscutible. La magia de Future Lovers es que todos nos sentimos un poco identificados con nuestros personajes. En un momento de la obra, mi personaje dice que espera más del amor y creo que es algo que define muy bien lo que le sucede; me siento identificado con eso.
¿Nunca se ha planteado darle otro final a esos personajes?
Se deja todo un poco a la interpretación. Hay un momento en el que el personaje de Siro manda una nota de voz con la que se permite que cada uno imagine el destino que quiere para los protagonistas. Yo en mi cabeza me lo imagino de una manera.

¿Cuál es el futuro de Future Lovers? Nunca mejor dicho.
Tenemos funciones en Madrid durante febrero y marzo y luego en París. En marzo haremos también una función para programadores.
¿No os molaría una segunda parte?
Me encantaría.
Háblame acera de lo que andas haciendo fuera de Future Lovers Unplugged.
Participé hace poco en una película co-producida con Francia. Son cinco escenas en las que los personajes hablan sobre una película japonesa que no se especifica pero que sirve de pretexto para desarrollar los conflictos. Otro proyecto muy guay que voy a estrenar es Libélulas, una película dirigida por Lucas Knowles, protagonizada por Milena Smit y Olivia Baglivi. Yo interpreto al novio de esta última. Es una película muy chula que trata sobre una chica de un barrio muy duro y conflictivo del que desea salir como sea. También tengo dentro de poco las pruebas de vestuario para el próximo film de Fernando Franco. Trata sobre el romance entre una chica y un chico con diversidad funcional.
No puedo evitar preguntarte por tu participación en el videoclip de Merichane de la cantante Zahara, háblame de esa experiencia.
Zahara es súper guay. Le tengo mucho cariño. Mantenemos el contacto de vez en cuando. Yo soy a veces muy llorón y lo comparto en redes y tengo la suerte que ella me responde, es muy cercana. Hacer videoclips me apasiona.
Future Lovers Unplugged puede verse en el Centro de Cultura Contemporánea Condeduque los días 26 y 27 de febrero y 5 y 6 de marzo. Calle del Conde Duque 11, Madrid.


Texto
Juan Martí
Fotos
Raúl Bejár
Estilismo
Martxel Montero
Muah
Carlota Pérez
Videos
Jone Sánchez

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