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Estamos en un mundo en continuo cambio tecnológico, social y político. ¿Somos consciente de ello o lo normalizamos sin apenas darnos cuenta? En Dystopian Landscape, la nueva exposición de Cesc Abad en la galería Víctor Lope de Barcelona, que acaba de inaugurar y se puede visitar hasta el 18 de abril, el artista pretende hacernos tomar plena consciencia de estos cambios y establecer un diálogo entre la sociedad moderna y la naturaleza.

Para crear este diálogo y explicar el momento en el que vivimos, Abad utiliza la distopía. “La distopía me permite hacer una crítica social del momento, dado que el presente es el futuro del pasado”, nos dice. Coches que salen de cabezas de ciervos o TVs que forman parte de cuerpos de animales son algunos de los protagonistas de sus cuadros. Un universo artístico que decidió sacar a la luz después de varios años escondiéndolo, pues como nos explica en esta entrevista, “aunque mi parte consciente se resistía, mi parte inconsciente tomó las decisiones correctas y finalmente mostré al mundo mi obra.”

Desde que eras adolescente, el arte ha formado parte de tu existencia. Sin embargo, durante un tiempo tuviste que esconder esta faceta para dedicarte a tu negocio familiar. Finalmente, decidiste vender la empresa y volcarte en la creación. ¿Qué fue lo que te impulsó a tomar esta decisión?
No creo que fuera un impulso, más bien una maceración lenta, demasiado lenta. Con 14 años ya tenia clarísimo que quería ser pintor, con 17 tuve mi primer estudio, con 20 las primeras exposiciones y un año después, muere mi padre y me encuentro al frente del negocio familiar. Creí que sería por poco tiempo, sin embargo, me equivoqué. La decisión no la tomé en un día concreto, se fue forjando día a día y, con el empujón oportuno, inevitablemente llegó.
Aunque no era tu principal ocupación, el arte seguía formando parte de tu día a día, pues detrás de un muro en tu oficina instalaste un estudio. Este era tu gran secreto. No querías que tus compañeros se enteraran y que te miraran con otros ojos. ¿Qué recuerdas de esos momentos? ¿Cómo superaste este miedo y mostraste tu arte ante el mundo?
Mi principal ocupación fue invertir el máximo de tiempo en la creación artística pero sin la necesidad de estar en el mercado del arte, eso me dio una gran libertad, que se refleja en mi actual trabajo. Lo que recuerdo es que quería crear y, al mismo tiempo, evitar que la gente cuestionara mi gestión en la empresa. Como es evidente, y con el tiempo, esto me creó un conflicto interno, prácticamente existencial, lo que propició que sintiera miedo a que amigos empresarios descubrieran mi faceta artística. Fue una locura, y lo que más me duele es que la mayor parte de la obra que realicé durante esos años, la destruí. Aunque mi parte consciente se resistía, mi parte inconsciente tomó las decisiones correctas y finalmente mostré al mundo mi obra.
¿Qué consejo le darías a alguien que se encuentre en una situación parecida?
Es difícil aconsejar, ya que cada persona tiene su propia idiosincrasia, pero sí que le diría algo muy tópico: que solo se vive una vez. Dicho lo tópico, cada persona tiene su tempo y es importante escucharlo; si tiene que llegar, llegará. Eso sí, trabajando mucho.
Hablemos de tu obra. Muchos de los trabajos que tienes hablan de distopías. Dystopian Boderland, Dystopian Landscape o Dystopian of Art History. ¿Por qué? ¿Qué es lo que te ofrece este universo?
La distopía es la herramienta que utilizo para explicar el tiempo en el que vivimos. Normalmente la distopía y la utopía las proyectamos hacia el futuro, sin embargo, la distopía me permite hacer una crítica social del momento actual, dado que el presente es el futuro del pasado. El universo distópico me permite hablar de ello de forma amable, donde no contemplo la posibilidad de un mundo destruido, donde todo está ya arrasado o acabado, sino que hablo del primer momento en el que aparecen los cambios, en el que aún no somos del todo conscientes de que vivimos en lo que para el pasado sería una distopía y en el presente la normalizamos como un sueño cumplido.


En un mundo donde la tecnología parece cumplir profecías distópicas del pasado como la de George Orwell en 1984, y con series como Black Mirror o Years & Years no pareciendo tan alejadas de la realidad actual, ¿crees que cada vez estamos más cerca de una sociedad así?
Hace diez años estábamos cerca, ahora ya estamos. Como en cada momento histórico, las sociedades asimilan y normalizan los cambios tecnológicos sin apenas darse cuenta, de la misma manera que nos hacemos mayores sin darnos cuenta o nos hacemos dependientes de un teléfono móvil sin darnos cuenta. De manera que la vida que vivimos siempre acaba siendo distópica. Un ejemplo: la tecnología nos dio un piedra para romper huesos y alimentarnos, y sin darnos cuenta, la misma piedra un día sirvió para matar a un igual; yo pinto ese primer día.
Otro elemento recurrente en tus obras es la naturaleza. ¿Cómo se relaciona esta con la narrativa de tus obras?
Uno de los principales temas que ocupan nuestros debates diarios es el del cambio climático, y si a esto le sumas mi crítica social constante, resulta inevitable que la naturaleza sirva de narración a mis obras. Ya no entiendo el arte sin un componente de protesta ecológica.
El pasado jueves inaugurabas en la Galería Víctor Lope de Barcelona la exposición Dystopian Landscape, una selección de pinturas, obras sobre papel y esculturas de cerámica. Muestran un mundo distópico que nos induce a la reflexión de los defectos de nuestra sociedad. ¿Qué diálogo quieres abrir con estas obras?
Lo que pretendo es que el espectador tome consciencia, aunque sea por un instante, de que estamos inmersos en un mundo en constante cambio tecnológico, y que este cambio establece un diálogo entre la sociedad moderna y la naturaleza. El hecho de que a un ciervo le salga un coche de la cabeza puede denotar el peligro de una mutación, o mucho peor, el peligro de su desaparición por culpa de prácticas humanas.

Semáforos, pistolas, helicópteros, o TVs que forman parte del cuerpo de animales son solo algunos de los elementos que se repiten en las obras. ¿Qué simbolizan cada uno de ellos?
Estas piezas aparecen en contraposición a la naturaleza. Establezco una relación entre nosotros –los humanos– y ellos –la naturaleza. Estos elementos simbolizan nuestra manera de vivir y cómo afecta a la naturaleza.
También me han parecido curiosos los títulos de las obras. First Time, Crazy Man for President o Bileteral Biology. ¿Juegas un poco con la ironía? ¿Es mejor tomarse lo grave de la situación con humor?
Los títulos pretenden hacer pensar al espectador a modo de juego irónico de la realidad. Que utilice la ironía no significa que debemos tomarnos la situación con humor, sino que representa una forma amble de explicar la distopía, y una vez asimilada por el espectador, sirva de reflexión dura.
Llama la atención los colores primarios de las obras y la pincelada. ¿Qué aportan estos detalles formales al mensaje de tu obra?
Un cuadro es como un juego que busca atrapar al espectador –los títulos, el color, la pincelada; todo ello persigue el mismo fin, atrapar. Lo que pretendo decir, creo que no podría hacerlo de otra forma. Todo gira en torno a un juego psicológico entre obra y espectador.

¿Quiénes han sido tus principales referentes en tu desarrollo artístico?
Lógicamente Picasso es el monstruo que todo lo cubre, pero durante mi proceso de aprendizaje, artistas como Oskar Kokoschka, Soutine, Van Gogh, David Hockney, Francis Bacon o Munch han tenido un lugar importante. Hoy me gusta mucho la pintura de Leon Golub o Walton Ford, los dibujos mordaces de David Shrigley o la pintura emergente de Robert Nava. Y de referentes clásicos, Goya, que fue un pintor distópico sin saberlo.
Durante 2017-2018, realizaste un curso de cerámica en la Escola D’arts i Oficis de Terrassa. ¿Cuándo y por qué sucedió este acercamiento con la cerámica? ¿Cómo expande tu universo artístico?
La cerámica es una herramienta fantástica, es más concreta que la pintura, es como si tuvieras que explicar un libro en muy pocas palabras. No caben las narrativas que puedes utilizar en un cuadro, tienes que ser mucho más concreto, más sintetizado, como un verso. Como artista necesito la cerámica para resituar mi trabajo en lo concreto.
Aparte de esta exposición en la Galería Victor Lope, ¿en qué otros proyectos estás trabajando?
En primer lugar, agradecer la confianza que ha depositado en mí Victor Lope, referente del arte contemporáneo en Barcelona y un marco ideal para mostrar mi obra. Referente al futuro, estoy trabajando en el proyecto Ecocide (‘ecocidio’). Las obras están realizadas con petróleo, negro sobre blanco, y hablan descarnadamente del planeta. Estamos cerrando otras exposiciones fuera de España de las que prefiero contar poco (Sao Paulo, Miami, London), pero mejor ir contando conforme sucedan las cosas.

Texto
Emma Vilagran Leal

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