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Para esta artista el dibujo es una forma de hablar, un evento espontáneo, a veces impulsivo y siempre lleno de sorpresas. Catalina Bustos, conocida por su nombre artístico Catalina Bu, ilustra de forma deshinibida, sin preocuparse por lo que diga el resto y su estilo así lo muestra. La artista chilena pasó de estudiar diseño industrial a ser una renombrada ilustradora en su país natal, llegando a publicar cuatro libros con gran acogida y a reunir una numerosa comunidad de seguidores.

Pero Catalina no solo es conocida por sus dibujos crudos, divertidos y algo abstractos, también hace política y feminismo: “Me gusta pensar que mi trabajo rompe las expectativas de las personas, específicamente de los hombres”, nos cuenta. Y es que en un entorno tan duro para las disciplinas creativas, especialmente para las mujeres, la ilustradora se ha posicionado con un prolífico portafolio y como una inspiración para quienes buscan seguir sus pasos, los de producir por amor al arte y sin temer el peso de las expectativas de quienes la rodean.

Cuéntanos sobre ti. ¿Cómo se definiría Catalina Bu? ¿Cuándo o cómo empezaste a interesarte en el dibujo y la ilustración?
Desde que tengo memoria me atrae el dibujo y de alguna forma siempre fue para mí una forma de hablar. Muchas veces me cuesta explicar lo que quiero decir, y tengo muy presente la imagen de mi papá dibujando en servilletas: ideas, muebles que quería construir, bromas, lo que fuera. Todo lo explicaba así, con un lápiz y una servilleta.
Tu estilo al dibujar es desinhibido y sin reglas. Si le tuvieras que explicar a alguien que nunca ha visto tu trabajo, ¿cómo definirías tus obras y estilo?
Me gusta pensarlo así como lo dijiste: desinhibido y sin reglas. También podría definirlo como dibujo libre, como cuando la profesora decía, “Ahora hagan un dibujo libre”. Me gusta que mi trabajo transmita esa etapa, cuando uno dibujaba por dibujar, por diversión.
Explícanos un poco sobre los temas que tratas en tus ilustraciones. A veces cuentas historias cortas, combinas el dibujo con el storytelling y otras con sonidos relajantes o música. ¿De dónde nacen estos temas? ¿Cómo funciona tu proceso creativo?
La mayoría de veces es algo impulsivo sin muchas expectativas. Puede ser el trozo de una canción o una película, una conversación que tuve o escuché, una sensación que no quiero olvidar, un estado de ánimo. La mayoría de las veces escribo notas desordenadas en mi teléfono y hago bocetos en mi cabeza. Me imagino las cosas, pienso en las formas. Y como mi estilo es simple, tardo más en pensar que en dibujar exactamente. Me he dado cuenta que no puedo demorarme en este proceso porque si lo hago, me pongo a pensar demasiado y termino odiando mis ideas, así que trabajo rápido, como si trabajara a escondidas de mi propio juicio.

Tu trabajo –desde las historietas y animaciones, hasta tus dibujos– contiene eventos o conversaciones triviales, cosas que nos pasan a todos combinadas con humor. ¿En qué te inspiras para darle vida a estas situaciones, son experiencias vividas por ti o personas que te rodean?
Saco ideas de todos lados, pero a veces son cosas que invento, como cuando estás en la ducha y tienes diálogos ficticios de peleas o de amor. Trato de ser flexible con mis referencias e intento estar muy atenta siempre. Lo malo es que como ahora no puedo salir tanto, he estado un poco bloqueada y me ha costado mucho tener nuevas ideas, pero en psicoterapia estoy haciendo ejercicios de meditación para alucinar y usar mi mente como un oráculo. Además creo que muchas veces uno no se atreve a hablar de ciertos temas por vergüenza o por no querer caer en lugares comunes, entonces jugar con los límites de mi propia imaginación ha sido revelador.
Al darle vida a situaciones reales –como cuando tus personajes se sienten culpables por no estar siendo productivos o los diálogos internos que tienen con ellos mismos– tus seguidores se sienten identificados con tus ilustraciones, parece que les estuvieras hablando a través de la pantalla. ¿Cómo logras combinar esto con el humor? ¿Qué buscas causar en tu público y comunidad?
El humor para mí es una forma muy interesante de abordar lo que sea, y creo que es la cualidad que más admiro en las personas y otros autores. La verdad es que trato de no pensar en cómo lo tomará la gente y no busco nada en específico porque en el momento en que soy consciente de que existe un público todo me sale forzado y me da muchísimo pudor. Trato de hacer las cosas para mí a modo de experimento y para pasarlo bien, como si nadie más que un par de amigos fuera a ver mis dibujos. Me gusta dibujar así, sin tanto control. Es difícil quitarse la figura del público, pero es una tarea que necesito que hacer o sino me siento estúpida. Me ponen nerviosa las estrategias.
Mencionaste en una entrevista que lo tuyo “también es hacer política, feminismo y jugar con las formas, romperlas”. ¿Qué papel tiene el arte, y específicamente tus dibujos e ilustraciones, como medio de denuncia política o social? 
Me gusta pensar que mi trabajo rompe las expectativas de las personas, específicamente de los hombres. Crecí sin conocer a muchas mujeres que dibujaran así, que usaran este estilo o que dibujaran por diversión y punto. A las mujeres dibujantes, al menos en mi país, casi siempre se les asocia con dibujos lindos, detallistas, delicados, coloridos; con mensajes positivos, optimistas, casi maternales. Justo el otro día hice el ejercicio de buscar mujeres caricaturistas en Chile, y no me aparece ninguna en las listas tradicionales, fue muy triste.
Crecer sin referentes diversos es terrible y me mantuvo cagada de miedo por años. Por eso quizás la mayoría de las personas que me critican o que no entienden lo que hago son hombres que cuestionan mi esfuerzo, que me exigen desde una norma y asumen que dibujar implica lograr algo a la perfección, sobre todo si eres mujer. A las mujeres se les exige más, en todas las áreas. Y una también cae en eso. Por eso para mí el trazo, por más simple que sea, es una forma política de decir que existe diversidad. Existe diversidad en las formas de dibujar y en las formas de hablar y en todo. Tiene que ser así.

“A las mujeres se les exige más, en todas las áreas. Y una también cae en eso. Por eso para mí el trazo, por más simple que sea, es una forma política de decir que existe diversidad. Existe diversidad en las formas de dibujar y en las formas de hablar y en todo.”
También mencionaste que tu trabajo se ve influenciado por el nihilismo en muchas ocasiones. Cuéntanos un poco más sobre esto, ¿tiendes a pintar/dibujar con una intención detrás de cada pieza o a veces simplemente te nacen?
El humor nihilista me gusta mucho pero no tengo intenciones de nada cuando dibujo. Me gusta que pasen cosas inesperadas y cuando empiezan a planearse mucho las ideas siento que se van a la mierda. A modo de trabajo personal, trato de perder el control de las cosas porque solo ahí logro valorar lo que dibujo: cuando me sorprende. Quizás por eso mi estilo cambia tanto, me aburro cuando algo funciona demasiado, me termino cayendo mal muy mal.
¿Cómo es el día a día en tu trabajo? ¿Tienes algún horario para producir o suele ser espontáneo?
Va cambiando, pero tengo espacios muy armados para trabajar, como una especie de set. Una oficina en mi casa para trabajos limpios y un taller a dos cuadras cuando tengo que ensuciar. Trato de crear atmósferas que me inspiren porque tengo muchos problemas de concentración y si no tengo un espacio agradable me pierdo rápido y no hago nada, no me dan ganas. Además tomo religiosamente un café negro en la mañana y hago playlists para cada estado de ánimo, soy muy sensible con los sonidos.
Por ejemplo, ahora que no puedo viajar hice una de música coreana y otra de música italiana. No entiendo nada lo que cantan entonces me siento de viaje. También tengo una exclusivamente de ruidos de pájaros para sentirme en el campo y otra de música instrumental para sentir que estoy haciendo algo importantísimo, aunque esté dibujando una papa. Eso me ayuda mucho.
Has convertido tu cuenta de Patreon en algo más que una plataforma para recibir colaboraciones de tus seguidores, también es un espacio para conectar con ellos e, incluso, hacerlos participes de tus proyectos. ¿Crees que plataformas como Patreon están cambiando la labor del artista y su conexión con el público?
Desde que decidí enfocarme más en mi trabajo personal, Patreon ha sido de mucha ayuda. Es como una especie de alcancía o frasquito de propinas donde las personas que creen en mi trabajo ayudan a que siga en esto. Además, cambia mucho la forma en que me he relacionado con la gente, porque las redes sociales me dan muchísima ansiedad. Gracias a esa plataforma he podido hacer cosas que antes el tiempo trabajando para publicidad no me permitía, como aprender nuevas técnicas, pintar, tomar clases, dibujar un libro. La verdad es que ha sido un proceso nuevo y muy bonito, he podido conocer mejor a las personas que realmente entienden lo que hago y estoy muy agradecida.

Pensar que el arte ahora no tiene que ser físico para ser apreciado y consumido sino que podemos accederlo desde cualquier dispositivo móvil y tenerlo a nuestro alcance en todo momento, ¿te hace pensar en un futuro del arte completamente diferente al de hoy en día? ¿Qué significa ser artista en un mundo online?
Creo que la ilustración ya cambió enormemente y me encanta que ocupe muchos espacios, que esté más asociada al humor y al ocio con los memes, o que simplifique información y eduque a través de dibujos, tipo lo que hace Pictoline. A pesar de eso, creo que ser artista en la era de Internet tiene un lado rarísimo, y hay que luchar mucho para surfear la ansiedad del éxito personalista que producen las redes sociales. ¿O quizás siempre fue así y uno se enteraba menos?
Cuéntanos sobre tus planes este año, ¿estás trabajando en algún proyecto actualmente? ¿Cuáles son tus metas para el 2021?
Estoy tratando de hacer un cómic más largo y me está costando mucho pero creo que ya empecé. No estoy segura, he empezado cuatro veces ya.

Texto
Romina Román
Retrato
Valentina Bird

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